En el paredón

Todas las armas están cargadas. La humanidad está en el paredón. El pelotón de fusilamiento se frota las manos antes de disparar. Unos pocos acechan desde cerca el momento infame en el que caiga al suelo para arrancarle las pocas riquezas que le quedan.

Apenas entre los dientes algo de oro, petróleo y tierra yerma.

Mira de frente, no tiembla, la noche es larga. El grito de millones recorre sus arterias.

Huele a pólvora, a azufre, a tinieblas.

Los verdugos apuntan con rifles cargados de hambruna, de ignorancia, de desesperación. Disparan sus masacres, sus cárceles, su represión.

Disparan una y otra vez esclavitudes, pestes, desinformación.

Disparan ráfagas de muerte, de tortura, de terror. Fuego a discreción.

La humanidad mira de frente, no tiembla, sangran sus heridas, no cae, no se arrodilla.

Altiva, sagrada, digna.

Lleva el corazón sobre la rabia. Tiene canciones en los labios, tiene sueños, tiene vida.

Resiste con los puños apretados.

Resiste golpe a golpe, siglo a siglo.

Resiste a pelo, día a día,

los disparos genocidas de la codicia.

Silvia Delgado Fuentes

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