Elecciones 2008 – Analisis de resultados

Elecciones generales 2008: análisis de resultados

En mi opinión, en este proceso electoral se han alcanzado varios hitos que van a significarlo especialmente. Son estos:

1) La consolidación del bipartidismo.

Claramente este año 2008 va a ser el de la consolidación del bipartidismo en España. Las cifras son claras: dos partidos PP y PSOE, acaparan el 92% de los escaños con el 84% de los votos.

A nivel nacional prácticamente ya no tienen relevancia los demás partidos. La enorme fragmentación del voto alternativo, junto al antidemocrático reparto de escaños, han anulado al resto de los partidos políticos.

Tan sólo los nacionalistas tendrán un papel que desempeñar en el futuro: el proporcionar, por un precio, los escaños necesarios para que el partido vencedor alcance la mayoría necesaria para gobernar.

Y lo peor: la evolución de los resultados nos muestra que hay bipartidismo para rato.

2) El fin de la izquierda.

Izquierda Unida, antaño Partido Comunista, agoniza. La pésima labor de sus últimos dirigentes ha permitido que el veneno del voto útil haya hecho por fin su efecto. Con un 3,8% de los votos, el resultado más bajo de su historia, y dos míseros escaños, en Madrid y Barcelona, IU ha doblado la rodilla. Casi con total seguridad, no volverá a levantarse.

Es cierto que a mediados de los años 80 IU pasó por una crisis de resultados aparentemente similar a la actual, pero la situación no es la misma. En el 89 tenía a Anguita y una gran cantidad de afiliados y simpatizantes.

Hoy, 20 años después, no tiene ni una cosa ni la otra. La renovación generacional está jugando en contra de IU.

Personalmente no comulgo con muchas de las actuaciones de los políticos de IU ni con algunas partes de su programa. Pero, a pesar de ello, pienso que la desaparición de IU no será buena para los españoles. Sin el contrapeso de la izquierda, los dos partidos mayoritarios acabarán por derivar, cada vez más, hacia políticas de “derechas”.

Hace tiempo me dijo un votante socialista, que para él la cuestión se había reducido a elegir «entre la derecha y la extrema derecha«. Con la “defunción” de IU, cada vez más votantes “de izquierda” lo percibirán así.

3) Un cohete llamado UPyD.

Han sido las elecciones de la irrupción de UPyD en el panorama político. UPyD ha sido vendido, en un sector de los medios de comunicación, como una opción regeneracionista ante el evidente deterioro de nuestro sistema político. Y no cabe duda que ha tenido éxito. Un partido creado en unos meses ha alcanzado los 300.000 votos y ha obtenido un escaño en Madrid.

Sin embargo no hay motivos para pensar que UPyD va a ser algo más que una flor de un día. Su único escaño no va a permitir regenerar absolutamente nada, y eso, junto al voto útil, acabará por marchitar, tarde o temprano, el sueño regeneracionista de sus votantes. Dentro de unos pocos años UPyD no será más que una anécdota.

4) El descenso del voto en blanco.

En la gráfica de la izquierda se puede apreciar la evolución del voto en blanco desde los inicios del régimen (he añadido al voto en blanco los votos a los partidos instrumentales que piden el voto en blanco computable: Ei-Add , ABLA y CenB).

El voto en blanco no había dejado de subir desde las primeras generales de 1978 hasta las pasadas elecciones de 2004. Pero este 2008, por primera vez, ha caído. De 450.000 votos a 306.000. ¿La causa? Fundamentalmente, UPyD. Muchos descontentos que acudieron a las urnas, en el 2004, sin fe en ningún partido, han encontrado esta vez uno en el que creer.

Pero esta fe, sin los milagros prometidos, no durará. El voto en blanco volverá a crecer.

A menos, claro, que los mandamases se saquen algún otro as de la manga para seguir engatusando a los desencantados.

5) La bajada del censo electoral.

También por primera vez, ha bajado el censo, hay casi 700.000 españoles menos con derecho a voto que en el 2004. El descenso de la natalidad empieza a mostrar sus efectos.

6) El reparto desigual votos-escaños.

El reparto discriminatorio de los escaños ha sido la tónica de todas las elecciones generales, por lo que en sí mismo ya no es noticia. Lo que sí es noticia es que, después de 30 años de supuesta democracia, todavía siga ocurriendo: todavía existen ciudadanos de primera, de segunda y de tercera, y otros que no llegamos ni siquiera a eso.

Un total de 31 escaños estarán ocupados por un diputado que no ha sido elegido por los ciudadanos. Esos diputados se los repartirán los cinco partidos que estarán sobre-representados en el Congreso: PSOE (+16.3 “diputados” de más), PP (+12.6), PNV (+1.8), CIU (+0.3) y Na-Bai (+0.2).

Los ciudadanos a los que arrebatan su representación son los que han votado a IU (-11.3), en blanco (-3.9), UPyD (-3.2), ERC (-1.1), BNG (-0.9), Coalición Andalucista (-0.9) y así hasta completar los 97 partidos que han recibido votos estas elecciones.

Como curiosidad, comentar que esta discriminación sostenida en el tiempo no es inocua, hace mucho daño, va debilitando paulatinamente la poca democracia que pudiera quedarnos en España. Cada vez más ciudadanos, al ver que sus votos valen menos que los de los demás o directamente son inútiles, cambian su opción de voto. Votan a partidos por los que no se sienten representados, pero cuyo voto tiene un mayor valor (al peso, en “cantidad de diputados”). Así, obtienen cantidad (de diputados) pero sin calidad (no se obtienen resultados). Es la trampa del voto útil, pero desgraciadamente cada vez más ciudadanos caen en ella. El crecimiento del bipartidismo es consecuencia directa de este hecho.

7) La democracia en cifras: indicadores de participación.

He querido terminar este análisis tratando de aportar unos indicadores que nos permitieran conocer cómo de democrático es nuestro sistema político.

Para ello, he utilizado el factor esencial que caracteriza una democracia: la participación de los ciudadanos en el gobierno. He intentado cuantificar, aunque de forma aproximada, este factor.

En España, al tener una democracia representativa, los ciudadanos que participan son los que están representados en los distintos órganos de decisión. Si ignoramos el Senado, que es un órgano decorativo que no tiene ningún poder de decisión en nuestro país, nos queda el Congreso. Para saber qué ciudadanos están representados en esta cámara, he sumado los votos de los que, acudiendo a las urnas y depositando un voto válido, han obtenido representación en su circunscripción. De esta forma, por ejemplo, los votos a IU fuera de Madrid y Barcelona no se contabilizan, ya que realmente han sido votos inútiles que no han dado ninguna representación a sus votantes.
El resultado que se obtiene es este:

Es decir, en nuestra “democracia”:

– 2.073.111 ciudadanos (8,2%) depositaron un voto válido y no estarán representados en el Congreso. Son más de dos millones de votos tirados a la basura.

– 10.596.124 ciudadanos (31,3% del censo electoral) que votaron válido, nulo o se abstuvieron, no estarán representados en el Congreso. Casi un tercio de los españoles excluidos del poder legislativo, donde idealmente deberíamos estar representados todos.

– Si el PSOE y CIU finalmente pactan para formar gobierno, será el gobierno de tan sólo el 34,9% de los ciudadanos. El poder ejecutivo respaldado por poco más de un tercio de los españoles.

Resumiendo: la democracia sólo alcanza al 68,7% de los españoles. Y nuestro gobierno lo es del 34,9%.

Estos son los números de nuestra “democracia”.

NOTA sobre el cálculo de los indicadores de participación

Hay varios factores que no he podido tener en cuenta:
1) La representación de los ciudadanos no es igualitaria: nos movemos desde los 15.510 votos que le han bastado al PP en Melilla para obtener un diputado, hasta los 163.633 votantes de IU en Madrid por ese mismo diputado. Por ello habría que introducir en estos indicadores un factor de corrección por la proporcionalidad desigual del reparto de escaños. No lo he hecho por la complejidad y porque no sería demasiado significativo.

2) Tampoco se tienen en cuenta los ciudadanos que votan a partidos que no les representan. Y este dato sí sería enormemente significativo. Entre los más de 21 millones de votantes al PP y al PSOE hay muchos, posiblemente millones, que no se sienten representados por esos partidos y por tanto disminuirían considerablemente el número de españoles verdaderamente representados.

3) Una parte de la abstención es abstención
satisfecha. Es decir, que están contentos salga quién salga y se les puede considerar representados por todos los diputados elegidos. Habría que sumarlos a los españoles representados.
Estos dos últimos factores no pueden ser incluidos en el cálculo porque son imposibles de cuantificar, no hay datos que nos permitan conocer sus números.
Por ello los indicadores obtenidos son valores aproximados y hay que utilizarlos con la precaución necesaria.

Pero, a falta de otros mejores, tendrán que valer.
Aunque sea de forma orientativa.

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