Publicado en: 19 enero, 2015

En defensa del pueblo chino. Respuesta a Elisseos Vagenas (2ª parte)

Por Alexandre García

Segunda entrega de la crítica al artículo “El papel internacional de China”, por el responsable de relaciones internacionales el Partido Comunista de Grecia (KKE) Elisseos Vagenas (primera parte disponible en el siguiente enlace: https://docs.google.com/file/d/0B251oYOXh6QgR3RmZGNUSjlESDA/edit)

1. Introducción

En la anterior entrega de este trabajo, dedicado a la crítica del artículo “El papel internacional de China”[1], escrito en marzo de 2011 por Elisseos Vagenas, responsable de relaciones internacionales del Partido Comunista de Grecia (KKE), había hablado de las bases ideológicas de la concepción del mundo que subyace tras este artículo, que permitían explicar las posiciones adoptadas por el autor del mismo con respecto a China. También había hablado de la ruptura sino-soviética en los años 50-60 del siglo pasado, que también explica en parte de dónde proviene el odio que el camarada Vagenas siente hacia China. Una vez despejadas estas cuestiones ideológicas, en esta entrega vamos a meternos más de lleno en el análisis del artículo en cuestión, sin por ello renunciar a explicar ciertas cuestiones históricas, con el humilde propósito de facilitar el acercamiento a China para los no iniciados en la materia.

 

Al principio de su artículo, el camarada Vagenas dice lo siguiente: “el interés sobre la fuerza creciente de China es contradictorio porque se realiza bajo las banderas rojas y con el Partido Comunista de China en el poder”. Con estas palabras, Vagenas deja caer la idea de que China sólo es socialista en apariencia, lo cual nos indica por qué derroteros va a ir su “análisis”. Normalmente, para todo comunista o militante de izquierdas debería ser motivo de alegría el hecho de que un país socialista, o que al menos tiene un “Partido Comunista en el poder”, tenga “una fuerza creciente”. Sin embargo, parece ser que para el camarada Vagenas sólo fue motivo de alegría la “fuerza creciente” que tuvo la URSS en el pasado, mientras que el crecimiento de China en el terreno económico, comercial, político y militar en la actualidad debería generar recelo porque vendría a evidenciar el auge de una nueva potencia “capitalista”, véase “imperialista”, que sólo puede suponer una amenaza para el movimiento obrero y los movimientos de emancipación de los pueblos en el mundo.

 

A continuación, en el apartado “Desarrollos en relación con la posición internacional de China”, el camarada Vagenas enumera una serie de datos objetivos acerca del desarrollo económico de China, que en sí mismos no permiten sacar muchas conclusiones interesantes (crecimiento de las exportaciones y las importaciones; comercio con los países capitalistas más avanzados; presencia del sector privado en China; etc.). Sin embargo, como se puede concluir de la lectura completa de su artículo, el camarada Vagenas ofrece estos datos con la intención de condicionar al lector, inoculando la teoría neo-colonial del “peligro amarillo”, teoría que constituye un eje central de su artículo, y que por otra parte se trabaja con particular esmero desde los servicios de inteligencia del imperio.

 

El camarada Vagenas nos dice que “el aumento de la fuerza económica de China es un hecho incuestionable” y menciona el hecho de que en 2011 China ya era la segunda economía del mundo[2], superando a Japón. Entre otras cosas, Vagenas menciona que “China exporta 50 000 productos diferentes a 182 países, mientras con 80 de estos ha firmado acuerdos comerciales y protocolos de cooperación. Los socios principales de China son los grandes países capitalistas (Japón, EE.UU., países de la UE), que representan el 55% de las transacciones de su comercio exterior”. Aparentemente, el camarada Vagenas nos quiere decir con esto que habría que reprocharle a China el hecho de comerciar con estos países para promover su desarrollo económico, y que al establecer relaciones comerciales con países capitalistas, China es “carne de la carne del sistema imperialista internacional”, como afirma con bíblicas palabras en otro lugar de su artículo. El camarada Vagenas también nos dice a continuación que “un hecho que indica el cambio que ha ocurrido en los últimos veinte años es que mientras en 1993 China exportaba petróleo, hoy en día se ve obligada no solamente a hacer importaciones, sino que desde 2009 se compara con los EE.UU. en las importaciones mundiales de petróleo”, como si, a modo de sofisma barato, quisiera hacer algún tipo de amalgama entre China y el imperialismo estadounidense, por el simple hecho de que China necesite importar petróleo para su desarrollo industrial.

 

Ahora bien, lo primero que llama particularmente la atención es que, después de dedicar dos breves párrafos para hablarnos de las exportaciones e importaciones de China, sin solución de continuidad el camarada Vagenas nos dice que “China ocupó la segunda posición a nivel mundial (después de EE.UU.) en número de multimillonarios (130 personas) cuya propiedad se incrementó en 222% dentro de un año”, como si este dato tuviera un interés científico relevante o nos permitiera saber algo más sobre el sistema socio-económico de China; las formas de propiedad existentes; el régimen democrático; la situación y los logros de la clase obrera y del campesinado; etc. Y en el más genuino estilo Joseph Goebbels, esto nos lo dice “olvidando” decirnos que en 2011 China era el país más poblado del mundo, con 1.344 millones de habitantes, lo que supone que aproximadamente 1 de cada 5 habitantes del planeta era chino. En este sentido, si se reconoce algo tan sumamente obvio como que desde hace décadas China tolera la propiedad capitalista de manera controlada, a nadie le puede caber duda de que China es el país con más capitalistas y millonarios del mundo. Como tampoco puede caber duda de que es el país con más comunistas del mundo (por mucho que el camarada Vagenas le niegue esta condición a 82 millones de militantes del PCCh, de los cuales unos 49,82 millones son obreros, trabajadores del campo, estudiantes y jubilados –  datos de 2011), y al igual que, con toda certeza, China es el país con más tuertos, mancos y cojos del mundo.

 

Por lo tanto, no estaría de más que Vagenas aclarase si lo que se critica de China es que: a) el capitalismo sea tolerado e incluso fomentado; o b) el hecho de que tenga una población elevada, y por lo tanto “muchos millonarios”, crítica tal vez válida para hacer una denuncia moralista-cristiana de las desigualdades sociales, pero poco útil para hacer un análisis científico de la sociedad china. Vamos a ponernos en el mejor de los casos, suponiendo que la razón por la cual el camarada Vagenas se rasga las vestiduras es la presencia per se de capitalistas en China, independientemente de su número. Esto es lo que parece decirnos señala en su artículo que “los datos oficiales muestran que en el periodo 2004-2010 el número de empresas privadas en China se incrementó en un 81% y alcanzaron las 3.596 millones”, sin por supuesto decirnos nada sobre el tamaño de estas empresas; su contribución al PIB; el papel que desempeñan en el conjunto de la economía; los sectores económicos en los que operan; si han permitido una mejoría de las condiciones de vida del pueblo chino; etc.

 

Otro ejemplo de manipulación goebbelsiana lo tenemos cuando el camarada Vagenas escribe: “Solamente mencionamos que según las estimaciones de la unión de empresarios chinos tal como ha sido transmitido por la televisión china: el 8,5% de los 500 más grandes monopolios en el mundo son chinos”, “olvidándose” mencionar que estos monopolios son empresas estatales. En efecto, según la lista Fortune 500 elaborada por el Magazine Forbes, en el año 2005 había 15 empresas chinas que figuraban en la lista de las 500 mayores empresas del mundo. Todas ellas eran de propiedad estatal. Podemos atrevernos a pensar que entre el año 2005 y 2011 (año de publicación del artículo del camarada Vagenas), estos datos no habían variado mucho. Este tipo de propaganda recuerda a lo afirmado de manera histérica por el catedrático de economía y trotskista Jorge Fonseca en el programa de televisión de la cadena Hispan TV “Fort Apache” del 23 de agosto de 2013, en el que afirmaba sin sonrojarse: “Hay que ver las relaciones de propiedad en China, aumenta la propiedad capitalista. Si uno mira los datos, hoy en día, los dos bancos más grandes del mundo son chinos”[3]. Sin por supuesto mencionar que estos “dos bancos más grandes del mundo” son el Industrial Commercial Bank of China y el China Construction Bank, ambos bancos estatales y que por lo tanto no tienen capitalistas. De hecho, están sujetos a la supervisión del Consejo de Estado de la República Popular China. Resulta sumamente interesante observar la coincidencia, no solamente en cuando a la valoración general de China, sino también en cuanto a los métodos de manipulación, entre Elisseos Vagenas y el trotskista Jorge Fonseca.

 

No es ningún secreto que las relaciones capitalistas de producción están ampliamente presentes en China, especialmente desde que Deng Xiaoping impulsara a partir de 1978 la política de reforma y apertura, que diversificó en gran medida las formas de propiedad en China y supuso a posteriori un recurso masivo al capitalismo y a la inversión extranjera para desarrollar las fuerzas productivas del país. Con una evolución variable, China lleva 35 años siguiendo este lineamiento en materia de política económica. Por lo tanto, lo que menos debería sorprender es que existan capitalistas en China. Desde luego, no serán los dirigentes chinos quienes tratarán de esconder este hecho, ni mucho menos[4]. El propio Vagenas lo menciona como con indignación en su artículo cuando escribe que “China, especialmente a partir de los años ‘80, ha vinculado su economía con el mercado capitalista internacional. Es un hecho que el liderazgo chino no niega, sino que lo exalta.”

 

Por lo tanto, parece que la cuestión de fondo que plantea grandes divergencias entre Elisseos Vagenas y los que defendemos el socialismo en China, son: a) la concepción sobre el socialismo (¿etapa de transición hacia el comunismo, o sociedad socialista “pura” con un 100% de propiedad estatal? – cosa que, dicho sea de paso, tampoco presupone la propiedad del pueblo); y b) la cuestión de si el capitalismo es perverso per se (en tal caso nos situaríamos en el terreno del socialismo utópico) o si tiene en China y otros países atrasados algún papel progresivo que desempeñar (en tal caso nos situaríamos en el terreno del socialismo científico, o marxismo). Federico Engels ya había criticado las posiciones moralistas pequeño-burguesas que ponían el grito en el cielo ante la “desigualdad” que generaba el capitalismo: “La toma de posesión de todos los medios de producción por la sociedad ha estado más o menos clara a la vista, como ideal del futuro, para muchos individuos y sectas enteras desde la aparición histórica del modo capitalista de producción. Pero esa idea no podía convertirse en necesidad histórica sino cuando se presentaron las condiciones materiales de su realización. Como todos los progresos sociales, éste no resulta sin más viable porque se haya comprendido que la existencia de las clases contradice a la justicia, a la igualdad, etc., ni por la mera voluntad de suprimir esas clases, sino gracias a determinadas nuevas condiciones económicas.”[5]

 

Si aceptamos la posibilidad de que sea lícito e incluso necesario recurrir al capitalismo y desarrollar el mercado en China, tal y como se hizo en la Rusia de Lenin durante la Nueva Política Económica (NEP) entre los años 1921 y 1927 (un hecho histórico real, por mucho que el camarada Vagenas trate de justificarse mediante argumentos espurios), entonces, si uno realmente es comunista y se preocupa realmente por el bienestar del pueblo, en lo que habría que reparar es si tal política económica supone un progreso para el país, y no tanto rasgarse las vestiduras por el hecho de que “hay ricos”[6]. Todo el mundo sabe que desde hace 35 años China aplica conscientemente una política económica basada en una fórmula que combina capitalismo e intervención estatal, por lo que al decir que hay millonarios en China, el camarada Vagenas tampoco está haciendo un gran descubrimiento. A menos que esperase que pudieran existir relaciones de producción capitalistas sin personas que se enriquezcan, cosa que parece difícil de conseguir.

 

Aquí nos detendremos en otra afirmación, bastante más polémica, que hace el camarada Vagenas en el mismo apartado dedicado a la economía de China. Vagenas dice que “Podríamos contraponer a los elementos anteriores otros que muestren la miseria y la explotación que experimentan cientos de millones de trabajadores en China actualmente como resultado de la política de “¡Enriquézcanse!” que sigue el Partido Comunista de China durante los últimos 30 años.”

Mediante esta otra manipulación goebbelsiana, el camarada Vagenas pretende confundir lo dicho por Deng Xiaoping con la consigna “¡Enriqueceos!” pronunciada por el dirigente bolchevique Nikolai Bujarin en la URSS durante los años 20 del siglo pasado, consigna que iba dirigida principalmente a los terratenientes y campesinos medios (kulaks) del campo soviético. Pero lo cierto es que lo que dijo Deng fue algo muy distinto, o que al menos tuvo un significado bastante diferente de la consigna de Bujarin. Y es que mientras Bujarin hacía un llamamiento a los kulaks a que se enriquezcan, lo que realmente dijo Deng fue “el socialismo no es lo mismo que pobreza compartida”, en contra de las falsas concepciones igualitaristas de la “Revolución Cultural”. Afirmación que difícilmente podría refutar un marxista que no lo sea sólo de palabra. A no ser que el camarada Vagenas se refiera a la frase, mal atribuida a Deng, pero que nunca dijo ni escribió, “enriquecerse es glorioso”, una idea original del historiador Orville Schell, que tituló así un capítulo de un libro sobre la apertura económica de China en los años 80, pero sin atribuir en ningún momento esta frase a Deng. Sin embargo, esta frase fue puesta en boca de Deng por individuos aquejados de pereza mental, y la atribución corrió como la pólvora hasta nuestros días. Así, vemos como en su afán por calumniar a China, Vagenas le hace el juego a la reacción burguesa.

 

De todas formas, aunque fuera cierta la autoría de esta frase, tampoco sería incorrecta desde la posición del marxismo, porque hay varias formas de enriquecerse. Por una parte, uno puede enriquecerse explotando a otras personas, en base a la codicia, la avaricia y el egoísmo (y nadie niega que exista un sector minoritario de la población en China que se enriquece en base a la explotación del trabajo asalariado). Pero por otra parte, difícilmente se podrá negar que el socialismo también supone el aumento de la riqueza global y por tanto del bienestar de la población (a menos que Vagenas comparta el postulado de la “Revolución Cultural” sobre el “comunismo ascético”, cosa que le haría el juego a la propaganda burguesa, que lanza contra el comunismo la acusación de ser el “reparto de la pobreza”). A esto mismo se refería Marx cuando decía que “en la fase superior de la sociedad comunista”, cuando “hayan crecido las fuerzas productivas junto con el desarrollo completo de los individuos”, entonces fluirán “con mayor abundancia todos los manantiales de la riqueza colectiva.”[7] Por supuesto, China está a años-luz de la fase superior del comunismo, pero no por ello pierde validez el objetivo de hacer crecer con abundancia la riqueza colectiva, con las fuerzas productivas y los medios para administrarlas que estén disponibles. Y pese a que haya habido una parte de la población de China que se ha enriquecido más que otras, en estos últimos 35 años China no ha hecho otra cosa que incrementar constantemente la riqueza colectiva.

 

La forma con la que Vagenas describe la situación social en China, resumiéndolo todo a un cuadro dantesco en el que, mientras los capitalistas son cada vez más ricos, cientos de millones de trabajadores sufren la “miseria y la explotación”, parece sencillamente sacada de un telediario elaborado para consumo interno de masas alienadas de Occidente. Es una táctica clásica de la propaganda anti-china, tanto por parte de la extrema izquierda como de la burguesía occidental, el resaltar enfáticamente el crecimiento de las rentas de los más ricos en China, sin tan siquiera mencionar lo más importante, o al menos lo que debería ser lo más importante, que son los gigantescos progresos que ha experimentado China en materia de desarrollo humano, nivel de vida, seguridad social, etc. en los últimos 35 años.

 

El objetivo de esta propaganda neo-colonial es el de equiparar a China a un país capitalista cualquiera, como son nuestros maravillosos países capitalistas de Europa, donde reina el paro, la pobreza creciente pobreza, las privatizaciones, las políticas de austeridad y la alienación intelectual. Al difundir el mensaje de que China es “un país capitalista más”, la burguesía imperialista y los dogmático-revisionistas pretenden cortar de raíz toda simpatía desde la izquierda hacia la República Popular China por los progresos que ha logrado y por su papel positivo en las relaciones internacionales. Un papel equiparable al que tiene el trotskismo, cuya función es impedir la solidaridad internacionalista entre las masas de Occidente y los pueblos agredidos por el imperialismo (Serbia, Libia, Siria, etc.). De esta forma, la burguesía consigue su objetivo, que es hacer que reine la resignación entre los trabajadores, al propagar la creencia, ampliamente difundida desde el final de la Guerra Fría, de que no se puede transformar la sociedad.

 

La burguesía, que es inteligente (y desde luego bastante más inteligente que muchos comunistas), sabe adecuar muy bien su discurso en función de la situación concreta y de las circunstancias históricas. En efecto, en los tiempos de la Guerra Fría, cuando se quería evidenciar el “fracaso del comunismo” se solía machacar en los medios de comunicación con los innegables problemas, defectos y carencias derivadas de la planificación socialista en la URSS, que en las consciencias colectivas se asociaba más fácilmente al “comunismo” puesto que, aparentemente, el socialismo soviético era un sistema con un 100% de propiedad estatal. Hoy, cuando el llamado “campo socialista” se ha derrumbado en Europa del Este y en la URSS, en el caso de China el objetivo sigue siendo el mismo (evidenciar el fracaso del “comunismo”), pero la propaganda burguesa lo hace a través de una táctica diferente. Contrariamente a la URSS, China aparenta ser más bien “capitalista” (se llega a hablar incluso de “capitalismo salvaje”), creencia también difundida por algunos que se dicen comunistas, lo que aligera la carga de trabajo de los servicios de inteligencia del imperio. Pero al ser imposible negar el gigantesco desarrollo económico experimentado por China en las últimas décadas, aquí se nos dice en cambio que ello se debe a que “China ahora es capitalista”. Cosa que, como veremos después, es manifiestamente falsa, por mucho que los neoliberales quieran hacernos creer lo contrario[8]. La conclusión es la misma: el “comunismo” ha fracaso, no existe alternativa al régimen capitalista en el que vivimos en el “mundo desarrollado”. Este tipo de propaganda burguesa-imperialista no sería un gran problema, de no ser porque aquellos mismos que se dicen comunistas asumen el discurso del enemigo y se suman de buena gana a esta propaganda.

 

En un artículo, el filósofo italiano marxista Domenico Losurdo ya había denunciado la relativización pequeño-burguesa de los gigantescos logros obtenidos en China. Después de una visita a China en julio de 2010 por invitación del PCCh, junto con otras delegaciones de los partidos comunistas de Francia, Portugal, el mismo KKE y Die Linke, Losurdo comentaba acerca del impetuoso crecimiento de China que “En Occidente no faltará, a este respecto, los que van a hacer muecas: desarrollo, crecimiento, industrialización, urbanización, milagro económico de una amplitud y duración sin precedentes en la historia, ¡qué vulgaridad! Este esnobismo del bello mundo parece considerar insignificante el hecho de que millones de personas hayan escapado a un destino que los condenaba a la desnutrición, al hambre y a la muerte por inanición.”[9] En efecto, algunos auto-denominados comunistas de estómago agradecido en Occidente, muestran un desprecio obsceno hacia el hecho de que China haya sacado a cientos millones de personas de la miseria. Y es que en los países de nuestro confortable “primer mundo” (y Grecia es uno de ellos), las direcciones de muchos partidos comunistas han sido copadas por elementos de la pequeña-burguesía y la aristocracia obrera, influenciando a estos partidos con sus concepciones neo-coloniales. Esto no es una afirmación a la ligera: basta con investigar un poco sobre las profesiones a las que se dedica esta gente. Estos elementos sociales, que por supuesto no saben lo que es pasar hambre o sufrir carencias, y que en no pocas ocasiones están completamente desligados del mundo del trabajo, atacan a China mientras juegan a los comunistas en sus ratos libres, haciendo gala de una fraseología radical de cliché, pero siendo incapaces de tomar el poder en sus respectivos países – algunos después de 95 años. Sin embargo, pese a su inoperancia en sus respectivos países, y la auto-condescendencia con la que justifican tal inoperancia, se creen legitimados para marcar con prepotencia la hoja de ruta de los países socialistas, con todo tipo de exigencias a países como China (y otros países socialistas), a la que atacan duramente y de manera infundada por no construir el socialismo (“guión-comunismo”, si algunos lo prefieren) de la manera que desean y en el plazo fijado desde su comodidad pequeño-burguesa.

 

Haciendo una lectura más “materialista” del asunto, se puede plantear una hipótesis que explique estas acusaciones de “capitalista” e “imperialista” contra China por parte de estos auto-denominados comunistas, por no hablar de otras afirmaciones provenientes de otros sectores acerca del “peligro amarillo”, de que los chinos van a dominar el mundo, agotar los recursos naturales y cargarse el planeta, hundirnos en la miseria por su “competencia desleal”[10], etc. Y es que, de acuerdo con Lenin, cuando el capitalismo alcanza su fase superior, es decir imperialista, el “monopolio da superganancias, es decir, un exceso de ganancias por encima de las ganancias normales, ordinarias del capitalismo en todo el mundo. Los capitalistas pueden gastar una parte de estas superganancias […] para sobornar a sus obreros, creando algo así como una alianza […] de los obreros de un país dado, con sus capitalistas contra los demás países.” Esta alianza es lo que genera en los países imperialistas la formación de una “aristocracia obrera” que la oligarquía financiera, los trusts, etc., pueden sobornar “y de esta manera oprimen, subyugan, arruinan y atormentan con creciente intensidad a la masa de proletarios y semiproletarios”[11].

 

Con su política de desarrollo pacífico y su política comercial, consistente en buscar el beneficio mutuo con una multitud de países del “tercer mundo”, y en especial con el continente africano, China está logrando minar las bases de la generación de estas “superganancias” que permitían “sobornar a un puñado de las capas superiores” de la clase obrera, haciendo que empeore paulatinamente el estatus social del que gozaba esta aristocracia obrera. Con el hundimiento del socialismo en los países de Europa del Este y en la URSS, y con la consiguiente involución del movimiento obrero y comunista, podemos suponer que, ante la pérdida de influencia de los partidos comunistas, se haya producido un debilitamiento del carácter proletario de los mismos, produciéndose un aumento de la presencia de militantes surgidos de las filas de la pequeña-burguesía y la aristocracia obrera. Parece ser que, conscientemente o no, algunos cuadros comunistas son portadores de la ideología de una aristocracia obrera “rebotada” al ver que China, al ayudar a una serie de países del “tercer mundo” a liberarse de las cadenas que los ataban a las antiguas metrópoli rentistas, está contribuyendo a minar las bases materiales de su estatus social. Esto podría explicar en parte el discurso neo-colonial de algunos auto-denominados comunistas con respecto a China, y parece ser el caso de ciertos cuadros del KKE, partido que no ha asimilado el marxismo-leninismo en su integralidad, pese a sus innegables aciertos.

2. Precedentes históricos de la reforma y apertura

 

Como hemos visto anteriormente, el camarada Vagenas entiende que no se puede hablar del crecimiento espectacular de China en las últimas décadas sin mencionar las reformas emprendidas por Deng Xiaoping a partir de 1978, porque entiende muy bien el nexo que existe entre una cosa y la otra. Es por ello que creo conveniente hacer una explicación del porqué de estas reformas. Como no es mi intención resumir la política de reforma y apertura por medio de mitos, frases mal atribuidas y datos sacados de contexto, considero que para una comprensión cabal de esta misma reforma y apertura hace falta recordar cuál era la situación en la que se encontraba China en 1978 y cuáles habían sido los precedentes históricos durante la construcción del socialismo. Una vez que se hayan explicado sus motivos, podremos hablar después de los resultados de la reforma y apertura, y refutar con datos lo afirmado por el camarada Vagenas acerca de la “miseria y la explotación que experimentan cientos de millones de trabajadores en China”. Por lo tanto, me veo de nuevo en la obligación de alejarme un poco del análisis del propio artículo del camarada Vagenas, para abarcar algunas cuestiones relativas al desarrollo del socialismo en la República Popular China, y así poder situar en contexto la política económica actual de China.

 

Lo primero que hay que señalar es que, previamente a la reforma y apertura, hubo en China dos acontecimientos históricos que resultaron ser determinantes en el posterior cambio de rumbo conducido por Deng Xiaoping y la etapa política en la que está inmersa China en la actualidad. Estos acontecimientos fueron el “Gran Salto Adelante” y la “Revolución Cultural”.

a) El “Gran Salto Adelante”

 

Espoleada por los éxitos económicos de la revolución democrático-burguesa (1949-1952) y del primer Plan Quinquenal[12] (1953-1957), que puso las bases de la edificación del socialismo en China (con ayuda material de la Unión Soviética, todo hay que decirlo[13]), en 1956 la dirección del PCCh decidió aumentar los proyectos previstos en el II Plan Quinquenal, tanto en la industria como en la agricultura. Dando un giro de 180º con respecto a lo que había sido la política anterior del PCCh, en la III sesión plenaria del VIII Comité Central, celebrada en 1957, Mao Zedong afirmó que la contradicción principal en China era la contradicción entre el proletariado y la burguesía, entre el capitalismo y el socialismo. Esta errónea conclusión empezó a perturbar seriamente el trabajo económico del PCCh y su política hacia los intelectuales. Más tarde, el PCCh escribiría que esta “puesta en cuestión del juicio científico […] estuvo en el origen de los excesos que el partido cometería en repetidas ocasiones”[14].

 

Hasta ese momento, la línea política emanada del VIII Congreso, celebrado en 1956, había declarado que “la contradicción principal que se encuentra en nuestro país es la contradicción entre la demanda del pueblo de edificar un país industrial avanzado por una parte, y el Estado actual de país agrícola atrasado, por otra”. Había prevalecido la línea de “avanzar a paso seguro” (evidentemente no faltarán los dogmáticos que harán amalgamas absurdos con la consigna de Bujarin de “socialismo a paso de tortuga” en la URSS), que se oponía tanto al conservadurismo como a un avance temerario que no tuviera en cuenta el estado de atraso de China[15] (que en 1949 apenas había empezado a salir de una situación de semi-feudalismo). Por ello, el PCCh entendía que la línea política prioritaria tenía que consistir en sacar a China del atraso económico, por medio de un pacto nacional con sectores de la burguesía comprometidos con el desarrollo de China, es decir, una revolución burguesa conducida por el Partido Comunista. El propio Mao Zedong había sido un defensor de esta línea pocos años antes. En “Sobre el gobierno de coalición”, escrito en 1945, Mao había dicho que:

 

Sería pura quimera tratar de construir una sociedad socialista sobre las ruinas del orden colonial, semi-colonial y semi-feudal, sin un Estado unificado de nueva democracia, sin el desenvolvimiento del sector estatal de la economía de nueva democracia, sin el desarrollo del sector privado capitalista y del sector cooperativo, sin el desarrollo de una cultura nacional, científica y de masas […] sin la liberación y el desarrollo de la iniciativa individual de los centenares de millones de seres del pueblo, en una palabra, sin una consecuente revolución democrático-burguesa de nuevo tipo, dirigida por el Partido Comunista. Hay quienes no entienden por qué los comunistas, lejos de temer el capitalismo, abogamos por su desarrollo en determinadas condiciones. Nuestra respuesta es sencilla: La sustitución de la opresión del imperialismo extranjero y del feudalismo interno por un cierto desarrollo del capitalismo no sólo es un progreso, sino también un proceso inevitable, esto no sólo será beneficioso para la burguesía, sino al mismo tiempo, y quizás en mayor medida, para el proletariado […] Basándonos en nuestro conocimiento marxista de las leyes del desarrollo social, los comunistas tenemos clara conciencia de que en China, bajo un régimen estatal de nueva democracia, además de desarrollar la economía estatal, la economía individual de los trabajadores y su economía cooperativa, es necesario, en interés del progreso social, facilitar el desarrollo de la economía privada capitalista, siempre que no domine la vida material del pueblo.”

Es más, en 1947, Mao había afirmado que esta política tendría que ser prolongada en el tiempo. En “La situación actual y nuestras tareas” sostenía que:

 

“En vista del atraso económico de China, incluso después de la victoria de la revolución en todo el país, será todavía necesario permitir, durante un largo período, la existencia del sector capitalista representado por la extensa capa superior de la pequeña burguesía y por la burguesía media. En correspondencia con la división del trabajo en la economía nacional, será necesario aún cierto desarrollo de todos los elementos de este sector capitalista que sean beneficiosos para la economía nacional. Dicho sector capitalista constituirá todavía una parte indispensable en el conjunto de la economía nacional.”

Nótese que estas tesis de Mao, que en aquella época eran del todo correctas, también podrían ser válidas para la China actual, más de medio siglo después. Al lanzar las reformas económicas a partir de 1978, el PCCh no hizo más que volver a un planteamiento anteriormente defendido por Mao que en lo fundamental había demostrado ser correcto en la situación concreta de China. Sin embargo, en 1957 Mao dio un giro radical y criticó esta línea, considerándola contraria a la línea general de la construcción del socialismo. El 13 de noviembre de 1957, Diario del Pueblo declaraba: “Algunas personas se han contagiado del vicio de conservadurismo derechista, avanzan a paso de caracol y no comprenden que, tras la cooperativización agrícola, tenemos las condiciones y la necesidad de dar un gran salto adelante en el frente de la producción.”

 

Henchidos de un excesivo optimismo, los dirigentes del PCCh pasaron a defender la industrialización a marchas forzadas de China, planteando incluso que en un periodo de 15 años, China alcanzaría e incluso sobrepasaría a Gran Bretaña en producción siderúrgica. A partir de este momento, se puso de moda la frase “un día equivale a 20 años”. El subjetivismo y el voluntarismo de estas pretensiones podía notarse en el siguiente pasaje del informe a la II sesión plenaria del Comité Central: “Tenemos una población de 600 millones, nuestro Partido ha forjado relaciones de uña y carne con esa población de 600 millones, y apoyándonos en esta gran fuerza, podemos realizar todo tipo de cosas que estén al alcance de la humanidad o podremos hacerlo dentro de poco tiempo, y ninguna cosa es inalcanzable para nosotros.”[16]

 

Aquello fue el origen del “Gran Salto Adelante”, que básicamente se caracterizó por:

 

  • la creación, a partir de 1958, de comunas populares que sustituyeron a las cooperativas agrícolas que habían existido hasta entonces, emulando en mayor o menor medida el modelo soviético. Las propias cooperativas ya se habían formado mediante un proceso de colectivización a marchas forzadas[17], dándose en 1956 casos de ingreso forzoso de campesinos medios. Ello contradecía el principio de voluntariedad por el que se había caracterizado al movimiento cooperativista en la URSS y pasaba por encima del grado de desarrollo de las fuerzas productivas en el campo. Esta tendencia a “quemar etapas” se acentuó cuando se concentraron a miles de campesinos cooperativistas en las comunas, que según Mao tenían que abarcar “tanto la producción agrícola como industrial, el comercio, la educación y los asuntos militares”. En el plazo de dos meses, 740.000 cooperativas se transformaron en 24.000 comunas, agrupando cada una de ellas, por término medio, a 5.000 familias.

 

  • El inflamiento excesivo de las cuotas de producción agrícola e industrial (notablemente de acero). En agosto de 1958, el Comité Central decidió que la producción de acero en 1958 tenía que duplicar la de 1957, para llegar a los 27-30 millones en 1959. La producción agrícola tenía que aumentar un 20-50%, para llegar a producir 400-500 millones de toneladas de cereales en 1959. La dirección del PCCh justificó estos objetivos declarando que “la realización del comunismo en nuestro país ya no es algo para un futuro muy lejano”[18].

 

El “Gran Salto”, que se sustentaba principalmente en factores ideológicos y en la movilización de masas, planteó objetivos irrealistas que no tenían en cuenta el grado de desarrollo de las fuerzas productivas ni el grado de conciencia de los campesinos, lo cual derivó en graves desajustes de la economía. A ello se añadió a una serie de desastres naturales e inclemencias del clima (inundación del río Amarillo en 1959, sequías anormales y otros fenómenos climatológicos adversos en 1960). El resultado fue el fracaso estrepitoso del II Plan Quinquenal, que se manifestó en los hechos siguientes:

 

  • Se produjo un enorme desequilibrio en perjuicio de la agricultura, a causa de la irracionalidad que mostraron rápidamente las Comunas. Entre 1958 y 1961, la producción de cereales bajó un 32%, la producción de algodón un 35% y la de carne porcina un 43%. En 1960, el consumo de trigo en el campo ya no era más que una quinta parte del de 1957, y el de carne bajó un 70% con respecto a 1957[19]. La población de China conoció el hambre.

 

  • Se produjo una gran cantidad de acero y otros productos de mala calidad, en detrimento de otros sectores económicos en los que los trabajadores dejaron de dedicar tiempo de trabajo para cumplir con los objetivos de producción. Después de subir en 1958 y 1959, la producción de acero cayó drásticamente en 1960, y no volvió a alcanzar los niveles de 1958 hasta el año 1964[20].

 

  • Muchos medios de producción fueron destruidos al ser forzados para cumplir con los objetivos, quedando a veces inutilizables desde el primer uso, debido a la mala calidad del acero.

 

  • Muchas toneladas de madera y carbón no pudieron ser transportados, debido a la utilización de medios de transporte primitivos y el desfase entre la sobreproducción de materiales y la capacidad de transporte. Las nuevas líneas de ferrocarril quedaron inutilizables, de nuevo por la mala calidad del acero.

 

  • Cabe señalar además que al eliminarse el trabajo a destajo en las comunas (que se asociaba a la sociedad capitalista), se redujeron los salarios de los trabajadores, que además tuvieron que aumentar su jornada de trabajo y desplazarse de un sitio a otro, creando con ello cansancio y apatía[21].

 

El balance del “Gran Salto” fue la reducción del ritmo de crecimiento en el periodo 1958-1962 hasta el 3% anual, la caída de la producción agrícola en un 4% y una agudización de las desproporciones estructurales que arrastraba la economía china. En el plano humano, se estima que entre la falta de alimentos y los desastres naturales perdieron la vida unas 15-20 millones de personas[22].

 

Ante los más que evidentes fracasos del “Gran Salto”, en la conferencia de Lushan, en agosto de 1959, Mao Zedong asumió su parte de responsabilidad, aceptando hacerse una autocrítica, no sin cierta reticencia. Sin embargo, la conferencia se tornó rápidamente en lo contrario de lo que debería haber sido. En una carta enviada a Mao, Peng Dehuai, el héroe de la guerra de Corea y vicepresidente de la Comisión Militar del Comité Central, criticó la “tendencia hacia la exageración y el simplismo” y el “fanatismo pequeño-burgués [que] tiende a conducirnos a errores de “izquierda” caracterizados por la impaciencia de entrar al comunismo de un solo golpe”[23]. Peng recibió el apoyo, entre otros, del ministro de asuntos extranjeros Zhang Wentian y del jefe del Estado Mayor Huang Kechen. Otros cuadros superiores, como el primer ministro Zhou Enlai y los vicepresidentes del partido Chen Yun y Zhu De, también empezaron a cuestionar el “Gran Salto”.

 

Sin embargo, pese a su autocrítica anterior, la crítica correcta de Peng (probablemente un “revisionista” según los maoístas) fue tildada por Mao de “ataque de la burguesía”. Mao acusó a Peng y sus seguidores de haberse unido a Jruschov y de “minar la dictadura del proletariado”, llegando a decir que “el Partido está bajo el fuego de fuerzas internas y extranjeras”[24]. La Conferencia aprobó una condena a Peng, que fue acusado de ser miembro de una “camarilla antipartido”. Se desató una campaña ideológica a escala nacional, en la que más de 3 millones de cuadros del partido se vieron acusados de “oportunismo de derecha”. Según Mao, en Lushan se produjo una “lucha a muerte […] entre dos grandes clases antagónicas: el proletariado y la burguesía”. La libre discusión entre camaradas del mismo partido se convirtió en una contradicción antagónica. Esto iba en contra de las propias enseñanzas que Mao había escrito en obras “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo”, en la que había hecho la distinción entre las contradicciones entre el pueblo chino y el enemigo por una parte y las contradicciones en el seno del pueblo por otra (y por ende en el seno del Partido Comunista).

 

Finalmente, en 1961 el “Gran Salto” fue abandonado. Su fracaso supuso la primera refutación de la falsa creencia de que cuanto más elevado es el grado de socialización de las relaciones de producción, más rápido crecen las fuerzas productivas. A raíz de esta constatación, en el seno del PCCh empezaron a surgir dudas acerca del rumbo seguido en China, notablemente en Deng Xiaoping, que antes había sido uno de los mayores partidarios del “Gran Salto” y mano derecha de Mao durante el mismo periodo.

 

El personalismo de Mao, que se había manifestado en la Conferencia de Lushan, tuvo como consecuencia el serio debilitamiento de la democracia interna en el seno del PCCh, hasta tal punto de que no se pudo hablar libremente de los errores de Mao hasta dos años después de su muerte, en 1976. Los hechos acontecidos a raíz de aquella Conferencia fueron el preludio de lo que pocos años después sería la “Revolución Cultural”, que a grosso modo fue una continuación en la esfera política del “Gran Salto Adelante”. Era el año 1959, y con el XX Congreso del PCUS recientemente celebrado, Mao temía que se repitiera en China el giro oportunista que se había producido en la URSS bajo el liderazgo de Jruschov[25].

b) Recuperación económica durante los años 1962-1965

Tras ser definitivamente desechado el “Gran Salto” se impuso una línea más pragmática a la cabeza del PCCh, teniendo como cabezas visibles a Liu Shaoqi, Deng Xiaoping y Zhou Enlai como presidente de la república, secretario general del partido y primer ministro respectivamente. Bajo la consigna de “caminar sobre dos piernas”, la nueva línea propugnaba un crecimiento más equilibrado de la industria y la agricultura.

 

En enero de 1962, en una reunión de 7.000 cuadros procedentes de los diferentes niveles del partido y del Estado, se decidió reajustar la gran desproporción entre el desarrollo acelerado de la industria pesada por una parte y el retroceso de la agricultura y la industria ligera por otro. Millones de campesinos que habían sido trasladados del campo a la ciudad volvieron a sus casas. Se debilitó el falso igualitarismo del “Gran Salto”, que negaba la máxima del socialismo de “a cada uno según su trabajo”, concediendo mayores incentivos a la producción, y permitiendo que los campesinos explotaran parcelas individuales para su propio consumo. Se redujo el tamaño de las comunas populares, aumentando su número hasta las 74.000. La unidad de contabilidad pasó de la comuna (que incluía a miles de familias) a cada equipo de producción (entre 20 y 30 familias), a fin de estimular la iniciativa de los trabajadores en la producción y la administración, y de manera que fueran responsables de sus propias pérdidas y ganancias. Se estimularon actividades económicas complementarias como la artesanía, y se puso un especial énfasis en el incremento de la productividad, la modernización, el fomento de la ciencia y los controles financieros y contables en las empresas[26]. Estas reformas fueron consideradas por Mao Zedong como “peores que las de Jruschov”[27].

 

Gracias a estas reformas, en el periodo 1962-1965 la renta nacional de China experimentó un crecimiento del 15%[28]. En 1965, la economía agrícola consiguió superar los niveles de 1957. Se recuperó un cierto equilibrio entre las ramas productivas. Por primera vez desde 1949, el crecimiento de la industria ligera sobrepasaba el de la industria pesada, y China experimentaba una recuperación económica sin un papel protagónico de Mao Zedong, cosa que éste no estaría dispuesto a aceptar indefinidamente. Debido a que las reformas abogaban por mecanismos de mercado e incentivos materiales, Mao denunció la existencia de una “fracción burguesa” en el seno del PCCh, lo que motivó el desencadenamiento de la “Revolución Cultural”.

c) La “Revolución Cultural”

En 1966, espoleado por su mujer Jiang Qing y el culto a su personalidad fomentado por Lin Biao, Mao Zedong, que desde el final del “Gran Salto” no había desempeñado más que un papel testimonial, consideró que era el momento de volver a la carga contra sus adversarios políticos en el seno del PCCh. En agosto de 1966, durante la XI sesión plenaria del VIII Comité Central del PCCh, se dio lectura al dazibao[29] escrito por Mao “Cañonear el cuartel general: mi dazibao”, en el que se acusaba a Liu Shaoqi y Deng Xiaoping de ser seguidores del “camino capitalista”. Así fue desencadenada la “Revolución Cultural”, que llamó a las masas, y en especial a la juventud, a movilizarse para depurar al partido y al Estado de “elementos capitalistas”, combatir el burocratismo así como las ideas feudales y burguesas.

 

Ante el relativo estancamiento económico de China, que no conseguía salir del atraso, y con el precedente del XX Congreso del PCUS en la URSS, Mao consideraba que el principal obstáculo para el avance de China hacia el comunismo era lo que se identificaba como “revisionismo”, los métodos burocráticos y la permanencia en el inconsciente colectivo de remanentes de la vieja ideología confuciana. Ello exigiría por lo tanto una “revolucionarización” de las conciencias. Esta línea era una reedición de la concepción idealista del “Gran Salto” según la cual bastaban buenas dosis de voluntad para avanzar hacia el comunismo, y guardaba semejanza con el “Movimiento por la Nueva Cultura” de los años 1915-1919, que entendía que todo lo que emanaba de la cultura china era un freno al progreso.

 

Una descripción relativamente objetiva de lo que fue la “Revolución Cultural” la podemos encontrar en la  Resolución sobre algunos problemas en la historia del PCCh” escrita por el PCCh en 1981:

 

“La ‘revolución cultural’, que duró desde mayo 1966 a octubre 1976, fue responsable de la derrota más grave y la mayor pérdida sufrida por el Partido, el Estado y el pueblo desde la fundación de la República Popular. Fue iniciada y dirigida por el camarada Mao Zedong. Sus tesis principales eran que muchos representantes de la burguesía y los revisionistas contrarrevolucionarios se habían infiltrado en el Partido, el gobierno, el ejército y los círculos culturales y el liderazgo en una mayoría bastante grande de las organizaciones y departamentos ya no estaba en manos de los marxistas y el pueblo, que personas del Partido en el poder habían tomado el camino capitalista, se había formado una sede de la burguesía en el interior del Comité Central que seguía una línea revisionista política y organizativa y había agentes en todas las provincias, municipalidades y regiones autónomas, así como en todos los departamentos centrales, que, dado que las formas de lucha adoptadas en el pasado no habían sido capaz de resolver este problema, el poder usurpado por los seguidores del camino capitalista podría ser recuperado sólo llevando a cabo una gran revolución cultural, de manera abierta y mediante la total movilización de la amplias masas desde abajo hacia arriba para exponer este siniestro panorama; y que la revolución cultural sería, de hecho, una gran revolución política en la que una clase derrocaría a otra, una revolución que hay que librar una y otra vez.”[30]

 

Apoyándose en los “guardias rojos” (jóvenes seguidores de Mao), el grupo dirigente de la “Revolución Cultural” llamó a la guerra civil contra los llamados “seguidores del camino capitalista” en el partido, los órganos del Estado y las instituciones. En enero de 1967 estallaron revueltas en ciudades como Shanghái, Beijing, Taiyuang y Harbin, en las que las altas instancias del partido y del Estado fueron sustituidas por “comités revolucionarios”, que tardaron un cierto tiempo en formarse. En febrero de 1967, tras un enfrentamiento con un grupo de viejos revolucionarios dirigido por Li Xiannian y el mariscal Ye Jianying, el grupo dirigente formado por Lin Biao y Jiang Qing se apoderó de la dirección del PCCh, ejerciendo un control total del mismo, pese a no haber sido mandatado por ningún congreso. Las reuniones del Buró Político fueron suspendidas.

 

En julio de 1967, cuando Jiang Qing lanzó la consigna de “atacar mediante razonamientos y defenderse mediante la fuerza”, la represión política (llegando a la física) afectó a más del 70% de los miembros del Comité Central. Se produjo una oleada de suicidios en el PCCh y en el Estado Mayor del ejército. Figuras prominentes del PCCh como Liu Shaoqi, Zhou Enlai, Zhu De, Chen Yun, Deng Xiaoping, Bo Yibo y otros fueron objeto de severas críticas (particularmente trágico fue el final de Liu Shaoqi, que perdió la vida en la cárcel). Por su parte, Deng Xiaoping permaneció bajo arresto domiciliario durante el año 1968 y en 1969 fue despojado de sus cargos y deportado junto con su mujer a la provincia de Jiangxi para trabajar en una fábrica de tractores. Al llegar a la calle, el movimiento reprimió sobre todo a profesores e intelectuales, dejando prácticamente sin profesores a las universidades, con el resultado de que desapareció la diferencia entre propaganda política y estudio científico en las ciencias sociales. En la Universidad de Beijing por ejemplo, de 90 docentes que había, 73 sufrieron persecuciones y 23 perdieron la vida[31]. Se produjeron actos violentos por todo el país, incluyendo agresiones físicas, asaltos a bancos, voladuras de ferrocarriles y puentes, con la utilización de fusiles y cañones. El país fue sumido en el caos y la anarquía: los comités de fábricas del partido reemplazaron a los antiguos gerentes de empresas. A consecuencia de ello, la planificación económica se hundió.

 

Al regirse por los principios de “la política en el puesto de mando” y “tomar como base la lucha de clases”, las concepciones dogmáticas que habían imperado durante el “Gran Salto” volvieron a imponerse, derogándose normas económicas que habían demostrado ser eficaces durante el periodo 1962-1965. Volvió el falso igualitarismo que había predominado anteriormente durante la constitución de las comunas populares, prohibiéndose toda actividad productiva individual o familiar. En lugar de ello, se impusieron las posiciones que abogaban por las bondades del estilo administrativo de “ordeno y mando”. En resumidas cuentas, la ciencia económica estuvo impregnada de un elevado subjetivismo, quedando supeditada a las cuestiones ideológicas y a la agitación de masas. La cuestión del desarrollo del país fue dejada de lado.

 

En el terreno económico, los primeros años de la “Revolución Cultural” tuvieron como consecuencia un grave retroceso entre 1966 y 1968, con una caída de la producción global de casi el 14% en 1967 y del 5% en 1968. La agricultura sufrió un retroceso del 3%[32]. La productividad laboral en la industria bajó un 19,2% en 1967 con relación al año anterior y otro 7% en 1968. Lo mismo con la renta nacional, que se redujo en un 7,2% en 1967 y en 6,5% en 1968[33]. Los daños en la educación y la cultura fueron enormes. A consecuencia de la consigna lanzada por Jiang Qing “estudiar es inútil” (con el pretexto de que lo prioritario era hacer la revolución), durante 6 años consecutivos los centros de enseñanza superior dejaron de matricular a nuevos alumnos. En 1966 había 417 centros de enseñanza superior en China. Al terminar la “Revolución Cultural” en 1976, ya sólo quedaban 309. En 1965, fueron publicados en China 20.143 libros, 790 revistas y 343 periódicos. Tres años después, en 1968, sólo fueron publicados 3.694 libros, 22 revistas y 42 periódicos[34].

 

Sin embargo, a partir de 1969 se abrió un breve periodo de recuperación económica. Después de las sucesivas recesiones económicas en 1967 y 1968, y una vez se hubieron constituido los “comités revolucionarios”, Zhou Enlai y otros dirigentes del PCCh lograron elaborar un plan económico. De este modo, en 1969 la producción industrial y agrícola consiguió superar los niveles de 1966. El IV Plan Quinquenal (1968-1972) consiguió fijar la tasa del crecimiento del PIB en un 6%[35]. Estos incrementos se mantuvieron gracias a una serie de factores:

 

  1. la desaparición en 1971 de Lin Biao y sus acólitos en un accidente de avión después de un fallido intento de golpe de Estado, iniciándose una nueva etapa dentro de la “Revolución Cultural”;
  2. el trabajo de Zhou Enlai en el seno del PCCh oponiéndose a las tendencias ultraizquierdistas;
  3. la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y China a partir de febrero de 1972, lo que propició una disminución importante de los elevados gastos militares destinados a enfrentar una eventual guerra contra los Estados Unidos.

 

Pero a partir de la segunda mitad de 1973, Jiang Qing y sus acólitos (la llamada “Banda de los Cuatro”) lanzaron sucesivas campañas de oposición a la “restauración de derecha” y el “retorno de la línea revisionista” en referencia a las medidas adoptadas por Zhou Enlai. En enero de 1974, bajo el pretexto de la lucha contra el legado de Lin Biao y la herencia confuciana, se lanzó otra campaña que de nuevo tuvo como objetivo a muchos cuadros del partido y del Estado, con graves consecuencias en la producción. El crecimiento del PIB bajó del 7,03% en 1973 al 1,71% en el año 1974[36]. A mediados de 1974 apareció un déficit de 500 millones de yuanes en las arcas del Estado, mientras que el año anterior había habido un superávit de 2.740 millones de yuanes[37].

 

La situación económica obligaba a tomar medidas. El 11 de octubre de 1974, una circular del Comité Central decía: “ahora, cuando la Gran Revolución Cultural Proletaria ya lleva ocho años, conviene la estabilidad. Todo el partido y todo el ejército deben unirse”. Deng Xiaoping fue rehabilitado en 1973 por el mismísimo Mao Zedong, que no podía prescindir indefinidamente de su capacidad y su experiencia. En enero de 1975, Deng fue nombrado vicepresidente del Comité Central del PCCh y miembro del Comité Permanente del Buró Político, lo que supuso una bofetada en toda regla a la “Banda de los Cuatro”, que pretendía usurpar la dirección del PCCh. Desde esta posición, Deng presentó por primera vez su proyecto de “Cuatro modernizaciones” (agricultura, industria, defensa nacional, ciencia y tecnología), que recogía unas propuestas económicas presentadas por Zhou Enlai en la III y IV Asamblea Nacional Popular en los años 1964 y 1975 respectivamente.

 

A partir de marzo de 1975, la situación empezó a mejorar en la economía y en la educación. Con Deng al frente del trabajo económico del PCCh, la ejecución del plan económico del año 1975 logró un crecimiento del 11,9% en la producción industrial y agrícola. Sin embargo, este trabajo fue de nuevo obstaculizado después de que Mao lanzara aquel mismo año una directriz contra el “derecho burgués” (haciendo referencia al sistema salarial de ocho categorías por entonces vigente) que afirmaba que aquel “debe ser restringido bajo la dictadura del proletariado”. Esto fue aprovechado por la “Banda de los Cuatro” para iniciar un ataque contra Deng, al que acusaron de defender la “teoría de la única importancia de las fuerzas productivas”. Se llegó a hablar de la “subida del satélite al cielo y caída de la bandera roja al suelo”[38] para criticar su política económica. A cambio, propugnaban “hacer la revolución para presionar la producción”.  Ante estas acusaciones, Deng contestaba lo siguiente: “Hay quienes sólo se empeñan en la revolución y no se atreven a ocuparse de la producción… el mal logro de la producción afectará inevitablemente a la ejecución del Quinto Plan Quinquenal.”

 

Después de las protestas de Tiananmen en 1976[39], la “Banda de los Cuatro” lanzó la campaña de “contraataque al viento derechista destinado a revocar las decisiones justas”, acusando a Deng de estar detrás de aquellas protestas. Ello le valió ser despojado de nuevo de sus cargos[40]. Aquella campaña tuvo además como consecuencia el caos en el funcionamiento de las líneas ferroviarias del país, con casos de embotellamiento, líneas en estado de parálisis, etc., originándose un déficit en el abastecimiento de carbón en doce provincias del país. A consecuencia de ello, en muchos lugares, una considerable cantidad de fábricas dejaron de funcionar. De enero a mayo de 1976, se produjeron 1,23 millones de toneladas de acero menos que en el mismo periodo del año anterior[41]. También hubo una gran reducción en la producción de fertilizantes químicos, hilados de algodón y otros productos industriales. La renta nacional de China en 1976 bajó un 0,97%[42] con respecto el año anterior.

 

No es objeto de este trabajo analizar en profundidad las causas de la “Revolución Cultural”, ni explicar lo prolongado de su duración, ni por qué tuvo tanto arraigo entre ciertos sectores de la juventud china. No obstante, lo que está claro es que fue un proceso político y social demasiado complejo (con muchos actores e intereses en juego) como para responsabilizar individualmente a Mao Zedong de todos los males que engendró. Si bien Mao fue su principal responsable, es sabido que hubo muchos otros actores que tuvieron un papel determinante (Lin Biao, Jiang Qing, Chen Boda, etc.). Tampoco parece seria la teoría simplista que lo resume todo en que “Mao deseaba recuperar el poder perdido en el PCCh”.

 

En mi opinión, para explicar por qué la “Revolución Cultural” tuvo cierto arraigo de masas, en particular entre los sectores más pobres de la sociedad china y la juventud, se podría plantear la siguiente hipótesis. Pese a la ligera recuperación económica después del desastre del “Gran Salto”, seguía existiendo en China una contradicción manifiesta entre la sensación de estar bajo el “socialismo” y el atraso real de la sociedad y la economía chinas, del cual no se terminaba de salir. En este contexto, tal vez la juventud china viera en el envejecido gobierno de Liu Shaoqi un freno a sus aspiraciones, al igual que ocurriera con el gobierno de Charles de Gaulle en la Francia de mayo de 1968. Y máxime tras las poderosas arengas de Mao Zedong, un dirigente histórico que será recordado, entre otras cosas, por su innegable talento a la hora de conectar con la juventud. Sin embargo, aparte de los factores políticos, sociológicos, psicológicos y culturales, que no podemos abordar en este trabajo, hubo varios otros factores en juego. Entre estos factores, es importante subrayar la presión del “izquierdismo” pequeño-burgués, que gozaba de una fuerte base material en un país de mayoría campesina, así como el contexto de enfrentamiento radicalizado con una URSS considerada “revisionista”. Por todo ello, resulta muy complicado hacer un balance político definitivo de la “Revolución Cultural” sin un estudio profundizado de la misma.

 

Sin embargo, de lo que sí podemos hablar con objetividad es de los resultados en el terreno económico, que es lo que aquí interesa para hacer un balance de la “Revolución Cultural” como periodo de la construcción socialista en China, a fin de comprender la posterior política de reforma y apertura implementada por Deng Xiaoping. Y los resultados nos indican que, si bien la “Revolución Cultural” no fue un desastre como el que supuso el “Gran Salto Adelante”, los diez años que duró fueron en lo general años de estancamiento económico, desperdiciados para el desarrollo y la modernización de China. Cierto es que no todo fue negativo: algunos sectores, como los relacionados con la defensa y la alta tecnología tuvieron evoluciones positivas. En 1969, China consiguió hacer detonar su primera bomba de hidrógeno, y en 1970 puso en órbita su primer satélite. Pese a todo el caos generado, se completaron algunas líneas férreas y se construyó el puente sobre el río Yangtsé en Nanjing. No obstante, la “Revolución Cultural” fue una etapa de grandes convulsiones, en la que los acontecimientos en las altas esferas del PCCh tuvieron una inmediata repercusión en el ámbito económico. Fueron diez años de evolución económica en dientes de sierra, en los que se sucedieron años de estancamiento o crecimiento negativo con otros de recuperación económica, que además coinciden con los años en los que aquellos que estuvieron al frente de la dirección de la economía eran precisamente los que fueron blanco de la “Revolución Cultural”.

 

En el ámbito intelectual, fueron diez años en los que predominó un ambiente de dogmatismo, durante los cuales el marxismo como ciencia de la revolución socialista estuvo encerrado en un corsé que le impidió jugar el papel emancipador que supuestamente debe tener. El voluntarismo por el cual se impusieron como dogma de fe las relaciones de producción colectivistas, por encima de toda consideración hacia el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, supuso un fuerte desaprovechamiento de las mismas. El periodo 1965-1976 registró un crecimiento global de la economía del 5%[43], lo que a todas luces fue un resultado insuficiente para las necesidades de la población china, y sin duda muchísimo menor de lo que habría sido si hubiese imperado una situación de normalidad en el seno del PCCh. Para colmo, durante estos diez años el salario promedio de los trabajadores se redujo en un 4,9%. El crecimiento de la productividad, cuestión de importancia mayor en la construcción del socialismo para satisfacer las necesidades crecientes de la población, fue prácticamente nulo en la agricultura e incluso fue negativo en la industria: se redujo en un 0,37%[44].

 

Si a todo esto le sumamos el caos originado, los daños causados al PCCh, a las instituciones del Estado, a las relaciones con ciertas minorías étnicas, a la intelectualidad y a cierta parte del patrimonio cultural de China, entonces se puede comprender por qué hoy el PCCh califica la “Revolución Cultural” como la “década catastrófica”.

d) Reflexión en la cúspide del PCCh

 

Tras la muerte de Mao Zedong, después de ser aplastada la “Banda de los Cuatro” en octubre de 1976 (sus miembros fueron arrestados y sometidos a juicio público en 1981), en agosto de 1977 el PCCh celebró su XI Congreso, en el que se declaró oficialmente el fin de la “Revolución Cultural”. Deng Xiaoping, que tras su depuración se había colocado bajo la protección del mariscal Li Xiannian, consiguió volver al Buró Político. En aquel Congreso, Hua Guofeng, un ilustre desconocido, fue confirmado como presidente del PCCh. Al igual que ocurriera con Lin Biao en el IX congreso (1969), Hua había sido designado a dedo por Mao como su sucesor al frente del PCCh, siguiendo la vieja tradición de los emperadores chinos.

 

Hua Guofeng se negaba a realizar una lectura crítica del legado de Mao Zedong, línea que se resumía en la máxima de seguir “las dos todas aquellas”[45], que perpetuaba la creencia ciega en la infalibilidad de Mao y negaba el carácter científico del marxismo. Pese a distanciarse de sus aspectos más excesivos y darla oficialmente por terminada, bajo el liderazgo de Hua, el PCCh mantuvo lo esencial de las concepciones dogmáticas legadas por la “Revolución Cultural”, notablemente en las cuestiones económicas, preservándose la mentalidad que asociaba socialismo con “comunismo de la pobreza” (ello se reflejaba en la famosa consigna de “comer todos de una olla común”), lo que negaba el reparto en función del trabajo y toda actividad productiva individual. Asumiendo estos planteamientos, el PCCh no podría sacar a China del estancamiento y la pobreza.

 

Sin embargo, Hua no gozaba de la autoridad ni de la popularidad de otros dirigentes históricos, en especial Deng Xiaoping, que, una vez fallecidos Mao Zedong y Zhou Enlai, era el dirigente más admirado en el seno del PCCh. Por ello, en la III sesión plenaria del XI Comité Central, en diciembre de 1978, se produjo el punto de inflexión que supuso la ruptura radical con la política anterior del PCCh. En aquella reunión, Deng pronunció el discurso “Liberar el espíritu, buscar la verdad en los hechos y unirnos poniendo la mirada hacia el futuro”, que marcó el inicio de la política de reforma y apertura que ha regido los destinos de China hasta el día de hoy. A partir de este momento, la autoridad de Hua, que sólo se sustentaba en la designación de Mao, se vio seriamente disminuida en beneficio de Deng, que de facto pasó a convertirse en la máxima autoridad del PCCh hasta su muerte en 1997 (aunque Hua siguió ocupando formalmente el cargo de presidente del PCCh hasta 1981).

 

A partir de aquella sesión plenaria del Comité Central, el PCCh adoptaría las siguientes resoluciones:

 

  1. Restableciendo una tesis correcta enunciada en el VIII Congreso del PCCh (1956), se volvió a consagrar que la contradicción principal en China era la contradicción entre el deseo del pueblo de edificar un país industrial avanzado por una parte, y el estado actual de país agrario atrasado por otra, desechando la tesis de la “Revolución Cultural” que situaba como contradicción principal la contradicción burguesía-proletariado. Por tanto, el centro de gravedad de la actividad del PCCh se orientó definitivamente hacia el desarrollo económico y la modernización socialista de China, desechándose las concepciones que supeditaban las actividades económicas y científicas a la lucha de clases.

 

La III sesión plenaria del XI Comité Central concluyó que, lejos de estar cerca del comunismo, China se encontraba en la “fase primaria del socialismo”, en la que, bajo el control del PCCh, el sector estatal,  como columna vertebral de la economía, tendría que coexistir durante un tiempo prolongado con otras formas de propiedad (individual, colectiva, cooperativa, capitalista, etc.), y que, en razón del largo pasado feudal y de la enorme población de China, dicha fase habría de prolongarse hasta el año 2050. Ello se plasmó en la práctica en la política de reforma económica y apertura hacia el extranjero (tanto en lo político como en lo económico) propugnada por Deng.

 

  1. En aras de llevar a cabo esta tarea correctamente, se formularon cuatro principios elementales a los que tendría que atenerse el PCCh, a saber, a) el camino socialista, b) la dictadura del proletariado y la dictadura democrática-popular, c) el papel dirigente del Partido Comunista y d) el marxismo-leninismo pensamiento de Mao Zedong.

 

  1. Más tarde, en la VI sesión plenaria del XI Comité Central, en junio de 1981, se aprobó la resolución “Acerca de algunas cuestiones históricas del Partido desde la fundación de la República Popular China”, en la que se hizo un balance de la historia reciente del PCCh y concretamente de la obra de Mao Zedong, al cual se sometió a crítica por primera vez. La evaluación de la obra de Mao como líder de la revolución china supuso el reconocimiento de que, pese al “Gran Salto Adelante” y la “Revolución Cultural”, China consiguió grandes logros durante el primer periodo de la construcción socialista (1952-1978)[46]. Bajo el liderazgo de Mao, China se puso en pie, saliendo del atraso feudal y entrando en la modernidad, con un importante desarrollo de la industria pesada[47] y un crecimiento espectacular de los servicios sanitarios y de la educación: en 1977, los dos tercios de la población ya estaban alfabetizados[48]. La mayoría de las enfermedades contagiosas fueron erradicadas en 1978, y la esperanza de vida en China pasó de 35 años en 1949 a 60 años en 1978[49]. La evaluación de la obra de Mao concluyó que sus méritos fueron mucho mayores que sus errores, haciéndose una clara distinción entre las ideas correctas del pensamiento de Mao Zedong y los errores de los últimos años de su vida. La “Revolución Cultural” fue definitivamente rechazada y enterrada en lo ideológico. Posteriormente, se rehabilitaron algunos antiguos dirigentes del PCCh que habían sido injustamente represaliados, como Liu Shaoqi, Peng Dehuai, Bo Yibo, etc.

 

Sin embargo, pese a estos grandes avances, a la muerte de Mao, China aún tenía que afrontar una serie de problemas serios. Pese al desarrollo económico alcanzado, éste seguía siendo insuficiente para satisfacer las necesidades del pueblo, que en su inmensa mayoría seguía viviendo en la pobreza. En lugar de disminuir, la diferencia entre la renta per cápita de China y la renta per cápita de los países capitalistas avanzados había aumentado. También era evidente el atraso industrial de China con respecto a estos países y la URSS.

 

Para hacernos una idea del atraso económico de China, veamos una serie de datos comparativos entre China, la URSS y los Estados Unidos, tomando como punto de referencia el año 1970:

 

  • La producción de carne por habitante era de 7,2 kilos en China, 50,8 kilos en la URSS y 80 kilos en los Estados Unidos.
  • La producción de madera por habitante era de 1,5 kilos en China, 26,9 kilos en la URSS y 179,6 kilos en los Estados Unidos.
  • La producción de gas natural por habitante era de 4,5 metros cúbicos en China, 814 metros cúbicos en la URSS y 3.345 metros cúbicos en los Estados Unidos.
  • La producción de fibras artificiales y sintéticas por habitante era de 0,06 kilos en China, 2,57 kilos en la URSS y 10,98 kilos en los Estados Unidos.
  • La producción de carbón por cada 1.000 personas era de 0,06 kilos en China, 2,6 kilos en la URSS y 2,7 kilos en los Estados Unidos.
  • El número de vehículos de motor por cada 1.000 personas era de 0,1 en China, 4,8 en la URSS y 43,8 en los Estados Unidos.
  • El número de teléfonos por cada 1.000 habitantes era de 1,6 en China, 45,3 en la URSS y 586,3 en los Estados Unidos.
  • La longitud de las vías férreas por cada 10.000 habitantes era de 0,5 kilómetros en China, 5,6 kilómetros en la URSS y 16,1 kilómetros en los Estados Unidos[50].
  • El PIB (en dólares constantes del año 1990) era de 640.949 millones de dólares en China, 1.351.818 millones de dólares en la URSS y 3.081.900 millones de dólares en los Estados Unidos.
  • La renta per cápita era de 783 dólares en China, 5.575 dólares en la URSS y 15.030 dólares en los Estados Unidos[51].

 

A esto se puede añadir que mientras que el salario medio anual en la industria china ascendía a 522 yuanes en 1957, sólo era de 529 yuanes en 1978[52]. Era admitido oficialmente que, aún en 1978, 100 millones de personas en China no se alimentaban lo suficiente[53].

 

Los datos hablan por sí mismos para evidenciar el tremendo atraso de China con respecto a la URSS y los países capitalistas avanzados. Si a todo esto le sumamos el hecho de que en 1978 la población en China era de 956 millones de habitantes, nos daremos cuenta del tremendo desafío que tenía China por delante. Era necesario un cambio de política económica. Así lo expresaba Deng en una conversación con Kim il-Sung el 18 de septiembre de 1982: “Debemos consagrarnos en cuerpo y alma a la construcción nacional… Llevamos decenios de revolución y más de 30 años de práctica del socialismo, y he aquí que todavía en 1978, el salario medio de los obreros no pasaba de 40 o 50 yuanes, y la mayoría de nuestras zonas rurales permanecía en condiciones de miseria. Así las cosas, ¿de qué superioridad del socialismo puede hablarse?[54]

 

Se suele hacer referencia a los inmensos logros alcanzados por la URSS durante su industrialización en los años 30 del siglo pasado, para atacar la política económica actual de China. Efectivamente, algunos podrán preguntarse: ¿si la URSS, que partía de condiciones de atraso profundo, consiguió convertirse en un país industrializado y moderno con un 100% de planificación estatal, por qué no China? Pero lo cierto es que en 1949 China era un país infinitamente más atrasado que la Rusia de 1917 en la que Lenin hizo triunfar la Revolución Bolchevique. Pese a disponer de ciertos núcleos industriales en algunas ciudades costeras, a nivel general China seguía siendo un país semi-feudal (el feudalismo ya se había abolido en Rusia en 1867). Para hacernos una idea, según la Academia de Ciencias de la URSS, en 1913 el 64,4% de la población en Rusia ya eran proletarios o semi-proletarios del campo[55]. En 1952, en China sólo había 16 millones de obreros y empleados, sobre una población de 575 millones de habitantes, es decir un 3,6% de la población[56]. Precisamente por esta razón, durante los primeros años de la revolución china (1949-1951), conocidos como el periodo de la “Nueva Democracia”, se puso el énfasis en las tareas propias de la revolución burguesa.

 

Los datos permiten ver claramente que China partía de condiciones de atraso mucho mayor. Tomando el año 1820 (año en el que China era el país con más poder económico del mundo, con un PIB seis veces superior al de Rusia[57]) como punto de referencia, se puede constatar que mientras que en Rusia los 93 años anteriores al año 1913 fueron años de desarrollo capitalista (e incluso de surgimiento como “imperialismo feudal-militarista”, como le gustaba decir a Lenin), en China los 129 años anteriores a la proclamación de la República Popular en 1949 fueron años de constantes retrocesos, expolio y sometimiento a las potencias extranjeras. Sería un cómodo aventurerismo intelectual el no tener en cuenta los antecedentes y los puntos de partida para juzgar el desarrollo de ambos países. Entre los años 1820 y 1913 la economía rusa se multiplicó por 9 (de 37.000 millones a 232.000 millones de dólares constantes internacionales de 1990[58]), con una población que sólo se multiplicó 3,3 veces. En cambio, mientras en el año 1820 el PIB de China era de 228.000 millones de dólares, en 1952 sólo alcanzaba la cifra de 305.000 millones de dólares, ¡sólo un 30% más que 132 años antes! Añádase que China tenía en 1952 un 50% más de población que en 1820, con el resultado de que la renta per cápita en 1952 era inferior a la de 1820, teniendo una tierra cultivable por habitante casi 10 veces inferior a la que tenía la URSS[59].

 

Este retroceso tremendo se debió en gran parte a la multitud de derrotas, exacciones y concesiones humillantes que sufrió China por parte de las potencias imperialistas a partir de 1840, cuestión sobre la que no nos podemos extender en este trabajo. Mencionaremos de pasada las guerras del opio en 1939-42 y 1856-60; el Tratado de Nanking de 1842; el Tratado de Shimonoseki de 1895 tras la guerra sino-japonesa de 1894-95; y la serie de conflictos internos ruinosos entre 1850 y 1864 conocidos como “Rebelión Taiping”[60].

 

Otro factor determinante fue que, pese a mantener una estructura feudal durante el siglo XIX y principios del XX, Rusia tenía a Europa como vecina y no pudo impedir la penetración de la revolución industrial y de los más importantes avances científicos y técnicos de la época. China, en cambio, había cortado todo contacto con el exterior a principios de la dinastía Ming (1368-1644), dándole la espalda al comercio internacional e incluso repudiando los esfuerzos británicos para establecer relaciones diplomáticas y comerciales a finales del siglo XVIII[61].

 

Pero los factores históricos adversos que jugarían en contra del desarrollo pacífico de China no se detuvieron aquí. Hasta la liberación en 1949, China apenas conoció momentos de paz. En 1916, tras la caída de Yuan Shikai (contra quién ya se habían declarado en rebelión varias provincias) se sucedieron 12 años de guerra civil, hasta la victoria definitiva del Kuomintang en 1924. Después, entre 1927 y 1937, vinieron otros 10 años de guerra civil entre el Kuomintang y los comunistas, interrumpidos por la guerra de liberación nacional anti-japonesa entre 1937 y 1945, tras la cual se reanudó la guerra civil contra el Kuomintang hasta la victoria de los comunistas en 1949. Por lo tanto, en el momento de proclamarse la República Popular China en octubre de 1949, el país está en ruinas y exhausto, con una inflación disparada. Por algo decía Soong Ching-Ling (viuda de Sun Yat-sen y vicepresidenta de China entre 1959 y 1968) que “nadie como el pueblo tiene chino una mejor comprensión del significado de la paz”.

 

Estos hechos, que también hay que tener en cuenta si queremos comprender los motivos de la política de reforma y apertura impulsada por Deng, fueron ampliamente analizados en la III sesión plenaria del XI Comité Central en 1978 y en otras reuniones de importancia histórica como la VI sesión plenaria del XI Comité Central en 1981. Durante aquellas reuniones, el PCCh analizó la construcción del socialismo en China y tuvo en consideración los factores adversos al desarrollo del país, tanto internos como externos, que había que tener en cuenta de cara a la modernización del país. Estos factores adversos fueron:

  1. Como ya hemos visto, la propia situación de atraso económico y social de China, donde en 1949 el semi-feudalismo todavía era una realidad y el capitalismo no consistía más que en islotes aislados. Los comunistas chinos se vieron pues en la tesitura de resolver un problema más complejo aún que el que tuvieron que afrontar los bolcheviques en Rusia. Un problema al cual Marx y Engels, que como no eran dirigentes del KKE, no pudieron dar respuesta: ¿cómo construir el socialismo en un país que hasta su liberación había sido semi-feudal y semi-colonial?
  2. El bloqueo comercial, financiero y diplomático impuesto por los Estados Unidos a China a partir de 1949[62], bloqueo que se recrudeció en mayo de 1951 cuando la Comisión Política de la ONU aprobó un embargo de materiales estratégicos contra China por su intervención en la guerra de Corea. A esto hay que añadir que la República Popular China no fue reconocida por los Estados occidentales y una serie de otros países. Este bloqueo diplomático no se rompió hasta el año 1971, cuando tras la visita de Kissinger a China, la República Popular China consiguió recuperar su asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en detrimento de Taiwán, así como su estatus de legítima representante del pueblo chino en la Asamblea General de Naciones Unidas. Dicho esto, uno no puede evitar recordar las palabras del camarada Vagenas en su artículo: “China es miembro de la ONU desde su fundación”. Y repito: si el camarada Vagenas se permite decir disparates de este tipo en su “análisis” de China, ¿qué se puede esperar del resto?

 

  1. El “Gran Salto Adelante” y la “Revolución Cultural”, que en lugar de reducirla, aumentaron la brecha con respecto a los países capitalistas avanzados[63].
  2. La traición de los dirigentes soviéticos, que en 1960 retiraron de manera unilateral toda la ayuda técnica prestada a China, anulando centenares de contratos para la construcción de proyectos industriales.

 

  1. La frenética actividad de China en el terreno de la solidaridad internacionalista, que supuso tremendos y repetidos esfuerzos en la ayuda militar a otros países, en particular Corea y Vietnam. Cuestiones que, muy oportunamente, no menciona el camarada Vagenas en su artículo. En efecto, nada más proclamarse la República Popular en 1949, China se implicó en la primera guerra de Indochina (1945-54) en razón de un acuerdo firmado el 24 de diciembre 1949 con Stalin, que dictaminaba que la responsabilidad primera de apoyar a los vietnamitas recaía en China[64]. Después, en diciembre de 1950, China se implicó en la guerra de Corea (1950-53) con la participación del famoso “Ejército de Voluntarios” comandado por Peng Dehuai. Aquella intervención, que permitió repeler a los norteamericanos hasta más allá del paralelo 58º, supuso que los gastos de guerra se incrementaran hasta llegar ni más ni menos que al 50% del total de los gastos nacionales[65]. En 1958, China se aventuró en un enfrentamiento armado con Taiwán, cañoneando las islas de Quemoy (Kinmen). Después, China se implicó de nuevo en la guerra del pueblo de Vietnam contra los Estados Unidos (1954-75), aunque en una menor medida y con altibajos debido a las fricciones con la URSS. Por lo tanto, si a ello le sumamos el revés del “Gran Salto Adelante”, los esfuerzos militares derivados de la solidaridad internacionalista y las convulsiones de la “Revolución Cultural”, observamos que en sus primeros 27 años de existencia, la República Popular China tan sólo conoció dos periodos extremadamente cortos en los que se dedicó exclusivamente al desarrollo pacífico del país en lo interno y lo externo: 1949-1950 y 1962-1965, ¡solamente 5 años!

 

Asimismo, Deng Xiaoping y otros dirigentes como Chen Yun, antiguo responsable de planificación económica, observaron los siguientes problemas y errores en la construcción del socialismo:

 

  1. Un primer problema surgido en los primeros años de la construcción del socialismo fue que, lejos de querer construir el socialismo en “oposición” al modelo soviético (como quieren hacer creer algunos nostálgicos del revisionismo soviético[66]) se hizo precisamente todo lo contrario: el modelo soviético de planificación centralizada fue copiado tal cual. Por este motivo, a partir del I Plan Quinquenal, se incurrió en una aplicación demasiado unilateral de la planificación. Ello resultaba en una excesiva centralización de poderes que no dejaba espacio para la economía individual, la economía capitalista y la inversión privada extranjera, aparte de que, en plano de la agricultura, los planes imperativos no prestaban suficiente atención a las particularidades locales, cuando no fijaban objetivos demenciales como en el “Gran Salto Adelante”[67]. La ley del valor se ignoró por completo, impidiéndose una formación racional de los precios.

 

  1. Partiendo de esta constatación, se hizo evidente que los dirigentes chinos habían cometido un error al tratar de “quemar” etapas del desarrollo histórico-económico de China, imponiendo sistemáticamente (sobre todo durante el “Gran Salto Adelante” y la “Revolución Cultural”) relaciones de producción colectivistas en base a fuerzas productivas muy poco desarrolladas, para colmo en un país donde, al menos en lo que respecta a la producción agrícola, el trabajo es ante todo individual por naturaleza[68]. Se volvían a poner de manifiesto las palabras de Carlos Marx cuando éste decía que las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad”[69]. Las investigaciones de dirigentes como Chen Yun concluyeron que en una economía poco desarrollada como la china, en algunos sectores la explotación privada podía ser más eficaz que la propiedad colectiva. De allí la conclusión de que en China el papel histórico de la propiedad privada, incluso de la propiedad capitalista, en vista del reciente pasado feudal de China, no se había agotado.

 

Sobre esta cuestión, en su obra “El dogmatismo, la otra cara del oportunismo”, J.M. Rodríguez escribe: El capitalismo, al derrocar la dominación feudal y con ella un poder absoluto ajeno a las personas, fue el primer sistema social que puso en manos del hombre su propio destino, que la religión creada por él mismo le había arrebatado. Aunque ese destino fue secuestrado por una sola parte de ellos, una clase social minoritaria, el capitalismo, en unos pocos siglos, consiguió un ritmo de desarrollo enormemente superior a todas las sociedades anteriores durante mucho más tiempo. Es ello lo que determina su inevitabilidad en algunas de sus formas, para superar la herencia y costumbres de dependencia del feudalismo, y estimular la creatividad y el desarrollo competitivo en las sociedades atrasadas.” [70] Esta “inevitabilidad” del capitalismo para “estimular la creatividad y el desarrollo competitivo” también puede ser válida en los países donde la clase obrera ha tomado el poder.

 Así las cosas, un modelo inspirado en el modelo soviético no podía servir para China, que debía imaginar un socialismo con características chinas, que gozara de un mayor dinamismo, a través de la diversificación de agentes económicos: empresas de propiedad pública, mixta, colectiva, cooperativa, privada e individual. La experiencia china (al igual que la vietnamita y hoy la cubana) había demostrado que la propiedad estatal o colectiva de los medios de producción que conforman la “columna vertebral” de la economía es algo esencial en un país socialista, pero puede llegar a ser hasta perjudicial en sectores no estratégicos.

 

  1. Un peligroso desequilibrio estructural entre los distintos sectores de la economía. La inversión en la industria pesada, necesaria para modernizar el país, se hizo en detrimento del consumo privado, la agricultura y el sector terciario. En precios comparables, entre 1957 y 1978 el valor global de la producción agrícola se multiplicó por 2,3 mientras que el de la industria se multiplicó por 16 veces e incluso por 27,8 veces si nos ceñimos a la industria pesada[71] (con una población que había pasado de 550 a 962 millones de personas). Durante el periodo 1952-1978, mientras la industria tuvo un crecimiento medio del 11,2% anual, el de la agricultura sólo fue del 2,5%[72]. Esto se tradujo en un estancamiento del nivel de vida de los campesinos, lo cual suponía una amenaza a la estabilidad de la alianza obrero-campesina, pilar fundamental del régimen socialista.
  2. El bajo crecimiento de la producción agrícola estuvo además acompañado por un estancamiento en el crecimiento de su productividad, muy por debajo aún de la media mundial. Entre 1958 y 1978, la producción de cereales no aumentó más que un 2,08% de media al año, lo que equivalía aproximadamente al ritmo de crecimiento de la población. Ello tuvo como consecuencia que, contrariamente a lo que cabría esperar de un país en proceso de industrialización, la parte de la población empleada en tareas agrícolas apenas creció entre 1952 y 1978.

Estos problemas fueron causados en parte por el sistema de la “gran olla común”, en el que cada campesino de una comuna sacaba una renta de los ingresos totales del equipo, sin que ello tuviera una relación directa con el trabajo individual realmente prestado, ni con una preocupación por la calidad del trabajo. La existencia de una distribución igualitaria entre una gran cantidad de cooperativistas con dinámicas productivas distintas dejó de incentivar la productividad, pues los que trabajaban más y mejor cobraban lo mismo y se beneficiaban de las mismas ventajas sociales que los que trabajaban menos y peor. Todo ello derivó en un “comunismo de la pobreza” y en un desempleo y sub-empleo reales en el campo, por mucho que ello fuera disimulado por la fachada “colectivista” de las comunas. En base a esta constatación Deng Xiaoping afirmó que, de acuerdo con lo que enseñan los clásicos del marxismo, lejos de dedicarse al “reparto de la pobreza”, el socialismo debía ocuparse de desarrollar al máximo las fuerzas productivas para elevar el nivel de vida material y cultural del pueblo.

 

  1. El problema de la productividad era extensivo al conjunto de la economía. Durante el Primer Plan quinquenal, el crecimiento de la productividad en toda la economía fue en promedio de 8,7% al año. Sin embargo, durante el Tercer Plan quinquenal (1965-1970), que fueron años de recuperación económica tras el “Gran Salto”, la productividad bajó al 2,5%, y durante el Cuarto Plan quinquenal (que coincide con los años de la “Revolución Cultural”) el crecimiento de la productividad fue negativo: -0,1% de media al año. A finales de los años 70, la mayoría de las empresas estatales eran deficitarias[73].

 

  1. El aislamiento de China en todos los terrenos (político, financiero y comercial), que no solamente fue motivado por el no-reconocimiento y el bloqueo impuesto por los países del bloque occidental-capitalista, sino por las disputas ideológicas, políticas y territoriales con la URSS. Ello dificultaba aún más el desarrollo económico de China, al quitarle salidas comerciales y oportunidades de cooperación económica, además de cortarle el acceso a las más avanzadas tecnologías. China necesitaba una base tecnológica de la que carecía para modernizar el país, y tampoco disponía del know-how en materia de gestión de empresas y dominio de las técnicas modernas empleadas en los países capitalistas. No las podía conseguir del llamado “campo socialista”, por lo tanto los dirigentes chinos no vieron otro camino que abrir el país a la inversión privada extranjera. China ya había empezado a romper el aislamiento diplomático en 1971, pero le faltaba por romper el aislamiento económico.

 

  1. Finalmente, había una serie de deficiencias en el terreno monetario-financiero, notablemente en lo que respecta a: a) el mecanismo de controles de cambio de divisas, caracterizado por la escasez y el racionamiento, dentro de un sistema monetario no convertible; y b) el divorcio entre los precios internos y los del mercado mundial para los bienes y servicios comerciables, problema común a los países del llamado “socialismo real”.

En definitiva, la práctica pedía a gritos un nuevo modelo económico capaz de asegurar un crecimiento más rápido de la productividad, asegurar que las empresas estatales fueran rentables, así como una mayor eficiencia en la concesión y la utilización de los medios de producción.

3. Las reformas

 

Partiendo de este análisis, que tomaba en cuenta la realidad objetiva y el proceso natural histórico para transformar la realidad, y desechando idealismos pequeño-burgueses que no tuvieran en cuenta dicha realidad, el PCCh decidió adoptar una serie de medidas para reformar en profundidad la estructura económica de China, en aras de alcanzar las “Cuatro modernizaciones”. A partir de la III sesión plenaria del XI Comité Central, y paulatinamente a lo largo de la década de los 80, el PCCh adoptó las siguientes medidas:

 

  1. Se procedió a una reforma agraria integral, acompañada de una reforma tributaria destinada a equilibrar el sector rural y el urbano. La reforma agraria se realizó en dos fases distintas. Durante la primera fase, entre 1978 y 1984:

 

  • se reestructuró la economía agraria, permitiéndose el usufructo personal de parcelas. Las comunas populares se fueron disolviendo gradualmente, hasta ser definitivamente abolidas en octubre de 1983. De esta forma, a finales de 1981 se reconoció oficialmente el sistema de “contrato por responsabilidad familiar”, por el cual un miembro de una familia recibía una parcela de tierra en usufructo (aunque la propiedad de la tierra seguía siendo del Estado), siendo éste responsable de la producción y remunerado en función de la misma. Posteriormente se permitió incluso que los campesinos transfirieran a terceras personas el derecho de explotación de la parcela.

 

  • Se fomentó la iniciativa individual de los campesinos, autorizándose una multitud de actividades anexas antes prohibidas (ganadería, silvicultura, piscicultura, artesanía, servicios, etc.) dando lugar a nuevas formas de actividad económica que absorbieron mano de obra excedente. Muchas de ellas se integraron después en estructuras cooperativas llamadas “nuevas asociaciones económicas”.

 

  • En 1979, los precios de acopio de los cereales, fijados a nivel central, fueron elevados significativamente, aumentándose en un 20% para las cuotas obligatorias y en un 50% para las entregas por encima de la cuota. Los precios de venta de maquinaria agrícola, fertilizantes, pesticidas y otros equipos a los campesinos fueron reducidos un 10-15%. Huelga decir que estas medidas fueron muy bien acogidas por los campesinos.

 

  • Se pasó de una planificación imperativa a una planificación indicativa, reduciéndose los objetivos de producción. Se sustituyó la imposición de cuotas obligatorias por estimulantes a la producción como subsidios, aumentos en la entrega de abonos fertilizantes y elevaciones significativas de la  inversión estatal en las obras de infraestructura. Se redujo progresivamente el número de productos destinados a las entregas obligatorias, aumentando así el número de productos cuyo precio se regulaba por el mercado[74].

Durante la segunda fase, a partir de 1985, se profundizó la reestructuración mediante la extensión del rol del mercado. En enero de 1985, el Consejo de Estado anunció la abolición del monopolio estatal de la compra-venta de productos agrícolas: a excepción de algunos pocos productos, ya no se impondrían cuotas imperativas de producción. Se dejó a los campesinos la libre elección entre firmar un contrato de compra-venta con el Estado o llevar sus productos al mercado[75].

 

Estas medidas contribuyeron a un aumento significativo de la producción agrícola, a la diversificación de la producción y a una mayor especialización por regiones. El nivel de vida de los campesinos se elevó de manera sustancial, triplicándose entre 1978 y 1988[76]. A finales de los años 80, China ya conseguía alimentar al 22% de la población mundial con el 7% de su superficie cultivable. 

  1. A partir de octubre de 1984 se procedió a una reforma integral de las estructuras económicas del país. La planificación (al menos como se entendía en los países del llamado “campo socialista”) fue abandonada, dando lugar a una “economía planificada de mercado” que tuviera en la propiedad pública su pilar básico, pero que estuviera más en concordancia con la ley del valor. Al igual que en la economía agraria, los mecanismos de mercado fueron ampliados en 1985 cuando se instauró un sistema dual de precios, compaginando precios fijados por el Estado con precios que se iban aproximando a los del mercado.

 

Se delimitaron claramente las tareas del PCCh y del Estado, que delegó parte de sus atribuciones, simplificándose la administración económica. La dirección de la economía pasó a manos de las corporaciones y organizaciones empresariales, dejándose al Estado el control de los procesos macroeconómicos. Posteriormente se permitió que las empresas retuvieran una parte cada vez mayor de las ganancias, sustituyéndose las transferencias directas de utilidades al Estado por un impuesto sobre los beneficios. Se fomentó la remuneración según el trabajo, ofreciendo primas a los trabajadores que produjeran por encima de las cuotas establecidas.

 

Al socaire de la mayor cooperación con los países capitalistas, a partir de diciembre de 1986 se hizo una reforma de las empresas de propiedad estatal, por la cual éstas pasaron a ser en sociedades por acciones, en las que el Estado posee todo, una mayoría, una minoría o nada. Según el analista chino Jin Quan, la implementación de este sistema ha permitido que las empresas estatales, calificada por él de “columna vertebral de la economía nacional”, jueguen un papel mucho más determinante en la economía[77].

 

  1. China empezó a colaborar más con el extranjero, orientando la apertura de China hacia una intensa colaboración en el plano técnico y científico con el resto del mundo. A partir de junio de 1979, se abrieron Zonas Económicas Especiales (ZEE) creando condiciones favorables para atraer inversiones extranjeras y para la construcción de zonas industriales modernas, de manera a poner en pie una producción moderna, orientada hacia la exportación[78] y el comercio interno, atraer tecnología y fondos adicionales para acelerar la industrialización. Asimismo se han fomentado, con el mismo objetivo, las sociedades de desarrollo conjunto entre empresas nacionales y del extranjero en forma de joint ventures.

 

Según el profesor J.A. Díaz Vázquez, de la Universidad de La Habana, aparte de lo ya mencionado, las ZEE han actuado como ventanas que también han servido para:

 

  1. El entrenamiento y la formación de obreros cualificados.
  2. La introducción de técnicas de gestión y comercialización, siguiendo los estándares internacionales.
  3. La importación de prácticas comerciales y financieras de corte internacional al sistema bancario chino[79].

 

Algunos comunistas creen que la aceptación de la inversión privada es una traición al socialismo. No obstante, se olvidan de que el propio Lenin, en cuyo nombre tanto hablan los dogmáticos (eso sí, cuando les conviene) nunca estuvo en contra de otorgar empresas rusas a la inversión privada para reconstruir Rusia. En 1920, en respuesta a una pregunta del periodista norteamericano Carl Wigand, que le preguntaba si Rusia estaría dispuesta a establecer relaciones diplomáticas con Estados Unidos, Lenin contesto: “Naturalmente, está dispuesta a entablar relaciones con Norteamérica, como con todos los países. La paz con Estonia, a favor de la cual hemos cedido en muchas cosas, ha demostrado que, en aras de ese objetivo, estamos dispuestos incluso a otorgar empresas en régimen de concesión y en determinadas condiciones.”[80] Salvando las distancias, por hacer esto mismo, China es vilipendiada por nuestros dogmático-revisionistas “marxistas-leninistas”.

 

Y hay más: en vísperas de su industrialización acelerada, hacia finales de 1929 los dirigentes soviéticos concluyeron 49 contratos con empresas occidentales. Uno de estos contratos fue firmado con Henry Ford, que se comprometió a prestar durante nueve años asistencia técnica gratuita y a transmitir su experiencia y sus patentes. A cambio la URSS asumía el compromiso de comprarle en el plazo de cuatro años una cantidad de automóviles por un valor de 300 millones de rublos[81]. Esto se hizo ya iniciado el I Plan Quinquenal en la URSS. Pero por hacer cosas de este tipo, según Vagenas China es “carne de la carne del sistema capitalista mundial”.

 

  1. En coherencia con lo anterior, se aparcó a un lado la solidaridad internacionalista con otros pueblos y con los partidos comunistas “hermanos” del PCCh, cesando las intervenciones militares que obstaculizaban la creación de un ambiente internacional de paz y estabilidad, fundamental para el desarrollo de China y la necesaria colaboración comercial con otros países para aprender de sus avances científicos y técnicos. Después de haber ayudado tanto en el plano militar a otros pueblos y de haber apoyado movimientos de liberación nacional por todo el mundo durante décadas, y tras haber constatado que el futuro del socialismo en China no iba a depender de enfrentamientos militares con el imperialismo ni de una “extensión de la revolución” en el resto del mundo, China consideró que era hora de empezar a pensar más en sí misma y en su propio desarrollo[82]. Se llevó hasta las últimas consecuencias la práctica de la coexistencia pacífica (bien entendida), es decir: a) respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial; b) no agresión; c) no injerencia en los asuntos internos; d) igualdad y beneficio recíproco; y e) coexistencia pacífica. Este nuevo rumbo en las relaciones internacionales encontró su máxima expresión en la visita de Deng Xiaoping a los Estados Unidos en enero de 1979[83]. Ello no impidió que, hasta la llegada de Gorbachov al poder, se siguieran líneas erróneas como la consideración de la URSS como “social-imperialista” y “principal amenaza a la paz mundial”, pero eso es otro asunto.

 

  1. Finalmente, en los años 90, un gran número de empresas estatales no estratégicas, consideradas irrecuperables, fueron cerradas, de manera a concentrar los recursos del Estado y orientarlos hacia las empresas consideradas realmente estratégicas y prioritarias. Este proceso se aceleró en 1998, traduciéndose en la consigna del Primer Ministro Zhu Rongji: “quedaros con las grandes y dejad ir a las pequeñas”. Esta reforma permitió que el sector estatal se volviera más eficaz y rentable, lo que le permite hoy dirigir de manera más estricta las partes restantes de la economía[84]. Los datos apoyan esta decisión: en 1978, había un total de 400.000 empresas estatales, cuyo valor global en capital bruto era de 448 millones de yuanes. En 2007, el número de empresas estatales había descendido a 109.000, y sin embargo el valor global de estas empresas alcanzaba la cifra de 14.790 millones de yuanes, generando beneficios por primera vez en el año 2002, con una cifra de 240.550 millones de yuanes, y llegando a los 996.850 millones de yuanes en 2007[85]. 

4. Evoluciones teóricas posteriores

 

Se impone un breve repaso a las evoluciones teóricas en posteriores congresos del PCCh, de manera a clarificar la situación actual. En base a las nuevas directrices emanadas de las III sesión plenaria del XI Comité Central, entre 1980 y 1984 se hizo en el seno del PCCh todo un trabajo de elaboración teórica destinado a “emancipar la conciencia”, dejar atrás la “bibliolatría” (dogmatismo), desterrar el “pensamiento rutinario” y proceder a “enderezar la línea ideológica”.

 

En el XII Congreso del PCCh, celebrado en 1982, se realizó una crítica a fondo de las teorías y dogmas erróneos derivados de la “Revolución Cultural”, y se llamó a promover el auge económico del país en todos los terrenos. Sacando también conclusiones de la involución del socialismo, que ya era netamente visible en la URSS, el Congreso puso el acento en la necesidad de partir de la realidad concreta del país y edificar un socialismo con particularidades chinas, siendo vano copiar experiencias de otros países.

 

Como parte de la clarificación ideológica que ya estaba en proceso, el congreso sancionó que la economía planificada era lo primario y el mercado lo auxiliar. Se declaró que tanto la planificación (de obligado cumplimiento u orientativa) como la regulación mediante el mercado eran ambos métodos legítimos – aunque se previó que el papel de la planificación disminuiría en los años siguientes. Se habló de la “economía mercantil planificada”, que tendría en la propiedad pública el pilar que sustenta el carácter socialista de la economía china. La máxima imperante en aquel periodo era: “la economía planificada es lo principal y la regulación de mercado lo auxiliar”. El Congreso eligió a Hu Yaobang como secretario general del PCCh, después de eliminarse la figura de “presidente”, que tenía unas connotaciones negativas asociadas al culto a la personalidad de Mao Zedong.

 

En el XIII Congreso del PCCh, celebrado en 1987, se generalizó la innovadora teoría del camino socialista con características chinas. En un discurso pronunciado en el congreso, Deng Xiaoping expuso el plan estratégico de los “tres pasos del desarrollo económico”, que ofrecía al pueblo chino objetivos tangibles para alcanzar la modernización. El discurso consagró la categoría de “fase primaria del socialismo”, siendo característica principal de esta fase el subdesarrollo derivado del bajo grado de desarrollo de las fuerzas productivas. Pese a que Marx y Lenin habían dicho que el socialismo era la fase inferior del comunismo, en las condiciones de China hizo falta teorizar una “fase inferior” del propio socialismo. En coherencia con ello, Deng expuso que la modernización completa de China sólo sería un hecho hacia mediados del siglo XXI. El Congreso propuso seguir la máxima de un “un centro, dos puntos básicos”, que significaba que el “centro” del trabajo del PCCh era la construcción económica, y que los “dos puntos básicos” eran los “Cuatro principios” por una parte y la reforma y apertura por otra. El Congreso eligió a Zhao Ziyang como secretario general del Partido, aunque a la postre éste sería destituido al no ser capaz de gestionar los sucesos contrarrevolucionarios de Tiananmen en 1989.

 

Ambos Congresos (el XII y el XIII) pusieron una atención preferente en la distribución con arreglo al trabajo, rompiendo definitivamente con el igualitarismo de la “Revolución Cultural”, y en lo multifacético de la propiedad durante la “fase primaria” del socialismo. Sancionaron que el criterio para juzgar si algo es provechoso o desventajoso ya no serían las relaciones de producción, sino si beneficia o no al desarrollo de las fuerzas productivas, el “poderío integral del país” y si contribuye a elevar el bienestar de la población. En ambos congresos se rompió con la dicotomía de ver en la “economía de mercado” algo inherente al capitalismo y la “planificación” algo inherente al socialismo. Cabe añadir que esta afirmación es sólo parcialmente correcta. Es preciso puntualizar que, si bien el mercado no es inherente al capitalismo (el intercambio de mercancías existía mucho antes de la aparición del capitalismo) a su vez el capitalismo es fruto del desarrollo de la economía mercantil en su fase superior, como analizó Marx. Por ello, lo que puede ser válido en las condiciones de China, podría no serlo para otro país socialista más avanzado, y mucho menos en la sociedad comunista, donde no existe propiedad privada y por lo tanto tampoco puede haber intercambio de mercancías.

 

Sin embargo, los dirigentes del PCCh acertaron cuando dijeron que, bajo el socialismo, planificación y mercado no son más que instrumentos económicos. Según ellos, lo que distinguía el socialismo (que es una fase de transición hacia el comunismo) del capitalismo no es que haya más de uno u otro elemento. Establecer la rivalidad entre capitalismo y socialismo en términos de una dualidad “mercado versus planificación” es un falso debate al cual nos quieren llevar los economistas a sueldo de la burguesía, que de manera hipócrita asocian capitalismo con “economía de mercado”, cuando se sabe que las empresas multinacionales planifican todo su proceso de extracción, producción y distribución de la A a la Z, y que en las economías capitalistas avanzadas, en las que cada rama de la industria está dominada por unos pocos monopolios, no existe el “libre mercado”. Como ocurre siempre en el marxismo, la cuestión básica es la del carácter de clase del Estado, es decir, ¿a qué clase benefician los instrumentos económicos?

 

Asimismo, si bien es cierto el capitalismo es inconcebible sin la mercancía, la mercancía no está necesariamente asociada al capitalismo. El intercambio mercantil ya existía siglos antes de la aparición del capitalismo, y puede existir tanto bajo la sociedad feudal, como la capitalista o la socialista. De hecho, ni siquiera la URSS eliminó por completo el intercambio mercantil, que a la muerte de Stalin seguía existiendo entre los campesinos cooperativistas y el Estado. Otra cosa es que el objetivo final del socialismo sea superar la ley del valor, de manera a eliminar la mercancía y por lo tanto la propiedad privada. Pero de esto no se deduce en absoluto que la mercancía nunca pueda existir bajo el socialismo ni que la ley del valor no pueda jugar un papel – más o menos relevante – bajo el socialismo, aún en ausencia de propiedad capitalista, como subrayaba Stalin en Los problemas económicos del socialismo en la URSS (1952).

 

Es por ello que la dirección del PCCh concluyó que situar el debate en términos de “mercado versus planificación” era un sinsentido, máxime en un país como China, que partía de condiciones de atraso semi-feudal. Al clarificarse esta cuestión, se revitalizaba la máxima confuciano-materialista de Deng Xiaoping: “Poco importa que el gato sea blanco o negro, mientras pueda cazar ratones.”  Esta línea fue ratificada en 1992, cuando después de una gira por las zonas sureñas pioneras de la transformación de China, Deng llamó a profundizar en las reformas y a romper con la dicotomía “capitalismo versus socialismo”. Como buen pragmático, para Deng el mejor sistema era sencillamente el que mejor funciona.

 

En el XIV Congreso del PCCh, celebrado en 1992 en medio de una coyuntura internacional desfavorable, tras el colapso del socialismo en Europa del Este y en la URSS[86] (para colmo en un momento en que se habían restablecido relaciones amistosas con la URSS), y después de los sucesos contrarrevolucionarios de Tiananmen en 1989, se reafirmó el carácter científico de la “fase primaria del socialismo”. En su informe al Congreso, titulado “Acelerar las reformas, la apertura hacia el exterior y la modernización, para conquistar mayores éxitos en la construcción del socialismo con características chinas”, Jiang Zemin, que fue elegido secretario general del PCCh, hizo hincapié en el hecho de que la teoría del socialismo con características chinas había tomado forma progresivamente y había surgido en una época que se caracterizaría principalmente por la paz y el desarrollo, apoyándose en las lecciones de la experiencia histórica de la construcción del socialismo en otros países.

 

Haciendo un balance de los logros obtenidos desde el inicio de la reforma y la apertura en 1978, el Congreso decidió ampliar aún más la reforma y la apertura al exterior, de manera a activar la modernización del país, atrayendo y utilizando los frutos avanzados de la civilización de los países capitalistas avanzados, para hacer de China un país socialista moderno, próspero, democrático y civilizado. Todo ello debía hacerse apoyándose en las propias fuerzas de China y manteniéndose fiel a los “Cuatro principios”. En aquel difícil contexto, se dijo que la reestructuración de la economía china pasaría por el establecimiento de una “economía de mercado socialista”, en la cual el Estado mantendría el control directo y macroeconómico para los objetivos planificados generales, con la particularidad de que el papel principal correspondería a los métodos indirectos, es decir, al mercado.

 

Finalmente, en la  III sesión plenaria del XIV Comité Central del PCCh en 1994, se enfatizó el papel del mercado, asignándole a este un papel “básico” a la hora de asignar recursos, todo bajo la macroregulación y el control del Estado. De la consigna “la economía planificada es lo principal y el mercado lo auxiliar” se pasó a la de “el Estado regula el mercado y éste regula a las empresas”, con lo que el mercado dejó de considerarse como un objetivo a eliminar, pasando a ser considerado un complemento beneficioso y necesario a la propiedad pública. Cabe matizar que, recientemente, en la III sesión plenaria del XVIII Comité Central, celebrada en octubre de 2013, el rol del mercado pasó a ser considerado “decisivo”.

 

Por lo general, los congresos posteriores al XIV Congreso ratificaron lo que ya había sido establecido anteriormente sobre las cuestiones económicas. Cabe mencionar solamente que, en el marco de la construcción de la “sociedad socialista armoniosa” (un concepto teorizado por Hu Jintao) en el XVII Congreso celebrado en 2007, el PCCh afirmó que se emplearía en una mayor redistribución de las riquezas creadas desde el inicio de la reforma y apertura.

 

Antes de hablar de los resultados de la reforma y la apertura, un apunte. Algunos podrán objetar que aunque el desarrollo económico, industrial, científico y sobre todo social de China sea un hecho innegable, el sistema económico imperante en China no es “socialismo”, sino “capitalismo de Estado”. ¿Y qué importa eso, si bajo el control del Estado socialista, el capitalismo de Estado supone un progreso histórico y social? Algunos comunistas como Elisseos Vagenas no comprenden la diferencia entre el papel que juega el capitalismo como motor en los países que salen del feudalismo bajo la dirección del Partido Comunista, donde no está permitido que los capitalistas actúen como clase contra el Estado socialista, y el papel que juega el capitalismo en los Estados burgueses y en particular en los países imperialistas. El análisis científico y crítico del capitalismo no puede confundirse con las tareas políticas concretas que le corresponde a cada pueblo en una determinada etapa histórica.

 

En un texto titulado “Acerca del infantilismo “izquierdista” y del espíritu pequeñoburgués”, escrito en 1918, Lenin había polemizado precisamente con los “comunistas de izquierda” (Bujarin y otros) acerca de la necesidad del capitalismo de Estado en la Rusia soviética. Evidentemente, la situación de Rusia en 1918 no era exactamente homologable a la situación en China a la muerte de Mao Zedong. Pero se pueden establecer algunos paralelismos, porque en ambos países existían problemas comunes, a saber, que: a) en ambos países el grado de desarrollo de las fuerzas productivas era muy bajo con respecto a los países capitalistas avanzados; y b) ambos países tenían una población mayoritariamente campesina, por lo que en ambos casos el “espíritu pequeñoburgués” era una amenaza para el Estado socialista. No obstante, no se trata de justificar la política de reforma y apertura en China en base a lo que hicieron o dejaron de hacer los bolcheviques en Rusia, como hace el camarada Vagenas. Se trata de comprobar si, en opinión de Lenin, el capitalismo de Estado puede tener un papel positivo bajo la dictadura del proletariado.

 

En aquel momento, tras el tratado de paz de Brest-Litovsk[87] firmado en marzo de 1918, existía un debate en seno del Partido Bolchevique, entre la línea de repliegue táctico, defendida por Lenin, para reconstruir la economía rusa, y la línea de los “comunistas de izquierda” que planteaba, en palabras del propio Lenin, que “el aprovechamiento armónico de los medios de producción […] es concebible sólo con la socialización más decidida” y llamaba a “no capitular ante la burguesía y los intelectuales pequeñoburgueses secuaces suyos, sino rematar a la burguesía y acabar definitivamente con el sabotaje…” Esta línea, que Lenin identificaba como “infantilismo pequeño-burgués”, se puede equiparar perfectamente a la mentalidad reinante durante la “Revolución Cultural” en China, que también abogaba por “la socialización más decidida” y por “rematar a la burguesía”, obviando el análisis concreto de la realidad. Así contestaba Lenin a las pretensiones de  los “comunistas de izquierda”:

 

“Se puede ser decidido o indeciso en el problema de la nacionalización, de la confiscación. Pero la clave está en que la mayor “decisión” del mundo es insuficiente para pasar de la nacionalización y la confiscación a la socialización. La desgracia de nuestros “izquierdistas” consiste, precisamente, en que con ese ingenuo e infantil juego de palabras, “la socialización más decidida”, revelan su más plena incomprensión de la clave del problema, de la clave del momento “actual”. La desventura de los “izquierdistas” está en que no han observado la propia esencia del “momento actual”, del paso de las confiscaciones (durante cuya realización la cualidad principal del político es la decisión) a la socialización (para cuya realización se requiere del revolucionario otra cualidad).”

 

Lenin planteaba incluso una problemática similar a la existente en China durante los años de la “Revolución Cultural”:

 

“La clave del momento actual consistía ayer en nacionalizar, confiscar con la mayor decisión, en golpear y rematar a la burguesía, en acabar con el sabotaje. Hoy, sólo los ciegos podrán no ver que hemos nacionalizado, confiscado, golpeado y acabado más de lo que hemos sabido contar. Y la socialización se distingue precisamente de la simple confiscación en que se puede confiscar con la sola “decisión”, sin saber contar y distribuir acertadamente, pero es imposible socializar sin saber hacer eso.” 

Después, Lenin explicaba que no basta con tener voluntad para avanzar hacia la sociedad comunista, y que esta actitud, lejos de ser una actitud proletaria, era más bien propia de la pequeña burguesía: 

“…”Acabar definitivamente con el sabotaje”… ¡Vaya tarea! ¡Pero si los saboteadores han sido “acabados” en grado suficiente! Lo que nos falta en absoluto, en absoluto, es otra cosa: contar qué saboteadores hay y dónde debemos colocarlos, organizar nuestras fuerzas para que, por ejemplo, un dirigente o controlador bolchevique vigile a un centenar de saboteadores que vienen a servirnos. En tal situación, lanzar frases como “la socialización más decidida”, “rematar” y “acabar definitivamente” significa no dar una en el clavo. Es peculiar del revolucionario pequeñoburgués no advertir que para el socialismo no basta rematar, acabar, etc.; eso es suficiente para el pequeño propietario, enfurecido contra el grande, pero el revolucionario proletario jamás caería en semejante error. Si las palabras que hemos citado suscitan una sonrisa, el descubrimiento hecho por los “comunistas de izquierda” de que la República Soviética, con la “desviación bolchevique de derecha”, se ve amenazada de “evolucionar hacia el capitalismo de Estado” provoca una franca carcajada homérica.” 

Y Lenin explicaba a continuación que, al igual que en la China de finales de los años 70, el capitalismo de Estado no era ninguna “regresión” o “restauración”, sino que era una etapa necesaria en el recorrido histórico-económico de Rusia hacia el socialismo y el comunismo:

 

…no se les ha ocurrido [a los “comunistas de izquierda”] pensar que el capitalismo de Estado representaría un paso adelante en comparación con la situación existente hoy en nuestra República Soviética. Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible. Me imagino la noble indignación con que rechazará estas palabras el “comunista de izquierda” y la “crítica demoledora” que desencadenará ante los obreros contra “la desviación bolchevique de derecha”. ¿Cómo? ¿Que el paso al capitalismo de Estado significaría un paso adelante en la República Socialista Soviética?… ¿No es eso una traición al socialismo? Precisamente en eso reside el error económico de los “comunistas de izquierda”. Por ello, es preciso examinar con detalle este punto. 

En primer lugar, los “comunistas de izquierda” no han comprendido cuál es precisamente la transición del capitalismo al socialismo que nos da derecho y fundamento para denominarnos República Socialista de los Soviets. En segundo lugar, revelan su espíritu pequeñoburgués precisamente en que no ven el elemento pequeñoburgués como enemigo principal del socialismo en nuestro país. En tercer lugar, al levantar el espantajo del “capitalismo de Estado”, demuestran no comprender el Estado soviético en su diferencia económica del Estado burgués.” 

Así, Lenin contestaba a los dogmáticos que, como el camarada Vagenas, no saben distinguir el papel que juega el capitalismo de Estado en los países de capitalismo avanzado – particularmente en los países imperialistas – gobernados por una minoría ínfima de explotadores, del papel dinamizador que en determinadas condiciones puede jugar el capitalismo de Estado en los países socialistas, es decir bajo la dirección del Partido Comunista. 

Después, Lenin describe la situación en Rusia del año 1918, que según él reviste un carácter de transición. Esta situación de transición, en la que coexisten distintos tipos de propiedad y modos de producción, también es homologable a la situación en China desde el inicio de la reforma y apertura: 

“No ha habido, a mi juicio, una sola persona que al ocuparse de la economía de Rusia haya negado el carácter de transición de esa economía. Ningún comunista ha negado tampoco, a mi parecer, que la expresión República Socialista Soviética significa la decisión del Poder soviético de llevar a cabo la transición al socialismo, mas en modo alguno el no reconocimiento del nuevo régimen económico como socialista. Sin embargo, ¿qué significa la palabra transición? ¿No significará, aplicada a la economía, que en el régimen actual existen elementos, partículas, pedacitos tanto de capitalismo como de socialismo? Todos reconocen que sí. Mas no todos, al reconocer eso, se paran a pensar qué elementos de los distintos tipos de economía social existen en Rusia. Y en eso está todo el meollo de la cuestión. Enumeraremos esos elementos: 1) economía campesina, patriarcal, es decir, natural en grado considerable; 2) pequeña producción mercantil (en ella figuran la mayoría de los campesinos que venden cereales); 3) capitalismo privado; 4) capitalismo de Estado; 5) socialismo. Rusia es tan grande y tan abigarrada que en ella se entrelazan todos esos tipos diferentes de economía social. Lo original de la situación consiste precisamente en eso.” 

Y después: 

“Puede preguntarse: ¿qué elementos predominan? Está claro que en un país pequeñoburgués predomina, y no puede dejar de predominar, el elemento pequeñoburgués […] La lucha principal se sostiene hoy precisamente en este terreno. ¿Entre quién se sostiene esa lucha, si hablamos en los términos de las categorías económicas, como, por ejemplo, el “capitalismo de Estado”? ¿Entre los peldaños cuarto y quinto en el orden en que acabo de enumerarlos? Es claro que no. No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. La pequeña burguesía opone resistencia a cualquier intervención del Estado, contabilidad y control tanto capitalista de Estado como socialista de Estado. Eso es un hecho de la realidad absolutamente inapelable, en cuya incomprensión está la raíz del error económico de los “comunistas de izquierda” […] Quienes no ven eso revelan precisamente con su ceguera que son prisioneros de los prejuicios pequeñoburgueses. Así son nuestros “comunistas de izquierda”, quienes de palabra […] son enemigos implacables de la pequeña burguesía; pero, de hecho, no hacen más que ayudarla, no hacen más que servirla, no hacen más que expresar su punto de vista, aullando -¡¡en abril de 1918!!- contra… ¡el “capitalismo de Estado”! ¡Eso se llama dar en el clavo!” 

De esta forma, Lenin dejaba claro que en 1918 el enemigo principal del régimen soviético no era la gran burguesía, que ya había sido expropiada, sino el “elemento pequeño-burgués” – campesino principalmente – cuya ideología, como indica el título de su artículo, se manifestaba en el seno del Partido Bolchevique en forma de “infantilismo izquierdista”. Este problema también es homologable a la situación a la que tuvo que hacer frente Deng Xiaoping en China, frente a las presiones “izquierdistas” de la “Banda de los Cuatro”, que también abogaba por “la socialización más decidida” en un país donde también predominaba el “elemento pequeñoburgués”, aunque ello no fuera inmediatamente visible por la existencia de las “comunas populares”.

 

Por todo ello, Lenin afirma que, en las condiciones de Rusia en 1918:

 

“El capitalismo de Estado significaría un gigantesco paso adelante incluso si pagáramos más que ahora […] pues merece la pena pagar “por aprender”, pues eso es útil para los obreros, pues vencer el desorden, el desbarajuste y el relajamiento tiene más importancia que nada, pues continuar la anarquía de la pequeña propiedad representa el peligro mayor y más temible, que nos hundirá indudablemente […] en tanto que pagar un mayor tributo al capitalismo de Estado, lejos de hundirnos, nos llevará por el camino más seguro hacia el socialismo. La clase obrera, después de aprender a proteger el orden estatal frente a la anarquía de la pequeña propiedad, después de aprender a organizar la producción en gran escala, en escala de todo el país sobre la base del capitalismo de Estado, tendrá entonces en las […] todos los triunfos, y el afianzamiento del socialismo estará asegurado.” 

Y después: 

“El capitalismo de Estado es incomparablemente superior desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual. Eso en primer lugar. Y en segundo lugar, no tiene nada de temible para el Poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el que está asegurado el Poder de los obreros y de los campesinos pobres. Los “comunistas de izquierda” no han comprendido estas verdades indiscutibles, que, como es natural, jamás podrá comprender el “eserista de izquierda”, incapaz en general de ligar en la cabeza ninguna clase de ideas sobre economía política, pero que se verá obligado a reconocer todo marxista.”[88]

Por lo tanto, queda claro que según el leninismo, el capitalismo de Estado supone “un gigantesco paso adelante” con respecto a la situación catastrófica en la que se encontraba la Rusia soviética tras la paz de Brest-Litovsk. Por esta misma razón, nadie debería rasgarse las vestiduras por el hecho de que China también emplee el capitalismo de Estado, si ello también “un gigantesco paso adelante”, máxime en las condiciones en las que se encontraba China en 1978 después de 29 años de “socialismo” y 10 años de “Revolución Cultural”.

Una gran contradicción de los dogmáticos “pro-soviéticos” como el camarada Vagenas, es que en el pasado atacaron a China por ser “maoísta”[89], siguiendo ciegamente la crítica soviética contra China de los años de Brézhnev[90], y ahora resulta que siguen atacando a China con odio visceral, precisamente por no llevar a la práctica las medidas económicas que reclamaban los líderes “maoístas” de la “Revolución Cultural”. ¿Alguien da más incoherencia? ¿Puede haber una actitud más infantil y anti-marxista que esta negación total de toda la experiencia de la revolución china? Y sin embargo, detrás de esta aparente incoherencia se esconde una explicación del todo lógica: estos “pro-soviéticos” no pueden simpatizar ni con unos ni con otros, porque su posición de clase, reflejada en el artículo del camarada Vagenas, no es la posición del marxismo-leninismo (es decir, la que refleja los intereses de la clase obrera) ni es tampoco la posición “izquierdista” de la pequeña burguesía pre-capitalista – principalmente campesina – a la que nos hemos referido antes. Su posición es aún más reaccionaria que la de la pequeña burguesía, porque es la posición de clase de la intelligentsia soviética (dirigentes de empresas, cuadros técnicos, cuadros del PCUS corrompidos, etc.) que se fue separando cada vez más del proletariado en la URSS, y también de la aristocracia obrera “enfadada” de los países imperialistas europeos (en el caso que nos ocupa, Grecia). Ambas son hostiles a China, en un caso porque era una amenaza contra sus intereses de clase en la URSS, y en el otro caso porque su política comercial con los países del “tercer mundo” está minando las bases de su existencia en los países imperialistas. Mientras la pequeña burguesía de Rusia y China oponía resistencia a la opresión del Estado socialista, la posición de clase del camarada Vagenas y de sus homólogos soviéticos está destinada a perpetuar la opresión de una capa superior de la clase obrera sobre el conjunto del proletariado.

Para finalizar este punto, considero oportuno citar lo que señalaba el senegalés Diagne Fodé-Rolland, militante del Partido Comunista Panafricano Senegalés (que por lo tanto algo tendrá que decir sobre si China practica el “imperialismo” en África), en un artículo escrito con ocasión del XVIII Congreso del PCCh, acerca de los países socialistas en la actualidad:

 

“…una vez vencidos la URSS y el campo socialista, y tomando en consideración la nueva y desfavorable correlación de fuerzas, estos países [los países socialistas en la actualidad] orientaron su desarrollo nacional mediante la asociación de varias formas de propiedad bajo control del partido comunista, la propiedad del Estado de los principales medios de producción y la planificación. De hecho, se puede considerar que la derrota del campo socialista ha impuesto a los supervivientes un largo periodo de NEP denominado “socialismo chino, coreano, vietnamita, cubano, etc. Todos estos “capitalismos de Estado o socialismo nacionales de mercado” que sirven al objetivo de edificar el socialismo como fase primera del comunismo, plantean la cuestión del “capitalismo de Estado o socialismo de mercado” como fase histórica de transición, determinada por el nivel de las fuerzas productivas en un país o en una serie de países.”

 

Pese a todo lo que se pueda decir, los dirigentes chinos lo tienen claro: China ha demostrado a la humanidad que el socialismo es la única vía posible, y que es superior al capitalismo. En su discurso conmemorando los 60 años de la República Popular China, el 1º de octubre del PCCh, Hu Jintao, antiguo secretario general del PCCh, afirmaba: “el desarrollo y el progreso de la nueva China desde hace sesenta años han demostrado plenamente que sólo el socialismo puede salvar el país y que sólo la reforma y la apertura pueden asegurar el desarrollo de China, del socialismo y del marxismo.” Mientras sigan elevando el nivel de vida de la población, deberíamos dar un voto de confianza a aquellos que afirman ser correligionarios nuestros.

5. Los resultados: un desarrollo social sin precedentes

 

Una vez que se ha explicado el origen de las reformas iniciadas por Deng a partir de 1978, que han permitido el gigantesco despegue económico de China, vamos a enumerar algunos de los resultados de la reforma y apertura, principalmente en materia de desarrollo social. Los logros en el terreno macroeconómico son mucho menos interesantes, porque son hechos innegables que reconoce el propio camarada Vagenas así como todos los especialistas burgueses, y que en sí mismo no significarían nada si no estuvieran ligados a una mejoría de las condiciones de vida del pueblo chino. Por lo tanto, he procurado, en la medida de lo posible, seleccionar datos que comparativos entre los años más recientes y años cercanos al inicio de la reforma y apertura (alrededor de 1978), pues de lo que se trata no es de valorar el progreso alcanzado hoy por China en comparación a la China que se encontró Mao Zedong en 1949, sino de valorar en su justa medida los logros alcanzados gracias a la reforma y apertura a partir de 1978. 

a) Indicadores sociales

La esperanza de vida media en China, que era de 66 años en 1980, pasó a ser de 74 años en 2013[91].

La tasa de mortalidad infantil para los menores de 5 años, que en 1990 era de 42 por mil, pasó a ser de 15 por mil en 2011[92]. La mortalidad materna aún era del 80 por mil en 2001, pero ya había bajado al 36.6 por mil en 2007.

En 1990, el porcentaje de la población en situación de pobreza extrema (menos de 1,25 dólares al día) era del 60%. En 2012 había bajado al 13%. Esto representa cerca de 535 millones de personas[93]. En la India sigue siendo el 34% de la población. En octubre de 2012, el presidente de la FAO, José Graziano da Silva, subrayaba la contribución de China a la lucha contra la pobreza mundial con las siguientes palabras: “Permítanme darles un dato que ilustra la magnitud de esta contribución: el número de pobres en el mundo descendió de 2.300 millones en 1990 a 1.500 millones en 2008, con una reducción del 34,1 por ciento. Un mundo sin China habría progresado mucho más lentamente, con una reducción de tan sólo el 11 por ciento del número de pobres en el mismo período.”[94] La misma FAO reconocía que entre 1978 y 2008 la renta per cápita en China se había multiplicado por seis, y que el número de personas que viven en la pobreza absoluta había disminuido de alrededor de 260 millones de personas a cerca de 14 millones[95].

Veamos otra forma aún más espectacular de expresar lo mismo. En un artículo publicado a título póstumo el 27 de febrero de 2012, el periodista estadounidense y escudo humano en Bagdad John Ross escribía que: “En 1978, los países que tenían sólo el 0,5% de la población mundial tenían un PIB per cápita por debajo del chino, mientras que el 73,5% de la población tenía un PIB mayor […] Al llegar al 2010, usando la misma medida, el porcentaje de la población mundial viviendo en países con un PIB per cápita mayor que el chino era de 31,3% dada la rapidez del aumento, está claro que cuando se publiquen los datos de 2011, éstos mostrarán que menos del 30% de la población mundial vive en países con un mayor PIB per cápita que el de China.”[96] Es decir que en 33 años la población de China ha superado el nivel de vida de más del 40% de la población mundial.

El Índice de Desarrollo Humano (calculado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) en China creció un 72% entre 1980 y 2012, un crecimiento tres veces superior a la media mundial, más de dos veces superior al de los países de América Latina y por encima de países como Vietnam e India[97].

Según el Banco Mundial, en el año 2007 China había alcanzado el 50% de los objetivos de reducción de la pobreza fijados por los Objetivos del Milenio.

b) Atención sanitaria

 

En 1970, el número de trabajadores de servicios sanitarios por cada 10.000 habitantes era de 59,6 en las ciudades y de 85,7 en el medio rural. En 2006, este número había pasado a ser de 314,8 y 147,6 respectivamente[98]. En 2009, había 16 médicos por cada 10.000 habitantes, es decir un 50% más que en 1978[99].

En 2007, había un total de 4,79 millones de trabajadores en las instituciones sanitarias, 3.438.000 hospitales y 298.000 instituciones sanitarias, un crecimiento del 94,3%, el 86,1% y el 75.8% respectivamente con respecto al año 1978[100]. Entre 1978 y 2006, el número de camas de hospital por cada 10.000 habitantes se había triplicado, si bien es cierto que este número ha bajado en el campo, debido a la liquidación del sistema de cuidados sanitarios ligado a las comunas populares. No obstante, en 2006 el presidente Hu Jintao y primer ministro Wen Jiabao afirmaron que se iba a hacer del desarrollo del campo, incluyendo los cuidados sanitarios, la prioridad absoluta de la política del gobierno[101].

En 1978 el número de personas afectadas por enfermedades contagiosas era de 18,43 por cada 10.000 personas, mientras que en 2007 había bajado a 0,99 por cada 10.000 personas[102].

c) Educación

En 1977, el 66% de la población sabía leer y escribir. En 2011 ya era el 91%[103].

 

China tiene la mayor red escolar del mundo, en la que el número de niños que cursan los 9 años de enseñanza básica superior no ha dejado de crecer. Para hacernos una idea de esta progresión, tengamos en cuenta que mientras que en el año 2002 un 91% de los niños chinos había cursado esta enseñanza básica, en 2006 ya era el 98%. En el año 2011, el 98,93% de las niñas de 6 a 12 años cursaban la enseñanza primaria. En los niños, el porcentaje era del 98,97%. Casi uno de cada dos adolescentes de 12 a 18 años cursaba la enseñanza media[104].

 

El número de niños en jardines de infancia ha pasado de 7.87 millones en 1978 a 23.49 millones en 2007, inscritos en un total de 130.500 jardines de infancia[105]. En 1978, había 8.571 casas de acogida para niños huérfanos en China. En 2007 ya eran 44.000[106].

 

En 1978, el número de estudiantes en universidades y escuelas superiores era de 860.000 alumnos. En el año 2007 había pasado a ser 18,85 millones. Para hacernos una idea de la progresión en los últimos años, tengamos en cuenta que en el año 1990, el 3% de los jóvenes de más de 18 años iba a una universidad o escuela superior. En 2011 ya era el 16%, y según la planificación, será el 40% en 2020. En 2011, el 5% de los jóvenes que obtuvieron un empleo por primera vez se habían beneficiado de una enseñanza universitaria o de una enseñanza superior no universitaria. En 2050, será el 44%[107].

 

En 1978 había 1.218 librerías públicas en China, mientras que en 2007 ya había 2.791[108].

 

El 8 de mayo de 2012, la página web de la BBC publicaba un artículo que recogía las declaraciones de Andreas Schleicher, responsable de las Pruebas de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) organizadas por la OCDE. El artículo reportaba que:

 

“Los resultados de China en las pruebas internacionales de educación que no han sido publicadas son “notables”, dice Andreas Schleicher, responsable de las altamente influyentes pruebas de PISA. Estas pruebas, que se celebran cada tres años por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, miden las habilidades de los alumnos en lectura, aritmética y ciencia. […] Los resultados indican que China tiene un sistema educativo que está por delante de muchos países occidentales. Si bien hay un gran interés en el desarrollo económico y político de China, estas pruebas ofrecen una estimación significativa de cómo se está enseñando a la siguiente generación.

“…El Sr. Schleicher dice que los resultados, que aún no están publicados, revelan que los alumnos en otras partes de China también están obteniendo excelentes resultados. “Incluso en las zonas rurales y en entornos desfavorecidos, se ven resultados notables.” En particular, dijo que los resultados de las pruebas mostraron la capacidad de “adaptación” de los alumnos para tener éxito a pesar de tener antecedentes difíciles y los “altos niveles de equidad” entre alumnos ricos y pobres. “Shanghái es un caso excepcional y los resultados allí se acercan de lo que yo me esperaba. Pero lo que más me sorprendió fueron los resultados de las provincias pobres, que fueron muy buenos. Los niveles de adaptación son sencillamente increíbles. En China, la idea de que la educación es la clave para la movilidad y el éxito está profundamente arraigada.” Los resultados de los alumnos desfavorecidos serían la envidia de cualquier país occidental, dijo.

“…el Sr. Schleicher dijo que los resultados revelan un panorama de una sociedad que está invirtiendo individualmente y colectivamente en la educación. En un reciente viaje a una provincia pobre en China, dijo que a menudo las escuelas eran los edificios más impresionantes. Según él, en Occidente serían más bien centros comerciales. “Se obtiene una imagen de una sociedad que está invirtiendo en su futuro, más que en el consumo actual.” También hubo grandes diferencias culturales cuando los adolescentes fueron preguntados sobre si la gente tenía éxito en la escuela. “Los norteamericanos te suelen decir que es todo cuestión de suerte: ‘yo he nacido con un talento para las matemáticas, o he nacido con menos talento así que voy a estudiar otra cosa.’ “En Europa, es sobre todo la herencia social: ‘mi padre era fontanero así que voy a ser fontanero’. “En China, más de 9 de cada 10 niños te dicen: ‘depende del esfuerzo que invierto, puedo tener éxito si estudio mucho’. Ellos asumen la responsabilidad. Pueden superar los obstáculos y decir ‘soy el dueño de mi propio éxito’, en lugar de echarle la culpa al sistema.””[109]

d) Seguridad social

El número de trabajadores en áreas urbanas que gozaron de un seguro por accidente laboral pasó de 18 millones en 1994 a 121 millones en 2007[110].

El número de personas mayores en áreas urbanas que gozaron del sistema público de pensiones pasó de 57 millones en 1989 a 201 millones en 2007[111].

El número de madres que gozaron de un seguro de baja por maternidad pasó de 9 millones en 1994 a 77 millones en 2007[112].

Desde el inicio de la reforma y la apertura, el PCCh afirma que en el año 2020 la industrialización de China será un hecho y que la totalidad de los chinos podrán beneficiarse del sistema de seguridad social y del pleno empleo. Para completar estos datos, citaremos un extracto de un discurso pronunciado por el antiguo primer ministro Wen Jiabao en el Foro de Tianjin el 11 de septiembre de 2012. En aquel discurso, Wen Jiabao decía que en el periodo comprendido entre 2002 y 2012:

“…Logramos un progreso histórico en la construcción de una red de seguridad social que cubriera tanto a las poblaciones urbanas como a las rurales. El nuevo programa de pensiones rurales y el programa de pensión existente desde hace tiempo para residentes urbanos sin trabajo alcanzaron la cobertura total, y se estableció básicamente un sistema de ayuda social urbana y rural. El sistema de seguro médico que abarca a toda la población tomó forma inicial. Más de 1.300 millones de habitantes urbanos y rurales se inscribieron en los programas y la cobertura de programas de seguro médico básico llegó al 95% de la población […] La pensión básica para los jubilados de las empresas aumentó a una tasa anual promedio de 10% durante ocho años consecutivos.”[113]

d) Otros indicadores: nivel de vida y consumo

Al socaire del proceso de industrialización de China y de la migración de mano de obra del campo a la ciudad, la reforma y apertura consiguió grandes avances en la creación de empleo en las ciudades y en la lucha contra el sub-empleo en el campo. Entre 1978 y 2007, la población trabajadora residente en las áreas urbanas creció un 36%, pasando de 95 millones de trabajadores empleados a 293 millones, lo que supuso la creación de 6,8 millones de empleos al año. Mientras tanto, en el campo la población disminuyó un 9%, pero aun así se pasó de los 306 millones de trabajadores ocupados a los 476 millones, lo que supuso la creación de 5,8 millones de empleos al año[114].

La renta per cápita de los residentes urbanos pasó de 343 yuanes en 1978 a 13.786 yuanes en 2007, mientras que la de los habitantes del medio rural pasó de 133 yuanes en 1978 a 4.130 yuanes en 2007[115].

En el año 2000, el salario promedio de un obrero chino era de 0,3 dólares/día. En 2011 había pasado a ser de 1,6 dólares/día, es decir que se multiplicó en más de 5 veces. En comparación, el de un obrero mexicano ha pasado de ser de 1,5 a 2,1 dólares durante el mismo periodo[116]. Según otras fuentes, entre 2001 y 2012, los salarios reales aumentaron un 350%[117].

En 20 años, más de 800 millones de trabajadores chinos han pasado a la categoría de “ingresos medios” (2-13 dólares/día) establecida por el Banco Mundial para clasificar las economías del mundo[118]. Esto equivale prácticamente a toda la población del África negra. Se podría objetar que existen grandes diferencias de ingresos entre las ciudades y el campo. No obstante, cabe señalar que esta tendencia se está revirtiendo en los últimos años: por ejemplo, en el año 2011 el aumento de los ingresos en el campo fue del 11%, mientras que en las ciudades fue del 7%[119].

En 1978, el coeficiente Engel[120] era del 57,5% en las áreas urbanas y del 67,7% en el campo. En 2011 había pasado a ser del 36,3% y del 40,4% respectivamente[121]. Estos datos indican que, gracias al aumento de sus ingresos, los chinos gastan menos en comida y más en artículos para la casa, muebles, aparatos eléctricos así como en la educación de sus hijos y actividades culturales. Según la FAO, un coeficiente Engel superior al 59% supone la pobreza absoluta; entre 50% y 59% una alimentación y un vestir relativamente suficientes; entre 40% y 50% una vida moderadamente acomodada; entre 30 y 40% un nivel de vida acomodado; y un índice inferior al 30% un estándar de vida rico. Por lo tanto, en cuanto a alimentación y vestido China estaría en el nivel de vida moderadamente acomodado.

En 1978, había 6,7 metros cuadrados habitables por habitante en las áreas urbanas y 8,1 en el medio rural. En 2006, estas cifras habían pasado a ser de 27,2 y 30,7 metros cuadrados respectivamente[122].

Algunos datos sobre artículos de consumo. En 1990, de cada 100 hogares en las áreas urbanas, 42 tenían frigorífico, 78 tenían lavadora eléctrica, 59 tenían televisor, y 0,3 tenían aire acondicionado. En el año 2006 estas cifras pasaron a ser de 92, 97, 137 y 88 respectivamente[123]. En cuanto a la población en el medio rural, en el año 2000, de cada 100 hogares, 12 tenían frigorífico, 28 tenían lavadora eléctrica, 48 tenían televisión en color, y 1,3 tenían aire acondicionado. En 2006, estas cifras pasaron a ser 22, 43, 89 y 7,3 respectivamente[124].

El número de chinos titulares de una línea telefónica (fija o móvil) era sólo de 1,92 millones en 1978, mientras que en 2007 ya eran 365 millones[125].

 

En 1978, china disponía de 1.358.400 coches personales, mientras que en 2007 ya había 36.973.500[126]. Se podrá hacer las reflexiones que se quiera sobre el impacto que ello podrá tener sobre el medio ambiente, pero al menos permite relativizar las afirmaciones de Elisseos Vagenas sobre la “miseria” existente en China. Dicho sea de paso, este crecimiento del número de coches personales habría sido imposible sin la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Otro dato muy significativo. En 1978, el número de chinos que viajaban al extranjero por motivos turísticos era de 5,35 millones, mientras que en 2007 ya era 40 millones[127].

En el campo, la producción de grano mejoró ostensiblemente: se pasó de los 304 millones de toneladas en 1978 a los 501 millones de toneladas en el año 2007. Actualmente, la reserva de cereales de China es el doble de la media mundial, siendo en 2012 el octavo país del mundo (justo por delante de Vietnam) donde más había retrocedido el hambre entre 1990 y 2012, reduciéndose en un 57%, mientras que había aumentado un 21% durante el mismo periodo en la República Popular Democrática de Corea[128].

Bien, y todo esto es lo que el camarada Vagenas describe como “la miseria y la explotación que experimentan cientos de millones de trabajadores en China actualmente”. Esto nos confirma que el autor del artículo “El papel internacional de China” nunca tuvo la menor intención de hacer un análisis objetivo de China, sino que quiso escribir sobre ella a través de sus anteojeras doctrinales. A la luz de lo que he expuesto, resumir toda la política de reforma y apertura desde 1978 en “participar ya activamente en el reparto capitalista mundial como una gran fábrica de mano de obra barata” es sencillamente mentira.

6. Otras críticas del camarada Vagenas 

a) De nuevo, el dogmatismo

 

Para finalizar, algunos comentarios sobre otras críticas del camarada Vagenas, relacionadas con lo que ya hemos visto. Empezaremos por una afirmación absurda, que sólo puede provenir de alguien con una concepción dogmático-revisionista del marxismo-leninismo. Como buen sovieto-centrista (insisto, una reminiscencia de la mentalidad colonial del siglo XIX), el camarada Vagenas pretende demostrarnos que la evolución del socialismo en China es producto de “desviaciones de los principios marxistas-leninistas y de las leyes que rigen la construcción socialista”, basándose en la práctica concreta de la URSS durante los periodos de Lenin y de Stalin. Como ya expuse en un artículo anterior, para el dogmático-revisionista “pro-soviético” (y también hoxhista), la práctica concreta de la construcción del socialismo en la URSS es por principio una “ley que rige la construcción socialista” en cualquier lugar y en cualquier época. Para reforzar su tesis y atacar la evolución reciente del socialismo en China, en el apartado titulado “La supuesta “apertura” inevitable al mercado mundial”, el camarada Vagenas escribe: “la construcción socialista en la URSS se basó en primer lugar en la socialización de los medios de producción concentrados, en la planificación central y en medidas correspondientes de carácter económico en las relaciones económicas internacionales, como el monopolio estatal del comercio exterior que fue establecido en abril de 1918.” 

Pero, camarada Vagenas, ¿a nosotros qué nos importa la “construcción socialista en la URSS” para hacer una valoración de China? Como ya he dicho, aquí se puede observar la mentalidad del dogmático sovieto-euro-centrista que considera “ley elemental” de la construcción socialista todo lo que se hiciera o dejara de hacer en la URSS durante los años de Lenin y Stalin (y quién sabe si dirigentes posteriores). Pero, ¿acaso existía la misma situación económica y social en los casos de China y de la URSS? ¿Acaso se daba el mismo el contexto internacional? ¿Era la misma la correlación de fuerzas entre capitalismo y socialismo en el mundo? ¿Tenían ambos países los mismos precedentes históricos? Este tipo de planteamiento, completamente absurdo desde el punto de vista del marxismo, que pretende que existe una receta mágica, aplicable en todo tiempo y lugar, para construir el socialismo de manera acorde con las “leyes que rigen la construcción socialista”, nos recuerda a lo que decía el Partido Comunista de España (marxista-leninista) cuando éste trataba de justificar su línea política en la España del siglo XXI haciendo uso de citas de Lenin o Stalin hablando de las tareas del proletariado en la Rusia de principios del siglo XX[129].

 

Algunos dirán tal vez que yo mismo me he referido anteriormente a la NEP y a la colectivización del campo en los años 30 en la URSS, de manera a establecer comparaciones entre la construcción socialista en la URSS y en China. Pero las comparaciones, aunque puedan ser útiles dentro de muy estrechos límites, son odiosas por naturaleza, y por ello se les ha de dar una importancia muy relativa. Como bien apunta el camarada Vagenas, algunos (entre los cuales me encuentro yo) “invocan”[130] la NEP para justificar las reformas emprendidas por Deng Xiaoping. Y hacemos bien, camarada Vagenas, porque los dogmáticos como usted niegan por sistema que un país socialista pueda recurrir al mercado y al capitalismo de Estado en ciertas condiciones de atraso o precariedad. Al “invocar” la NEP, no hacemos más que señalar con el dedo un precedente histórico, muy incómodo para los dogmáticos, que nos indica que el propio Lenin opinaba de manera muy diferente y que llegó a poner en práctica decisiones similares a las que implementaron los dirigentes chinos a finales de los años 70, después del periodo del “comunismo de guerra” en Rusia (1918-1921). Alegar, como hace el camarada Vagenas, que a diferencia de China, en la URSS de los años de la NEP existía “el monopolio estatal en el comercio exterior” no es más que una torpe manera de salir del paso.

 

Algunos dogmáticos intentan justificarse alegando que, según Lenin, la NEP era una “retirada temporal”, pasando por encima de las diferencias entre los distintos contextos nacionales e internacionales existentes del caso ruso en 1921 y del caso chino a finales de los años 70. Otros nos recordarán que Stalin terminó con la NEP en 1928, iniciando la planificación socialista. Pero, ¿acaso se daba en China el mismo contexto de lucha de clases entre el kulak y el campesino pobre que se dio durante los años 20 del siglo pasado en la URSS? ¿Acaso tenía China que afrontar una inminente invasión militar de los fascismos europeos? De todas maneras, el argumento de la “retirada temporal” no cambia gran cosa al asunto, no solamente porque el concepto “temporal” es muy relativo (de hecho, antes de fallecer, el propio Lenin pensaba que la NEP se prolongaría mucho más en el tiempo), sino también porque, puestos así, los propios dirigentes chinos también afirman que la “fase primaria” del socialismo es temporal: durará hasta mediados del siglo XXI.

 

Entonces, efectivamente, algunos “invocamos” la NEP para sacar a relucir un precedente histórico en el que se tomaron decisiones similares a las que tomaron los dirigentes chinos a finales de los años 70 (sabiendo que “similares” no significa “iguales”) para apoyar la justificación teórica de la política de reforma y apertura en China. Pero de ninguna manera decimos que: a) ambos casos sean idénticos, y que b) la práctica concreta de los dirigentes soviéticos durante la NEP adquirió el carácter de “ley que rige la construcción socialista”, como le gusta decir al camarada Vagenas. La política de reforma y apertura en China (que de forma similar se ha implementado en Vietnam y recientemente en Cuba) de finales de los años 70 fue fundamentalmente correcta, independientemente de que haya existido la NEP en Rusia. Por lo tanto, en el caso de los que “invocamos” la NEP, la reflexión es la siguiente: “la política de reforma y apertura impulsada por Deng Xiaoping fue correcta, los resultados lo confirman, y la NEP impulsada por Lenin a principios de los años 20 del siglo pasado no hace más que apoyar en lo teórico esta creencia.” Pero la apoya, y nada más que eso, porque la teoría marxista debe subordinarse a la práctica y no al revés. La práctica anterior en la construcción del socialismo debe servir de brújula para encontrar un camino, pero en última instancia las decisiones se han de tomar en función de las condiciones concretas de cada tiempo y lugar. Exactamente al contrario de lo que hacen los dogmáticos como el camarada Vagenas. Para él, la práctica se subordina a la teoría, teniendo que estar permanecer encerrada en un corsé que ha de limitarse a lo que, según sus palabras, “es bien sabido” que fue “la construcción socialista en la URSS”.

 

Como la mención a la NEP resulta bastante incómoda para los dogmáticos, entonces se “invocan” diferencias concretas entre el caso de Rusia y el caso de China. El camarada Vagenas nos dice que “Incluso en las condiciones impuestas por la NEP […] el monopolio estatal tenía una función aún más importante como obstáculo frente a las tendencias capitalistas crecientes. Lenin, en su confrontación con Bujarin, defendió la importancia del monopolio en el comercio exterior.” Y más tarde, Vagenas insiste añadiendo que “En China […] no existe monopolio en el comercio exterior.” Pero, camarada Vagenas, no está escrito en piedra en ninguna “biblia del marxismo-leninismo” que el control del mercado exterior signifique el monopolio del Estado, o que el monopolio estatal del mercado exterior sea una condición sine qua non para que un país sea socialista. Afirmar esto sería igual de absurdo que afirmar que hay que renunciar siempre a cualquier tipo de monopolio o que la economía planificada no funciona. ¿Que la URSS no renunció durante la NEP al monopolio estatal del comercio exterior? ¡Nos parece estupendo, camarada Vagenas!

 

Es más, después usted tiene el descaro de criticar que en China “miles de empresas extranjeras que operan en China cubren la mayor parte de las exportaciones chinas que por supuesto dependen de sus propios planes, base a su rentabilidad y no a una economía planificada a nivel central.” Aquí demuestra usted cierta hipocresía, porque su propio partido, en sus “Tesis sobre el Socialismo” para el XVII Congreso del KKE (2009), había criticado el hecho de que en la URSS se hiciera eso mismo que usted está criticando de China. En aquellas tesis, el KKE escribía que en la URSS, después del XX Congreso del PCUS:

 

“Los economistas del “mercado” […] interpretaron erróneamente los problemas económicos existentes, no como debilidades subjetivas en la planificación, sino como consecuencia de la incapacidad objetiva de la planificación central para responder a la evolución del volumen de producción y las nuevas capacidades, así como al desarrollo de las necesidades de diversificadas. Afirmaron que la causa teórica fue la negación voluntarista del carácter mercantil de la producción bajo el socialismo […] y la sobreestimación de la posibilidad de una intervención en la administración económica subjetiva. Sostuvieron que era imposible que los organismos centrales determinaran la calidad, la tecnología y los precios de todas las mercancías y salarios, pero que el uso de mecanismos de mercado también era necesario para facilitar los objetivos de una economía planificada […] poco a poco, a nivel teórico, dominaron las teorías de la “producción mercantil socialista” o “socialismo de mercado”, o la aceptación de la ley del valor como una ley del modo de producción comunista que opera incluso durante la fase de construcción socialista avanzada…

“…una política similar de fortalecimiento del carácter mercantil de la producción, en detrimento de su carácter directamente social, conocida como la “reforma Kosygin”, fue implementada en la industria (el sistema de “autogestión de empresas” de naturaleza sustantiva y no formal) […] Bajo el nuevo sistema, las remuneraciones extra (bonos) de los directores no se calculaban en base al cumplimiento del plan en términos de volumen de producción sino más bien en función del cumplimiento del plan de ventas y en proporción a la tasa de ganancia de la empresa […] Se otorgó la opción de realizar intercambios horizontales monetario-mercantiles entre las empresas, llegar a acuerdos directos con las “unidades de consumidores y organizaciones comerciales”, fijar precios, sacar beneficios en base a estos intercambios, etc… Con estas reformas de mercado y la separación de la unidad de producción socialista de la planificación central, se debilitó el carácter socialista de la propiedad de los medios de producción. Se hizo posible violar el principio de la distribución “de acuerdo con el trabajo”.”

Si por tener “defectos” parecidos, el camarada Vagenas condena a China (sin tan siquiera reparar en si tales medidas tienen resultados positivos o negativos para el pueblo chino), entonces ¿por qué contrapone sistemáticamente el socialismo con características chinas al modelo soviético? Algunos podrán alegar que Vagenas se refiere a los primeros años de la “construcción socialista en la URSS” bajo la dirección de Lenin y de Stalin, que se basaron en “en la socialización de los medios de producción concentrados, en la planificación central y en medidas correspondientes de carácter económico en las relaciones económicas internacionales”. Pero este argumento no vale, y vamos a explicar por qué.

 

Es cierto que, como hemos visto en la anterior entrega de este trabajo, en un lugar de su artículo el camarada Vagenas habla del “giro oportunista del PCUS en su XX Congreso” (aunque ya había explicado que sólo critica este “giro oportunista” cuando le conviene) para afirmar que “ya sabemos que el Partido Comunista de China al principio no se diferenció de modo abierto y esencial de las direcciones del XX Congreso del PCUS”, afirmación que, como ya he demostrado, es totalmente falsa. También es cierto que cuando algunos objetan (con mucha razón) que la URSS también tenía relaciones económicas con otros países, para salir del paso Vagenas escribe que “el crecimiento de sus exportaciones [de la URSS] y el desarrollo de las relaciones con los países capitalistas más desarrollados se hizo en la década de los 60, bajo la percepción oportunista de la llamada “coexistencia pacífica” y de la “emulación pacífica”. Pero justo después de esta hipócrita crítica del periodo de Jruschov, a continuación Vagenas denuncia, en relación a la concesión del puerto del Pireo y de la zona de Thriasio a China que  “a nadie se le había ocurrido que la URSS podría comprar el puerto del Pireo y la zona de Thriasio. Estos elementos demuestran una vez más la diferencia de calidad entre la China actual y un país socialista como la URSS”, haciendo referencia en esta frase a la URSS a lo largo de toda su historia, sin hacer distinciones entre tal o cual época.

 

Es más, en el apartado “La supuesta “apertura” inevitable al mercado mundial”, Vagenas dice que la participación de China en el mercado mundial “no se puede comparar con las operaciones comerciales de la URSS con las economías capitalistas.” Y en el apartado “Según los datos actuales”, Vagenas dice que “los estados que van ganando terreno en el sistema imperialista internacional no pueden desempeñar el papel que jugaba anteriormente la URSS […] Lo mismo ocurre con China y no se puede rebatir por la bandera roja y el título comunista que lleva el partido”. Queda claro, por lo tanto, que pese a las hipócritas críticas con la boca pequeña contra el revisionismo jruschovista, de manera a guardar las apariencias, como buen nostálgico del revisionismo soviético el camarada Vagenas contrapone sistemáticamente el modelo chino al modelo soviético, sin aclarar en ningún momento si se refiere a tal o cual periodo de la historia de la URSS. Es hasta más honesta la actitud de los hoxhistas y los maoístas, que al menos establecen que la URSS fue “socialista” hasta el XX Congreso del PCUS.

 

Dice el camarada Vagenas que “Stalin en su discurso de clausura de la 7ª Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista el 13 de diciembre de 1926, derribó el mito que la URSS “dependía” del mercado capitalista mundial porque mantenía relaciones económicas con países capitalistas. Señala la interdependencia que existe en estas relaciones y recalca que es una cosa la interdependencia y otra cosa la integración […] de la economía del país en el marco de la economía capitalista mundial. Es decir la no integración requería la planificación central, el monopolio estatal en el comercio exterior y el sistema bancario y la socialización de las industrias.”

 

Más de lo mismo: ¿Qué nos importa lo que pudo haber dicho Stalin sobre la URSS en el año 1926, para hacer una valoración de China? ¿Se imaginan por un momento que juzgáramos la labor política de Stalin en base a la práctica concreta de la Comuna de París en 1871? Además, camarada Vagenas, ¿de dónde saca usted que “la planificación central, el monopolio estatal en el comercio exterior y el sistema bancario y la socialización de las industrias” es incompatible con la “integración de la economía del país en el marco de la economía capitalista mundial”? Usted opone “interdependencia” e “integración” como si fueran conceptos mutuamente excluyentes, confundiendo tal vez la “integración” con la entrega de la soberanía económica del país. Pero donde el camarada Vagenas sólo ve la “integración en el marco de la economía capitalista mundial”, otros vemos simplemente el establecimiento de relaciones comerciales con otros países en beneficio de la nación china. En este sentido, la “integración en el marco de la economía capitalista mundial” no tiene por qué ser algo negativo: Cuba, por ejemplo, país que el KKE todavía considera socialista (a menos que haya caído en el trotskismo completo) es miembro de la OMC desde el 20 de abril de 1995, y no hemos visto al camarada Vagenas ni a nadie del KKE rasgarse las vestiduras por ello. Vietnam es miembro de la OMC desde el 11 de enero de 2007 y más de lo mismo. ¿Dos varas de medir? Si tal “integración” ha redundado en beneficios para China, Cuba y Vietnam, en un contexto en el que el llamado “campo socialista” ha desaparecido, ¿por qué habría que condenarla?

 

Es posible que el camarada Vagenas confunda “integración en el marco de la economía capitalista mundial”, por motivos puramente comerciales y de adaptación a la coyuntura internacional surgida tras la disolución de la URSS, con la liquidación del socialismo. Pero lo uno no conlleva necesariamente lo otro. Como dice el compañero J.M. Rodríguez: “…la interdependencia entre los países es hoy inevitable y ello no confiere de por sí un carácter de clase a un estado. Como todo, la interdependencia nunca es un equilibrio exactamente horizontal entre dos o varios países. Siempre hay factores de dependencia mayores en unos países respecto en otros, y en ello sí que juega un papel importante el carácter de clase de los estados. Una cosa es aprender de los demás y de lo que puedan aportar y otra someter la estructura de la economía y de la política de un país a la voluntad externa del colonialismo.”[131] Así pues, siguiendo el criterio defendido por Lenin en los últimos años de su vida, mediante una cierta “integración” los dirigentes chinos aspiran a aprender y beneficiarse de todo lo avanzado en provecho del socialismo, para superar la ignorancia y el atraso, al tiempo que guardan con esmero su independencia económica y política.

 

Por este motivo, no tiene sentido lo que dice el camarada Vagenas cuando afirma que “Stalin destacó que fue necesario “planear la economía de manera que asegure la independencia de la economía popular para que nuestra economía no se convierta en recambio de los países capitalistas. Está en nuestras manos no convertirnos en recambio de la economía capitalista”.” En un determinado contexto, Stalin optó por la economía planificada para sacar a la URSS del atraso que tenía con respecto a los países capitalistas avanzados, y enfrentar una posible intervención militar de los mismos. En el contexto histórico que le tocó vivir, aquello fue una decisión acertada. Pero del reconocimiento de este hecho, el dogmático sovieto-centrista concluye que el camino recorrido por la URSS entre 1928 y 1953 es el único camino a seguir, habiéndose convertido en “ley elemental” escrita en la “biblia sagrada del marxismo-leninismo”. Al citarnos estas palabras de Stalin, parece que el camarada Vagenas muestra cierta preocupación por el hecho de que China pueda convertirse un día en “recambio de la economía capitalista”. Agradecemos la preocupación del camarada Vagenas, pero ¿puede decirse que China sea hoy precisamente un “recambio” de las potencias imperialistas? ¿Puede decirse que la “integración” de China en “el marco de la economía capitalista mundial” haya tenido como consecuencia una pérdida de su soberanía económica y política? Al contrario, la política de reforma y apertura ha permitido que China se industrialice y se modernice, de tal forma que ha vuelto a ser la primera potencia económica mundial, así como una potencia científica y militar, con un peso considerable en las relaciones internacionales, y que se ha ganado el respeto de sus rivales históricos (Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña, Taiwán, etc.) y en general de todas las potencias capitalistas. Y todo ello con un superávit financiero y una balanza comercial positiva. Por lo tanto, esta reflexión que hace el camarada Vagenas, empleando una cita de Stalin del año 1941 que recita dogmáticamente como salmo de su “biblia sagrada”, no tiene ningún sentido.

 

Si China no es ningún “recambio de la economía capitalista” (es más, en otros lugares de su  artículo, el camarada Vagenas atribuye a China un poder de tal magnitud que incluso podría aspirar capturar el movimiento obrero” o contribuir a la “desorientación y creación de confusiones en el movimiento comunista internacional”) ¿a qué viene sacar una cita de Stalin hablando de la planificación económica? Como siempre, el dogmatismo. Francamente, cuando uno constata que toda la ciencia marxista-leninista se resume a unas pocas recetas mágicas derivadas de lo que Vagenas llama “principios marxistas-leninistas” y “leyes que rigen la construcción socialista” aplicables a todo tiempo y lugar, no se explica cómo es posible que Grecia aún no haya llegado al comunismo.

 

Me detengo aquí para finalizar este punto, porque las relaciones económicas y políticas de China con otros países es más bien objeto de la próxima entrega de este trabajo.

b) Negación de la categoría de país en vías de desarrollo

 

El fanatismo del camarada Vagenas a la hora de hacer una valoración de China le lleva a hacer el ridículo (con perdón), llegando hasta negar la condición de China de país en vías de desarrollo. Sin embargo, existe una motivación política clara detrás de esta postura: para los dirigentes del KKE es vital negar el concepto de “países emergentes” (en referencia a los países BRICS) o de “países en vías de desarrollo”, porque aceptar dichos conceptos echaría por tierra su pretensión de que China es un país imperialista y de que “la cooperación entre los países del grupo BRIC” es “solamente un lado de la realidad imperialista”, como dice el camarada Vagenas en su artículo. En el apartado “La alianza de China con economías “en desarrollo”” (las comillas no son mías), Vagenas escribe sobre esta cuestión que “la clasificación de la ONU y de la OCDE es problemática y no representa la realidad de China igual que la caracterización “país en desarrollo” empleado por el propio liderazgo de China. Estos fenómenos de economía capitalista “en desarrollo” se deben a la profunda desigualdad entre la parte oriental y occidental. Los elementos relativos que conciernen la parte oriental formarían una imagen más precisa. Por supuesto, en la parte oriental desarrollada ocurre lo que ocurre en el capitalismo: concentración de los medios de producción en pocas manos y aumento de la desigualdad social.” 

Se pueden leer incluso otros comentarios como el que sigue, en los que se ve claramente cómo asoma la patita de la aristocracia obrera “enfadada”: “Al mismo tiempo, los que enfocan tanto en la clasificación en países desarrollados y países en desarrollo, olvidan que incluso en los países capitalistas más ricos -como los EE.UU. – hoy en día se manifiestan pobreza masiva y miseria en los sectores populares.” 

Lo primero, ¿qué tendrá que ver la pobreza existente en sectores del proletariado y del sub-proletariado en los Estados Unidos (46,2 millones de personas, una cifra enorme, pero sigue siendo una minoría de la población de los Estados Unidos) con la clasificación de China como país “en vías de desarrollo”? ¿Qué quiere decirnos exactamente el camarada Vagenas, que los Estados Unidos son un país “en vías de desarrollo”? ¿Que no existen diferencias entre los Estados Unidos y los países del “tercer mundo”? Es sumamente interesante ver cómo a través del discurso de Elisseos Vagenas, la aristocracia obrera trata de equiparar la situación de las masas empobrecidas en los “países desarrollados” con las del “tercer mundo” para poder adoptar un papel de “víctima” de la misma depredación imperialista. De nuevo, vemos cómo se expresa la cólera de la aristocracia obrera al empeorar su histórico estatus social, a causa de la actividad comercial de China con los países empobrecidos por el imperialismo. Esta aristocracia obrera se indigna, se revuelve, y clamando contra la “amenaza china”, procede a una tergiversación total de la realidad: ahora, resulta que los habitantes de los “países desarrollados” son igual de víctimas que las masas empobrecidas del “tercer mundo”. ¿Podría haber mayor embellecimiento del imperialismo? En su fanatismo, el camarada Vagenas hace tabla rasa de toda la historia del colonialismo y del neo-colonialismo y pone en el mismo plano a los países imperialistas de “viejo” capitalismo y a las potencias “emergentes” como China, llegando incluso a negarle su condición de país en vías de desarrollo. Adoptando así un papel aún más reaccionario que el de organismos internacionales del sistema capitalista mundial como el FMI, que reconoce sin duda que China sigue siendo un país en vías de desarrollo. No hay más que remitirse a los datos: en 2012, a pesar de que China fuera la segunda economía mundial, con un PIB (en valores de paridad de poder adquisitivo según el FMI) de 12.387 millones de dólares internacionales, aún ocupaba el puesto 90 en cuanto a PIB per cápita, con una renta per cápita de 9.143 dólares, lo cual indica el largo recorrido que aún le queda a China para alcanzar a los países capitalistas desarrollados.

 

Sin embargo, en otro lugar de su artículo, el camarada Vagenas hace una justa observación, al mencionar “la profunda desigualdad entre la parte oriental y occidental” que existe en China. No nos vamos a detener en la afirmación neo-trotskista según la cual “en la parte oriental desarrollada ocurre lo que ocurre en el capitalismo”, porque eso ya está más que explicado, y los datos hablan por sí solos. Es interesante en cambio hablar de la “profunda desigualdad” entre la parte oriental y occidental de China, que es un hecho reconocido por los dirigentes chinos y un problema asumido desde el principio de la reforma y apertura. Sería hacerse ilusiones el pensar que todos los chinos podrían alcanzar el bienestar al mismo tiempo. Era necesario tolerar que una parte de la población alcanzara el bienestar antes que el resto, para que ello luego sirviera de acicate para impulsar a más regiones e individuos a alcanzar la prosperidad común. Una declaración del XV Congreso del PCCh (1997) declaraba lo siguiente: “debemos permitir que algunas regiones y alguna parte de la población se beneficien primero de la prosperidad, y después otra parte, para así llegar, progresivamente, a la prosperidad para todos.”

 

Además, un verdadero comunista no debería de reparar en si aumentan las desigualdades entre las regiones de China, sino en si el conjunto del pueblo se beneficia, en mayor o menor medida, de la reforma y apertura. Como decía Domenico Losurdo:

 

“No podemos comparar el “socialismo de mercado” con el socialismo que llamamos de nuestros “deseos”, con el socialismo de cierta forma maduro, y por tanto poner en evidencia los limites, las contradicciones, las desarmonías, las desigualdades que caracterizan al primero […] eso no hace licito confundir el “socialismo de mercado” con el capitalismo. Como ilustración de la diferencia radical que subsiste entre los dos podemos intentar recurrir a una metáfora. En China estamos en la presencia de dos trenes que se separan de la estación llamada “subdesarrollo”. Si, uno de esos trenes es muy rápido, el otro es de velocidad más reducida; por causa de eso, la distancia entre los dos aumenta progresivamente, pero no podemos olvidar que los dos avanzan en la misma dirección; es también necesario recordar que no faltan los esfuerzos para acelerar la velocidad del tren, relativamente menos rápido y que, de cualquier modo, dado el proceso de urbanización, los pasajeros del tren más rápido son cada vez más numerosos. En el ámbito del capitalismo, por el contrario, los dos trenes en cuestión avanzan en direcciones opuestas.” 

Los datos apoyan la justeza de esta “metáfora de los trenes”, puesto que si bien es cierto que en las ciudades (y sobre todo en la zona oriental de China) el crecimiento del nivel de vida ha sido muchísimo mayor que en el campo – tendencia que está cambiando en los últimos años – no dejar de ser cierto que el ingreso per cápita de los campesinos se ha multiplicado por 30 entre 1978 y 2007. Esto no lo pueden decir todos los países donde “ocurre lo que ocurre en el capitalismo”. 

Para terminar con este punto, cabe añadir que esta denuncia por parte del camarada Vagenas de la “profunda desigualdad entre la parte oriental y occidental” resulta además totalmente hipócrita, pues también había notables desigualdades económicas entre las distintas regiones de la URSS. Según los estudios del economista Enrique Palazuelos, en el año 1988 la renta media de los habitantes de las repúblicas soviéticas de Rusia, Letonia, Estonia, y Bielorrusia  – por citar algunas repúblicas – era de 2.520, 2.710, 2.660, y 2.530 rublos respectivamente, mientras que la renta media en las repúblicas soviéticas de Kazajistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán eran de 1.550, 1.410, 1.210 y 950 rublos respectivamente[132]. Por lo tanto, el camarada Vagenas haría mejor en fijarse en la viga en su ojo más que en la paja en el ajeno.

c) Hipocresía: denuncia de los “millonarios” chinos

Al principio de este artículo, había citado una frase del camarada Vagenas que denunciaba que “China ocupó la segunda posición a nivel mundial (después de EE.UU.) en número de multimillonarios”. Obviamente, esto nos lo recuerda para contraponer de nuevo el socialismo con características chinas al modelo socialista soviético, aparentemente más “puro”. Pero aquí de nuevo se manifiesta la hipocresía del camarada Vagenas, que se vale del carácter formalmente estatal de la propiedad en la URSS para esconder la “corrupción tranquila” que existía en la misma, con los fenómenos que tiene asociados: usurpación de empresas estatales, mercado negro y enriquecimiento de una minoría de multimillonarios, notablemente durante el periodo de Brézhnev. La diferencia importante que hay que señalar es que, mientras los dirigentes chinos no niegan en absoluto la existencia de capitalistas en China, en la URSS, durante los periodos de Jruschov y Brézhnev este fenómeno se disimulaba proclamándose el “fin de la lucha de clases” y el “acercamiento a la sociedad comunista”.

En relación a esta cuestión es interesante citar los estudios de T.I. Koriagina, del Instituto de Investigación Económica de la URSS, sobre el crecimiento de la economía privada. Según Koriagina, entre principios de los años 60 y finales de los 80, mientras la renta nacional y el valor de los bienes y servicios crecieron entre cuatro y cinco veces, la economía sumergida creció 18 veces. Mientras que la renta nacional creció de 146 billones de rublos a principios de los años 60 a 422 billones de rublos a finales de los años 80, el valor anual de los bienes y servicios ilegales creció de cerca de 5 billones de rublos a 90 billones de rublos durante el mismo periodo. Koriagina calculó que la economía sumergida representaba aproximadamente un 3,4% de la renta nacional en 1960 y un 20% en 1988. En 1988, el total de la riqueza privada acumulada de manera ilegal ascendía a aproximadamente 200-240 millones de rublos, lo que representaba un 20-25% de toda la riqueza privada. Cabe añadir además que estos cálculos sólo se refieren a las actividades ilegales, por lo que no tienen en cuenta la economía privada legal. Según Koriagina, ello implica que, aun siendo prudentes, la amplitud de la actividad económica privada aún debe elevarse en un 10%. Estas cifras también suponen muchos millonarios, camarada Vagenas, y ni “la planificación central”, ni el “monopolio estatal en el comercio exterior y el sistema bancario”, ni la “socialización de las industrias” pudieron evitarlo.

El número de trabajadores que estaban siendo explotados en el sector sumergido de la economía privada pasó de menos de 8 millones de personas a principios de los 60, a aproximadamente 17-20 millones (un 6-7% de la población) en 1974, y a aproximadamente 30 millones (un 12% de la población) en 1989. Si a esto le añadimos los datos la economía privada legal, tenemos el resultado de que a finales de los años 70 cerca de un 30% de las rentas de la población urbana (un 62% de la población) provenía tanto de actividades privadas legales como ilegales[133]. Por lo tanto, cuando Gorbachov accedió al poder, no creó nada nuevo con su ‘Perestroika’. Lo único que hizo fue legalizar algo que ya existía en la economía sumergida. Es por ello que denunciar la existencia de millonarios en China, contraponiendo el modelo chino al modelo soviético como si uno fuera lo “malo” y el otro lo “bueno”, es cuanto menos deshonesto.

d) Vagenas manipula hasta sus propias fuentes

Finalmente, para mostrar el grado de fanatismo al que puede llegar el camarada Vagenas en su odio visceral contra China, vamos a ver un caso flagrante de manipulación. Casi al final de su artículo, en el apartado “La supuesta “apertura” inevitable al mercado mundial”, el camarada Vagenas escribe: “La realidad en China es completamente distinta de la realidad en la URSS en la época de la NEP […] operan 440 bancos privados extranjeros que han obtenido por lo menos un 10% de las acciones de los bancos centrales chinos y desde 2005 se han desarrollan además bancos privados locales.” Obviamente, el camarada Vagenas nos enseña estos datos como prueba de que China es “capitalista” y para evidenciar hasta qué punto China está integrada “en el marco de la economía capitalista mundial” y es “carne de la carne del sistema imperialista internacional”. Y por supuesto, esto se limita a decirlo sin aportar más información sobre el papel que juegan estos 440 bancos en el conjunto de la economía china, ni su tamaño, en qué condiciones pueden operar en China, ni sobre el papel de la banca estatal, etc.

Como se puede ver en una nota al final de su artículo, estos datos fueron sacados por el camarada Vagenas de un artículo de B.B. Rubtsova, publicado de la web rusa www.globfin.ru, titulado “El mercado financiero de China”[134]. Cuando uno se toma la molestia de leer el texto original traducido al castellano, descubre cosas interesantes. Para empezar, antes de hablar de aquellos 440 bancos privados, Rubtsova dice en su artículo que “La posición dominante en el sector bancario la ocupan 5 bancos de propiedad estatal. Aun a finales de 1990, su participación en el total de activos alcanzó el 60-70%. Para el año 2007 esta cifra había disminuido, pero sin embargo, supera más de la mitad de los activos totales de las entidades de crédito” y menciona estos cinco bancos de propiedad estatal: el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC); el Banco de China (BOC); el China Construction Bank (SCB); y el Banco Agrícola de China (ABC). ¿Por qué ocultó el camarada Vagenas esta información extraída de la misma fuente que él utilizó para apoyar su tesis?

Después, Rubtsova ofrece los datos de los que se sirve el camarada Vagenas en el artículo: “Los bancos extranjeros están representados por 440 instituciones (incluidas las sucursales, el número se ha duplicado en el período 2003-2007), de los cuales 29 son empresas matrices. A finales de 2006, de acuerdo con las condiciones de adhesión a la OMC, China abrió totalmente el acceso a los bancos extranjeros en su mercado, y su participación se elevó al 2,4%.” Una cifra francamente poco elevada, que no va precisamente en el sentido de apoyar lo que nos quiere decir el camarada Vagenas. Y justo a continuación, Rubtsova dice: “…la peculiaridad del sistema bancario de China consiste en el dominio total de los bancos de propiedad estatal (o bancos con capital del estado). La participación de los bancos privados en los activos no supera más que un pequeño porcentaje.”

Y después, Rubtsova dice:

“…hay que destacar que la participación de inversores estratégicos es relativamente pequeña, y su implicación en la gestión es mínima. La participación de inversionistas extranjeros en los bancos chinos se limita al 20% (de todos los extranjeros, al 25%). La mayoría de las transacciones son llevadas a cabo de tal manera que ningún inversor puede poseer más del 10% del capital. De hecho, en el único banco chino que pertenece a una institución extranjera, el control se debe a la gran diseminación de las acciones en su capital (Newbridge Capital LLC, con una participación del 18% en el Banco de Desarrollo de Shenzhen). Se trata de una política deliberada del gobierno chino, que busca evitar el control extranjero sobre los principales bancos del país, pero entiende la necesidad de adquirir experiencia y conocimientos de los bancos extranjeros para fortalecer el sistema bancario nacional.”

¡Qué distinta resulta ser la conclusión a la que llega Rubtsova en su artículo, con respecto a la del camarada Vagenas, que sin embargo no se molesta en citarla y manipularla para meter con calzador su tesis de “China capitalista”! El camarada Vagenas extrae del artículo de Rubtsova que en China operan 440 bancos privados extranjeros que han obtenido por lo menos un 10% de las acciones de los bancos centrales chinos”, ¡cuando lo que dice Rubtsova es exactamente lo contrario! Es más, la propia Rubtsova añade que la política financiera de China parte de la “necesidad de adquirir experiencia y conocimientos de los bancos extranjeros para fortalecer el sistema bancario nacional, lo cual coincide con el espíritu de la política de reforma y apertura impulsada por Deng Xiaoping.

Estos datos, cuidadosamente ocultados por el camarada Vagenas, son confirmados después cuando Rubtsova escribe:

“El volumen de las inversiones colocadas en el país varió de 4 a 8 billones de dólares en los años 2003-2005. Sin embargo, en el período 2006-2007 aumentó, respectivamente, a 23 y 100 billones de dólares. En 2007, con este indicador, China ocupó el tercer lugar en el mundo después de Estados Unidos y España. La práctica totalidad de las empresas cuyas acciones se cotizan en las dos bolsas de valores chinas están controladas por el Estado. ”

Y después:

“Las cuotas de mercado están presentadas por acciones de tres clases: A, B, H. Las acciones de la clase A (aproximadamente la mitad de la cuota de mercado) están diseñados para los residentes chinos y están disponibles para los extranjeros […] sólo a través de los llamados inversionistas institucionales extranjeros calificados (IIEC). Las acciones B (poco más del 2%) estaban destinadas originalmente para los inversionistas extranjeros en el mercado nacional chino, pero ahora están disponibles para los ciudadanos chinos que tienen cuentas en moneda extranjera (disponible sólo para los dólares en la Bolsa de Valores de Shanghái y dólares de Hong Kong en el Shenzhen). Las acciones H (en el año 2008, más de la mitad de la cuota de mercado, su participación se ha triplicado en los últimos años como resultado de megadistribuciones, en primer lugar, de los bancos chinos en el extranjero) están en circulación principalmente en el mercado de Hong Kong. Bajo los términos de la adhesión a la OMC, las empresas extranjeras pueden participar libremente en las participaciones tipo B en el comercio, pero la venta de acciones A sólo se admiten para empresas conjuntas en las que la proporción de extranjeros no puede exceder de un tercio. En las empresas que tienen como fin la gestión de activos, la participación del capital extranjero puede llegar hasta el 49%.”

Para ilustrar este punto, añadiré que los datos aportados por Rubtsova coinciden con las declaraciones de Tang Shuangning, vicepresidente de la Comisión para la Regulación Bancaria de China, a la agencia de noticias Xinhua en marzo de 2006:

“…la admisión de capital por parte de los bancos de propiedad estatal nunca ha restringido la llegada de capital privado, permitiendo que inversores privados adquieran parte de las acciones de los bancos de propiedad estatal […] Sin embargo, Tang subrayó los principios básicos para el acceso al mercado de las instituciones bancarias: los inversores no deben tener intereses en instituciones similares, la propiedad ha de estar completamente separada de la operación mercantil, y los trabajadores y gestores deben ser expertos en el negocio bancario. Tang salió al paso también de las afirmaciones de que la llegada de inversores estratégicos foráneos amenaza la seguridad financiera del país. Desde su punto de vista, el principal factor que amenaza la seguridad financiera radica en el incremento de los créditos morosos.  Durante la reforma de los bancos de propiedad estatal, China se ha adherido al principio de que el país posea la mayor parte de las acciones, lo cual garantiza completamente la seguridad financiera, destaca Tang, quien añade que los bancos que han introducido capital estratégico foráneo han tomado una serie de precauciones para proteger la difusión de información confidencial, así como otras medidas destinadas a garantizar la estabilidad financiera de China.”[135]

En resumen, se puede constatar que el fanatismo del camarada Vagenas llega a tal extremo, que con tal de colar su dogma preestablecido de “China capitalista”, es capaz de manipular hasta las propias fuentes que él menciona en su artículo. Pese a todo, agradezco al camarada Vagenas que nos haya facilitado un documento con una información tan valiosa para mis propósitos.

Aquí termina la segunda entrega de mi análisis del artículo de Elisseos Vagenas. En la siguiente entrega hablaré de algo que ya he abordado sucintamente, a saber, la imposibilidad para China de desarrollarse en autarquía, como exige el camarada Vagenas, y la acusación implícita (es decir, que nunca llega a ser abierta y sincera) hecha contra China de “imperialista”. Para refutar esta aberración, primero habrá que poner sobre la mesa de debate si China es sencillamente un país “capitalista”. Finalmente, abordaré la cuestión de la acción militar defensiva de China contra Vietnam en febrero de 1979, que el camarada Vagenas menciona en su artículo.

[1] http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article43892

[2] Dato que ya está obsoleto a día de hoy, en un momento en que China ha superado a Estados Unidos como primera potencia económica.

[3] https://www.youtube.com/watch?v=QmAfyrtAGw0

[4] En una entrevista en la revista Etudes Marxistes en 2003, el responsable de relacionales internacionales del Partido el Trabajo de Bélgica Baudouin Deckers declaraba haberse entrevistado con un cuadro del PCCh que le había confesado que: “Sí, hoy hay explotadores, capitalistas en China. No hablamos de “clase de los capitalistas”, porque no están constituidos como fuerza política separada y prohibimos la formación de un partido político de estos capitalistas. Pero somos conscientes de que, inevitablemente, un cierto número de ellos buscará constituirse como partido político.” (Cuestiones sobre el desarrollo del socialismo en la República Popular China, Etudes Marxistes nº64, 2003). Por otra parte, en el documental del año 2007 “Deng Xiaoping: The making of a leader”, Chen Zhan’an, responsable de la escuela de formación del PCCh, declaraba lo siguiente: “Obviamente, la gente está siendo explotada en nuestras fábricas. Pero en última instancia, ello ayudará a la construcción del comunismo. De hecho, estamos fomentando la explotación hoy, de manera a erradicarla mañana.”

[5] Federico Engels, Anti-Dühring

[6] Esto lo había entendido muy bien Gramsci, un teórico que puede serle muy útil a la izquierda occidental para entender los retos actuales de los países socialistas. En relación a la NEP en la URSS, Gramsci escribía: “…no se ha visto jamás en la historia que una clase dominante, en su conjunto, tenga condiciones de existencia inferiores a las de ciertos elementos y estratos de la clase dominada y supeditada. La historia ha reservado esta inaudita contradicción al proletariado; en esta contradicción residen los mayores peligros para la dictadura del proletariado, particularmente en los países donde el capitalismo no había alcanzado un gran desarrollo y no había logrado unificar las fuerzas productivas […] Y sin embargo, el proletariado […] no puede mantener su hegemonía y su dictadura si, pese a haberse transformado en clase dominante, no sacrifica sus intereses inmediatos a los intereses generales y permanentes de la clase. En efecto, es fácil hacer demagogia en este particular, fácil insistir en los aspectos negativos de la contradicción: “¿Eres tú el dominador, oh obrero mal vestido y mal alimentado? o ¿el hombre de la NEP, con su abrigo de pieles y todos los bienes de la tierra a su disposición?” También los reformistas, tras una huelga revolucionaria que ha incrementado la cohesión y la disciplina de las masas, pero que ha empobrecido aún más a los trabajadores, dicen: “¿Para qué haber luchado? Ahora quedáis más arruinados y pobres.” Es fácil hacer demagogia en este terreno y es difícil no hacerla cuando la cuestión ha sido planteada en los términos del espíritu corporativista y no en los del leninismo…” (A. Gramsci, Carta al Comité Central del Partido Comunista Soviético, octubre de 1926).

[7] Carlos Marx, Crítica del programa de Gotha

[8] Hablando de la reforma y apertura en China, el economista egipcio Samir Amin comentaba en un reciente artículo: Pese al hecho de que esta apertura ha coincidido con el triunfo mundializado del neoliberalismo […] la opinión a favor de un “socialismo de mercado”, o mejor aún, de un “socialismo con mercado” como fundamento de esta segunda fase de desarrollo acelerado está muy justificada en mi opinión. En unos cuantos decenios China ha construido una urbanización industrial y productiva que agrupa a 600 millones de seres humanos, dos terceras partes de los cuales (¡una población casi equivalente a la de toda Europa!) han sido urbanizados en el curso de las dos últimas décadas. Un resultado atribuible al Plan, no al mercado.” (Samir Amin, “¿China es capitalista o socialista?”, El Viejo Topo nº302, marzo 2013).

[9] Domenico Losurdo, Un viaje instructivo a China: reflexiones de un filósofo

[10] En el programa electoral del Frente Nacional de Francia para las elecciones presidenciales de 2012, en un apartado titulado “Apoyo a las empresas y comercios: el patriotismo económico”, aparece la siguiente propuesta: “Se pondrá en marcha una protección inteligente a las fronteras para lucha contra la competencia desleal de los países a muy bajo coste de mano de obra y las deslocalizaciones que son consecuencia de ello”.

http://www.frontnational.com/pdf/projet_mlp2012.pdf

[11] V.I. Lenin, El imperialismo y la escisión del socialismo

[12] Algunos datos comparativos para ilustrar el éxito del primer Plan Quinquenal: mientras en el periodo 1953-1957 el crecimiento industrial en Reino Unido y en los Estados Unidos fue del 4,1% y del 2,8% respectivamente, en China fue del 18% (Breve historia de la economía socialista de China 1949-1984, Wu Qungan y otros, Beijing, 1984).

[13] En un encuentro con Gorbachov en Beijing el 16 de mayo de 1989, Deng Xiaoping declaraba con respecto a la anterior ruptura entre el PCUS y el PCCh: “No creo que se haya producido a causa de las disputas ideológicas; no creemos que todo lo que se dijo entonces era correcto. El problema principal era que los chinos no eran tratados en términos de igualdad y se sentían humillados. No obstante, nunca hemos olvidado que, durante nuestro primer plan quinquenal, la Unión Soviética nos ayudó a poner las primeras bases de nuestra industria.” (Deng Xiaoping, Obras Escogidas, Vol. III, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1994). En efecto, durante el primer Plan Quinquenal, la mitad de las inversiones provinieron de la URSS, y sin embargo no oímos a nuestros “pro-soviéticos” afirmar que la URSS era “imperialista” por “exportar capitales”.

[14] Hu Sheng, Historia del Partido Comunista chino 1921-1991, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1994.

[15] Para hacernos una idea de la dimensión de este atraso económico, baste señalar que en 1820 (año en el que China sufrió la Guerra del Opio), la renta per cápita de China era de 600 dólares (en dólares internacionales de 1990), mientras que la de Rusia era de 689 dólares, y la de los Estados Unidos era de 1.257 dólares. En el año 1950, un año después del triunfo de la revolución china, la renta per cápita en China había bajado a los 439 dólares, mientras que en la URSS y en los Estados Unidos se había disparado a los 2.834 y 9.561 dólares respectivamente (Angus Maddison, The World Economy: A Millenial Perspective, Centro de Estudios sobre el Desarrollo, OCDE, 2006).

[16] Wu Qungan y otros, op. cit.

[17] Los datos nos invitan a pensar que esto fue efectivamente así. En 1949, Mao afirmaba en una sesión de la Conferencia Consultativa Política del Pueblo Chino que la socialización de la agricultura duraría “entre 20 y 30 años”. Sin embargo, mientras en 1953 sólo un 0.2% de las familias campesinos estaban organizados en una cooperativa, en 1955 ya eran el 14% y en 1956… ¡el 96.3%!. (Peter Franssen ¿Hacia dónde va China?, Etudes Marxistes nº78, 2007)

[18] Wu Qungan, op. cit.

[19] Peter Franssen, ¿Hacia dónde va China?, Etudes Marxistes nº78, 2007.

[20] Ibíd.

[21] Ibíd.

[22] J.A. Díaz Vázquez, China, ¿Reforma o Revolución?, Centro de Investigaciones de Economía Internacional, Universidad de La Habana, 2000.

[23] Wu Qungan y otros, op. cit.

[24] Peter Franssen, op. cit.

[25] En un encuentro con Ho Chi Minh  en mayo de 1966, justo antes del desencadenamiento de la “Revolución Cultural”, Mao Zedong confesó a aquel que “somos septuagenarios […] no sé aún si el que me sucederá será un Berstein, un Kautsky o un Jruschov. Afortunadamente, aún tenemos tiempo de prepararnos para tal eventualidad”. (Hu Sheng, op. cit.)

[26] J.A. Díaz Vázquez, op. cit.

[27] Declaraciones de Liu Tinting, hija de Liu Shaoqi, en el documental “Mao, una historia china”, de Philip Short, 2006.

[28] Ibíd.

[29] Término empleado para designar un tipo de periódico manuscrito en el que se emplean caracteres chinos de gran tamaño.

[30] Resolución sobre algunos problemas en la historia del PCCh. China (1949-1981). Evaluación autorizada sobre Mao Zedong, la “Revolución Cultural” y los éxitos logrados por la República Popular China, pág. 40, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1981.

[31] J.A. Díaz Vázquez, op. cit.

[32] Ibíd.

[33] Wu Qungan y otros, op. cit.

[34] Ibíd.

[35] J.A. Díaz Vázquez, op. cit.

[36] Angus Maddison, op. cit.

[37] Wu Qungan y otros, op. cit.

[38] Curiosamente, estas críticas contra la línea de otorgar primacía al desarrollo de las fuerzas productivas coinciden con las críticas que se hacen hoy contra China desde algunos sectores dogmático-revisionistas. Por otra parte, de entre las críticas de la “Banda de los Cuatro” contra la gestión de Deng Xiaoping, llaman particularmente la atención las acusaciones de “adoración de lo extranjero” por la importación de técnicas y la de “entreguismo” por la exportación de petróleo, críticas que, curiosamente, se asemejan mucho a las del camarada Vagenas cuando éste afirma que China es “carne de la carne del sistema imperialista internacional”. ¿Para cuándo veremos al camarada Vagenas agitar el “libro rojo”?

[39] A no confundir con los acontecimientos de Tiananmen de 1989. Aquel incidente se produjo a raíz de la prohibición por parte de la “Banda de los Cuatro” de retirar los arreglos florales y los poemas depositados en la Plaza de Tiananmen para honrar la memoria de Zhou Enlai, fallecido en enero de 1976. Ello originó una concentración popular al día siguiente en el mismo lugar, en señal de protesta. La “Banda de los Cuatro”, que veía en este movimiento una amenaza, ordenó dispersar la concentración, bajo el pretexto de que aquellas personas eran “capitalistas” que querían tumbar la “Revolución Cultural”.

[40] Como se puede constatar, Deng Xiaoping fue depurado dos veces del PCCh durante la “Revolución Cultural”, siempre bajo las mismas acusaciones, pero no siempre por los mismos actores, ni en las mismas circunstancias. Y entre ambas depuraciones medió un periodo de 8 años (1968-1976). Al pensar en ello, no puedo evitar recordar unas desafortunadas palabras de Fidel Castro, a menudo utilizadas por los nostálgicos del revisionismo soviético, pronunciadas en un discurso con ocasión del conflicto militar entre China y Vietnam en febrero de 1979. Nótese el simplismo extremo con el que Fidel Castro describe lo sucedido en China durante la “Revolución Cultural”: …no hay ninguna exageración en lo que se ha dicho aquí acerca de los métodos que está empleando ese gobierno [el de China]. De más está decir que no se sabe ni siquiera lo que está pasando dentro de China, no se sabe: los problemas, las divisiones que tienen, cuál de las facciones es la que está trazando la pauta en este momento, y quiénes son los responsables, cuál de las facciones es responsable de esta guerra y de esta increíble aventura, aunque a todas luces, a todas luces, el que está allí al frente de esta canallada, de este crimen, el responsable número uno parece ser este mentecato, este títere, este desvergonzado de Deng Xiaoping, que lo purgan una vez, vuelve otra vez, lo vuelven a purgar, vuelve, y cualquier día lo purgan otra vez de nuevo. Eso puede pasar. Aquí no se sabe. Las facciones hace muchos años que se vienen purgando unas a otras. Se purgan, se rehabilitan, se vuelven a purgar y se vuelven a rehabilitar hasta el día en que el pueblo chino los purgue a todos de una sola vez.” Las predicciones de Fidel Castro no parecen haberse cumplido.

[41] Wu Qungan y otros, op. cit.

[42] Angus Maddison, op. cit.

[43] J.A. Díaz Vázquez, op. cit.

[44] Peter Franssen, Comparación de los resultados económicos de las formas socialistas en China 1952-2011, 2011, www.infochina.be

[45] “Debemos apoyar resueltamente todas aquellas decisiones políticas tomadas por el presidente Mao, debemos seguir de manera inquebrantable todas aquellas instrucciones dadas por el presidente Mao” (Declaraciones hechas en un editorial conjunto de Diario del Pueblo y del Diario del Ejército Popular de Liberación, 7 de febrero de 1977)

[46] “La base material y técnica que nos permite ahora emprender la modernización del país, ha sido, en gran medida, establecida durante este periodo. Esto constituye el aspecto predominante del trabajo cumplido por nuestro Partido en esta cuestión.”

[47] En 1952, la producción industrial de China no era más que una sexta parte del valor de la producción agrícola. En 1978, la producción industrial ya superaba la de la agricultura (Peter Franssen, ¿Hacia dónde va China?).

[48] Barry Naughton, The Chinese Economy – Transitions and Growth, Massachusset Institute of Technology, 2007

[49] Maurice Meisner, Mao’s China and after – A History of the People’s Republic, The Free Press, Nueva York, 1986

[50] Datos extraídos de una recopilación hecha en la obra El dogmatismo, la otra cara del oportunismo, basada, entre otras, en las siguientes obras: Historia de la URSS en tres partes, Academia de Ciencias de la URSS, Editorial Progreso, Moscú 1979; Breve Historia de la economía socialista de China 1949-1984, Wu Qungan y otros, 1984;  The World Economy, Angus Maddison, Centro de Estudios para el Desarrollo, OCDE, 2006.

[51] Angus Maddison, The World Economy, Vol. 2: Historical Statistic, Centro de Estudios para el Desarrollo, OCDE

[52] Ibíd.

[53] J.A. Díaz Vázquez, op. cit.

[54] Deng Xiaoping, Salvaguardar la paz mundial y llevar a buen término la construcción nacional, Obras Escogidas, tomo III, pág. 66, Ediciones en Lenguas Extranjeras 1994, Beijing

[55] Historia de la URSS, tomo II,  Academia de Ciencias de la URSS, Editorial Progreso, Moscú, 1979

[56] Wu Qungan y otros, op. cit.

[57] Angus Maddison, Chinese Economic Performance in the Long Run, OCDE, 2007

[58] Angus Maddison, The World Economy: A Millenial Perspective

[59] Angus Maddison, Chinese Economic Performance in the Long Run

[60] Se trata de la guerra civil más mortífera ocurrida nunca en la Tierra. Según el sociólogo sueco Jan Myrdal las represiones de las rebeliones musulmanas en las provincias de Gansu y Shaanxi se cobraron la vida de cerca de 10 millones de personas.

[61] Según Angus Maddison esta decisión se debió a que, en un momento en que la tecnología marítima de China era superior a la de Europa, los Ming quisieron impedir la invasión de los nómadas xiongnu de Mongolia y Manchuria, motivo por el cual se impulsó la construcción de la Gran Muralla (J.M. Rodríguez, op. cit., pág. 193)

[62] A este respecto es preciso recordar el caso del estadounidense Gene Moy, editor del China Daily News, que fue enviado a prisión en Danbury, Connecticut, por recibir dinero del Banco de China a fin de publicar un anuncio sobre envíos de remesas por parte de los chinos de ultramar (William H. Hinton, Perspectiva crítica sobre las reformas agrícolas en China, Etudes Marxistes nº4, 1990).

[63] Sobre esta cuestión, hay una anécdota que uno no puede resistirse a contar, relatada por Chen Haosu, amigo de la familia de Deng Xiaoping, en el documental “Deng, la formación de un líder” (2007). Durante una reunión del Buró Político, poco antes de la muerte de Mao Zedong, que podemos situar en el tiempo entre 1973 y 1976, Jiang Qing, dirigente de la “Revolución Cultural”, entusiasmada por la primera travesía a lo largo del mundo lograda por un buque chino, aplaudió este hecho como “victoria del proletariado sobre la burguesía”. Ante esto Deng contestó con una frase lapidaria: “¿Un buque de 10.000 toneladas? Esto no tiene nada de extraordinario. Yo ya he viajado en un buque de 10.000 toneladas para ir a Francia… pero hace 50 años.” Ni qué decir tiene que las relaciones entre Deng y Jiang eran nefastas.

[64] Chen Jian, La China de Mao y la Guerra Fría, Universidad de Cornell, 2005.

[65] Wu Qungan y otros, op. cit.

[66] Este es el caso por ejemplo del miembro del Consejo Político Federal de Izquierda Unida Manuel Monereo, que en el programa de la cadena Hispan TV “Fort Apache” del 23 de agosto de 2013 afirmaba que “el grupo dirigente del Partido Comunista Chino se construye específicamente en contra del modelo soviético”. Afirmación que, con todo el respeto, es una falsedad total y una simplificación al máximo. Aprovecho para insistir de nuevo que en aquel programa, el único invitado que suscribía literalmente los puntos de vista de Elisseos Vagenas era el histérico trotskista Jorge Fonseca, que afirmaba ni más ni menos que “China ahora mismo es el gran peligro para las fuerzas revolucionarias, transformadoras del mundo” [minuto 24.37].

[67] Para muestra un botón, en 1958 el Plan Nacional fijaba a las comunas populares el objetivo de producir una cosecha de 525 millones de toneladas de cereales para el año siguiente, cuando el primer récord de producción agrícola, alcanzado en 1984, “sólo” alcanzó la cifra de 407,12 millones de toneladas (Christian Déom, Las reformas agrícolas en China: origen y desarrollo, Etudes Marxistes nº4, 1990).

[68] Véase el ejemplo del cultivo de arroz en China, que aún a finales de los años 70 era un largo proceso compuesto de 37 etapas de las cuales el 90% son efectuadas manualmente y el 84% de manera individual.

[69] Carlos Marx, Prefacio a la Crítica de la Economía Política

[70] J.M. Rodríguez, El dogmatismo, la otra cara del oportunismo, pág. 90

[71] China – A Statistic Survey in 1985, New World Press, Beijing, 1986.

[72] Qin Hui, China’s economic development performance under the prereform system, The Chinese Economy, vol.38, nº4, julio-agosto 2005

[73] Peter Franssen, Los 60 años de la República Popular China: la búsqueda de un modelo de desarrollo, 2009 http://www.comite-valmy.org/spip.php?article390

[74] J.A. Díaz Vázquez y Christian Deom, op. cit.

[75] Christian Deom, op. cit.

[76] Ibíd.

[77] Jin Quan, China in diagrams, China Intercontinental Press, 2008.

[78] Esto está empezando a dejar de ser de actualidad, puesto que en los últimos años China ha estado orientando cada vez más su desarrollo hacia el consumo interno.

[79] J.A. Díaz Vázquez, op. cit.

[80] Lenin, Respuestas a las preguntas de Carlos Wigand, corresponsal de la Agencia Norteamericana “Universal Service” en Berlín, Obras Escogidas, tomo X, Editorial Progreso, Moscú, 1973.

[81] Historia de la URSS, tomo II, Academia de Ciencias de la URSS, Editorial Progreso, Moscú, 1979.

[82] Este debate ya había sido abierto en 1962 por el jefe del Departamento de Relacionales Internacionales del PCCh, Wang Jianxiang, que manifestaba que “el objetivo de la política internacional de China como país socialista debe ser promover la paz mundial para concentrarse en la construcción socialista. Por tanto el objetivo ha de ser aliviar la tensión internacional, no exacerbarla”. Por estas palabras, Wang fue identificado por Mao Zedong como elemento “favorable al revisionismo” (Chen Jian, op. cit.)

[83] Algunos dogmáticos, especialmente los nostálgicos del revisionismo soviético, consideran aquella visita a los Estados Unidos como una traición al socialismo. Pero si afirman esto, entonces deberían explicar por qué la visita a los Estados Unidos debería ser un privilegio de Jruschov (1959) o Brézhnev (1973) y no de un dirigente chino.

[84] Mary Boyd, “The state sector”, China Economic Quarterly, 3/2003

[85] Jin Quan, op. cit.

[86] Sobre estos acontecimientos, el informe al Comité Central pronunciado por Jiang Zemin en el XVI Congreso del PCCh, celebrado en 2002, decía lo siguiente: “El fin de los años 80 y el principio de los años 90 del siglo pasado fueron marcados tanto por graves disturbios políticos en nuestro país como por cambios bruscos en Europa del Este, que fueron seguidos por la disolución de la Unión Soviética ; el socialismo mundial había sufro graves reveses y la causa del socialismo chino se veía confrontada, en su marcha hacia adelante, a dificultades de una amplitud sin precedentes así como a presiones de una violencia inusitada. En este momento crucial de la historia, cuando estaba en juego el futuro y el destino del Partido y del Estado, el Comité Central, apoyándose firmemente en todos los camaradas del Partido y en el conjunto de nuestro pueblo multiétnico […] ha conseguido estabilizar la situación general creada por la reforma y el desarrollo económico y salvaguardar la gran causa del socialismo con características chinas.” (Diario del Pueblo, 18 de noviembre de 2002).

[87] Tratado de paz firmado el 3 de marzo de 1918 entre el Imperio alemánBulgaria, el Imperio austrohúngaro, el Imperio otomano y la Rusia soviética, en la ciudad de Brest, Bielorrusia, por el cual Rusia renunciaba a muchos territorios que quedaron bajo el dominio y la explotación económica de los Imperios Centrales.

[88] V.I. Lenin, Acerca del infantilismo “izquierdista” y del espíritu pequeñoburgués, 5 de agosto de 1918

https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1918/mayo/05.htm

[89] Aunque en función de lo que resulte conveniente en cada momento, los “pro-soviéticos” (y los hoxhistas) argumentarán en otras ocasiones que China es “capitalista” por su herencia “maoísta”. Esto nos recuerda a la actitud de los trotskistas que denunciarán el “estalinismo” en la URSS hasta el año 1953, pero que explicarán la posterior involución desde el XX Congreso del PCUS hasta la ‘Perestroika’ por la “herencia del estalinismo”.

[90] En una nota publicada en marzo de 1970, el Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del PCUS afirmaba lo siguiente en relación a la situación en China: “El IX Congreso del PCCh, celebrado en abril de 1969, legalizó de manera ostensible el régimen burocrático-militar fundado durante la revolución cultural en la RPC. Sin romper formalmente con el marxismo-leninismo, en los hechos el maoísmo se ha transformado en una corriente política hostil a los principios del comunismo científico […] el maoísmo sigue influencia de manera excepcionalmente negativa el equilibrio de poder en el terreno ideológico. En primer lugar, mientras oficialmente representa la bandera del marxismo-leninismo (¡curiosa semejanza con el discurso del camarada Vagenas!), el liderazgo chino, con su práctica y sus conceptos reaccionarios […] desacreditan el comunismo científico y alejan a las masas del mundo capitalista del socialismo. En segundo lugar, mientras atacan con dureza a los países socialistas y a los partidos comunistas, en los hechos la dirección del PCCh se incluye en el rango de los países anti-comunistas […] mientras eluden la línea política anti-leninista conducida por Mao Zedong, mientras procuran frustrar sus provocaciones por todos los medios posibles, los países socialistas favorecen la normalización de las relaciones estatales con la RPC… Precisamente, esta política conducirá al aislamiento del grupo maoísta en China y contribuirá a la consolidación de las verdaderas fuerzas marxistas-leninistas en el seno del PCCh en su lucha por una China socialista.” Sin embargo, pese a que en algunos aspectos estas críticas pudieron ser totalmente justas, en el fondo lo que escondían era la hostilidad de clase de la intelligentsia soviética hacia un movimiento político hostil a sus intereses. Por otra parte, si el superviviente Deng Xiaoping tampoco resulta ser un marxista-leninista del agrado de los dogmáticos “pro-soviéticos”, entonces ¿quiénes integraban las “verdaderas fuerzas marxistas-leninistas”? Esta es la pregunta a la que deberían contestar los “pro-soviéticos” hostiles hacia China.

[91] Pablo Bustelo, El Milagro económico de China: un dragón que despierta, Grupo de Estudios Económicos de Asia Oriental, Universidad Complutense de Madrid, 2002 y http://www.datosmacro.com/demografia/esperanza-vida/china

[92] Pablo Bustelo, op. cit. y http://www.unicef.org/spanish/infobycountry/china_statistics.html

[93] Shaohua Chen y Martin Ravallion, An update to the World Bank’s estimates of consumption poverty in the

developing world, Development Research Group, Banco Mundial, 3 de enero de 2012.

[94] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, El Primer Ministro chino recibe la Medalla Agrícola, el más importante galardón de la FAO, 2 de octubre de 2012.

[95] J.M. Rodríguez, op. cit., pág. 272-273.

[96] John Ross, China, el mayor logro de la historia económica mundial http://rebelion.org/noticia.php?id=145332

[97] Marc Vandepitte, Datos sorprendentes del Informe sobre desarrollo humano 2013, Rebelión, 8 de junio de 2013

[98] Peter Franssen, El crecimiento económico y el progreso social,  www.infochina.be

[99] Peter Franssen, Los 60 años de la República Popular China, www.infochina.be

[100] Jin Quan, op. cit.

[101] Peter Franssen, El crecimiento económico y el progreso social.

[102] Jin Quan, op. cit.

[103] Peter Franssen, op. cit.

[104] Ibíd.

[105] Jin Quan, op cit.

[106] Ibíd.

[107] Ibíd.

[108] Ibíd.

[109] China, ¿el país más inteligente del mundo? http://www.bbc.com/news/business-17585201

[110] Jin Quan, op. cit.

[111] Ibíd.

[112] Ibíd.

[113] Hacia un Futuro Más Brillante de la Economía China”, Discurso de Wen Jiabao en la Reunión Anual de los Nuevos Campeones 2012  http://espanol.cntv.cn/20120912/102716.shtml

[114] Peter Franssen, El crecimiento económico y el progreso social y Jin Quan, op. cit.

[115] Jin Quan, op. cit.

[116] The Economist, 14 de febrero de 2009, Special report: middle classes, pág. 4 y 9

[117] The Financial Times, 7 de febrero de 2013, p. 9.

[118] The Financial Times, 12 de octubre de 2005, p. 13;

[119] Cubainformación, Entrevista a J.A. Díaz Vázquez: ¿Es aplicable en Cuba el modelo de China o Vietnam?, 30 de mayo de 2012

[120] Coeficiente calculado en base a una observación empírica, realizada por primera vez por el estadístico alemán Ernst Engel (1821-1896), que observó que, con un conjunto dado de gustos y preferencias, si aumentan los ingresos, la proporción del ingreso gastado en alimentos disminuye.

[121] Jin Quan, op. cit. y J.M. Rodríguez,  op. cit., pág. 21

[122] Jin Quan, op. cit.

[123] Peter Franssen, El crecimiento económico y el progreso social.

[124] Ibíd.

[125] Jin Quan, op. cit.

[126] Ibíd.

[127] Ibíd.

[128] Índice global del hambre 2012, Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias

http://www.Ifpri.org/node/9044

[129] Por ejemplo, en su artículo “Sobre la unidad popular: la lucha por la República y el Socialismo”, el PCE (m-l) trataba de explicar su línea política de lucha por la III República Popular y Federal con frases como las que siguen: “… ¿por qué no propugnar en España, sin ambages, una revolución de carácter socialista, que sirva para romper de una vez por todas con la máquina estatal burguesa y las relaciones sociales que protege? De sobra es conocida la aseveración de Stalin en contra de esa «muralla china» que, según el oportunismo, separaría la revolución democrático-burguesa de la revolución proletaria.” Pero, señores del PCE (m-l), ¿os habéis parado a analizar si hace falta una “revolución democrático-burguesa” en España, del mismo carácter que las revoluciones democráticas en Rusia de 1905 o de febrero de 1917? Después, inspirándose en la obra de Lenin “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, escrita en 1905, el PCE (m-l) dice: “La revolución democrática debe ser llevada a término por el proletariado, con la alianza de los sectores pequeñoburgueses frente a la resistencia oligárquica y la parálisis de la burguesía; pero aquél debe llevar a cabo la revolución socialista junto a la masa de los elementos semiproletarios”, copiando literalmente las palabras de Lenin acerca de las tareas del proletariado en la Rusia del año 1905. Señores del PCE (m-l), ¿para qué hacer un uso dogmático de citas de Lenin hablando de la Rusia zarista y semi-feudal de 1905, si estamos en la España del siglo XXI? ¿Absurdo, no es así? Y sin embargo, esto mismo es lo que hace el camarada Vagenas cuando intenta atacar a China.

[130] La frase exacta del camarada Vagenas es: “Incluso en las condiciones impuestas por la NEP (que las invocan cuando hablan de la China actual) el monopolio estatal tenía una función aún más importante como obstáculo frente a las tendencias capitalistas crecientes.”

[131] J.M. Rodríguez, op. cit.

[132] Enrique Palazuelos, La economía soviética más allá de la Perestroika, pág. 145.

[133] Harpal Brar, Prefacio a la edición española (2011) de Perestroika: el completo colapso del revisionismo, Progressive Printers, Nueva Delhi, 1992.

[134] http://www.globfin.ru/articles/finsyst/china.htm

[135] http://spanish.peopledaily.com.cn/31620/4222284.html

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