Emma Goldman, ilusión y desilusión en Rusia

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

El Viejo Topo acaba de reeditar el testimonio de Emma, “Mi desilusión en Rusia”, una obra importante por cuanto nos sitúa en el punto álgido del conflicto entre bolcheviques y anarquistas.

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

El Viejo Topo acaba de reeditar el testimonio de Emma, “Mi desilusión en Rusia”, una obra importante por cuanto nos sitúa en el punto álgido del conflicto entre bolcheviques y anarquistas.

Todo comenzó de alguna manera cuando estalló la Gran Guerra en agosto de 1914, Emma empezó a trabajar con todas sus fuerzas contra la inter­vención norteamericana en el conflicto y fundó junto con Reed, Berkman, Tresca y otros amigos la Liga Antialista­miento que llegó a ser el centro neurálgico de toda la agi­tación pacifista y antipatriotera. No pasó mucho sin que fuera de nuevo detenida y juzgada al tiempo que las revis­tas que dirigía con Berkman fueron cerradas e invadidas por la policía. Situada delante de los jueces no tuvo incon­veniente en declarar: “Ninguna guerra se justifica si no es con el propósito de derrocar el sistema capitalista y esta­blecer el control industrial de la clase trabajadora” Por esta razón, insistió en otra intervención, ellos habían sido conse­cuentes haciendo propaganda antimilitarista desde el ini­cio de sus vidas militantes.

Al contrario que el gobierno, la Liga que representaban, jamás había hecho nada contra la conciencia y la voluntad de nadie, sólo desertaban los que no querían participar en una carnicería motivada por inte­reses financieros. Esta vez, a pesar de todo el genio polé­mico de Emma, el veredicto del tribunal fue más allá de la multa o la cárcel, y siguiendo los dictados del gobierno de Wilson fueron obligados al destierro fuera del país. Para Emma aquello era pura y simplemente un robo de su ciudadanía, pero significaba más; era el fin de un período de una mayor flexibilidad democrática. Cuando se enteró de la noticia un fiscal de Washington pudo comentar con ironía: “Con la prohibición que se avecina y Emma Goldman que se va, este país será muy monótono”.

El nuevo país al que iban a encaminarse había sido el suyo de la infancia y ahora se encontraba bajo el signo de una revolución que les llenaba de esperanzas. Seis días an­tes de la Navidad de 1919 salían hacia su nuevo destino en el “Buford”, un desvencijado navío militar. Emma y Ale­xander no compartían el estrecho criterio de muchos anarquistas que reducían la revolución de Octubre a un golpe de Estado dado por la izquierda. Para ellos, Octubre había sido la culminación de la revolución rusa y miraban a los bolcheviques con ojos de buenos amigos, socialdemócratas que habían actuado como anarquistas mientras que estos seguían atado al pasado. 1/

Como muchos otros anarquistas del momento, la pareja estaba convencida de que se trataba de una revolución libertaria, que partía del principio de “todo el poder debía de ser para los soviets”, o sea para los consejos obreros de obreros, campesinos y soldados. Contemplan la situación desde la sublimación de las ideas, del entusiasmo del pueblo que tan brillantemente describe en sus crónicas John Reed, pero en ningún momento se detienen en las condiciones históricas. En realidad de un pueblo atrasado que estaba siendo animado por una minoría proletaria esclarecida, pero que seguía viviendo en una sociedad de inmensa mayoría analfabeta que, además, estaba haciendo una guerra a vida a muerte. Una guerra que les conduciría a la destrucción del tejido económico y social…

Al inicio de su estancia en la nueva Rusia, ambos polemizaron con los anarquistas que se negaban a colaborar y se establecieron un poco como un puente entre ellos y el poder revolucionario. Esta actitud, fundamentalmente posi­tiva, comenzó a cambiar al final de la guerra cuando los bolcheviques fueron prohibiendo las diferentes tendencias socialistas disconformes con su programa y sus métodos y fueron enfrentándose a las revueltas campesinas y obreras con las armas. El punto definitivo de su ruptura ocurrió en medio de los acontecimientos de Kronstadt en marzo de 1921, en los que un grupo insurreccionado levantó la bandera de una tercera revolución y los bolcheviques los reprimie­ron por medio de la fuerza. 2/ Entre enero de 1920 y marzo de 1921, Emma y Berkman trataron de mediar contra las actuaciones represivas de la Cheka, constituida según expresión de su máximo jefe Félix Dzherjinski, por santos y canallas. Se entrevistaron sucesivamente con Lenin y Trotsky que prometieron re­visar algunos casos; con Máximo Gorky al que encontraron apesa­dumbrado por su mala conciencia -se había opuesto ini­cialmente a la revolución- y por el terrible analfabetismo del pueblo incapaz de asumir las responsabilidades del po­der con sus propias manos; con Alejandra Kollontaï que les argumentó que en toda gran obra tenían que existir pequeños errores; con los delegados de origen libertario del II Congreso de la Internacional Comunista como Víctor Serge, Alfred Rosmer, Joaquín Maurín, etc., pero todo fue prácticamente inútil.

El caso de Macknó se sumó al de Kronstadt y la ruptura fue tan radical que los dos se convirtieron en la principal fuente de las acusaciones por parte de los anar­quistas contra los bolcheviques. 3/

Entonces, Emma vuelve su mirada hacia Kropotkin al que había conocido antes en un Con­greso anarquista. Éste, que durante la Gran Guerra y en la primera etapa de la revolución rusa había indignado a Emma por su actuación pro-Entente y su apoyo al Gobierno provisional -Kerenski lo propuso como ministro y él no aceptó por coherencia con su biografía-, se encontraba ya agonizante. Seguía soñando con una nueva Rusia, una nueva sociedad estructurada por comunas que organizarían la pequeña industria artesanal, industrial y campesina que se federarían entre sí… Durante cierto tiempo, Emma y Alexander callaron por miedo de hacerle el juego al imperialismo que tenía cercado el “país de los soviets”,  pero en 1922 decidieron hacerlo. En uno de sus alegatos, Emma dirá: “Quizá la revolución de Rusia nació ya sentenciada.

Llegando arrastrada por los cuatro años de guerra, que habían aniquilado sus mejores valores y devas­tado sus mejores y más ricas comarcas, es posible que la revolución no hubiese tenido suficientes fuerzas para resistir los locos arrebatos del resto del mundo. Los bolcheviques afirman que fue culpa del pueblo ruso que no tuvo suficiente perseverancia para re­sistir el lento y doloroso proceso de cambio operado por la revolución. Yo no creo eso, y aceptando que esto fuese cierto, yo insisto, sin em­bargo en que no fueron tanto los ataques del exterior como los insensatos y crueles métodos que en el inte­rior estrangularon la revolución y la convirtieron en un yugo odioso puesto sobre el cuello del pueblo ruso. La política marxista de los bolcheviques, alabada en un principio como indispensable a la revolución para ser abandonada después de haber introducido el des­contento, el antagonismo y la miseria, fueron los ver­daderos factores que destruyeron el gran movimiento e hicieron perder la fe del pueblo”.

Aunque según Richard Porton, el autor de Cine Y anarquismo,  Emma “atacó al cine como `el opio de las masas” su presencia en el medio no es en absoluto desdeñable comenzando por un  primer título que data de 1934, Emma Goldman Newsreel, al que siguieron otros como Emma Goldman: The Anarchist West (Coleman Romalis USA, 2001) En sus memorias, Emma da cuenta de la existencia de diversos guiones escritos por su compañero de muchos años, Alexander Berkman, ninguno de ellos filmados. Uno de ellos estaba dedicado a los años de formación de Macknó, y Berkman confiaba tanto en sus méritos que persistió hasta el final de su vida en colocarlos en Hollywood, de manera que envió una y otra vez sinopsis de las película que soñaba a jerifaltes más o menos liberales de la industria, tales como Jesse Lasky, al actor Lionel Barrymore, y al productor Carl Laemmle, el creador de la Universal, y productor de Sin novedad en el frente. No le prestaron ninguna atención. Seguramente lo último que deseaban tales profesionales es verse ligado con un hombre que había pasado buena parte de su vida en las prisiones, y que se mantenía fiel a sí mismo. 4/

Emma tuvo un papel destacado en la trama de la mayor producción jamás dedicada por Hollywood a un famoso revolucionario. Fue un proyecto “personal” de Warren Beatty aunque  costeada por las grandes finanzas y en la que se describe tanto las luchas de la izquierda revolucionaria norteamericana de principios del siglo XX, como se implicaron en la revolución rusa de la que John Reed fue cronista, de hecho el mejor de cualquier revolución. Tanto en un ámbito como en otro tiene un papel significado Emma Goldman (sobre la cual hace una creación la actriz Maureen Stapleton que ganó un Oscar por ello), curiosamente sin Alexander Berkman. Para Porton se trataba de un dilema entre dos opciones, y desde éste punto de vista interpreta la controversia entre un John Reed exhausto y una Emma a punto de escribir su famosa requisitoria.

En algunos medios en los que el anticomunismo pesaba por encima de cualquier otro criterio, se convino a asegurar que Reed estaba al borde del abandono de su compromiso con la joven revolución, pero su biógrafo, Robert Rosenstone  –asesor y crítico de Reds-, deniega semejante figuración. Beatty reconstruye con admiración y respeto a Emma, ofrece una buena síntesis de sus argumentos, y hace que Reed los escuche con atención. Su interpretación es otra, no radica en la “perversión” de las teorías marxistas o de los líderes bolcheviques sino en un contexto abismal.  Porton echa en falta un contexto histórico más amplio. Sin embargo, el lector no espere ninguna referencia a una suma de circunstancias devastadoras, no. Informa que para Goldman los bolcheviques habían “asumido un papel contrarrevolucionario con su trato a los extremistas no bolcheviques”, y añade que para la época, “Lenin había abandonado el seudoanarquismo de El Estado y la revolución a favor de un ataque total a la `ultraizquierda´ en El izquierdismo, enfermedad infantil comunismo” (2002; 84)  12/ Para mayor detalle me remito a mi recopilación Rojos y rojas,  El Viejo topo, Mataró, Barcelona, 2003), que trata tanto de la historia como de la película. 5/

Notas

1/ Emma fue de las voces anarquistas que más se distinguieron en su admiración por la audacia de Lenin y Trotsky de los que decía que había adoptado tácticas anarquistas. En su opinión, “Los bolcheviques de 1918 no creen ya en la predestinación de la etapa burguesa. El oleaje revolucionario les ha empujado hasta el punto de vista sostenido por los anarquistas desde los tiempos de Bakunin…” (Peirats, 2011; 111) Este entusiasmo es idéntico al que se dio en la CNT en la misma época…Un entusiasmo efectuado desde una asimilación partidaria e idealizada a la que siguió una negación no mucho más matizada.

2/ Ambos publicaron obras de indudable influencia  como la de Emma Dos años en Rusia (reeditada Pequeña Biblioteca, Mallorca, 1978), compuesta por Diez artículos publicados en The World y disponible en periodicoellibertario.blogspot.com/; el capítulo ruso de la biografía de Richard Drino se encuentra en www.antorcha.net/biblioteca…  Berkman escribió hasta tres libros sobre el tema: La re­belión de Kronstadt, El mito bolchevique y La revolución rusa

3/ Una versión bastante rigurosa de estos acontecimientos es la de Paul Avrich, Kronstadt 1921 (Ed. Proyección, Buenos Aires, 1973; disponible en Paul Avrich, Kronstadt 1921 (https://libcom.org/files/Paul%20Avrich). Avrich viene a concluir un dictamen que escuetamente se puede resumir en los términos siguientes: a) los ocupantes de la fortaleza no eran anarquistas, querían unos soviets sin bolcheviques en el contexto de abismo en que queda el país después de una guerra devastadora; b) los sublevados carecían de una alternativa y los blancos deseaban fervientemente desalojar a los bolcheviques como un medio de reanudar la guerra,  su victoria; c) con los datos ofrecidos desde el aparato policial, los bolcheviques (incluyendo la Oposición Obrera a la tachaban de anarcosindicalista), creyeron que no hubo más remedio que intervenir. Esta apreciación no es muy diferente a las ofrecidas por antiguos libertarios como Alfred Rosmer (cf, La sublevación de Kronstadt, disponible en 2014.kaosenlared.net/), Victor Serge, Memoria de un revolucionario (Ed. Veintisiete Letras, Madrid, 2011, p. 195), entre otros. Sobre la cuestión me remito a mi trabajo Noventa años de los acontecimientos de Kronstadt, disponible en enlucha.org/articulos/novent

4/ La mayor conexión de Emma con el cine se ha dado a través de personajes que le fueron afines aunque tuvieron un sello más respetable como fue el caso de  Margaret H. Sanger (1879-1966), enfermera y activista sobre el control de la natalidad, se hizo anarquista por influencia directa de Emma quien fue durante un primer tiempo su principal fuente de ideas sobre la “limitación de la familia”, y el derecho de la mujer a dispone de su propio cuerpo. El subtítulo de su periódico The Women Rebel era “Sin dioses, sin amos. Sobre ella existen diversas producciones temáticamente interesantes como: Margaret Sanger. A Women Rebel (USA, 1976) interpretada con convicción por Piper Laurie; Difícil elección. La historia de Margaret Sanger (Paul Shapiro, USA, 1995) con Diana…Otra amiga de Emma fue Isadora Duncan, bailarina legendaria que combinó el ejercicio, cuyo “biopic” Isadora (Karel Reisz, RU, 1968) que fue mutilada por la productora, de tal manera que resulta difícil avanzar una opinión, aunque nadie discutió la soberbia interpretación de Vanessa Redgrave, una actriz igualmente reconocida por un fuerte y prolongado compromiso militante dentro del trotskismo. Esta lista se extiende al dramaturgo Eugene O´Neil (1888-1953), al que los lectores quizás recuerden con el rostro familiar de Jack Nicholson en Reds, de reconocías afinidades anarquistas, sin olvidar a Clarence S. Darrow (1857-1938)  sin duda el más famoso de los abogados estadounidense (unas frases muy propias de película con abogados son: Pero ¿quién te crees que te va defender, Clarence Darrow?, ¿Pero quién te has creído que eres, Clarence Darrow? Avrich lo define como socialista, librepensador, partidario del impuesto único y pacifista tolstoniano. Mantuvo una fuerte relación con el movimiento anarquista entre 1880 y 1890. Sobre  Darrow existe una cierta filmografía en la que destaca La herencia del viento (Inherit the Wind, Stanley Kramer, EUA, 1960), donde fue encarnado por un pletórico Spencer Tracy. La afinidad  con Emma atraviesa las páginas de la obra de Richard Porton Cine y anarquismo. La utopía anarquista en imágenes (Edición: Editorial Gedisa, 2001)

5/ Para mayor detalle me remito a mi recopilación Rojos y rojas,  El Viejo Topo, Mataró, Barcelona, 2003), que trata tanto de la historia como de la película.

-->
COLABORA CON KAOS