El voto útil para el poder económico

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Por Jorge Cappa

Resulta paradójico y significativo observar cómo Pedro Sánchez, durante toda la campaña electoral, no ha dejado de llamar a Ciudadanos “derecha” y miembro del “trío de Colón” (junto a PP y Vox) pero no ha querido o no ha podido descartar un futuro pacto con ese partido.

Durante los dos debates políticos televisados, Pablo Iglesias preguntó en varias ocasiones a Pedro Sánchez si pactará con Ciudadanos tras las elecciones. En el primero de ellos lo único que encontró como respuesta fue el reiterado silencio de un Sánchez que se limitó a mirar a Albert Rivera y decir “Qué decepción” cuando el de Ciudadanos insistía, con marcada sobreactuación, que no pactará con Sánchez.

En el segundo debate lo que Pedro Sánchez dijo es que “No está en mis planes pactar con un partido que ha puesto un cordón sanitario al PSOE”. Esto, entendido esforzadamente por algunos medios de comunicación como una negativa a pactar con los de Rivera, lo que en realidad refleja es que un posible pacto depende de que Ciudadanos cambie su discurso. Si lo hace y tiende puentes con el PSOE, es posible.

No sería, claro está, el primer pacto a nivel nacional entre PSOE y Ciudadanos, tras su acuerdo firmado en 2016 y a la postre fallido por la lógica negativa de Podemos a aceptarlo, pues el propio Albert Rivera había delcarado que su acuerdo incluía “el 80% del programa de Ciudadanos”. Un programa de derechas, obviamente.

Era aquella una época, como confesó el propio Pedro Sánchez meses después en el programa de televisión `Salvados´, en la que recibió presiones de poderes económicos y mediáticos para que no formase Gobierno con Podemos y sí se abriese a negociar con Ciudadanos.

Ahora hemos sabido que aquella era también una época donde las cloacas del Estado funcionaban a toda máquina, inventando informes falsos sobre Podemos y Pablo Iglesias que repartían a medios de comunicación ávidos de publicar noticias falsas que perjudicasen, incluso más que a la formación morada en sí, a un posible acuerdo de Gobierno del PSOE con Podemos.

Resulta evidente, entonces, que tras las elecciones de este domingo el poder económico volverá a forzar, dentro de las posibilidades que permita el resultado de las urnas, para que PSOE y Ciudadanos vuelvan a cerrar un acuerdo que evite la llegada de Unidas Podemos al Gobierno.

No sería problema alguno para los de Rivera incumplir su reiterada promesa electoral de no pactar con el PSOE. No sólo porque ya lo hizo en 2016 sino porque también, después de decir que “jamás” harían presidente a Rajoy, Ciudadanos votó un enérgico “Sí” a su investidura.

Ciudadanos es especialista en incumplir su palabra cada vez que es necesario para el poder económico que lo financia y además tiene muy claro su objetivo, como se le escapó en 2016 a Begoña Villacís, su líder y portavoz en el Ayuntamiento Madrid: “Nuestro principal interés es que Podemos no entre en el Gobierno”.

Y no es casual que ni el poder económico ni su herramienta política quieran que haya un Gobierno donde esté Podemos, porque saben que Podemos puede forzar al PSOE a llevar a cabo medidas progresistas que, beneficiando a una mayoría social, perjudicarán los intereses particulares de los principales grupos económicos del país.

Si bien Unidas Podemos, en los diez meses que ha durado el Gobierno del PSOE tras la moción de censura a Rajoy, ha logrado la subida histórica del salario mínimo de los trabajadores hasta los 900 €, ahora pretende que este llegue a los 1200 €, y en su programa electoral se incluyen muchas otras medidas que escandalizan al poder económico, como son la actualización por ley de las pensiones al IPC, eliminar contratos temporales de un mes, recuperar los más de 40.000 millones de euros que aún deben los bancos al Estado tras su rescate bancario, crear una banca pública a partir de Bankia o crear una empresa pública de energía para competir con los oligopolios y así lograr bajar el precio de la luz, que no deja de subir y es uno de los más altos de toda Europa.

Para que eso ocurra hace falta que Unidas Podemos forme parte del Gobierno y así obligue al PSOE a girar a la izquierda.

Un PSOE que en su corto periodo en el Gobierno tras la moción de censura a Rajoy ha incumplido la promesa que hizo Pedro Sánchez tras ser elegido Secretario General de su partido: “Lo primero que hará el PSOE será derogar la reforma laboral de Rajoy, para recuperar los derechos de los trabajadores”. No sólo no ha sido así sino que ahora ya no hablan de derogar sino de “retocar” la reforma laboral del PP.

Otros puntos negativos del Gobierno del PSOE tras la moción de censura a Rajoy han sido su rechazo a suspender la venta de armas a la sanguinaria dictadura de Arabia Saudí porque según Sánchez “hay que defender los intereses de España”, y su lamentable intento de lección de democracia a Venezuela, al instar a Nicolás Maduro a “convocar elecciones en un plazo de ocho días”, en un injerencismo insólito hacia otro país soberano y además por parte de un país, España, cuyo jefe de Estado no se elige en las urnas sino por fecundación.

Tampoco ha hecho nada el PSOE por derogar la Ley Mordaza ni por exigirle a la Banca que devuelva al Estado el dinero prestado en el rescate bancario.

Ante este PSOE que cede a las presiones de los poderes económicos y mediáticos y que cuando gobierna es excesivamente tibio, no es extraño que el CIS, en su último barómetro antes de las elecciones, estimase que más de 850.000 personas están dudando entre votar al PSOE o a Ciudadanos, pues lo cierto es que al final son partidos que tienen más en común de lo que parece.

España está en un momento crítico donde las cifras de desempleo y pobreza son de las más altas de la Unión Europea, donde están en riesgo los servicios sociales y donde además tiene la amenaza de la ultraderecha asomándose con su guadaña.

El país necesita que se lleve a cabo un amplio programa de medidas sociales y el “voto útil” que pide el PSOE se podría acabar traduciendo en que Unidas Podemos tenga pocos diputados y esto facilite un pacto de derechas del PSOE con Ciudadanos en pos de la “gobernabilidad” y “por el bien de España”, que lo que haría sería salvaguardar los intereses del poder económico que, por otra parte, es quien financia la campaña electoral de todos los grandes partidos políticos a excepción de Unidas Podemos, que se financia mediante microcréditos que solicita a militantes y simpatizantes y que les devuelve cuando reciben las subvenciones del Estado proporcionales a la representación parlamentaria conseguida.

España necesita que este domingo electoral Unidas Podemos esté fuerte en las urnas y tenga muchos diputados, para que así tenga capacidad de presionar al PSOE y formar un Gobierno inequívocamente progresista. Ese es el verdadero voto útil, el que logre que se apliquen medidas en favor de la mayoría social.

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