El viejo Fidel

 

La noche del 22 de junio de 2001, víspera del mareo en el masivo mitin del municipio habanero Cotorro, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, de pie, habló largo y tendido con un grupo de periodistas latinoamericanos y caribeños. Lucía cansado, y no lo ocultó; mas se resistía a cortar el diálogo iniciado minutos después determinar el simbólico programa Mesa Redonda, en el estudio del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

Vestido de su eterno uniforme militar verde olivo, habló sin rodeos, coloquial. Preguntó. Contestó. Explicó. Sin retorcimientos ni poses ni ínfulas de todopoderoso. En tono bajo, susurrando siempre, tuteó a cada periodista y le increpó por aspectos puntuales de los países de origen.

“Sí, estoy un poco cansado; he trabajado mucho con el caso del niño Elián, y ahora he estado investigando mucho sobre los cinco héroes… Mañana vayan al Cotorro, están invitados, voy a hablar de eso”.

Por lo tenue de su expresión y porque pensé que nadie le copiaba, su invitación a la concentración me pareció un cumplido de político. Pero no fue así. Al día siguiente, temprano, nos recordaban “la invitación del comandante” y de los asientos preferenciales ya reservados para aquella mañana insoportablemente calurosa. Tan calurosa que, antes de su desmayo mientras discurseaba, varios jóvenes agobiados por la alta temperatura habían corrido la misma suerte.

Un periodista le preguntó: Comandante, ¿por qué, siendo usted un hombre aguerrido, sin miedo, que bajó de la Sierra Maestra a sangre y fuego, ahora, con los casos Elián y los cinco cubanos apresados allá y acusados de espionaje y conspiración, muestra una actitud muy diferente frente al gobierno de Estados Unidos?

Él seguía entretenido en la conversación. Nada de arrogancia. Nada personal. Ninguna descalificación…

Evocando al apóstol de la independencia de Cuba, Castro respondió: “Son otros tiempos. Esta es una batalla de ideas… No es momento de batalla de piedras”. En 1891, José Martí había dicho: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”. Para Fidel, “la batalla de ideas siempre ha existido, y el 6 de noviembre de 1999, con la batalla por el regreso del niño Elián González Brotons, se abre una nueva etapa de la misma”.

El menor había sido objeto de un conflicto entre EEUU y Cuba, luego que su madre, Elizabeth Brotons, lo sacó de manera ilegal en una embarcación rústica que zozobró en el Atlántico. Ella y diez personas más murieron, pero Elián sobrevivió asido de un tubo de goma inflado, y fue rescatado por la marina estadounidense. Hubo alegatos jurídicos y políticos para dejarlo en territorio imperial; pero las presiones del gobierno cubano y una cadena de multitudinarias concentraciones públicas obligaron a entregarlo a su padre, Juan Miguel González, con quien retornó el 28 de junio de 2000 a su territorio de origen.

Dos años antes de su llegada, el 12 de septiembre de 1998, cinco cubanos fueron apresados y acusados de espionaje y otros cargos graves, por los cuales han sido condenados a penas de hasta 2 cadenas perpetuas más 15 años (Gerardo Hernánez). El gobierno los considera como “los cinco héroes cubanos”, en tanto –sostiene– su misión era detectar a exiliados y otros que planifican actos terroristas en la isla. El conflicto entre los dos Estados sigue ardiente en el plano de la opinión pública.

Castro ha seguido hablando en el estudio de la televisión cubana donde dirigía Mesa Redonda, sentado en una butaca del público, como uno más. Identificó avances de la Revolución. Pero fue autocrítico. Reconoció debilidades que su gestión debía corregir, por el bien del sistema. Sobre todo, la desidia de muchos empleados; el aletargamiento de la burocracia y la tendencia a la corrupción de algunos funcionarios importantes.

La seguridad del mandatario insistía con discreción en que se marcharan. El compromiso del Cotorro estaba muy cerca, y era solo uno de los tantos desafíos para lograr primero la libertad de Elián y luego la de “los cinco héroes”. Él seguía entretenido en la conversación. Nada de arrogancia. Nada personal. Ninguna descalificación…

Comandante, ¿cree usted que los cinco volverán a Cuba tras acusaciones tan graves?

“Algún día volverán. Será una batalla larga, pero volverán. Se lo aseguro”, enfatizó con su voz leve y ronca el mismo que cumplirá 87 el 13 de agosto y aún provoca rabias en sus adversarios y despierta pasiones desbordadas en sus seguidores.

Fidel Castro discurrió con una nobleza digna de imitar por algunos revolucionarios “posmodernos” del patio, carentes de tolerancia y cautela, pese a que solo saben de frente de batalla porque lo han leído en algún libelo.

Tony Pérez 23 DE JULIO DEL 2013

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