El verdadero rostro del « campo del honor»

Por Iñaki Urdanibia

Impresionante libro que recoge escenas de los desastres de la guerra

Por Iñaki Urdanibia

« No hay ninguna publicación o trabajo de criminología que haya enseñado tanto sobre la crueldad, sobre la verdad definitiva»

                        ( Kurt Tucholsky )

« Por el precio de un disco de villancicos navideños uno puede comprar a sus hijos ese monstruoso libro de imágenes ¡ Guerra a la Guerra! : son documentos fotográficos que muestran un retrato consumado de la humanidad »

                        ( Bertolt Brecht )

« ¡ Guerra a la Guerra! Es la fotografía como terapia de choque […]. El gobierno y las organizaciones de excombatientes y patrióticas de inmediato denunciaron la declaración de guerra contra la guerra de Friedrich, la cual aclamaron escritores, artistas e intelectuales de izquierda, así como las agrupaciones de numerosas ligas opuestas a la guerra, que pronosticaron la influencia decisiva que el libro ejercería en la opinión pública. Antes de 1930 había agotado diez ediciones en Alemania y había sido traducido a muchos idiomas »

                          ( Susan Sontag )

Si el otro decía que una imagen vale más que mil palabras, la labor de Ernst Friedrich ( 1894 – 1967), con su acopio de testimonios gráficos, se expresa a gritos, tomando las imágenes posición ante el hecho de la guerra, oponiéndose a la gloriosa retórica bélica que cantaba el honor y la gloria de los héroes caídos en combate, por la patria, y alababa las virtudes de la guerra como escuela de valor y de virtudes viriles. La obra, y la vida, de Ernst Friedrich fue un permanente combate, que convertía el ojo en arma anti-retórica, para desenmascarar las loas a las maravillas de los campos del honor que de hecho no eran sino Heldentod , un campo de muerte y de oprobio.

La gasteiztarra Sans Soleil Ediciones acaba de publicar la impactante obra de Friedrich: « ¡ Guerra a la Guerra!» que presenta los crudos testimonios gráficos recopilados por el infatigable pacifista que se empeñó, no sin serias y continuas dificultades, en declarar la guerra a la guerra.

Ya desde su juventud había mostrado su vena anti-militarista que le llevó en 1916 a la cárcel por sabotear la industria armamentística. Fue más tarde, en 1924, cundo publicó la obra de denuncia que tenemos en las manos y no conforme con ello, inauguró en Berlín la primera sede del Museo Anti-Guerra, que permaneció abierto hasta la llegada de los nazis al poder, lo que supuso el inmediato cierre, arrasando con todo lo que el lugar contenía y deteniendo a su responsable. Para más inri, el local fue reconvertido en centro de tortura.

Huido en Bélgica, volvió a las andadas tratando de poner en marcha un nuevo museo que siguiese la línea del anterior, mas la invasión germana, hubo de escaparse a Francia en donde se unió a la Resistencia. Al finalizar la guerra le fue concedida la nacionalidad francesa y no cesó en su combate pacifista hasta su fallecimiento.

Cien páginas presentan fotografías de lugares – con un antes y un después- en ruinas, vehículos destrozados, cadáveres abandonados en medio del barro de las trincheras, cadáveres apilados en fosas, cuerpos desnudos en medio de desolados campos, cuerpos colgados, con orgullosos soldados vencedores posando junto a ellos como si de trofeos se tratasen, fusilamientos, cuerpos troceados, rostros desfigurados , tullidos, cementerios improvisados en amplios campos en los que las cruces han desalojado a los árboles o se dejan acompañar por ellos, , algunos de ellos profanados, …y junto a este rostro de los desastres de la guerra, la otra cara: la de las proclamas patrióticas que no hacen sino cantar loas a la heroicidad, a la maravilla que supone morir por la patria, y el rostro gozoso de quienes envían a los jóvenes a la guerra mientras ellos disfrutan, lejos del frente, de una buena vida ( reyes y generales)…La fuerza que expresan las fotos interpelan a quien las observe, en momentos hasta la misma náusea por la salvaje crudeza de lo representado, y obligan a la toma de posición…inequívocamente anti-guerrera. En el momento de su publicación el libro disgustó a las autoridades ya que promovían el desánimo, y la celosa policía se encargó de retirar la obra de circulación ya que según hicieron constar los dos policías y el detective que llevaron la operación en la editorial que exhibía en su escaparate , las fotos representaban « horribles imágenes de heridas de guerra y mutilaciones» ( secuestro llevado a cabo, ante las airadas protestas de las organizaciones pacifistas y anti-militaristas), y es claro que lo que se ha de ver, según las autoridades (in)competentes, de la guerra son las pecheras llenas de condecoraciones, los desfiles victoriosos, y los monumentos adornados de coloridas flores ( a poder ser con los colores del país de turno) en honor a los muertos por la patria, soldados conocidos o desconocidos…pero héroes al fin. Ernst Friedrich no estaba por la labor y su impenitente combate era la denuncia de todas estas falacias, echando a la cara fotos de la guerra que sirviesen para abominar la guerra, y que no se deben mostrar ( en la introducción su autora saca a relucir una significativa anécdota de cómo en Inglaterra unos médicos realizaron una obra en la que se mostraban diferentes rostros desfigurados, a pesar de que el propósito de sus autores era meramente médico con el fin de que sirviese para los cirujanos a la hora de operar…el libro fue retirado de circulación, poco menos por obsceno) .

Por si la potencia repulsiva de los documentos gráficos no fuese suficiente, los pies de foto ( más bien en casi todas las ocasiones: cabeza de fotos) están elegidos con una puntería certera, poniendo el dedo en la llaga, en las llagas, de la atrocidad de la guerra, del rancio patriotismo que incita al odio al enemigo, y unos potentes tintes antimonárquicos y anticapitalistas que se combinan con una clara defensa del proletariado como carne de cañón enviada a la carnicería. Además de los textos que acompañan a las fotos, ya nombrados, el llamamiento inicial del autor ( ¡ A los seres humanos de todos los países! )y el Epílogo expresan con descarnada claridad el ideario pacifista del autor, argumentando contra los desastres de la guerra, señalando a sus culpables y alertando a los adultos para que evitasen regalar a los niños objetos guerreros que a la larga no era más que dar, desde pequeñitos, carta de naturaleza a la infamia bélica( se completa el texto con reproducciones facsímiles de carteles, libros, soldaditos de plomo, etc.)

La edición es cuatri-lingüe ( en esta ocasión: castellano, francés, inglés y alemán ) como de hecho fue publicado originalmente ( en francés, alemán, inglés y holandés) con el propósito de dar pruebas del espíritu internacionalista de la obra y de su autor, amén de que para que la obra pudiese llegar a diferentes lugares. El libro se completa con un prólogo del editor y traductor Ander Gondra Aguirre que se detiene en los aspectos editoriales y con una muy jugosa introducción debida a Erica Grossi ( La anti-retórica de las imágenes contra el olvido de la catástrofe moderna) en la que además de hablarnos concretamente del libro, deriva por las distintas teorías de ensayistas que han centrado su foco en el terreno de las imágenes y su importancia a la hora de transmitir realidades o denunciarlas ( George Didi-Hubermann, Siegfried Kracauer, Andy Warburg, Walter Benjamin, Paul Virilio, Jacques Rancière, Gombrich…), entregándonos unas lúcidas lecciones al respecto.

En fin, un libro-documento que es un duro y explícito alegato pacifista y que mostrando las imágenes de la guerra , ésta queda denunciada…si tal intento por desmontar la farsa del belicismo y tenía sus artistas ( Francisco de Goya, Otto Dix o George Grosz, ) no cabe otra -como sugiere el prologuista- que añadir a Ernst Friedrich

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