¿En qué país vivimos?

 

En todo estado democrático y de derecho los ciudadanos nos regimos bajo la convivencia legal amparada y organizada por una constitución aprobada en España por un parlamento y sometida a referéndum. Algunos dieron el sí a regañadientes sospechando un pacto secreto de amnistía para golpistas, traidores y sus sucesores. Otros la maldecían por ser considerada con justas bondades hacia los ciudadanos de a pie. Unos cuantos consideraron algo descafeinada su línea democrática.

“Todos los ciudadanos somos iguales ante la ley”. Con la experiencia vivida por los españoles en estos 35 años de “democracia constitucional”, observamos el deterioro de la sociedad hasta llegar convertido ese lema tan sagrado de la Carta Magna en algo teórico y virtual que paulatinamente va desapareciendo de la vida real de nuestra sociedad. Los gobiernos habidos en las últimas legislaturas, en especial el de la derecha actual, se está encargando de ello con una “bajada de pantalones” ante las órdenes ocultas y pérfidas del capitalismo, de la gran banca, convirtiéndose sus líderes políticos en fieles peones de ambos.

Contemplamos la incompetencia e ineficacia de nuestros gobernantes, con cierto tufillo a fascismo, bajo la dirección de su maestro de ceremonias. Tenemos al Ministro de Educación que, con su ley (un zapatazo a los derechos constitucionales) ”amañada tras la poca Wertgüenza”, y auspiciada por las recomendaciones de la Conferencia Episcopal, nos está conduciendo a un adoctrinamiento de la ciudadanía como en los mejores tiempos franquistas cuando tan solo tenían derecho a la enseñanza y acceso a la cultura los ricos y amigos, también los “pelotas” del régimen (aún siendo de las clases bajas). El aumento de las tasas, el recorte de becas bajo los condicionantes de concesión de becas son como piedras obstaculizantes para la formación de nuestros jóvenes, lo cual impide el progreso de una nación. El Sr. Wert ha equivocado el camino; lo correcto en tiempo de crisis es aprovechar las circunstancias para que la juventud pueda formarse, dando las facilidades necesarias para ello, de este modo cuando se estabilice la economía puedan estas generaciones estar preparadas para desarrollar proyectos y, de este modo, levantar la nación. Ante sus declaraciones y “fechorías” con las becas Erasmus y su “LOMCE”, los españoles bien le pagaríamos un viaje al Sr. Wert, con una larga estancia en Finlandia, a ver si de una vez por todas, se entera en qué consiste la enseñanza, la educación y formación, labores correspondientes a su Ministerio. ¿Hasta cuándo tendremos que soportar sus burlas hacia el mundo estudiantil? ¿Qué hay bajo su aspecto de sonriente y humilde “frailecito”, cuando su interior alberga el espíritu de la enseñanza decimonónica?

Humberto Mateo.

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