En la España de la corrupción

Por Patrocinio Navarro Valero

España es un país raro.Sik le preguntas a cualquiera, te dirá que si le ofrecen una de esas tarjetas negras, la aceptaría sin dudar.Y si no,pregunten por ahí.

Pan-trabajo-techo...y-fantasía-elecctoral

Mientras sus  señorías en  el Parlamento  juegan a pelear votos,  bien repletos los bolsillos y asegurados derechos y jubilaciones sin comparación con el resto de sus supuestos representados, los ciudadanos  de todas las edades y grupos sociales reclaman en la calle la justicia y el bienestar  que aquellos les arrebatan o  no les proporcionan porque no saben, no pueden o no quieren, que de todo hay en su circo.

Mareas ciudadanas  de todos los colores reivindican una y otra vez  – como verdadera y más legítima voz del pueblo que son– los derechos y libertades perdidas o en riesgo. Claman contra recortes y privatizaciones desenfrenadas  que afectan a todos los sectores básicos, desde el agua hasta la educación o la sanidad. Claman contra  un gobierno en manos de sordos sin conciencia, ya deslegitimado por sus acciones; un gobierno enfrentado a todos los sectores sociales  menos al dominante: obispos, y lobbies financieros y multinacionales varias- que son legión, y son amigos. Estos son quienes controlan el Estado apoyados, ay,  por los más retrógrados de los ciudadanos y considerados como algo irremediable por unas cúpulas sindicales y políticas apoltronadas y calculadoras que juegan hábilmente a nadar y guardar la ropa, al igual que tantos jueces.

Viejas pesadillas de la España en blanco y negro  de las que parecíamos haber despertado  cuando vemos a niños que pasan hambre y a familias enteras puestas en la calle por orden judicial. Viejas pesadillas parecen removerse en el inconsciente colectivo español cuando observamos leyes como la llamada “ley mordaza”, que  caen sobre el país una tras otra como ladrillos en las cabezas de todos moviendo a multitudes a tomar las calles  tantas veces y en tanto número como no hemos visto desde los tiempos de la República. Y la respuesta del gobierno- que no olvidemos, es nieto ideológico del franquismo-  es convertir en un problema de orden público las respuestas de una ciudadanía harta de tanto desempleo, tanta corrupción, tan bajos salarios, tantas privatizaciones y tantas leyes antisociales  que nos  niegan derechos básicos conseguidos con grandes sacrificios. Se ha destruido en tres años  casi todo lo conseguido en los últimos 30 en educación, sanidad, derechos sociales y laborales.

A pesar de todo eso y de todas las “mareas” de colores pocos son aún  son los movimientos sociales de base  que – para empezar- demandan la dimisión del Gobierno y un periodo constituyente. Pocos piden dejar de pagar  la parte de deuda de la que no somos responsables y  demandan salirnos del euro como gato de una piscina. Porque entrar en el euro fue  el pistoletazo de salida  de nuestra ruina. Así que salir, no puede ser peor. Muchos, en cambio, son los que se conforman hasta con perder casi todo, incluida su autoestima. Lo grave es que desde el principio de la crisis, el número de suicidios iguala al de accidentes de tráfico y el de desahucios es algo que nos lleva a formar  parte  del suburbio de Europa junto a los griegos.

España es un país raro. Si hacemos caso a las encuestas de intención de voto, todavía son millones los  españoles-  no parecen ser la mayoría, pero se aproximan- los que apoyan a estos mismos que les amargan  la vida, porque aunque existen diferentes opciones políticas, ninguna próxima a los intereses del pueblo- excepto PODEMOS-  tiene suficiente apoyo popular  para imponerse hasta  el punto de hacer  salir a los españoles de esta especie de bicefalia política entre los extremistas de la derecha y los moderados de una llamada izquierda que ha perdido sus señas de identidad.

La pelota de este juego viene pasando demasiado tiempo de banqueros a multinacionales, y de estos a la Iglesia: da igual qué partido triunfe en las urnas, los ricos repiten goleada. Y uno se pregunta: ¿Por qué este eterno día de la marmota en este país sin que exista una masiva respuesta popular no violenta, pero firme y organizada?  ¿Masoquismo, incultura, colonización mental, primitivismo, miedo, prejuicios? Uno se pregunta.

Uno se pregunta  qué lleva aún a  millones a pretender elegir en las urnas a los que ya eligieron años antes y quedaron desenmascarados como mentirosos y enemigos de su bienestar, de su futuro y del futuro de sus hijos. Y uno se pregunta finalmente  si  quienes votan gobiernos de  corruptos y  escuchan a quienes propagan sus ideas, lo hacen porque ellos querrían ser ricos como ellos y  disfrutar de su aparente gloria y privilegios. Y es que aquí es ya crónico que a más alta esfera social, más alta inmoralidad y más corrupción y desvergüenza, se presenten  con las siglas que quieran.

A la ignorancia crédula  de los  españoles conservadores votantes de cualquier bando,  se añade que nos hallamos en un momento extremadamente delicado por la deriva internacional del neoliberalismo depredador al que sirve a ojos cerrados este gobierno igualmente  incalificable en cualquier terreno que observemos, incluido el intelectual.  Así las cosas,  ¿será capaz el movimiento ciudadano  de imponer pacíficamente  cambios profundos y un nuevo sistema de democracia participativa donde se tomen en consideración las demandas ciudadanas hoy reprimidas o ignoradas con violencia o con  silencioso desprecio? ¿Cuánto tiempo ha de tardar aún el pueblo para ser escuchado y disponer de la fuerza suficiente para  quitar a quienes eligen y luego actúan  contra sus intereses? Tiempo al tiempo, pero el tiempo corre cada vez más deprisa y sería bueno  estar despiertos para que lo que está viniendo no nos coja desprevenidos, en la seguridad de que nadie nos va a sacar las castañas del fuego por más  discursitos con que quieran entretenernos  sus señorías en ese teatro decadente  llamado Parlamento.

Las cartas están sobre la mesa, pero los que dirigen el juego hasta hoy siempre  ganan, la banca siempre pierde y siempre somos nosotros hasta hoy mismo.¿ Y mañana? Mañana ya se verá.

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