En la guerra, contra la guerra

Por Iñaki Urdanibia

Literatura anti-belicista desde las trincheras de la primera guerra mundial

Por Iñaki Urdanibia

 « Lo contrario de civil es militar, lo contrario de civilizar es militarizar »

                                          ( Gilbert Cesbron )

« Desde tiempos inmemoriales, dos idearios, el de la guerra y el de la paz, luchan por la palma de la victoria. ¿ Qué lema vencerá? ¿ El cásico “ Dulce y glorioso es morir por la patria”, o el moderno: “ ¡ Abajo la guerra!” »

                                           ( Anuncio de una película de 1928)                  

        Si al campo de batalla en 1914 muchos iban cantando y con la seguridad de aquello iba a ser un simple paseo…la cosa se alargó y el enfrentamiento bélico alcanzó cotas hasta entonces jamás vistas hasta el punto de ser conocida como la Gran Guerra.

Varios fueron los que dejaron testimonio de los días pasados en el frente y, entre ellos varios mostraron su repugnancia de las experiencias vividas en las trincheras, en los cráteres provocados por las bombas, en los hospitales, en medio de los gemidos y las constantes llamadas de la muerte. Algunas de las obras escritas alcanzaron éxito cuya inmediata réplica era un eco escandalizado que consideraba a quienes criticaban la guerra, a los gobiernos que mandaban al matadero a sus jóvenes, y todos los aspectos de la salvajada elevada a la ene potencia, como traidores a la patria, cobardes y otras lindezas por el estilo.

No pretendo ser exhaustivo, simplemente me referiré a algunas de las obras que se convirtieron en su momento en verdaderos manifiestos pacifistas, anti-militaristas , y cuya fuerza sigue conservado aún hoy su potencia tanto desde la óptica señalada como desde el punto de vista de su calidad litetaria; si las nombro en orden de la fecha de publicación es con el fin de evitar cualquier orden de jerarquización valorativa: « El fuego » de Henri Barbusse se publica en 1916, ( « Las aventuras del valeroso soldado Schwejk» de Jaroslav Hasek en 1921 y 1922 ), « La disputa por el sargento Grischa » de Arnold Zweig en 1927. (« Los que teníamos 12 años » de   Ernesto Glaeser en 1928) y el mismo año « Historia y desventuras del desconocido Schlump» de Hans Herbert Grimm ),     « Sin novedad en el frente»   de Erich María Remarque en 1929). Haber seguro que hay más, cómo no, sin embargo sí que me atrevo a proponer estas como las más significativas dentro del tema abordado.

Ya anteriormente hubo algunas obras que se centraban en lo que se cocía en los cuarteles y que luego dio lugar a lo que llegó; ahí están, en lugar destacado, algunas novelas de Joseph Roth o de Robert Musil. En las que traigo a esta página la acción está situada en el fragor del combate, aunque esto último se ha de tomar con pinzas matizadoras que más adelante usaré.

Henri Barbusse ( 1873-1963), este escritor fue movilizado cuando contaba con 41 años, para él mucho había llovido en esta vida, a esa edad le tocó conocer de cerca la mortífera lluvia de las bombas, las granadas y demás ingenios guerreros. De todo ello dio cumplida cuenta en «El fuego ( Diario de una escuadra)», publicada en 1916, el libro obtuvo una gran , y escandalosa, acogida, siendo premiado con el prestigioso Goncourt; quizá esta obra es la que le valió la fama y la que más fue celebrada entre sus obras. Que algunos acogieran la novela con visible disgusto no es de extrañar si se tiene en cuenta que el país estaba en guerra y las páginas de Barbusse podrían provocar el desánimo en la ya un poco cansada tropa, ya que lo que en un principio se pensó que iba a durar un suspiro se alargó en muchos más.

Su participación bélica le convirtió en una entregado intelectual contra las guerras y en pro de la justicia, junto a los Anatole France, Léon Blum, Francis Carco, Romain Rolland o Jules Romains; en 1923 se afilió al PCF y su entrega le llevó, como convencido seguidor de Stalin, a viajar constantemente a en Moscú en donde falleció; el cortejo que acompañó su cadáver al parisino Père Lachaise fue realmente multitudinario.

La novela resulta de una gran crudeza , relatando las andanzas de una escuadra en las trincheras de Artois, en el periodo que va desde los últimos meses de 1914 hasta diciembre de 1915. Asistimos al horror y a los miedos y ensoñaciones de los diferentes personajes ( Barque, Cocon, Tirette, Volpatie, Marthereau, Larruse, Tirloir y Eudore, dirigidos por un intrépido capitán. Teances bombardeos de la artillería, combates de bayonetas, siempre con la cercana presencia de la dama de negro. Temores, temblores, muestras de camaradería y solidaridad entre los combatientes en medio de la sangre y el barro dominante en aquellas tierras de lluvias constantes.

Heridas provocadas por obuses y granadas, marchas nocturnas, salvajes ataques y una juventud sacrificada pour la patrie.; no sólo era la juventud la empujada a la carnicería sino que   allá había poilus( soldados de infantería) de muy distintas edades y de muy diversas profesiones. La narración no decae en ningún momento y se nos hace vivir en primera línea del enfrentamiento, guiados por un hábil cronista que nos hace sentir , por momentos repelús, sobre la barbarie, sobre las coincidencias en el dolor y la esperanza por parte de los soldados de ambos bandos, la necesidad, el hambre y las botas que se convierten en inutilizables y que hace que no sea un recurso extraño recurrir a las de los cadáveres yacentes. ..en medio de los pestosos olores y del escenario dantesco en el que se amontonaban cuerpos mutilados. También aparecen los mundos de los enchufes en las filas del ejército y los redondos negocios de la población de los pueblos que se aprovecha de la escasez para aprovecharse de la soldadesca de un modo realmente vampiresco.

La obra destila un profundo desprecio a la guerra y a quienes la impulsan con fines de conquista y de sacar provecho de las conquistas territoriales y otras, ello no quita para que a lo largo de ella se mantenga un potente rayo de esperanza representado por «los treinta millones de esclavos, lanzados unos contra otros a la guerra del barro a causa del crimen y del error, alzan unos rostros humanos donde por fin germina una voluntad. El futuro está en manos de estos esclavos, y se puede ver con toda claridad que la alianza que construirán algún día aquellos cuyo número y miseria son infinitos va a cambiar para siempre el viejo mundo ».

El escritor checo Jaroslav Hasek (1883- 1923) no tuvo una vida exenta de dificultades, dedicándose desde joven a diferentes oficios desde que a los quince años se fuese de casa; poco duró en algunos de sus trabajos debido a sus tendencias alcohólicas y a sus insaciables vagabundeos. Más tarde se dedicaría a algunas actividades delictivas como falsificaciones, entre otras, del pedigrí de perros. No faltaron algunos internamientos psiquiátricos y tampoco algunos problemas con la justicia. No era un chaval cuando se enroló en el ejército austro-húngaro, aunque más tarde se cambió de bando , tras ser detenido, pasándose a las filas del ejército ruso, en el que llegó a ocupar el cargo de comisario. Si de más joven había colaborado en algunos órganos de prensa anarquista, más tarde colaboró con la revolución bolchevique al mismo tiempo que mostraba un compromiso abierto en pro de la liberación de su país, checo, de la bota imperial

Su lengua de escritura era el checo , y en tal idioma escribió y publicó su más célebre obra: « Las aventuras del valeroso soldado Schwejk », obra que se publicó por entregas entre 1921 y 1923; estaba programada en seis volúmenes de los que no quedaron concluidos más que tres, y el último de ello, tras su fallecimiento, fue finalizado por el escritor checo K. Vanèk.

El pícaro personaje ya aparecía en algunos cuentos suyos que desaparecieron, se convierte en la pluma del rabelesiano escritor en un variopinto personaje que en su candidez y su incomprensión, mezclada con la estricta aceptación de las normas que rigen en el ejército, se comporta de tal modo que la organización de sus superiores sean puestas patas arriba con el consiguiente mosqueo de la superioridad; la obediencia y un cierto talante adulador con la superioridad provocan resultados que a veces distan diametralmente de ser los perseguidos. Su labor sistemática, aun sin quererlo, por zancadillear la maquinaria militar es narrada por medio de una treintena de flashes que provocan irremediablemente la risa, haciendo que la novela se convierta en una embestida abierta contra la sandez de las guerras y de la férrea disciplina militar. Se da a lo largo de las historias una constante: los superiores no es que sean precisamente unas luminarias, sino que son seres obedientes y que acostumbran a transmitir órdenes por muy necias que estas puedan resultar para cualquier mente mínimamente lúcida o cuando menos no dañada por el roce de los cuarteles; esta omnipresencia de la estupidez vestida de vistosos uniformes; va acompañada por el díscolo comportamiento de nuestro soldado Schwejk que parece entregado en cuerpo y alma a aplicar, por exceso de celo, una continua reductio ad absurdum todas las órdenes recibidas y todas las convenciones heredadas. No la faltaba razón a Karel Capek: « Hasek era un hombre que sabía ver el mundo . Numerosos son los hombres que no saben más que hablar de él »; y Hasek con su soldado aprehendía los vicios y las absurdidades de la monarquía austro-húngara, y como expresión más paradigmática: el estamento militar y su puesta en marcha en sus experiencias bélica .

Mil historias que cuenta el parlanchín soldado, locuaz donde los haya, y las que le son contadas por encuentros azarosos en trenes, tabernas, oficinas, o las andanzas como ayudante de un clérigo borrachín de un teniente…y robos de perros con pedigrí falsificado, interminables viajes-a pata y en tren- y vagabundeos entre desertores…él siempre dispuesto a servir…al bobo emperador; luego camino del frente , soflamas incendiarias contra el enemigo, bendecidas por los pater de rigor, y un viaje interminable…hasta el frente de batalla, en cuyas cercanías será detenido como “ruso”. Historias entrelazadas que hacen reír sin pausa y sin poder evitarlo a no ser a gente que tenga problemas de humor o …de mandíbula. Eso sí, siempre, con un sabor cercano al « placer de hablar »-que es como catalogaba Aristóteles al quehacer de los sofistas- y convirtiendo « el argumento más débil en el más fuerte» que propusiese uno de ellos.

 

       Arnold Zweig(1887-1968) era un escritor de origen judío que alcanzó gran relieve en el panorama literario germano. La experiencia de la guerra le empujó a escribir varias obras de corte bélico, entre las que cabe destacar « La disputa por el sargento Grischa » (1927), novela que no gustó ni un poco a las bestias pardas que usaron del libro, como de tantos otros, para alimentar las llamas del fuego purificador. A Zweig no le quedó otra que escapar a Palestina en donde permaneció hasta 1948, fecha precisamente de la constitución del Estado de Israel. Volvió a Alemania, instalándose voluntariamente en el sector oriental, en donde ocupó diferentes cargos de responsabilidad en diferentes instancias culturales.

La novela que señalo es un dardo anti-belicista, mas no cabe reducir su importancia a tal aspecto, ya que en las páginas del libro se dan cita otra serie de cuestiones que cobran tanta importancia si no más que la señalada; la ley, divina, humana, y militar, la lucha de competencias a la hora de aplicarla, y cómo se aplica; así la temática se va entreverando entre los motivos bélicos, morales, jurídicos, y políticos.

La historia, mejor podría decirse las historias, nos llevan desde la huida del militar ruso de un campo de prisioneros alemanes , a las diferentes peripecias que ha de experimentar en la soledad del bosque , rota por la vigilante presencia de los animales a los que en algunos momentos se les presta, por parte del escritor, la palabra y la voluntad, haciendo lucir algunos destellos animistas francamente logrados, en una exitosa simbiosis. La soledad de este « robinsón» que se las apaña para cazar, hacer fuego y protegerse de la heladora temperatura, se acaba cuando es rodeado por varios emboscados a los que dirige una mujer que por su disfraz oculta cualquier rasgo distintivos en los que hace al género. El amor de la joven hacia el recién llegado va engordando , haciendo que ella facilite el camino del soldado Grischa que quiere volver al hogar en donde le espera su mujer con su hijita. Para tal empresa de fuga, le facilita el uniforme de un soldado muerto que conservan por su chopano; al fugitivo le va a suceder como al phramakon griego: medicina y veneno, lo que traducido al caso que nos ocupa vendría a ser : lo que procura la salvación va a acabar suponiendo la perdición.

Grischa es capturado por los soldados alemanes y , entre ellos, pasa a ser Ilya Pavlovitch Byuschev, resultando que tal sujeto tiene algunas cuentas pendientes con la justicia, cuentas que debido a la suplantación uniformada pasan a estar en el haber del desafortunado Grischa que entre tanto comienza s ser valorado entre los detenidos y entre los oficiales debido a su buen talante y su disposición a ayudar en lo que sea menester. Pero…dura lex, sed lex.

Las pesquisas acerca de la verdadera personalidad del detenido parecen coincidir con la historia que él cuenta, ante la incredulidad de quienes le escuchan, acerca de la huida de un campo de detenidos, lo que no quita para que el jefe del campo en que ahora está encerrado que pretende protegerle, ve usurpadas sus competencias por otros oficial que además de poderoso es un ser obcecado por el poder, por la disciplina y por el escarmiento como medio necesario para el mantenimiento necesario del necesario orden. La cuerda, que de hecho es Grischa, de este particular sokatira parece inclinarse para un lado y luego para otro, lo que hace que la tensión vaya ganado terreno en la mente lectora…hasta el desenlace final.

La novela de E, Glaeser ( 1902-1963), « Los que teníamos 12 años» (1928) se inicia con una significativa cita de Gastón P.:: « La guerre – ce sont nos parents », y digo significativa ya que el centro de gravedad de la novela es la tenaz puesta en tela de juicio del comportamiento y los valores de la generación anterior a la suya, ya que había sido la responsable de la carnicería. El título original del libro debería traducirse como la « quinta de 1902» ( Jahrgang 1902 ) ya que eran los nacidos en tal fecha, caso del escritor, serían movilizados a los veinte años que , por lo visto, era la edad en la que en Alemania eran llamado a filas los jóvenes para cumplir sus deberes con la patria. Un mundo de odio, de orgullo y dominación era lo que aquellos jóvenes, entre los que se hallaba el escritor, recibía en herencia de sus padres, y fue el humus en el que estalló la guerra que obviamente no llegó de la nada. La novela – y es pena que hoy en día esté fuera del mercado, uso una edición original de 1929 en traducción de Wenceslao Roces, pues su publicación me parece necesaria en el sentido de que es equiparable a algunas de las que están publicadas y que son ensalzadas- visita el tejido social y las rencillas que pululan en la sociedad: odio contra los comerciantes y sus hijos, que sufren en la escuela la marginación y el maltrato de los otros, ciertas concepciones acerca de la verdadera germaneidad que anida en la ideología lo que supone fuerza, valor y orgullo ante los signos patrios, los uniformes y otras zarandajas. Entre los valores , ocupan un importante lugar los guerreros que hacen suponer que defender a la patria contra el enemigo, que siempre es horrorosamente malo, no es que sea un deber sino que es casi un gozo…estado anímico que se irá tornando en hondo muermo en la medida en que se conoce la derrota, la muerte, los cuerpos mutilados, y que se constata que la guerra no sería un simple paseo como se había augurado sino que iba para largo y sangriento….y el muchacho narrador veía cómo« se alzaba el mundo de los mayores, este mundo cuyo odio y cuya maldad tanto me habían desconcertado, y cuyo misterio me había arrojado al perjurio, al robo, al miedo de morir sentido por primera vez en mi vida, y, por último, el juramento de no llegar a ser jamás adulto…», sintiéndose timado por aquel panorama que hacía que la unión forjada por la guerra entre paisanos irreconciliables le resultase realmente algo extraño y difícil de digerir. Luego el creciente desinfle de la combatividad y los pensamientos de la vuelta a la normalidad anterior que iban campando por sus respetos , en medio de los tejemanejes observados por todo bicho viviente de algunos que vivían de la muerte ajena. Una brillante toma de pulso del humus en el que creció en enfrentamiento bélico y la honda huella que esta dejaba no solo en los protagonistas de las trincheras sino en la población civil y más en concreto en su franja juvenil.

La trayectoria del escritor provocó serias críticas ya que habiendo huido de su país, en 1933, y habiendo sido quemados sus libros, volvió a su país en 1939 argumentando que los escritores debía vivir allá en donde hubiese riesgo…no cabe la menor duda que en aquellos años en Hitlerlandia la cosa no estaba para tonterías. Sea como sea, la cosa no quedó ahí sino que el escritor, en 1941, se convirtió en redactor del periódico del ejército. Tras la segunda guerra mundial su empeño fue trabajar por la regeneración de los valores europeos , otorgando amplia importancia al valor del exilio .

Emparedado permaneció durante años este libro : « Historia y desventura del desconocido soldado Schlump» (1928) de Hans Herbert Grimm ( 1896- 1950); la autoría del libro permaneció oculta y el libro desapareció del mercado en las hogueras nacionalsocialistas; tuvo el autor la feliz ocurrencia de esconder tras una pared un ejemplar de la obra que fue hallada ochenta años después, que es cuando fue editada. La vida del autor fue tan azarosa como la de su personaje, si bien no tan feliz, pues probó el exilio y tras el fin de la segunda guerra mundial volvió a su país en donde la verdad es que no fue muy bien recibido por las autoridades, germanas del Este, a pesar de ser el autor de aquella crítica novela que aún era recordada en algunos ambientes. Dedicado a la enseñanza, ésta le fue prohibida y días más tarde fue llamado a Weimar en donde no se sabe de qué se habló en la conversación con la nomenklatura mas , sea como sea, Grimm se suicidó en su domicilio mientras su esposa realizaba la compra. La vida de Schlump( dicha inexistente palabra es un guiño a la figura del « sinvergüenza») fue al contrario un camino de rosas en medio de la guerra, es como si esta se apartase a su paso.

Como muchos jóvenes el protagonista fue a la guerra con el ánimo alegre: se unían la aventura, la virilidad y la convicción de que el enfrentamiento bélico iba a ser un simple paseo. No fue así para quienes con él marcharon al campo de batalla, pues él parecía haber nacido con estrella, y la suerte fue llevándole en mantillas haciendo que a los diecisiete años se convirtiese en administrador de un pueblo francés, allá las mujeres se lo rifaban y él, desde luego, no hacía ascos a ellas. En tal localidad, Loffrande, se convierte en chico para todo: lo mismo hace de intermediario en disputas matrimoniales, que soluciona problemas entre los chiquillos de la localidad( el episodio del orinal encajado en la cabeza de un muchacho, y la procesión que sigue a éste que va acompañado del inevitable solado, y la madre de la criatura es un relato que roza los pagos del esperpento; no es el único desde luego), imparte justicia y hasta llega a poner en pie una curiosa cárcel que no había en el pueblo. Schlump soluciona todos los problemas y a pesar de los traslados, evita las trincheras, lugar al que « solamente van los tontos»…él, si embargo, vive con tranquilidad, las explosiones se oyen lejos, y sin conocer desplante alguno a pesar de pertenecer a las fuerzas de ocupación.

Mas no hay bien que dure cien años, y el soldado se vio forzado a probar de cerca la guerra y ver cómo vuelan órganos, como las ratas se alimentan en las trincheras, cómo los hospitales de campaña-por nombrarlos de algún modo- son verdaderos cementerios…Los horrores de la guerra son narrados con un realismo y una crudeza que convierten las páginas en un alegato bestial contra el belicismo. Todo nos es relatado por Schlump con la inocencia de quien planea por encima de la cruda realidad, y estuviese protegido con alguna poderosa armadura que le evitase los males que a los demás alcanzan. Su existencia transcurre como si se diese en una ensoñación, en una especie de alucinación que convierte en borrosos los límites entre lo real y lo imaginado/ soñado. El paso alegre en medio del conflicto bélico no impide la claridad enfurecida con la que el soldado llega a ver como horrorizado testigo la sangría que se desarrolla ante sus ojos: « esta guerra es una matanza terrible y cruel, y una humanidad que permita que esto suceda o que lo contemple durante años merece todo el desprecio. >>; siendo destinatario por otra parte de los discursos guerreros de un filósofo que se empeña en minimizar las muertes y lo individual ante lo colectivo que es lo que importa…el bien de la patria germana, que – según este doctrinario-tiene la ardua misión de regenerar la decadencia europea.

Una verdadera joya en la que se entrecruzan el anti-belicismo, la picaresca, la filantropía, el pacifismo y las inspiraciones, literarias y otras, del moralismo francés.

« Sin novedad en el frente»(1929) de Erich Maria Remarque ( 1898-1970) es tal vez la novela más célebre en el terreno del que estamos hablando. Su éxito creció más si cabe al ser llevada a la pantalla , en 1930, por Lewis Milestone, obteniendo la película los Oscars a la mejor película y a la mejor dirección.

Hay escritores que saltan a la fama por una única novela( ¡ salud Juan Rulfo!), éste podría ser el caso del alemán ( que firmaba con seudónimo ya que su nombre real era Erich Paul Remark) como el de algunos de los otros autores visitados. Remarque escribió algunas novelas más, todas ellas con el centro de gravedad de la guerra, de la primera en la que participó y de la segunda (« Tiempo de morir, tiempo de vivir ») en la que no participó , cosa que le fue criticada por haberla escrito bien calentito al otro lado del charco en donde vivía exiliado, tras el ascenso de Hitler al poder ya la correspondiente quema de sus libros. Dice precisamente en la edición francesa de esta novela, el traductor y prologuista Michel Torunier que hay escritores« que se esfuerzan en dar la espalda a su época situando el conjunto de su obra en la eternidad…Otros, por el contrario buscan enraizarse en la historia que han vivido , deseando que cada libro suyo sea un testimonio… Es el caso de Remarque».

Este dedicado a la enseñanza fue movilizado e incorporado a filas, en 1916, en el Este ( en el título original consta tal latitud), siendo herido gravemente por un obús un año después lo que le supuso estar hospitalizado hasta el final del conflicto. El espanto que le supuso la experiencia le empujaron a escribir este libro, primero por entregas en una revista y posteriormente en formato libro.

Varios compañeros de clase son enviados al frente , muy jóvenes e inocentes, parte el frente sin mayores preocupaciones, como quien va de excursión…huyendo de la rutina. Al primer estallido de obús su concepción desenfadada de lo que la guerra suponía se les cayó a los pies, y comenzaron a tomar conciencia de la estupidez militar con su demencial « disciplina que siempre termina en las trincheras…con toda su estupidez , con saludos y desfiles. Porque existe una ley de hierro: el soldado tiene que permanecer siempre ocupado». La macabra danza de la muerte al por mayor fue eliminando uno a todos ellos menos uno, que es el que se convierte en narrador, «endureciéndoles, haciéndoles desconfiados, despiadados, vengativos, groseros…bestias humanas»; sin olvidar, eso sí, la experiencia de « lo mejor que origina la guerra: la camaradería».

El libro es una visita al infierno dantesco en donde el barro, la sangre, el sudor, los piojos, las ratas, los miembros amputados y los cuerpos despedazados se amontonan bajo las bombas, los gases, los aviones que extienden la muerte por doquier, y los gritos, de espanto y del dolor, de la agonía, que van arrinconando los discursos patrióticos y belicosos que dictaba la superioridad . Las cavilaciones acerca del futuro, los sentimientos que son « lo que con más fuerza » mueven al único superviviente de los siete colegas…« el ansia de vivir, la nostalgia del hogar, la sangre, la embriaguez de la salvación», desnortado, no obstante, tras los padecimientos soportados, pensando que « algunos se adaptarán, otros se resignarán, y la mayoría quedaremos absolutamente desconcertados»..y con la postrera esperanza de que todo no se habrá perdido en los campos de batalla.

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