El veto parental, nueva ofensiva de la extrema derecha contra el saber y la libertad

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La campaña lanzada desde la extrema derecha hispana en favor de un supuesto derecho de las familias a velar por la educación que reciben sus hijos es algo más que un simple mimetismo de lo que sus secuaces en Estados Unidos o Brasil vienen realizando con un relativo éxito. Actuando desde el bulo y la tergiversación, se siembra la sospecha sobre la escuela pública, se criminaliza al colectivo docente y, con ello, dibujan una trinchera que rompa los lazos de clase y enfrente estamento contra estamento.

El ataque es muy cobarde. Sigue la vieja táctica de tirar la piedra y esconder la mano: denuncian prácticas estrafalarias (desde hablar de zoofilia en escuelas infantiles hasta masturbaciones colectivas en institutos) sin precisar nunca dónde pasa eso, porque saben de sobra que, de hacerlo, tendrían que comparecer ante los juzgados por difamación. Los Consejeros de Educación de comunidades gobernadas por la derecha, por eso mismo, se han apresurado a declarar que no tienen constancia de nada así en su ámbito.

La ultraderecha está sometiendo a debate temas sobre los que existía un consenso social implícito (la igualdad de la mujer, el respeto a toda opción sexual, la igualdad de los seres humanos por encima de etnia y religión, el reconocimiento a quienes defendieron la democracia contra el fascismo, etc.). Logran así que, gente que nunca se hubiera atrevido a posicionarse públicamente al respecto, se reconozca en otros, se sienta respaldada y cierre filas en torno a sus banderas. Esa batalla contra el marxismo cultural” y la ideología de género” tiende a normalizar el pensamiento retrógrado con la falsa argumentación de que los extremos se tocan y termina convirtiendo un curioso término medio entre fascismo y democracia en idea hegemónica.

El fascismo local, además, siempre ha hecho suyo el grito de Millán Astray. Sus ancestros combatieron el pensamiento crítico y el laicismo, despreciaron la libertad de cátedra y todo aquello que derivaba de su odiado Siglo de las Luces. El triste final de la Edad de Plata de la cultura española fue un baño de sangre, cuyo climax lo marcó la sangrienta purga y la depuración a fondo de la docencia. De tal palo, tal astilla.

Esta campaña les resulta útil también como cortina de humo. Poniendo el foco de la atención en una batalla cultural, aspectos tan escandalosos como el cheque bachillerato, la destrucción de la FP pública, los indicadores que señalan a la Comunidad de Madrid como una de las que menos dinero invierte por alumno, etc., pasan mucho más desapercibidos. No olvidemos de qué intereses económicos consituye la ultraderecha el brazo político, altavoz y perro guardián.

Las organizaciones representativas de la Escuela Pública, ya sean de sus trabajadores, familias o estudiantes, hemos cerrado filas para denunciar esta situación. El martes 21 de enero, la Junta de Personal Docente de Madrid Oeste aprobaba por unanimidad una resolución contra el pin parental, logrando que los distintos sindicatos docentes salvaran sus diferencias ideológicas para defender las libertades básicas.

En el mismo momento en que comenzó a hablarse de censura parental, los sindicatos que componen nuestra Confederación han salido al paso ante los medios y los grupos políticos con una respuesta clara. Es el caso de nuestro sindicato hermano de Andalucía o los compañeros y compañeras de la Región Murciana:

https://ustea.es/new/wp-content/uploads/2019/12/guia-pin-definitiva_a4-1.pdf

https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/Veto-parental-censura-aulas_6_986961309.html

Por situar la cuestión, comencemos diciendo que hay sentencias del Tribunal Supremo que afirman el derecho del alumnado a recibir una formación integral y dejan sentado que las familias no pueden objetar en cuestiones curriculares. En cuanto a las actividades complementarias, si estas son acordes con los objetivos transversales de la etapa educativa, están recogidas en la programación de la materia y en la Programación General Anual, son plenamente válidas. No se puede ocultar que se están teniendo noticias de presiones caciquiles sobre docentes, que pueden conducir a una suerte de autocensura. Tampoco podemos obviar que los Acuerdos con la Santa Sede contemplan que no se puede admitir en ninguna clase aquello que vaya contra la ética cristiana y que el Código Penal tipifica el Atentado contra los sentimientos religiosos (si: en España, en pleno siglo XXI, seguimos hablando de blasfemia…)

No podemos retroceder en esta lucha. La resistencia debe comenzar en los propios centros docentes no autocensurándose, llevando a Claustro y Consejo Escolar cualquier caso de claudicación ante las presiones y ejerciendo, desde la legalidad, pero también desde el compromiso democrático, una docencia que proporcione a las nuevas generaciones herramientas para el ejercicio de su libertad.

Son una minoría y sólo pueden ganar si nos atemorizamos.

 

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