En Cuba: recogiendo el guante

Riflexiones

En mi artículo “Una golondrina no hace verano” publicado en Kaos en la Red el pasado 21 de septiembre, aparecen varios comentarios, a los que usualmente no respondo, bajo el criterio de que cada cual tiene su apreciación, mala, buena o intermedia acerca del mundo que lo rodea.

Hay personas en ese medio alternativo que opinan a título personal, y otras bajo esa misma apariencia, lo que hacen es responder por órdenes o convencimientos institucionales o partidarios.

Pero por esa tendencia a respetar el criterio ajeno es que no respondo a los comentarios, y cuando algo considero que debo profundizar de ellos, pues publico otro artículo.

Ya los troles no me dan ni frio, ni calor. Todos sabemos a quienes obedecen y que les faltan argumentos en el debate.

Los otros que defienden a capa y espada sus creencias personales, o a las instituciones o partidos al que pertenecen, intentan dar una credencial que podrá servirles a ellos, pero lo que no pueden pretender es que tenga que ser aceptada por el resto de sus congéneres.

A todos los respeto, pero me atribuyo la potestad de rebatirles lo que entiendo no es justo de acuerdo a “mi verdad”, que es ese tipo verdad que todo el mundo tiene, de acuerdo a la experiencia vivida.

Yo creo que mis ideas son personales, y por ello, en el propio articulo de marras digo en el cuarto párrafo: “Aclaro, yo no representó al pueblo cubano sino que solo soy parte de él”.

Pero cuando expongo mis ideas también lo hago sobre el soporte que puedo debatir las ideas de otros, no a otros.

Creo, también mi criterio personal, que eso piensa todo aquel que cree en la diversidad.

El combate contra otros se hace en el frente de batalla, con las armas en la mano, para defender a la patria, y a ese combate, hasta ahora, nunca le he rehuido, y créanme esto que les digo, he visto como otros lo rehúyen y nada ha pasado, hasta andan por ahí de líderes y directores.

Me da lo mismo que una idea provenga de una personalidad o de un cubano de a pie, lo importante es que dice y con qué fin aprecio que lo dice.

Desde que salí al escenario con este seudo, ya sea con intenciones sanas o maquiavélicas, me instan a salir del anonimato que preferí para enunciar mis ideas.

Siempre lo dije, aborrezco el protagonismo. Solo quiero debatir ideas con quien lo acepte.

Por otra parte, el seudo no es sinónimo ni de cobardía, ni de patetismo, porque de creerse así, muchas personalidades de la historia, que lo han usado, también deberían ser entonces calificadas como tales, patéticas o cobardes, cuando la historia demostró todo lo contrario.

Para tranquilidad de los que dudan, escribo con mi seudo mis opiniones personales, las opiniones consensuadas del grupo al que pertenezco, esas, las firmo con mi nombre y mis apellidos.

Esos compañeros, con los que lucho por una patria mejor, no me coartan mi derecho a expresar por esta vía mis opiniones personales.

Después de este preámbulo, vayamos al grano.

El comentario que quiero debatir a mi artículo es de Lenier González y dice: “El día que finalmente dejes de esconderte detrás de ese seudónimo medio patético quizás podríamos empezar a dialogar”.

Sinceramente, me choqueo esa respuesta proveniente de un cristiano.

Tengo un amigo cristiano, que respeto mucho, del cual nunca esperaría una respuesta como esta. Él dialoga y debate conmigo sin importarle que use un seudo y la mayoría de las veces me convence.

Es entonces, que como me ha enseñado la vida, hay cristianos y cristianos, hay quienes te ofrecen la segunda mejilla, y otros, que todavía no han asimilado el credo en su totalidad, andan con un garrote al hombro.

Como también puedo afirmar, que hay comunistas y comunistas, y en este caso, los primeros aferrados al estalinismo, los otros, tratando de integrar a sus creencias una visión más humanista, más democrática y menos exclusiva. Yo me cuento entre ellos.

Pues bien, Lenier, digo, hasta ahora no ha negado en los comentarios en la red de que ese comentario no es de él, se empantana con esa respuesta y de paso hace corrillo, sin darse cuenta, con esa ultraderecha estalinista que quiere saber quién soy yo.

Dios los cría y el diablo los junta.

Además, ¿a qué aspira?, a discutir conmigo o a debatir mis ideas.

Para nuestras aspiraciones de una patria más democrática se debaten ideas, sin importar quien las tenga, es una lucha por alcanzar la mayor cantidad de verdad posible en la realidad que nos tocó vivir.

Si comenzamos a excluir a personas en el debate estamos construyendo más de lo mismo, porque entonces después de no debatir con quien usa un seudónimo, puede venir otro que no quiere debatir con homosexuales, o el racista que no quiere debatir con el negro, o aquel que no le reconoce al emigrado su derecho a ser cubano y a opinar sobre nuestra realidad, o el otro que piensa que la mujer para la casa y que solo puede opinar cuando se hable de comida y limpiar, o el estalinista que dice que la religión es el opio de los pueblos y no quiere saber nada de los cristianos.

Si no tienes argumentos para convencerme de lo que digo en mi artículo, pues mantenga el silencio, eso sería lo decente, lo cristiano; pero no me venga a decir que soy cobarde o patético, me parece que escogió mal el adjetivo.

Patético es aquello que causa tristeza, dolor o compasión, no creo que mis artículos promuevan esos sentimientos, si tiene duda pregúntele a la burocracia o a los troles que aparecen en Kaos.

Si los produjo en usted, discúlpeme, no fue mi intención, aunque ninguno de esos atributos a los que aludes percibí en sus comentarios, solo descubrí en ellos disgusto, enojo e irritación.

Ya por esta experiencia, cuando lea otras ideas suyas, las debatiré sin mencionarlo, más porque este tipo de enfrentamientos lo que hace es más felices a aquellos que no piensan en una patria grande.

Tenga usted un saludo cordial.

francotiradordelcauto@yahoo.es


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