En Brasil, al igual que en Chile, el eslogan de la derecha reza: “Dios, familia, lucro y propiedad”

DURANTE LARGAS décadas Brasil fue el laboratorio donde EEUU realizaba experimentos de todo tipo que luego aplicaría en el resto del continente latinoamericano, y también en territorios ubicados al otro lado del Atlántico. La terrorífica política de ‘seguridad nacional’, que costó la vida de decenas de miles de inocentes asesinados por las dictaduras, es un claro ejemplo de lo mencionado. 

Fue, entonces, en Brasil donde EEUU el año 1964 comenzó a imponer sus nuevas condiciones a América latina, esta vez sin rodeos ni palabras alambicadas, sino directamente, con golpes de estado, sesiones de torturas, asesinatos y prohibiciones varias.

Junto con lo anterior llegó “el milagro brasileño”, que no fue sino la manga ancha para el empresariado local y extranjero  en materias de impuestos y obligaciones laborales que definitivamente imperaron en la tierra de la samba y el café. Esta política económica sería mejorada y afinada luego con las ideas del estadounidense Milton Friedmann, quien sirvió de guía a los economistas chilenos de extrema derecha que asesoraron (o mejor dicho, dirigieron) a los militares golpistas encabezados por Augusto Pinochet

Recuerdo haber escrito esta frase en años anteriores, y hasta hoy  nadie (me refiero a los supuestamente “expertos” en materias económicas) la ha desmentido. “La corrupción es parte del soporte sobre el cual descansa el capitalismo; sin ella, no hay país ni empresa que pueda mantener ese sistema en el mediano plazo”. Una vez más, aunque siempre con el visto bueno de Washington (y nunca contra su voluntad), Brasil desea marcar pauta y abrir camino… ahora, para ‘humanizar’ el sistemita, lo que en palabras directas significa reformularlo casi a nivel de refacción profunda, pero jamás derribarlo ni trocarlo por otro. Y como en estos momentos la corrupción ha comenzado a superarlo en peso, volumen y estatura, de inmediato se pone en juego lo que la sociología llama acertadamente “el mecanismo de recuperación del sistema”, asunto que permite transformar las disfunciones que lo asfixian en nuevas y sólidas funciones destinadas a protegerlo y nutrirlo.  

Lo anterior se originó cuando las pesquisas de la Policía Federal de Sao Paulo demostraron que autoridades de ese estado y empresas extranjeras habían montado una red de corrupción para la adjudicación de contratos ferroviarios en Brasil. Semanas más tarde, documentos entregados por la justicia alemana a la brasileña revelaron que la compañía germana Siemens el año 2001 había pagado más de ocho millones de euros en sobornos a dos representantes de la gobernación del estado de Sao Paulo para acceder a acuerdos ferroviarios en ese territorio.

Siemens pactó con otras cinco empresas (la francesa Alstom, la canadiense Bombardier, la japonesa Mitsui y las españolas Caf y Temoinsa) la repartición de contratos de mantenimiento de los trenes en ese estado. El pago de estos ilícitos fue entregado a los consultores Arthur Teixeira y Sergio Teixeira, cuyas entidades prestaban servicios a la gobernación de Sao Paulo.

Las investigaciones corroboran la participación de influyentes figuras del PSDB, como el ex gobernador José Serra y el actual, Geraldo Alckmin, en la creación de un cartel entre varias empresas para adjudicarse obras de los metros de Sao Paulo y Brasilia, lo cual generó una superfacturación y un aumento de los pasajes.

En este caso puntual, los principales dirigentes del PSDB (partido socialdemócrata brasileño), llamados “los Tucanos”, una de las tiendas partidistas opositoras de mayor envergadura para enfrentar al oficialista PT (Partido del Trabajo), provocaron lo que pocos esperaban, que Brasil despertara (‘acorda Brasil’) y levantara su voz con la conducción de los ‘indignados’, preferentemente en Rio de Janeiro, Sao Paulo y Curitiba.

Mientras, por acciones efectuadas desde la vereda opuesta (la del gobierno del PT con Dilma Roussef a la cabeza) otras cosas negativas también suceden, pero ‘negativas’ para la gente, para el país, y no para los mandamases, sean estos de la tienda que sean. La gigantesca estatal PETROBRAS  ha decidido vender parte de sus activos colocándolos en oferta en el mercado internacional por un precio mínimo de dos BILLONES de dólares (dos millones de millones de dólares), lo cual se traduce  en una serie de desinversiones que incluyen participaciones en concesiones en Brasil y en el Golfo de México, así como en una petroquímica y en una empresa eléctrica.

¿Quién se lleva ese dinero? ¿En qué usará el gobierno parte de esa enorme suma? ¿Será el gobierno o las empresas asociadas quienes se embolsiquen esa plata? La atención de salud es un desastre similar al que viven millones de chilenos cada día. Lo mismo  ocurre con la educación pública, pues los gobiernos brasileños la han dejado casi a su libre albedrío pero sin aportarle fondos ni cuidados suficientes; por ello, los profesores cariocas (los de Rio de Janeiro) llevan varias semanas en paro. 

La indignación amenazó percolar el sistema, pues nuevos y costosos estadios para el fútbol se construyen en el país (incluso en  una ciudad donde no existe ningún equipo profesional, como es el caso de Brasilia), pero respecto de hospitales y atención de salud efectiva para los 200 millones de brasileños, nada hay. Como una foma de paliar la situación, el gobierno decidió ‘importar’ médicos cubanos (cuya obvia calidad no se discute), pero ello no resuelve el problema principal ya que esos profesionales habrán de trabajar afectos a las mismas carencias de infraestructura que asfixian hoy a sus colegas brasileños.

Ante tales situaciones (conocidas también por nosotros, los ‘australes’, como llaman allá a los chilenos), las megaempresas transnacionales y la derecha local aplican una máxima del balompié que reza: “las penas del fútbol se pasan con fútbol”, aunque en este caso el dicho sufre una variación importante apuntando a que “los problemas del neoliberalismo se solucionan con más neoliberalismo”… y es lo que finalmente hará el establishment de aquella nación gigante. Los grandes corruptos serán castigados, de ello no se duda. Sin embargo, la sanción no obedecerá a eventos punibles por la ley sino, en estricto rigor, a que esos individuos sobrepasaron con creces la medida ‘normal’ de corruptelas aceptada por el sistema, necesitada por el sistema, activada por el sistema.

A objeto de controlar el movimiento de ‘indignados’, este fue infiltrado mediante la inserción (por cierto, muy destacada interesadamente por la prensa) de unas extrañas organizaciones cuyas raíces y directivas nadie conoce, las que de la noche a la mañana parecen haberse adueñado de la conducción del movimiento y hablan ‘en nombre de millones’, pero como bien dicen los cariocas, en “nombre de millones de… reales($$)” y no de personas.

Queda claro entonces que, aplicados los castigos y sacudida la opinión pública a través de esa poderosa prensa, todo continuará sobre los mismos rieles de ayer, pues al pueblo (al de allá, de acá y de acullá) se le prohíbe tener esperanzas en cuanto a lograr real igualdad de oportunidades, de justicia social, de justicia laboral y de educación, materias que como bien sabemos el neoliberalismo no las contempla en sus prioridades porque, simplemente, satisfacerlas atentaría contra el interés principal del mecanismo capitalista: la propiedad de los medios de producción en pocas manos, concentración de capitales y poder omnímodo.

Los políticos de las dos tiendas partidistas principales (PT y PSDB) mantendrán en Brasil incólume el sistema que tanto gusta y satisface al empresariado predador,  aquel que reza: Dios, Familia, Lucro y Propiedad… una especie de carbonada cocinada con el vapor del sudor humano de millones de personas, y aderezada por el chimichurri norteamericano.  

Por ello, que nadie se mueva a engaño, pues los  ‘indignados’ brasileños lograron –hasta ahora- sólo un hecho significativo: desnudar los trazos pútridos del sistema para que este aplique ipso facto el mentado ‘mecanismo de recuperación’, y con ello rearmar el recetario que Washington desea repartir al resto de las naciones latinoamericanas en caso que algunas enfrenten problemas similares… como podría suceder en Chile, el próximo mes de noviembre. 

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