En el segundo centenario del nacimiento de Marx

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Por Jordi CórdobaEstos días se cumplen 200 años del nacimiento de Karl Marx (1818-1883). La de Marx fue la época de la revolución industrial y del nacimiento del movimiento obrero, cuando algunos intelectuales establecieron las bases de lo que debería ser el nuevo movimiento socialista: Hombres como Saint Simon y Fourier en Francia o como Owen en Inglaterra que, con sus utopías, abrirían el camino de lo que posteriormente se denominaría socialismo científico.

En 1847, Karl Marx y Friedrich Engels colaboraban en la formación de la Liga de los Comunistas, primera organización política de carácter socialista y proletaria con una cierta importancia y un contenido internacionalista claro. De influencia todavía reducida, este grupo tendría, sin embargo, un importante papel en las revueltas de 1848, las primeras en las que la clase obrera asumió una posición destacada e independiente. La Liga nos dejó también una de las obras básicas del pensamiento revolucionario, el Manifiesto Comunista, redactado por los dos pensadores y activistas alemanes. En 1857, Marx abandonó temporalmente sus tareas políticas de carácter más inmediato, para dedicarse a trabajar en la que debería ser su gran obra, El Capital.

Pocos años después, en 1864, y ya con mucha más fuerza nació la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), también conocida posteriormente como Primera Internacional y que, más que agrupar una minoría de activistas, se convertiría en la vanguardia del movimiento proletario internacional, sobre la base de las dos clases obreras más fuertes de aquel tiempo, la británica y la francesa. Proudhon, Marx, Engels y, más tarde, Bakunin, tendrán una notable influencia. De la mano de la Internacional, pronto llegarían las grandes movilizaciones obreras, como secuela de las crisis políticas iniciadas a finales de la década de 1860, movilizaciones que, con las primeras represiones sangrientas, tomaron forma de luchas políticas revolucionarias. Es en esa época que se empieza a polarizar la Internacional en dos corrientes, la socialista de Marx por un lado y la anarquista de Bakunin por otro. Mientras los anarquistas criticarán la disciplina y la organización extrema, así como la centralización de I’AIT defendida por el sector socialista, estos reprocharian a los anarquistas su debilidad teórica y su supuesta precipitación revolucionaria.

Fue en estos años convulsos cuando llegó lo que sería la primera insurrección proletaria de una cierta importancia, el primer intento serio de transformación de la sociedad mediante una revolución de carácter socialista, la Comuna de París (1870), en la que la Internacional jugará un importante papel, aunque no decisivo. A pesar de su fracaso, la Comuna tuvo una importancia fundamental por sus enseñanzas y sus experiencias para el movimiento obrero y revolucionario, en todo lo relacionado con la organización de un hipotético futuro estado socialista, así como su posterior transformación en una nueva administración del pueblo y para el pueblo. Las consecuencias inmediatas de la Comuna fueron, sin embargo, la represión generalizada en toda Europa, en una etapa difícil, en la que se consumó la escisión de la Internacional en dos corrientes irreconciliables. El abandono del Consejo General por parte de los anarquistas sería un paso doloroso hacia el debilitamiento del movimiento obrero, que vería desaparecer su gloriosa Internacional en 1876. La sucesión de avances y retrocesos en la historia del movimiento obrero tendría aquí un de sus primeros ejemplos.

Pero el movimiento socialista, lejos de estar definitivamente muerto, reviviría con gran fuerza a finales de la década de los ochenta del siglo XIX, ya sin la participación de Marx, que moriría en 1883, después de dejar una monumental obra escrita al servicio de la emancipación proletaria. El incremento acelerado del número de obreros industriales, y la concentración de estos trabajadores, y cada vez más trabajadoras, en grandes empresas, sería la base para la formación de nuevos y poderosos movimientos socialistas, principalmente en Alemania, que se convertiría durante aquellos años en sede de la vanguardia del movimiento, impulsando la creación de la II lnternacional, creada en 1889. Entre sus principales líderes contará, muerto Engels en 1895, con Bebel, Bernstein, Kaustski, Rosa Luxemburgo o Lenin, dirigentes políticos que se encargarian de dar un nuevo empuje a la teoría marxista y a la praxis socialista, en unos casos desde posiciones más reformistas, en otros desde una opción más claramente revolucionaria. Los acontecimientos que siguieron a partir de aquí, constituyen un nuevo capítulo de la historia del movimiento obrero, una historia en la que la figura de Karl Marx destaca de una manera excepcional.

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