Elogio (crítico) a la Confederación

En su intervención en el reciente homenaje a Wilebaldo Solano, Toni Doménech nos recordaba detalles como las democracias europeas habían sido, ante todo, una conquista del movimiento obrero, y como, tras la derrota de la revolución española, el curso de la IIª Guerra Mundial, y luego la “guerra fría”, habían actuado como trituradoras de las corrientes más interesantes del socialismo, como lo pudieron ser el socialismo de izquierdas (muy importante hasta los años cincuenta), el trotskismo, y por supuesto el anarquismo que perdió con la guerra española su último y más importante baluarte. En la postguerra el acabó con los restos de la generación combatiente imponiendo su ley del terror…A esta trágica realidad es justo añadirle otros dos factores que se suelen obviar: las guerras internas entre los que podíamos llamar “realos” (más “políticos”) y los que podíamos llamar “fundas” (más “anarquistas”), y las dificultades de conectar con las nuevas generaciones  que desde los años sesenta operaran el primer relevo de una resistencia que se desarrollará sobre nuevas bases y objetivos, factores que son ampliamente explicados en algunos de los mejores trabajos sobre esta época como el de Ángel Herrerín López (La CNT durante el franquismo, Ed. Siglo XXI,  Madrid, 2005), o el de Dolors Marín (Clandestinos. El maquis contra el franquismo, Plaza&Janés, 2001), entre otros…

Creo que sin comprender es brutal corte histórico no se puede comprender lo que vino después. Me refiero  tanto a la ardua problemática de la ruptura generacional (entre los restos de una vieja guardia heroica pero anclada en  la gran historia, y una nueva promoción, más en la línea “antiautoritaria” inscrita en batallas de nuevo tipo como la del mayo del 68 francés o la “autonomía obrera” italiana), como a la realidad de una continuidad minorizada, o sea dividida-diversificada y contra la corriente,  tan lejos de aquella comunidad obrera amplia e intensamente motivada, con poderosos medios de difusión y de cultura propias.  Esta debilidad no es ajena a la escasa relevancia que se otorgaría a los anarquistas desde los parámetros del antifranquismo digamos tradicional (el que dejaba fuera de campo el antifascismo revolucionario,  el que se orientaba hacia otra República), y más tarde, desde la “historia oficial “ establecida por los pactos de la Transición  (que, por citar un ejemplo, da más importancia al “contubernio de Munich” o al congreso de Suresnes del PSOE que al maquis).  Esta subestimación ha estado muy presente en éste septuagésimo quinto aniversario de la Segunda República, al igual que lo había estado en otras fechas conmemoratorias. Generalmente, o se ha obviado, o se ha efectuado un reconocimiento en función de la actitud de los diferentes exponentes del anarcosindicalismo mantuvieron una relación a las institu¬ciones republicanas.

Una buena muestra de esta percepción del movimiento obrero en general, y del anarcosindicalismo en particular, la hemos podido ver en las diversas intervenciones de la inmensa mayoría de los historiadores invitados a los debates escenificados en el programa del novelista e historiador Jorge Martínez Reverte en la TV2, en el por muchos motivos interesante programa El laberinto español…Más allá del alcance general de sus intervenciones –en general muy por encima de las que se habían sentido hasta el momento en el ente público, además sin la presencia de seudohistoriadores tardofranquistas, cuyas presencias habían sido obligatorias, y todavía lo ha sido en un reciente número de Ágora en el canal 33-, lo cierto es que todos ellos parecían coincidir en una cosas: dichos movimiento carecía de legitimidad fuera del marco de la defensa de la República, defensa en la que habían actuado con creces aunque no para quedarse en lo que había sido hasta 1936…     

Evidentemente, no se trata de caer por la otra pendiente e idealizar el anarcosindicalismo al menos  más allá de lo que realmente fue, sobre todo considerando que los datos históricos ayudan a atemperar algunos entusiasmos como el que manifestó Luis Andrés Edo en una conferencia en Granollers al afirmar que la violencia que siguió a las jornadas de julio, fue un “juego de niños” o los que evocan las actividades de las colectivizaciones sin señalar sus partes más criticable, comenzando por la idea central de que bastaba con el compromiso de que el gobierno les dejaría hacer….Igualmente conviene no olvidar el hecho de que, a pesar de todas las proclamaciones contra los liderazgos, el movimiento libertario reveló sus grandes limitaciones a la hora de establecer el control desde la base de un puñado de dirigentes, que pudieron tomar opciones como la de ceder el poder a Companys o la participación gubernamental, ambas sin mediar debates, en “petit comité”. Opciones de este tipo no estaban contempladas en congresos como el de Zaragoza, cuyo debate sobre la revolución olvidó considerar que esta –necesariamente- tendría lugar en unas circunstancias excepcionales, y en la que el anarcosindicalismo se vería obligado a coexistir lo más positivamente posible con las demás corrientes socialistas.

De hecho esta sería la principal crítica que se podía hacer al bolchevismo. Si estos al tomar el poder hubiera hecho todo lo humanamente posible por integrar en la revolución a todas las demás corrientes revolucionarias, otro gallo hubiera cantado. Esta sería también el principal factor de la crítica socialista a los jacobinos.

Nadie podrá negar que la trayectoria del anarcosindicalismo español es una suerte de milagro histórico. Desde su surgimiento como superación de las diversas corrientes anarquistas, y de la inserción de estos entre los trabajadores de la ciudad y del campo, las clases dominantes habían tratado de destruirlo una y otra vez. Esa fue la apuesta de los empresarios catalanes descritos en la novela de Eduardo Mendoza, La verdad sobre el caso Savolta,  con sus inversiones en militares y pistoleros, y no otro fue el objetivo de la dictadura de Primo de Rivera, y en más baja intensidad de las autoridades republicanas obsesionadas con el orden, de la propia Esquerra de Badía y Dencás… Pero el `poderoso impulso inicial expresado en huelgas tan mítica y ejemplares como la de Canadiense, o en las revueltas agrarias del “Bienio bolchevista” en Andalucía, no se detuvo, y la CNT llegó a las libertades con la República para encontrarse casi como pez en el agua. Lo que antes había servido para organizar y educar a centenares de trabajadores ahora o pudieron hacer con miles.

Otra objeción –y fuerte- es que la táctica del insurrecionalismo  de cariz faísta, en solitario y sin salida, producto de la idea de que la voluntad y la nobleza del ideal eran ya de por sí para hacer una revolución en exclusiva. Pero aún y así, semejante error (de impaciencia revolucionaria) no puede ocultarnos la existencia de una capacidad movilizadora muy notable, que respondía con una ira plenamente justificada a una situación social insostenible como la que estaba detrás de los acontecimientos de Casas Viejas, de la voluntad indomable de militantes como los que encanaban la familia del carbonero Francisco Cruz, alias Seis Dedos, cuya tragedia anticipa lo que vendrá después. La peste fascista tan cabalmente representada en el capitán Rojas, el principal responsable de la matanza que siguió a la ingenua insurrección local, desconectada de la regional por falta de cauces informativos. Un personaje que bien podría haber inspirado el capitán Vidal de la Guardia Civil que tan magistralmente encarna Sergi López en esa maravilla llamada El laberinto del fauno.

Se me podrá decir que hay algo de mitificación en esto que escribo, y es posible.  Éste es un sentimiento perfectamente explicable para los que profundamente decepcionado por nuestros padres derrotados y resignados (en muchos casos, sin haber tenido tiempo de luchar porque la sublevación militar-fascista llegó cuando eran todavía muy jóvenes, y lo que vieron les llevo a meter la cabeza bajo el ala, y solo pensar en sobrevivir).

A pesar de sus contradicciones, el anarcosindicalismo demostró una extraordinaria audacia, así como una potentísima capacidad de movilización, todo ello al tiempo que impulsaba toda clase de actividades de base, sobre todo las culturales…La vieja idea de llevar el ideal hasta el último rincón, expresada por Federico Urales alias de Juan Montseny,  fue llevado a cabo, hasta tal punto que se implantó rápidamente en zonas atrasadas o de mayor filiación socialista, como fue el caso de Madrid, y lo hizo en franjas obreras situadas un paso más allá del socialismo gradualista. La labor de alfabetización y de culturalización de los confederales tiene ribetes míticos.  Lentamente se van recuperando historias regionales y locales que se habían perdido en el vendaval de la guerra y de la repressió, y que dan fe de este avance. Una avance que al decir penetrante de mi maestro Francecs Pedra, “¡Fue en tan poco tiempo¡”, apenas media década con libertad. En tan poco tiempo la CNT se erigió no solamente en el sindicato mayoritario (un concepto que hoy en día casi carece de significado reivindicativo), también fue, sin lugar a dudas, el más dinámico y luchador. Tanto fue así que su presencia llegó a hacerse insoportable para los que se creían (y se creen), amos de fábricas, tierras y talleres.

Se puede criticar que su afán de democracia interna no siempre fuese consecuente, y  que con el concepto de “trabazón” ideado por Abad de Santillán para la FORA argentina contra la “infiltración” comunista” se expresara, no ya contra los comunistas más sectarios (el PCE del “tercer período” que trataba de socialfascista o anarcofascistas, a las demás corrientes obreras. Sectarismo que está en  el corazón del desastre del socialismo y la democracia en la Alemania que antecede el muy resistible ascenso nazi), sino sobre todo con los más pluralistas, como sin dudado lo fueron los “bloquistas”, no dejando de hablar a antiguos confederales como Joaquín Maurín y expulsando –a veces a punta de pistola de la FAI- a los sindicatos de oposición en provincias como Lleida, Girona o Tarragona…Tampoco resulta aceptable el tono empleado contra Pestaña y los “trentistas”, todo porque representaban una opción más graduada y  menos inmediatista.  

Esta ambivalencia democrática radical según como, y sectaria con las demás corrientes del movimiento obrero provenía de  ilusoria convicción tantas veces expresadas de que socialistas y comunistas eran “contrarrevolucionaos”, lo que llevaba a las bases confederales a votar antes a republicanos que a socialistas, y que llevó al rechazo de la Alianza Obrera, dejando la “Comuna” de Asturias aislada en octubre de 1934…El asunto es más bien patético, casi una página en blanco, algo que se rehuye como lo evidencia el hecho de que en un libro sobre La Barcelona rebelde (AA.VV., Octaedro, Barcelona, 2003), subtitulado “Guía de una ciudad silenciada”, la exhaustividad no evita que el UHP, la Alianza Obrera y los acontecimientos de Octubre de 1934 sean olvidados…

Cierto que esta argumentación no se sostenía solamente por el reflejo doctrinario, también hay que tener en cuenta el papel de los socialistas (y de ERC en Cataluña) contra la CNT, así como las muestras del sectarismo comunista expresada en ciudades como Sevilla, donde un sector de la CNT se pasó al PCE como si se tratara de una guerra de hegemonismo. Este afán hegemonista ha sido –en sus diversos grados y expresiones-, una de las mayores taras del movimiento obrero clásico. Una enfermedad que acentuaba sus hostilidades internas, lo que en el caso de la CNT se expresó por ejemplo siendo internamente más tolerate con la masonería que con el marxismo. Aunque también cabe especificar que no faltaron voces dentro de la CNT como la del veterano Eleuterio Quintanilla o del penetrante aliancista Valeriano Orobón Fernández –un discípulo de Rudolf Rocker que asistió al desastre alemán mencionado-, que criticaron el sectarismo, y abogaron por la unidad…De hecho, programáticamente, la CNT siempre se manifestó por la unidad sindical, ¡cuánto hubiera ganado el movimiento obrero español con un  central sindical única capaz de integrar todas las tendencias, desde las más posibilistas hasta las más radicales¡.         

Éste enorme potencial se mostró todo su alcance en las jornadas del julio de1936, pero también su franca ingenuidad. En el primer caso se sitúa ante todo aquella Barcelona que pasó a ser la “capital espiritual del mundo”, el “meridiano” alternativo y sucesor de Petrogrado. Aquellos días, base y cargos, ideal y práctica, prevención y audacia, se combinaron en unas jornadas que dieron la vuelta al mundo. Se podía ganar al ejército en las calles, con las barricadas, incidiendo en la tropa, contaminando con la revolución hasta a los números de la guardia civil. Aquel relámpago tuvo empero tuvo la otra cara, la de Zaragoza, otra capital anarquista por excelencia descrita por el mejor Ramón J. Sender. Los “líderes” cenetistas  de filiación  masónica  confiaron en el masón general Cabanellas, y éste les “traicionó” como a criaturas.

Lo que sigue también tiene dos caras, de una lado todo el esplendor de las columnas de combatientes improvisados, la tarea colectivizadora, autogestionada, y con ello, la inmensa tarea de difundir un ideal que alumbra movimientos tan avanzados como el de las Mujeres Libres, que embriaga a los anarquistas y anarcosindicalistas de todo el mundo. Del otro el desconcierto con las “circunstancias”, la dificultad de ir codo con codo con otras corrientes revolucionarias, que las hubo. La crítica invertida al bolchevismo, como si el problema con Octubre hubiera sido el Palacio de Invierno y no la intransigencia del partido con las demás corrientes socialistas (y luego con sus propias corrientes). Sin alternativa plural, el asunto fue ya la cohabitación con el Estado republicano, fácil durante la revolución, imposible después. A mi juicio, es por aquí por donde pasa el debate, pero más allá o más acá de límites y contradicciones subsiste el combate de millares de hombres y mujeres sobre cuya integridad nos impresiona. A veces la crítica se olvida de los horizontes…

Estas críticas no solamente provienen de otras escuelas, también aparece en el propio campo libertario co la lucidez de momento como en el caso de Valeriano Fernández Orobón en 1934, o de Camillo Berneri durante la guerra y sobre todo durante las jornadas de mayor del 37, o de autores como Vernon Richards (su yerno por cierto), ya con más perspectiva.

Ni que decir tiene que esta es una memoria que se sale de la memoria institucional, del cuadro de los historiadores instalados que aplican a la 2ª República el esquema del fin de la historia…No hay, no puede haber vida más allá de la democracia parlamentaria, ni tan siquiera cuando pretende más democracia, más luz, más igualdad-libertad…De ahí que se trata de denigrar la revolución. La revolución se destruyó a sí misma, se concluía el documental Roig i Negre; la revolución es imposible porque primero destruye, luego no hay tiempo para reconstruir; la revolución se desvió con la lógica del terror, atribuida además a los “sans culottes” de la emigración; se cita La Fatarella, el Cojo de Málaga, los pistoleros de la FAI…Por esa formativa no hay revolución antigua o moderna que se salve. Al abordarla desde esta lógica se olvida cosas muy sencillas, por ejemplo, que en los pueblos en que el militar-fascismo fue derrotado, ya nada fue igual. La revolución se impuso en toda  Cataluña colmo algo perfectamente natural. 

El franquismo supuso la mayor represión, la más laga jamás conocida, y también una resistencia que se desarrolló bajo muchas formas. Una lucha titánica que se agota unos años antes de que surjan las generaciones del relevo, con grupos como el MIL y tantos otros bajo formatos variopintos, y jóvenes como Salvador (Puig Antich), con la mirada puesta en la historia, pero también en las nuevas vanguardias emergentes. Todo cambia, todo continúa.  Se puede hablar de fracasos, de tragedias, la derrota española lo fue de todos los anarquistas, de todos los revolucionarios. Ahora que se trata de comenzar de nuevo, los balances históricos son más precisos que nunca. Y en ellos hay una línea de luz clara que nos dice: el socialismo perdió cuando dejó de ser libre, y ganó cuando ue más libre y pluralista. Por lo tanto, hoy o se puede ser socialista sin ser libertario, y en coherencia, no se puede ser libertario “en exclusiva”, o sea sin ser simultáneamente pluralista…Continuaremos.

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