Elegía de la transgresión

8 de octubre de 2014 – 1º de enero de 2015

Elegía de la transgresión

Así como hay hombres-hiena y hombres-pantera, yo

seré un hombre-judío,

un hombre cafre

un hombre-hindú-de-Calcuta

un-hombre-Harlem-sin-derecho-a-voto

El hombre-hambre, el-hombre -insulto, el hombre-tortura

se le podría

prender en cualquier momento, molerlo a golpes-matarlo

por completo

sin tener que rendirle cuentas a nadie.

Aimé Césaire

CUADERNO DE UN RETORNO AL PAÍS NATAL

 

Compañeros y compañeras:

A nosotros los desterrados, los torturados, los desaparecidos; a nosotros, los camaradas del viento, los perseguidos por el terror, los habitantes del miedo, los rebeldes de la tierra, los insurgentes de todos los tiempos; a nosotros, los niños y las niñas asesinadas por el estado terrorista, a las mujeres humilladas por las prácticas atroces de la infamia; a las calles, caminos y montañas donde la voz de la dignidad no renuncia a las prácticas libertarias; a las tierras arrasadas, a los ríos contaminados, a las semillas mutiladas; a todos y a todas las formas de vida que plantan sus entrañas para que no pasen los gigantes “que llevan siete leguas en las botas” (Martí); a nosotros, los que no necesitamos bandera, ni escudo, ni fronteras; a los aplastados por el estado corporativo, a los perseguidos de la tierra.

Compañera

Madre Tierra

 

Compañero

Manuel Quintín Lame Chantre

 

Compañera

María Cano

Doctor

Jorge Eliécer Gaitán

Compañero sacerdote

Camilo Torres Restrepo

Niño

Fernando Osorio

La Casona, Bogotá

Niñas

Eliana Bernal Rivera y Katherine Bernal Rivera

Bogotá

Compañero abogado

Eduardo Umaña Mendoza

Señor Comandante

Nicolás Rodríguez Bautista (Gabino)

Ejército de Liberación Nacional (ELN)

Señor Comandante

Rodrigo Londoño Echeverri (Timoleón Jiménez)

Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP)

“Las mismas ecuaciones dominan la justicia burguesa y el intercambio de mercancías.”

Max Horkheimer y Theodor Adorno

Dialéctica del iluminismo

Palabras introductorias

1

Es terrible la guerra y brutal su paisaje. Desde los intereses económicos y políticos del sistema-mundo capitalista(Grosfoguel, http://www.nuso.org, 2003) (de las empresas transnacionales, de las instituciones transnacionales que se presentan a sí mismas como “neutrales” o de “cooperación” para la paz, o para impulsar el progreso y fortalecer la democracia), desde esos intereses económicos y políticos del sistema-mundo capitalista, el proceso de paz en colombia es una acción de guerra.

En el contexto del sistema-mundo capitalista no existe opción entre la paz y la guerra, de la misma manera que no existe opción entre la riqueza y la pobreza. El sistema-mundo capitalista responde a los intereses del monopolio de la riqueza, de la explotación y sometimiento de los pueblos. Las relaciones de explotación, que rubrican sus intereses imponiendo sus marcas corporativas en la piel y en el espíritu de nuestros pueblos, indican que, en el contexto del sistema-mundo capitalista, suponer que existe una opción entre la paz y la guerra es un supuesto falso: la paz y la guerra son formas de esclavitud que desplazan sus coordenadas sobre la vida de los pueblos de acuerdo a las necesidades de la opresión que ejerce el sistema-mundo capitalista. La paz y la guerra son modos de articulación al sistema-mundo capitalista. “Todos los intentos de transformar el sistema en América Latina y el Caribe han sido sistemáticamente liquidados mediante golpes de Estado, bloqueos comerciales o agresiones militares (ej. Chile, Guyana, Nicaragua, Jamaica y Grenada)”, plantea Ramón Grosfoguel en documento que subtitula Del cepalismo al neoliberalismo. (Grosfoguel, http://www.nuso.org, 2003)

La paz, simbólicamente y como acto del sistema-mundo capitalista, es la negación de la existencia de la guerra como sistema social vigente, no su superación; la paz, como acto del capitalismo, es, al mismo tiempo, la afirmación de la guerra. Al afirmar la guerra, el capitalismo afirma un rasgo esencial de los procesos de acumulación de la riqueza: la violencia en la que se funda todo proceso de explotación. Al negar la guerra, el capitalismo niega la violencia en la que funda el modo de la explotación. La paz del sistema-mundo capitalista hace referencia al ideal, al concepto abstracto, no a la realidad vivida por los pueblos, a la brutalidad a la que son sometidos por el sistema. Todo referente al ideal, al concepto, a la generalidad, oculta las contradicciones reales, impone un marco para la reflexión y determina aquello que el sistema permite pensar, imponiendo, en consecuencia, su propio lenguaje. Es un “diálogo” asimétrico (Enrique Dussel); en condiciones de opresión, la palabra no es igual para el opresor que para el oprimido; la palabra del opresor es la palabra que siempre nos niega como condición de la interpelación que nos realiza para negarnos de nuevo. Muerte a muerte, la negación de lo que somos es la condición de esta convocatoria. Es un discurso del opresor para dulcificar (Paulo Freire) la opresión. Es, haciéndome eco de algunas palabras de Freire, “la violencia del antidiálogo, que impone al hombre mutismo y pasividad”(Freire, 2011).  Por la asimetría del poder, por su historia de barbarie, por la forma en que continúa radicalizando sus aparatos de fuerza, por la violencia de su estructura económica, por las condiciones de inferiorización que impone a los pueblos del mundo, la paz del sistema-mundo capitalista inaugura hoy nuevas formas de barbarie, nuevas formas de esclavitud. El estado colombiano hace acuerdos con europa para exportar aparatos terroristas y contribuir al sistema de opresión global. Mientras tanto, en la dinámica del sistema-mundo capitalista, genera (parafraseo a Grosfoguel) vitrinas simbólicas “pacifistas”, tal como durante la guerra fría se generaron “vitrinas (showcase) simbólicas desarrollistas” (Ibídem, p. 153). La paz del sistema-mundo capitalista no transforma en beneficio de los pueblos la realidad de explotación y de miseria; no transforma los procesos de deshumanización impuestos por el sistema-mundo capitalista a los pueblos del mundo. “Paz”, en la voz del capitalismo, es una palabra pronunciada a espaldas de la realidad: la exigencia para los pueblos es vivir alienados, extrañados, desposeídos como siempre de sus reales intereses, privados del poder de sus propias palabras.

Extrañados de su voz, a los pueblos se les prohíbe hablar de la realidad: sólo está permitido hablar del ideal; del ideal en el lenguaje del sistema-mundo capitalista. El ideal es el “derecho” a la vida; la realidad son los tratados de libre comercio con europa y estados unidos que aseguran los territorios de los pueblos privatizando las semillas, privatizando la vida. De esta manera es que los lenguajes de los pueblos del mundo han sido proscritos por el sistema-mundo capitalista. Para el capital los lenguajes de los pueblos del mundo son “el delito”. Las leyes y los tratados internacionales de los estados capitalistas así lo garantizan. El decir es monopolio del sistema económico, político y militar. Y el ideal es el concepto capitalista, y lo es el mito del progreso, de la democracia, del humanismo; este mito del progreso, de la democracia, del humanismo, tiene sus propios sacerdotes: son los que ejercen el poder; los que lo administran; los que ejercen el poder de la palabra. Estos sacerdotes del progreso, llamados ministros, presidentes, partidos políticos, universidades, etc., actualizan el mito mediante rituales vacíos de sentido para los pueblos; es un vacío que la violencia llena, que la deshumanización sostiene como estructura para los andamiajes sobre los que se erige la barbarie.

El lenguaje del sistema-mundo capitalista degrada: primero, es la expresión de su hegemonía; segundo, coloniza el pensamiento; el lenguaje del sistema-mundo capitalista deshumaniza a los pueblos. La pobreza, generada por la explotación capitalista, es convertida en su propio discurso como “el pobre”. La pobreza, de ser una categoría socioeconómica e histórica, el capitalismo la arroja sobre los pueblos como si fuese una cualidad, una característica inherente de las personas: los pobres. La dominación imperialista, mediante la violencia de la explotación, convierte a los pueblos del mundo en “países subdesarrollados”, “atrasados”, “en vías de desarrollo”, en “tercer mundo”. De esta manera el lenguaje del capital impone categorías, clasificaciones que niegan la realidad, que domestican la historia. Al decir “atrasados”, “subdesarrollados”, el capitalismo extiende la oferta del horizonte ideológico de sus valores, de su mentalidad, de sus prácticas de expansión ilimitada de la explotación, como si las puertas del capitalismo estuviesen abiertas para los pueblos del mundo. No es posible olvidar que “el sistema-mundo capitalista está estructurado alrededor de una división internacional del trabajo y un sistema global interestatal.” (Grosfoguel). Los opresores trazan, diseñan las políticas de expropiación de los pueblos para imponer la marca del atraso mientras hablan del desarrollo. El desarrollo capitalista no es un ideal a seguir sino una situación de opresión que debe ser combatida, una situación de violencia que se ha ejercido de manera sistemática sobre los pueblos del mundo. La condición para el triunfo del “desarrollo” es la opresión. La condición de existencia del lenguaje del capital es la deshumanización, la degradación de los pueblos. La paz de los pueblos se escribe con semillas propias, con trabajo, con organizaciones propias, sin cadenas productivas, con escuelas libertarias, con tierra, agua, cordilleras, sin servicios ambientales, con la práctica solidaria. Las cadenas productivas y los servicios ambientales hacen parte de la división internacional del trabajo en el sistema-mundo capitalista y son formas de opresión.

Cuando el pueblo hable de paz con sus propias palabras, ejerciendo el poder de transformar radicalmente las condiciones de explotación, de miseria, de deshumanización, de barbarie al que ha sido sometido, transformando radicalmente las condiciones que han hecho posible que la barbarie sea llamada democracia, que el crimen haya sido una forma impuesta y aplaudida por la llamada “comunidad internacional” como gobierno legítimo, como estado soberano, entonces sabremos qué significa paz en el lenguaje de los pueblos.

2

En colombia, el sistema económico y político ha generado métodos para la eliminación sistemática de su población con un aparato económico, militar e ideológico al que no puede renunciar para mantener su hegemonismo; en colombia, el sistema económico y político ha hecho de la promesa de bienestar el horizonte para refinar la historia perpetua de las prácticas del crimen. El núcleo que cohesiona al sistema económico, político y militar del capitalismo es la violencia. Por ello, de la misma manera en que se “negocia” la paz en medio de la guerra, también la guerra continuará siendo la manera como se marcarán los tiempos de paz bajo el capitalismo corporativo: las bases militares yankees y las cadenas productivas; sus descomunales fuerzas militares y su senado de la república; sus escuadrones de la muerte y la filantropía del poder. Lo que se impone hegemónicamente en estas “conversaciones de paz” son las condiciones para darle continuidad al proceso de reproducción del capitalismo corporativo bajo el gobierno de los intereses de las empresas y de las instituciones transnacionales que, en colombia, han impulsado la guerra. Es la justicia de los vencedores, si se me permite evocar el título de uno de los libros de Danilo Zolo(Zolo, 2007). Es la justicia, la política, la economía de los vencedores.

3

Las corporaciones fascistas del estado corporativo han sido definidas por Benito Mussolini en mayo de 1930:

“La definición puede ser ésta: El Consejo Nacional de las Corporaciones es en la economía italiana lo que el Estado Mayor en el Ejército: el cerebro pensante que prepara y coordina. La semejanza militar. No os desagradará, porque la economía italiana tiene que combatir en verdad, una ruda e incesante guerra que requiere un Estado Mayor, mandos y tropas que se hallen a la altura de la situación para la misión que se les confía.” (Mussolini)

Mussolini plantea una analogía (toda analogía tiene una estructura de cuatro términos), analogía que organiza la producción de la narración fascista hasta el corporativismo actual: A, el consejo nacional de las corporaciones, es a B, la economía, como C, el estado mayor, es a D, el ejército. Entre los términos del tema de la analogía (las corporaciones como organización económica del fascismo), y los términos del foro o tema (el estado mayor del ejército), que por analogía debería contribuir a comprender el tema de la economía, se combinan para formar las metáforas que le dan pleno sentido político al tema económico: el consejo nacional de las corporaciones (A) es el estado mayor (C); pero, también, es posible encontrar otra metáfora: la economía (B) del estado mayor(C).

En colombia, las cadenas productivas presentan unas características que se encuentran, de igual manera, bien en la ley de las corporaciones fascistas de Benito Mussolini (Ley del 5 de febrero de 1934)(Mussolini, El Estado corporativo, s.f.), así como en la ley de cadenas productivas promulgada por Álvaro Uribe Vélez (Ley 811 de 2003). Las corporaciones fascistas de Benito Mussolini son las mismas cadenas productivas del Estado colombiano:

Las corporaciones fascistas o cadenas productivas tienen tres características básicas:

1. Imponen la conciliación de clases (Mussolini habla del carácter conciliativo de las corporaciones fascistas). En otro momento el fascismo plantea “la conciliación de los intereses opuestos de los patronos y de los trabajadores, y su subordinación a los intereses superiores de la producción”;

2. Se impone una cadena por producto o grupo de productos;

3. Las cadenas tienen un carácter consultivo según el mismo Estado; en otras palabras, los gremios económicos y las transnacionales se consultan a sí mismas (aparte de que legislan).(Cárdenas Motta, 2009)

El movimiento de las coordenadas políticas de la opresión y de la desigualdad sobre la vida de los pueblos del mundo no puede confundirse con una opción irreal entre un estado de paz y un estado de guerra. El sistema-mundo capitalista es eso: un sistema. El corporativismo fascista emerge como dispositivo de la opresión en tiempos de crisis del sistema-mundo capitalista. Esto es lo que permitirá encontrar, de una parte, la violencia de la explotación ejercida por las transnacionales en cualquier parte del mundo, así como la presencia de ejércitos de diversas banderas “nacionales” ejecutando la violencia en cualquier parte del mundo, defendiendo los intereses de las transnacionales; en otras palabras, defendiendo los intereses de las transnacionales como estado mayor de la economía.

4

¿Víctimas? En la voz del capitalismo el término “víctimas” pretende imponer a todos los seres oprimidos un papel pasivo en los territorios de la opresión: pretende privarnos de una Tarea(Carpentier, 1983): la defensa de todas las formas de vida que el capitalismo no puede garantizar, porque en el capitalismo sólo hay mercancías. Al etiquetar como “víctimas” a quienes el mismo sistema social despoja (de la vida, de la tierra, de las semillas, de sus medios de producción, de la cultura), el capitalismo realiza la misma maniobra discursiva, la misma maniobra política que cuando atribuye la cualidad de pobre a los pueblos explotados y empobrecidos: no han sido explotados y empobrecidos por el capital: son (del verbo ser), en el discurso del capitalismo, “pobres”, “subdesarrollados”, “comunistas”, “anarquistas”… y en la guerra, los agresores, tiñendo su discurso de filantropía, hablan de víctimas. De la misma manera que el “pobre” “necesita” la ayuda del capital, la “víctima” “necesita” su socorro… pero no liberarse del sistema de opresión. El ser de la víctima, para el capitalismo, es su incapacidad, creada o promulgada por el mismo capital, su incapacidad para luchar por una sociedad radicalmente diferente. No se lucha contra “la pobreza”: se lucha contra el sistema que la produce. El sistema de opresión nos reprime porque somos la fuerza liberadora, la fuerza de la vida que no se subordina a la violencia fascista: los niños asesinados, las mujeres masacradas, las tierras arrasadas, siguen siendo la vida que lucha, la vida que se niega a morir sin florecer, la vida que sucumbe en el devenir combatiente de las semillas.

5

El capitalismo, incapaz de solucionar los problemas que fundamentan su funcionamiento, abre con su lenguaje un abismo entre el sistema de opresión y los seres sobre los que descarga la racionalidad, las prácticas de la violencia. Ese espacio es el espacio del discurso humanista, del discurso del desarrollo, del discurso de la democracia, del discurso de la paz. Es el espacio que la alienación llena como expresión simbólica de la violencia; y esta expresión simbólica de la violencia mata la vida de las palabras. La existencia de ese abismo señala la expropiación de la palabra de los pueblos, la mutilación de la capacidad crítica del pensamiento y de la palabra que lucha por la vida. Ese abismo se ha coronado a sí mismo denominando “víctimas” a los mismos que el sistema oprime, a los mismos que el sistema despoja, a los mismos que el sistema tortura y mata. En la cúspide de su arrogancia, el lenguaje del capital elude llamarse a sí mismo por la palabra que lo designa: fascismo.

  1.  Para una elegía de la transgresión

Lenguaje… palabras… puñales que se clavan a la espalda… lluvia de sangre en el paisaje. La paz de Monsanto, ¿es la misma paz de los pueblos desterrados por el sistema corporativo en colombia?  La paz de las bases militares norteamericanas en colombia, ¿es la misma paz de los miles de jóvenes asesinados por el ejército bajo el ministerio de juan manuel santos? La paz de los pueblos campesinos en colombia, ¿es la misma paz de los ganaderos que acudieron al senado de la república acompañando a mancuso y los paramilitares del estado colombiano? La paz de los trabajadores bananeros, ¿es la misma paz de la chiquita brands que ha promovido golpes de estado y suministrado fusiles AK 47 a los paramilitares? La paz de los trabajadores asesinados, ¿es la misma paz de la oea que galardona a la chiquita brands por “conciencia ciudadana y lucha contra la pobreza”? Ese sistema económico y político que rige en colombia, ese sistema que reinstituye su hegemonismo hoy en defensa de la comunidad de intereses del sistema capitalista global a través del denominado “proceso de paz”, ese sistema escribe la historia para negarla; escribe la ley para delinquir; habla de paz proyectando sobre la vida de los pueblos los escenarios de la guerra, y expone sus pulcritudes políticas para asesinar. En el nombre de Nadie, en presencia de Ninguno, escribo.

En colombia, históricamente, cada plan de desarrollo de cada gobierno se acompaña de multitudes de muertos. La formalidad legal de los planes de desarrollo, la ficción jurídica, no alcanza a ocultar el contenido criminal de la ley. Se han requerido muchos planes de desarrollo para ubicar al país en uno de los primeros lugares en el mundo en población desterrada, en personas desaparecidas, en miseria, en desigualdad social. El sistema económico, experto en contabilizar muertos, en contabilizar desterrados, en contabilizar violentados, en contabilizar desaparecidos, continúa acompañando con sus estadísticas fúnebres la proyección de las cadenas productivas (las corporaciones fascistas), la proyección de los servicios ambientales, de los tratados de libre comercio, de los agro-negocios. Cada enunciado del sistema económico y político ha sido la negación real y concreta de su ilusorio contenido. Pedir el cumplimiento de la ley es otro acto ilusorio. Para el capital es una máscara: su contenido es el desprecio por la vida, por las culturas, por los pueblos. Asumir que allí hay algo útil para la vida después de tantos millones de desterrados, mutilados, torturados, es permitir que el desprecio por la vida impregne nuestra piel, nuestra sensibilidad, nuestros deseos, nuestros actos, nuestras prácticas.

El lenguaje del capitalismo, que tantos asumen como propio, el lenguaje del pensamiento único, de la única humanidad que ha instituido su hegemonismo y que cuenta… cuenta su historia, cuenta su legalidad, cuenta su economía, cuenta su visión del mundo… cuenta muertos… y contará muertos… y contará las nuevas formas del crimen… y contará las nuevas formas represivas… desde sus instituciones impasibles, eternas… el lenguaje del capitalismo narra desde hoy, sobre los territorios y la vida de los pueblos, el porvenir de la barbarie:

Especialistas y campesinos colombianos denunciaron este jueves en un debate con eurodiputados que el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre la UE y el país andino provoca despojos y concentración de tierras, a menudo por parte de multinacionales europeas arropadas por grupos paramilitares.(farmlandgrab.org, 2014)

Miles, millones de testimonios se generan día a día, año tras año, década tras década, expresando cómo, el lenguaje del capital, dice la guerra:

“Desgraciadamente esa es la política colombiana”, afirma Luzmila Ruano, vocera del Congreso de los pueblos y líder del Coordinador Nacional Agrario. “Nosotros hablamos de paz mientras se están entregando concesiones a las multinacionales mineras y continúan las persecuciones y amenazas a líderes indígenas, sindicales, campesinos y obreros”. (Entrevista a Luzmila Ruano, vocera del Congreso de los Pueblos y líder del Coordinador Nacional Agrario, 2014, Rebelión.org) (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=191659&titular=%93mientras-hablamos-de-paz-se-persigue-y-amenaza-a-l%EDderes-sociales%94-)

Podría abundar en testimonios; pero no es necesario. El tema ya no es de documentación. El problema es de lectura: ¿Cómo estamos leyendo la realidad de los pueblos en colombia? ¿Leemos la macro estructura de la dominación capitalista en clave de corporativismo fascista? Una cita final sobre este aspecto de las transnacionales y la tierra, con una pregunta que la anteceda: ¿Paz para los intereses de quién?

Las transnacionales siempre han mostrado interés por poseer tierras colombianas. Este fenómeno beneficia la seguridad alimentaria de los países que adquieren los terrenos y va en detrimento de la soberanía nacional.

En la actualidad se presentan varios ejemplos de esta situación, como lo denunció Wilson Arias, representante a la Cámara, durante su intervención en la Cátedra Manuel Ancízar. Entre otros, Arias presentó los casos de los brasileños con Mónica Semillas (productora de soya y maíz) en el Meta; los italianos y españoles con Poligrow (cultivadores de palma) en Mapiripán (Meta); y los estadounidenses con Cargill (cereales) en el Vichada. (Biodiversidad, 2014)

La economía capitalista se mantiene, en apariencia, distante de su actividad criminal. En el capitalismo, sus intereses económicos legislan sobre la sacralidad del proceso de acumulación de la riqueza. La realidad económica capitalista es despolitizada (cf. Zizek) en el discurso producido por el mismo régimen capitalista. Cada enunciado del sistema económico corporativo ha sido la negación real y concreta de su contenido político. El régimen fascista en colombia ha negado en la mesa de “negociaciones” el carácter político de su sistema económico. Y esa despolitización ha sido asumida: la guerra continúa; Estados Unidos continúa alimentando su maquinaria de guerra. Y la economía que la produce, también. Las raíces de la guerra imperialista en el mundo pretenden quedar a salvo de cualquier cuestionamiento al negar, en su propio discurso, la realidad política de la economía capitalista:

“…después de la Segunda Guerra Mundial […] cundía el descontento social en América Latina y grandes masas de la población empezaban a exigir nuevos derechos. […] En ese tiempo, al igual que hoy, América Latina era la región del mundo con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza y el ingreso, así como la más desigual en los patrones de tenencia de la tierra.”  (McSherry, 2010)

Como un componente fundamental de esta realidad, los Estados Unidos han promovido el terrorismo y el sometimiento de los pueblos a regímenes brutales. En un documento del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (U.S. NAtional Security Council Directive Nº 1002, de 1948, el mismo año del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Colombia, se lee:

“…la subversión contra los Estados hostiles […] así como el apoyo a elementos anticomunistas autóctonos… a ser realizada de tal manera que la responsabilidad de los Estados Unidos por las acciones no quede en evidencia ante personas no autorizadas y, de descubrirse, que el Gobierno de los Estados Unidos pudiese negar su responsabilidad en forma creíble”. (McSherry, 2010, p. 498)

Dos eventos ilustran, de una parte, cómo el modelo económico se ha radicalizado en la producción de la miseria y el terror al que ha sometido al pueblo colombiano; de otra parte, cómo el terrorismo ha sido una política de estado.

Tengo ante mí un artículo escrito por el intelectual León Valencia:

“Resumo en unas frases lo que todo el mundo sabe. Tenemos una aberrante concentración de la propiedad, quizás la más alta del mundo” (Valencia, http://www.semana.com, 2012) (La negrilla ha sido introducida)

Es bien poco lo que la pluma de los intelectuales alcanza a desvelar. El término “aberrante” ya había sido utilizado en 1961 por el estado colombiano:

“La estructura de la propiedad territorial ha adquirido un carácter que es aberrante” (Ministerio de Agricultura, 1961, pág. 16. La negrilla ha sido introducida). “Sólo una funesta ceguera puede desconocer los peligros que semejante estado de cosas necesariamente está engendrando.” (Ibídem, p. 17).

Por supuesto, la distancia entre la expresión del señor León Valencia y la del estado terrorista de 1961, respaldado por los estados unidos, son todas las formas represivas implementadas y las leyes promulgadas por el estado para conjurar los peligros que la rebelión popular ha significado para los intereses imperialistas. La preocupación del estado corporativo no es un acto de justicia frente a la injusticia. Profundizar, radicalizar la injusticia es la justicia del sistema económico y militar del capital en defensa de sus intereses. Y las leyes promulgadas han sido la legitimación del terrorismo, la consagración de la matanza para que los planes de desarrollo de cada gobierno se puedan implementar. Las leyes no abren el camino para las prácticas del terror: el terror ha antecedido a la promulgación de las leyes que han legitimado siempre al terrorismo de estado. Después de la declaración del estado en 1961 sobre la aberrante concentración de la tierra, llegó a colombia la comisión yarborough, de la escuela de guerra especial de los estados unidos, para sistematizar el ejercicio del terror bajo la bandera de los estados unidos:

“En febrero de 1962 se realizó una visita a Colombia por parte de miembros de la Escuela de Guerra Especial, de los Estados Unidos. Con esta fecha está clasificado el Informe de esa visita, elaborado por el General Yarborough, director de investigaciones de la Escuela de Guerra Especial de Fort Bragg, Carolina del Norte. El Informe iba acompañado de un Suplemento Secreto, en el cual se leen estos párrafos: «Debe crearse ya mismo un equipo en dicho país, para seleccionar personal civil y militar con miras a un entrenamiento clandestino en operaciones de represión, por si se necesitaren después. Esto debe hacerse con miras a desarrollar una estructura cívico militar que se explote en la eventualidad de que el sistema de seguridad interna de Colombia se deteriore más. Esta estructura se usará para presionar los cambios que sabemos van a ser necesarios para poner en acción funciones de contra-agentes y contra-propaganda y, en la medida en que se necesite, impulsar sabotajes y/o actividades terroristas paramilitares contra conocidos partidarios del comunismo. Los Estados Unidos deben apoyar esto«.  (Cinep, s/f)

En esta misma página consultada se cita, de otro aparte del informe titulado Los gobiernos de los Estados Unidos y el paramilitarismo colombiano, el uso en los interrogatorios a la población civil de «sodio, pentotal y uso de polígrafos… Para arrancarles información a pedazos«. (Ibídem). De esta manera el terror del estado antecede al surgimiento tanto del Ejército de Liberación Nacional ELN, como de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, entre otros, guerrillas que le dan continuidad y hacen parte de las diversas formas de resistencia popular ante la violencia estructural ejecutada racionalmente por las oligarquías en colombia. Ante la “aberrante” concentración de la tierra y los “peligros” que semejante situación estaba engendrando para los intereses imperialistas, el estado continúa por el camino de la violencia que, al ser una violencia planificada por el estado, lo determinan como un estado terrorista. Años después, en 1965, el estado promulgará los decretos que legalizan el modelo sanguinario que pervive hasta el presente.

De esta manera podemos ver cómo el modelo económico ha radicalizado el modelo en contra de las evidencias de la miseria y el terror al que se ha sometido al pueblo colombiano, y de otra, cómo el terrorismo ha sido una política de estado. En colombia, desde la perspectiva de los intereses del capital, el crimen ha sido la manera de cumplir la ley. Por esta razón, se puede aseverar que cada plan de desarrollo de cada gobierno se ha acompañado de multitudes de muertos y se levanta sobre su pedestal de infamia. Basta observar, luego de esta primera parte de este documento, la regularidad simbólica de los nombres de cada uno de los planes de desarrollo, desde 1974 hasta el presente, de los últimos nueve presidentes en Colombia (todo un novenario):

para cerrar la brecha (1974-1978), plan de integración nacional (1978-1982), cambio con equidad (1982-1986), plan de economía social (1986-1990), la revolución pacífica (1990-1994), el salto social (1994-1998), cambio para construir la paz (1998-2002), hacia un estado comunitario (2002-2006), estado comunitario: desarrollo para todos (2006-2010), prosperidad para todos (2010-2014), prosperidad social para todos (2014-2018), y continúa…

Por este camino de las promesas, colombia ha llegado a ser segundo en el mundo en población desplazada. Por este camino, este país ha superado en la práctica de la desaparición de personas a cualquier dictadura conocida en América Latina, incluyendo la desaparición de niñas como Katherine Bernal Rivera y Eliana Bernal Rivera, de nueve y cuatro años de edad. La promesa de bienestar nunca ha faltado. Nunca ha faltado como voz de un modelo económico-militar que ha situado a los pueblos bajo un sistema social caracterizado por la producción del terror y el sufrimiento. La promesa de bienestar, de progreso, de desarrollo, ha sido siempre una inmensa mortaja arrojada sobre la vida de la naturaleza y de los pueblos.

estados unidos siempre ha estado ahí, impulsando el desarrollo, la libertad, la democracia, con su napalm, con su raund up ultra, con su glifosato, con sus instituciones transnacionales disciplinarias que legitiman la expoliación: las naciones unidas, la oea, y demás instituciones que sirven de soporte a las acciones que reiteran la hegemonía imperialista:

Hoy en día la guerra global “preventiva”, teorizada y practicada por Estados Unidos y sus aliados occidentales más afines, parece una prótesis necesaria para el desarrollo de procesos de globalización que dividen cada vez más al mundo en rico y poderosos, por un lado, y pobres y débiles, por el otro…” (Zolo, 2007).

colombia es uno de los “aliados occidentales más afines” de los estados unidos en estas tretas del desarrollo, la libertad y la democracia. Y es un aliado muy importante en el avance y consolidación de la guerra global “preventiva”, si retomamos las palabras de Danilo Zolo, guerra global “preventiva”, no sólo de los estados unidos, sino del sistema-mundo capitalista en contra de los pueblos del mundo:

“…en carta a Juan Manuel Santos que se filtró, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, le recordó: “En la medida en que el conflicto vaya cesando y Colombia se mueva hacia una estrategia de seguridad más sostenible, organizaciones como la ONU y la OTAN se beneficiarían con un mayor involucramiento del país en operaciones de paz (…). Ya está ofreciendo usted una experiencia significativa en Centroamérica y el Caribe, mediante nuestro Plan de Acción en Seguridad Regional y con el acuerdo de intercambio de información con la OTAN, del 2013. Pero necesitamos a Colombia involucrada en más lugares” (http://bit.ly/1wBi8lD).” (Robledo, 2014)

La combinación de narrativas en apariencia puramente económicas (desarrollistas y neodesarrollistas) con estrategias militares y de control policivo (la economía es tan solo una de las formas de violencia ejercida en contra de los pueblos del mundo), puede ser claramente percibida en el siguiente texto:

“En la nueva geografía global, tropas colombianas ya actúan en Ucrania, en África y donde quiera que las necesite el imperio transnacional de la derecha capitalista. Además de esto, pasa legislación que ordena a zarpazos el despojo de campesinos y transfiere, sin límites de extensión tierras a poderosos propietarios nacionales y transnacionales. Esto significa desplazamiento, hambre y conflicto social para la mayoría y concentración de riquezas en menos manos. El conflicto armado negocia una paz de bolsillo para el terror, la guerra (esta vez globales) y para profundizar las causas que lo generaron. Pero Santos, quien se atreve así a más y peor que Uribe, no es denunciado ni resistido, porque sectores de la izquierda y del movimiento indígena, campesino y popular que ayudaron a reelegirlo, lo respaldan y protegen a cambio de la “mermelada” que les ha repartido. La derecha transnacional en guerra por riquezas y recursos contra los pueblos cuenta con Santos como modelo y recurso de terror militar, pero ello no sería posible sin respaldos que hablan lenguaje de lucha indígena y popular.” (Camino, 2014)

Esto explica el deseo expresado por juan manuel santos (en realidad, el destino impuesto por los estados unidos y por la unión europea) para que colombia sea el israel latinoamericano:

“Inclusive nos han acusado. ¡Ah! Es que ustedes son los israelitas de américa latina, lo cual a mí personalmente me hace sentir muy orgulloso.”  (EuropaPress, 2010), (Santos, 2010)

El sistema-mundo capitalista ya tiene, como es de conocimiento de la glamorosa comunidad internacional, su franja de Gaza, diseminada, no solo por todo el país, sino por diversas partes del mundo. En esta franja de Gaza el estado colombiano está aplicando, como históricamente lo demuestra la historia de la barbarie, todo su esmero en proletarizar campesinos y grupos étnicos (vía expropiación armada de la tierra), reducir drásticamente la población (miseria, masacres), conjugar megaproyectos en clave de atrocidades y construir sus cadenas productivas, aquellas denominadas por Mussolini corporaciones fascistas. No sé si sea suficiente decir que una vez cerrada la base de Manta en Ecuador, en Colombia se instalaron siete nuevas bases militares, previa la escalada del presupuesto de guerra en un 300%:

El también conocido ‘delfín’ del presidenteÁlvaro Uribe [juan manuel santos] ha dado su apoyo al acuerdo militar entre Bogotá y Washington con el queEstados Unidospodrá desplegar unos 1.400 soldados y contratistas en siete bases colombianas para actividades contra el terrorismo y el narcotráfico.

Según un estudio del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, divulgado la semana pasada, Colombia destinó en el año pasado para gasto militar el 3,7 por ciento de su PIB, lo que se traduce en 10.055 millones de dólares (8.405 millones de euros), el segundo país de la región que más dinero ha aportado a las actividades militares después de Brasil. (EuropaPress, 2010)

Luego de nueve presidentes contados desde 1974 y que nos han legado este horizonte de la historia que es un “cúmulo de ruinas”; luego de nueve presidentes contados desde 1974 y que nos han legado este horizonte de la historia que es una “catástrofe única”; luego de nueve presidentes contados desde 1974 y que nos han condenado a vivir esta tempestad que “es lo que llamamos progreso”, si recordamos las palabras de Walter Benjamin; luego de nueve presidentes contados desde 1974 y al cerrarse el noveno ciclo de negociaciones con las FARC en el año 2014, podemos leer que “es hora de exigir que la letra muerta de beneficio social de la Constitución y la Ley, resuciten, recobren vida, y sea cumplida por las elites empotradas en el Estado”(FARC, 2014).

El primer asesinado bajo sistemas de opresión es la palabra. ¿Quién habla para expresar la mutilación social que viven los seres humanos bajo un régimen de tortura? ¿Qué lenguaje expresa la realidad del mutilado? ¿Se está desmontando el sistema de opresión, las bases militares, las hordas de verdugos, la mesnada corrupta de los políticos, los intereses de las transnacionales, la realidad alienada de las universidades, de las iglesias y de los medios de comunicación? El primer asesinado bajo sistemas de opresión es la palabra. La letra muerta de la opresión no es la palabra del oprimido. “El lenguaje opresivo no es un sustituto de la experiencia de la violencia”, nos dice Judith Butler. El lenguaje opresivo “produce su propio tipo de violencia”, concluye. Retomando a la escritora Tony Morrison, Judith Butler cita: “el lenguaje opresivo […] es violencia” (Butler, 1997).

La letra muerta de la ley ha tenido la vida entre sus manos… La letra muerta de la ley ha tenido el destino de la vida entre sus manos… El sistema-mundo capitalista ha decidido, como sistema, sacrificar la vida de las maneras más atroces una y otra vez para salvaguardar sus intereses. ¿Qué le diremos a las semillas que son objeto de la letra muerta de la ley? Todo se deshumaniza, se desnaturaliza, se deshistoriza. Al ser que ha sido sometido a un proceso sistemático de deshumanziación se le llama “pobre”, “delincuente”, “terrorista”, “loco”, “enfermo”, “ilegal”. De lo que no necesita la vida es de la letra muerta de la ley.

  1. Para una elegía de la transgresión

Bajo la racionalidad del sistema-mundo capitalista todo debe ser objeto de dominio; toda forma de organización, toda forma de vida. Negación de lo que somos, afirmación de todos los desarraigos. La voz del sistema-mundo capitalista nos hace ser el territorio de todos los desarraigos. La promesa, como forma de dominio, afirma el desarraigo; el terror, como forma de dominio, afirma el desarraigo; la impunidad, como forma de dominio, afirma el desarraigo; la justicia, como forma de dominio, afirma el desarraigo. Desarraigados de nuestras vidas, extrañados de nuestra propia historia. El lenguaje del capital, como forma de dominio, estigmatiza: en el lenguaje del capital se es pobre, terrorista, subdesarrollado, enfermo, delincuente, loco, anarquista, víctima.

El lenguaje del capital, como expresión de la racionalidad de su dominio, constituye su propio orden clasificatorio: el tugurio, el hambre, el silencio, la muerte, la tortura, la ayuda, la cárcel, el manicomio, la calle, la crónica roja, la estadística; el lenguaje del capital mata: al obrero, al campesino, al estudiante, al maestro, a la mujer, al niño, al río, a la montaña, al camino, al árbol, al maíz, al agua.

En documento publicado el 12 de mayo de 2007 bajo el título Fosas comunes en el Putumayo, lo que la costumbre dice o calla, se plantea:

“Las fosas comunes son uno de los medios de construcción de la impunidad, son parte de la estrategia de encubrimiento, de ocultamiento y de falsación de la realidad. La tortura, la desaparición forzada, la eliminación física, preceden a la integración de cadáveres, su sepultura e inhumación en parajes dominados por las mismas estructuras criminales aseguran la impotencia, la paralización, el silencio.”

En esta perspectiva, las fosas comunes son, no solamente el lenguaje del terror que deja las huellas de un mensaje del capital sobre los territorios de los pueblos, sino que son, a su vez, uno de los medios desarrollados por el estado corporativo para la construcción de la impunidad. El terror y la impunidad son indisociables, no se pueden separar. Son los rasgos que caracterizan el monopolio de la fuerza que promulga el estado corporativo. La distancia creada por el capital entre terror e impunidad es administrada por las instituciones capitalistas. El terror y la impunidad garantizan al capital el acceso a los recursos; el terror y la impunidad garantizan al capital el hacer de todas las formas de vida una mercancía.

La impunidad es una premisa, una condición de la barbarie: la barbarie es legal, según las leyes del sistema-mundo capitalista. El contenido de las leyes del sistema-mundo capitalista es la barbarie. El estado promulga el monopolio de la fuerza; la promulgación de este monopolio de la fuerza está fundada en el ocultamiento de las irreconciliables contradicciones sociales, de las profundas asimetrías sociales, de las injusticias sociales, de las relaciones violentas de los opresores con los oprimidos; pero también en el ocultamiento de la historia de esta barbarie. Todo sistema de opresión se cubre con un manto de legalidad. La lucha contra la opresión, según el capital, es ilegal; el ejercicio de la opresión es legal. El oprimido, según el capital, no tiene derecho a liberarse.

El hallazgo de las fosas comunes no son un acto de justicia por parte del estado corporativo; es la afirmación de la guerra; es la afirmación de la eficacia represiva de la maquinaria del terror:

“Se olvida las fases de la estrategia paramilitar en Putumayo, no se nombran, descuido histórico. Allí en 1.989 sustentado en los Decreto 3398 de 1.968 antes de que quedaran sin piso legal, las “Autodefensas” tenían un foco de desarrollo en el Bajo Putumayo, cuando se ilegalizan ya existe una estructura básica como desarrollo de la estrategia nacional definida en Puerto Boyacá.” (Ibídem. La negrita ha sido introducida).

  1. Para una elegía de la transgresión

Es el mes de noviembre del año de 1999. En el suroccidente colombiano, varias decenas de miles de Negros, Campesinos, Indígenas, Mujeres, Desempleados, etc., bloquearon la carretera panamericana. El “plan Colombia” iniciaba su marcha: una nueva fase en las guerras del sistema-mundo capitalista se impuso sobre los territorios y los pueblos en colombia. El presidente de los estados unidos en ese momento era bill clinton. El referente de la lucha es la tierra, las semillas, los saberes tradicionales, la palabra, la diversidad de la palabra, la simbología del agua, la historia de las luchas populares. El referente no son los ideales de la revolución francesa de 1789; el referente es la lucha de los comuneros insurrectos de 1781, la quintinada, la mujer, el niño, el joven que murió escuchando cómo su nombre quedó como un nudo en el silencio; el referente no es el discurso hegemónico de los derechos humanos, el pensamiento de la colonialidad (Grosfoguel) que tiene a las superpotencias como fuente y referente de humanidad. El referente no es un pensamiento muerto como referente para la acción popular.

En el documento de sustentación del “plan colombia” ante el congreso de los estados unidos, el 11 de enero de 2000, dentro de los «cinco componentes» de «la contribución propuesta por los Estados Unidos», en primer lugar, para realizar la «ofensiva en las área sembradas de coca en el Sur de Colombia» (la negrilla ha sido introducida), se planteó, desde los estados unidos, la siguiente estrategia política, económica y militar:

«Ofensiva en las áreas sembradas de coca en el Sur de Colombia: … Con este paquete, la Administración propone financiar US$600 millones durante los próximos dos años para entrenar y equipar a dos batallones antinarcóticos especiales (CNBN), los cuales se moverán hacia el sur de Colombia para apoyar a la Policía Nacional de Colombia (PNC) mientras realizan su misión anti-narcótica. También proveerá inteligencia para los CNBN colombianos y ayuda para dar techo y empleo al pueblo colombiano que será desplazado durante esta ofensiva en el sur de Colombia.”(Clinton, 2000) (La negrilla ha sido introducida)

En realidad, si se lee con detenimiento lo citado referente a las fosas comunes en el Putumayo, sumado a las transnacionales allí asentadas explotando los recursos, y a la biodiversidad de la zona, el discurso antinarcótico planteado por los estados unidos les ha permitido ejecutar, con la movilización de todos sus recursos militares, el desplazamiento forzado de la población. El discurso de la colonialidad imperialista del “plan colombia” ha sido impuesto con un tinte, bastante efectivo en algunos casos, del discurso de la ayuda humanitaria, que es un discurso “de embellecimiento de la modernidad” (Grosfoguel, 2014): “…y ayuda para dar techo y empleo al pueblo colombiano que será desplazado durante esta ofensiva en el sur de Colombia.” Como tragedia para los pueblos del suroccidente colombiano y para los pueblos del continente, durante la movilización de noviembre de 1999 hubo (también) peticiones de recursos para ser invertidos en compras de tierra destinada a los pueblos campesinos… mientras la maquinaria de guerra se movilizaba para desplazarlos, para masacrarlos como mensaje del capitalismo, como mensaje del sistema-mundo capitalista, como acción hegemónica de la matriz productiva en tiempos de la globalización:

Esta propuesta es un paquete equilibrado y comprensivo que costará US$1.300 millones durante dos años, para apoyar las actividades anti-narcóticas, el desarrollo económico alternativo, la vigencia de la ley, los derechos humanos, el buen gobierno y la reubicación de los desplazados.”(McCaffrey, 2000) (La negrilla ha sido introducida)

¿Cómo separar la guerra de la economía en el sistema-mundo capitalista? ¿Cómo separar la guerra, la economía y los discursos de embellecimiento del capitalismo? No habrían de pasar seis años para que se tuviese noticia de cómo la guerra que se libra en colombia, de una parte, no es un conflicto interno, aislado del sistema-mundo capitalista; de otra parte, al hacer parte del sistema-mundo capitalista, hace parte, necesariamente, de las dinámicas económicas y militares globales, contribuyendo al ejercicio de la opresión y de la producción de la desigualdad. En su momento (año 2000), apuntalaron el sistema de barbarie ejecutando la continuidad de la guerra imperialista en contra de los pueblos en colombia; hoy, impactan el costo del mercado de mercenarios, agencian la opresión, la represión y la barbarie entrenando organizaciones policivas y militares en países de Centro, Suramérica y África bajo la tutela y acuerdos con los estados unidos. Hoy, bajo el epígrafe de “conflicto interno”, se ha venido preparando una fuerza represiva ejemplar de acuerdo a los cánones del sistema-mundo capitalista. Al respecto, basta citar, del año 2005, el caso de la empresa EPI Security and Investigation, la cual, junto a las temibles Dyncorp y Blackwater, dominan el mercado de mercenarios en el mundo. Es pertinente fijarse en la relación plan colombia y los conflictos en el mundo que serán alimentados con mercenarios colombianos; santos ya tiene su Franja de Gaza, y Colombia, que es el Israel de Suramérica, cumplen su papel en el sistema-mundo capitalista:

“Jeffrey Shippy, dueño de la firma [EPI Security and Investigation], dice que sus hombres, dueños de una experiencia que solo puede ofrecer la intensidad del conflicto colombiano, están dispuestos a cumplir misiones de seguridad en Irak por salarios mensuales de entre 2.500 y 5.000 dólares. Los estadounidenses cobran 10.000 dólares.

Esa oferta ha generado molestia en congresistas de E.U. no solo porque altera la balanza de precios del mercado de mercenarios internacionales, sino porque según el aviso, hicieron parte de los programas de capacitación pagados por ese país a través de estrategias como el Plan Colombia.

Según un artículo de Los Ángeles Times, la representante Janice Schakowsky considera que estos hombres se han beneficiado de la inversión de los contribuyentes estadounidenses para terminar ahora al servicio de firmas contratistas.

Para ella se trata de una “triangulación perversa”, pues luego E.U. tiene que financiar los reemplazos de estos soldados colombianos que abandonan la institución en busca de mejores salarios.”(http://iarnoticias.com, 2005) (La negrilla ha sido introducida)

Es Tarea urgente descolonizar el pensamiento. Cada vez que se asume el lenguaje impuesto por el capital, somos lo que ellos determinan que seamos; dejamos de ser lo que la historia de las luchas populares determinan como nuestro existir. Destrozadas las comunidades, rotas sus relaciones con la tierra, destruidos los referentes simbólicos y materiales de sus culturas, hemos sido desperdigados por el mundo, aventados al azar por los intereses del sistema-mundo capitalista, de los estados capitalistas, aventados por la fuerza de las armas a los campos de concentración de la marginalidad, a las cárceles de la miseria, a la esquizofrenia verbal con la que el capital aniquila la memoria de las formas de organización y de lucha de los pueblos. Cada vez que decimos desarrollo, cada vez que decimos democracia, cada vez que decimos derechos humanos, invocamos el discurso imperialista de occidente, el discurso de la colonialidad que nos aplasta, el discurso de la colonialidad que nos oprime. Es necesario un movimiento de descolonización del pensamiento. No es un artificio retórico de mala fe el anunciar el desplazamiento forzado de la población y, al mismo tiempo, el anunciar la “ayuda para dar techo y empleo…”, etc. Este es “el rostro oscuro de la modernidad.”(Grosfoguel, http://www.tercerainformacion.es, 2014).

El sistema-mundo capitalista nos llenó de fosas comunes, de paramilitares en el congreso, en la presidencia de la república, en las universidades. Porque el discurso del terror, los discursos colonialistas vienen desde 1492 cuando occidente implantó su pensamiento, sus prácticas, pensamiento y prácticas que son el martirio para los pueblos del continente. Y ese pensamiento ha ido depurándose hasta hacerse hoy la llamada globalización, los llamados derechos humanos: “…ayuda para dar techo y empleo…” Si no nos desplazan sus ejércitos, ¿qué tendrían que darnos? Si no nos asesinan sus ejércitos, ¿de qué derechos humanos nos hablan? Si no destruyen nuestro pensamiento sus ejércitos, ¿en qué desarrollo nos adoctrinan? Si no destruyen la biodiversidad privatizando la vida, ¿con qué transgénicos nos matan?

Era, por aquél año de 1999, presidente de los estados unidos bill clinton. Y anunció dos cosas de una misma política: el desplazamiento forzado de la población y la ayuda humanitaria para esa misma población previamente desplazada por las acciones de guerra de los ejércitos de la colonialidad. Mientras los pueblos movilizados del suroccidente luchaban, las palabras del capitalismo movilizaron sus ejércitos; los discursos hegemónicos del capital desposeían del poder sobre sus vidas a los movilizados. Nos mataron con los fusiles de sus pensamientos; nos mataron con las ojivas de sus estilográficas; nos mataron con sus palabras. Este es el “norte revuelto y brutal que nos desprecia.” (Martí, 1891). Hoy, en este año de 2014, el señor bill clinton fue invitado por juan manuel santos, el presidente de esta ficción jurídica que se llama colombia. Y dijo, de nuevo, porque ya han asentado sus bases militares y triplicado el presupuesto de guerra hace muy pocos años; porque han nombrado dos veces a un criminal de presidente; porque lo ha sucedido otro miembro honorable de la jauría; y dijo, de nuevo, el señor clinton:

“Creo que lo más importante que pueden hacer es tomar a la población más afectada y a otras personas que han sido marginadas en Colombia y traerlos al círculo de oportunidades (…) Hay que dar a las personas una razón por la cual mirar al futuro. Una de las razones por las que las personas hacen hincapié en el resentimiento del pasado es que piensan que el mañana será como el ayer. La pobreza es un problema gravísimo, pero quedarnos quietos mata el alma”. (Semana, 2014) La negrita ha sido introducida.

¿Quién debe “tomar a la población más afectada”? ¿Cuál es la población más afectada? Han pasado, desde el 11 de enero del año 2000, catorce años de la “sustentación” del plan Colombia ante el congreso de los estados unidos. ¿Cuál es la población más “afectada”, señor clinton? “…y ayuda para dar techo y empleo al pueblo colombiano que será desplazado durante esta ofensiva en el sur de Colombia”. ¿La población que ha sido enterrada en las fosas comunes en el putumayo? ¿La que ha sido objetivo de la violencia de los batallones creados por el plan colombia, incluidos sus batallones paramilitares? ¿La población que ha sido violentada por la política trazada en los estados unidos y aplicada por la comisión yarborough en la década de los años sesentas? ¿La población que ha sido violentada por la alianza para el progreso con su trasfondo “contrainsurgente”? ¿La población que fue objeto del despojo de sus parcelas para generar una concentración “aberrante” de la tierra? ¿La población que ha sido violentada por la denominada “revolución verde”? ¿La población que ha sido violentada por la operación colombia trazada por el antiguo misionero del banco mundial, lauchlin currie? ¿ La población que ha sido violentada por el plan colombia diseñado por los estados unidos e impuesto por más de una década a los pueblos latinoamericanos? ¿Quién debe tomar a la población más “afectada”? ¿Aquellas instituciones especiales, filantrópicas y eugenésicas de las que hablaba mussolini? ¿La población más “afectada”/violentada es aquella que no cabe como pieza de la maquinaria capitalista en las cadenas productivas o en los servicios ambientales? ¿La población más “afectada” es la que está siendo violentada por la nueva matriz productiva de los transgénicos y las cadenas productivas? ¿La población más “afectada” es esta, la que no tiene las patentes de las semillas, patentes que están en manos de Monsanto, Dupont y Syngenta, por ejemplo? ¿La población más “afectada” es la que ha sido fumigada con glifosato, el mismo que es producido por Monsanto? ¿La población más “afectada” es esta, la que no recibe 15 millones de dólares como los que pagó el estado colombiano a Ecuador para evitarse perder una demanda internacional por la violencia de la fumigación ejecutada en contra de las poblaciones que se encuentran Del otro la’o de la raya? Dos citas evidencian la trama, las interrelaciones de los intereses transnacionales, así como el inexistente interés por ir más allá del sistema económico político y militar que se alimenta de la opresión de los pueblos del mundo, lo cual sería, como dijese el sacerdote Camilo Torres Restrepo, “un absurdo sociológico”. El 14 de septiembre de 2013, la periodista Marta Ruiz, en la columna habitual que publica en la revista Semana, expresa:

Me alegra que los ecuatorianos tengan un gobierno que protege su salud y su medio ambiente, y que hayan logrado que el Estado colombiano se asegure de no regarle a su gente con glifosato, y que reciban los muy merecidos 15 millones de dólares de reparación para quienes sufrieron con sus efectos.

Tristemente, el Gobierno que reconoce haberle hecho daño a Ecuador, al conciliar la demanda ante la Corte Internacional de Justicia, tiene la desvergüenza de seguir fumigando a su propia población. Todo para cumplir con la agenda de Washington. Perdón, la de Monsanto, porque al gobierno de Estados Unidos realmente el tema ya no le importa mucho.

(…)

Desde cuando la infame práctica de las fumigaciones comenzó en Colombia, decenas de miles de campesinos se opusieron a ella. No han valido las marchas reprimidas a plomo, ni el cabildeo, ni los debates políticos, ni las evidencias científicas. Mucho menos los testimonios directos de periodistas y funcionarios que en terreno hemos visto cómo este veneno acababa con los cultivos de pan coger.

Los Gobiernos siempre se han sacado de la manga a científicos que hablan de la inocuidad del veneno. Claro, ninguno de estos científicos regaría su huerta con glifosato. Como Santos no regaría con él sus campos de golf ni su finca de Anapoima. Pero como se trata de los ciudadanos de segunda del Putumayo, o de los que siempre llevan el mote de milicianos o guerrilleros de Caquetá o Catatumbo, entonces ¡que llueva! ¿A quién le importa?  (Ruiz, 2013)

Es tan “natural” que las marchas campesinas sean “reprimidas a plomo”, que esto se puede publicar (muy bien por hacerlo) pero que no suceda nada; que la transnacional monsanto, o syngenta, o texaco, etcétera, continúen aplastando la vida de los pueblos enarbolando la bandera del pirata, del asesino, del usurpador, y que el supuesto estado continúe su oficio de apantallar los dictados de washington o de la unión europea. Sobre este horizonte de la explotación de los recursos, del desplazamiento forzado, de la desaparición de personas, de la tortura, es que se desarrollan las cadenas productivas y los servicios ambientales.

El segundo documento citado es el titulado Al otro la’o de la raya(Afrodescendientes, 2012). En el fragmento citado encontraremos, en primer lugar, la violencia ejercida sobre los pueblos mediante el cultivo de la palma, como parte de la implementación del modelo económico transnacional con todo y cadenas productivas; en segundo lugar, la avanzada de las compañías e industrias monopolizando la tierra; en tercer lugar, las nuevas formas de esclavitud; en cuarto lugar, los pueblos fumigados con glifosato:

Nadie está preocupado, ni las instituciones del Estado tienen interés en conocer cuántas familias fueron desplazadas de sus tierras ancestrales por la violencia de los sembradores de la palma.(Ibídem, p. 24)

Los cambios que estamos viviendo en las comunidades se dan porque, en los últimos años, llegaron muchas compañías de otras partes buscando tierras para sus industrias. (Ibídem, p. 24)

Esto de la pérdida de los territorios es una cosa muy triste porque la gente pobre sin sus tierras se hace más pobre. Además, esta situación que está viviendo la gente los obliga a busca trabajo con la misma gente que les quitaron las tierras. Entonces con esta situación los palmeros y los mineros alegan que dan trabajo. Pero el trabajo que esta gente da a los que antes fueron dueños de las tierras es un trabajo que más parece escalvitud. . (Ibídem, p. 24)

Todos conocemos los males que para nuestras comunidades trajo esto de las fumigaciones. (Ibídem, p. 26) (La negrita ha sido introducida).

El sistema-mundo capitalista continúa su marcha. Las transnacionales gobiernan el planeta. La democracia es una fábula siniestra. Por el año 2004, uribe vélez clausura el XXXIV congreso de fedepalma enalteciendo en su discurso “las alianzas productivas que se han hecho entre grandes empresarios y campesinos”(vélez, 2004) y las califica como “formidables”. El objetivo real, cultivo a gran escala de palma en el pacífico. En otras palabras, imponer las cadenas productivas en los territorios ancestrales de las comunidades negras para imponerles el cultivo de palma africana. Y lo dijo de esta manera:

“Rogaría [al ministro] que haga una cuarentena de los empresarios de Tumaco y los compatriotas afrodescendientes y no los deje levantar de la oficina, donde los encierre, hasta que lleguen a un acuerdo. Tiene que ser así, esto si no es con perseverancia no… Enciérrelos allí y entonces propóngales como case, que el Estado aporta, que lleguen ellos a unos acuerdos sobre uso de esas tierras y el Gobierno aporta recursos de capital de riesgo. Y propóngales una fecha y les dice: ‘señores, nos declaramos en cónclave y de aquí no salimos hasta que tengamos un acuerdo’.” (Ibídem)

Sin embargo, los mismos personajes ponen sobre la mesa, paso a paso, la historia de la expoliación, presentándola como un avance, como un ejemplo a seguir, como una situación digna de alcanzar. Cuando dicen “desarrollo”, cadenas productivas, servicios ambientales, enarbolan los símbolos que nos oprimen. ¿Cuál fue el símbolo con el que lanzó sobre latinoamérica el discurso de libertad, igualdad, fraternidad, la revolución francesa?: la guillotina. ¿Cuál es el símbolo de los estados unidos en Vietnam?: el agente naranja. ¿Cuál es el símbolo de los intereses norteamericanos en el plan “colombia”?: el glifosato. ¿Cuál es la base subjetiva de esta jauría de símbolos?: el terror, el desarrollo y la filantropía.

No me adentraré en los elementos simbólicos que estructuran la narración de uribe vélez, donde se combinan elementos carcelarios y panópticos (“encierre”, “enciérrelos”); asépticos, de limpieza, de eugenesia (“haga una cuarentena”); religiosos, carácter sagrado del discurso oficial (“nos declaramos en cónclave”); territoriales (“oficina” del estado vs. Territorios de las negritudes); histórico, control del tiempo (“propóngales una fecha”); racialización/inferiorización (“compatriotas afrodescendientes”); modo imperativo de la narración (“rogaría”, “haga”, “no los deje levantar”, “tiene que ser así”, “enciérrerlos”, “no salimos hasta que tengamos un acuerdo”). El fondo:  el “uso de esas tierras” según las dinámicas del sistema-mundo capitalista.

De esta manera, la guerra en colombia es parte de las dinámicas del sistema-mundo capitalista. El desplazamiento se diseña en washington, el terror, la desterritorialización de los pueblos; la organización de la economía de acuerdo a la división internacional del trabajo en el sistema-mundo capitalista, los tratados de libre comercio, la dependencia, la desigualdad social, son la expresión del destino trazado para los pueblos en el marco de las dinámicas del capital. La guerra y la paz son dinámicas constitutivas del sistema-mundo capitalista; no son realidades que se excluyen, ni situaciones antagónicas. La paz es la aceptación pasiva de la violencia, o la imposición brutal del papel periférico en el sistema-mundo capitalista bajo relaciones de opresión y con profundos niveles de desigualdad social generados en el marco de este sistema-mundo capitalista. La guerra es la aceptación pasiva de la violencia, o la imposición brutal del papel periférico en el sistema-mundo capitalista bajo relaciones de opresión y con profundos niveles de desigualdad social generados en el marco de este sistema-mundo capitalista.

En el nombre de Nadie, en presencia de Ninguno, entrego a la Madre Tierra y a la voz combatiente de las semillas, este escrito.

Humberto Cárdenas Motta

Antropólogo y poeta

“PD: A todos los “luchadores” de salón, los humanistas profesionales, los personajes “sensibles” de la intelectualidad y del espíritu, de antemano: Iros al carajo.”

Nikos Romanós

No nos digamos mentiras: la paz en Colombia depende de EE.UU., así como la guerra dependió de Washington.

Alfredo Molano Bravo

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