El “trienio bolchevista” en Andalucía

Uno de los libros que más impacto me han causado en la vida, ha sido sin dudarlo Historia de las agitaciones campesinas en Andalucía, Juan Díaz del Moral que apareció editado en Alianza allá por 1966...

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Uno de los libros que más impacto me han causado en la vida, ha sido sin dudarlo Historia de las agitaciones campesinas en Andalucía, Juan Díaz del Moral que apareció editado en Alianza allá por 1966, y que ganó lectores entusiastas desde el primer momento.

Creo que ya tenía noticias de su autor, Juan Díaz del Moral, y si no me equivoco, fue porque un poco antes la editorial ZYX había publicado un breviario que alguien acusó de plagio, creo que desde Triunfo, que ya empezaba a hablar de estas cosas. Por entonces uno empezaba a aclararse. Había escuchado por muchas bocas que la emigración estaba siendo para los andaluces una condena añadida del franquismo que había hecho la guerra contra la reforma agraria, y también había registrado vía Tolstói y Zola entre otros, que en esta vida no había nada más digno que vivir del trabajo honrado, de hacer tu vida sin explotar a nadie.

Lo fui leyendo con mucha fiebre mientras trabajaba en una fábrica de vidrio que está llena antiguos cenetistas, tan cansados de derrota que podían decir aquello que si alguna vez ganaban, no se lo iban a creer. Las lecturas se sucedían en los intervalos que nos correspondían entre los turnos de hornos, y su titulo no pasó desapercibido para algunos compañeros –entre ellos un “abuelo” malagueño que había sido coronel de la República, y un viejo combatiente que había hecho la guerra con Cipriano Mera-, pero tampoco para los dueños que no estaban acostumbrado a ver a algunos de sus trabajadores leer. El libro pasó a la pequeña “biblioteca” de la comisión obrera que montamos, ya la que empezaron poco a poco a apuntarse algunos veteranos. Ellos también tenían sus historias, sus tragedias y todavía les podía el miedo a lo que les había tocado ver.
Pero más allá de las discusiones, la lectura del libro editado en 1929 y ahora recuperado nos llevaba a dos puntos importantes. El primero era que las agitaciones agrarias andaluces venían desde los tiempos en que los señores se adueñaron de las tierras, y habían vuelto una y otra vez. El segundo nos remitía al alcance que estas agitaciones llegaron a tener desde la creación de sección española de la AIT, su importancia hasta culminar en lo que su autor inmortalizó con el nombre de “trienio bolchevista”…. Díaz del Moral llama así a un periodo de enorme agitación revolucionaria en Andalucía, sobre todo aglutinada por los anarcosindicalistas de la CNT andaluza, mucho más que por los socialistas, alentada por las noticias del triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, la «revolución de octubre» que dio la tierra a los campesinos. El “trienio” comprende los años 1918, 1919 y 1920, acentuaron de una manera significativa dichas agitaciones, fueron los patronos y terratenientes andaluces. No fue desde luego, el único lugar del mundo. La mayor huelga transcurre entre mayo y junio de 1918; la de marzo de 1919, mayor aún, que se extendiera a las ciudades. En mayo del 18 el congreso sindical campesino anarco-sindicalista en Castro del Río; las efímeras «repúblicas bolcheviques» de aldea. Se dan luchas ofensivas contra la mecanización agrícola e incluso incendios de cosechas.

Es una agitación contextualizada a la sombra de la revolución de octubre se proyectó por buena parte de Europa (revoluciones en Hungría, Alemania-Austria, huelga general con ocupaciones de empresa en Italia, emergencia de los consejos obreros), y retumbó por diversas partes del mundo, por ejemplo, hubo una potente huelga general de obreros (blancos) en Sudáfrica en 1920…Pero responde a una crisis social que se remonta a mucho tiempo a tras, y que ya sacudieron Andalucía en los tiempos de la Primera República. Por la misma época, Cataluña vive una fase intensa de huelgas, los campos se Extremadura y Levante también se movieron. En febrero de 1919, la capital del Estado, fue escenario de doscientos saqueos de tiendas de alimentación. Valencia conoció una «huelga de saqueo». Es un tiempo en que se utilizan palabras como Lenin, soviets, revolución Octubre, en algunos casos hasta se rotulan algunas calles importantes.

Díaz del Moral escribió que a pesar de producirse en un país lejano, gracias a la prensa, los andaluces supieron de la Revolución Bolchevique: «A fines de año la prensa burguesa y la prensa obrera esparcieron a los cuatro vientos el relato de un hecho estupendo: en Rusia los bolcheviques se habían hecho dueños del poder público, y de la noche a la mañana aplastaron a la burguesía e instauraban un régimen netamente proletario y se disponían a ajustar la paz con Alemania. La noticia produjo el efecto de un explosivo entre los militantes del proletariado español, especialmente, entre sindicalistas y anarquistas. Los toques de llamada resonaron en todos los confines de la Península […] Y, como siempre, el entusiasmo encendió los corazones andaluces antes que los de las demás regiones […] y fue la provincia cordobesa la que constituyó la vanguardia del ejército proletario y la que trabó los primeros combates con la burguesía. De aquí partieron los primeros gritos de guerra […] Y los rebeldes de cada pueblo actuaban sobre las masas de trabajadores con los clásicos métodos de propaganda anarquista fervorosa y tenaz.»

Por su parte, Pierre Vilar cita un texto de la época en el que se podía leer: «La Revolución Rusa: la tierra para los que la trabajan. La tierra es nuestra porque la regamos con nuestro sudor. Tomémosla en posesión y defendámosla hasta la muerte. No es tiempo de peticiones o súplicas. Es el momento de apropiársela. Con un poco de valor entraren* en posesión de lo que nos pertenece. Campesinos, imitemos a nuestros hermanos rusos e inmediatamente se iniciará la era de la justicia social que tanto deseamos.»

Se ha hablado de “milenarismo”, de una justicia soñada desde tiempos inmemoriales (en las grandes revoluciones populares como la inglesa o la francesa se evoca la “vieja libertad” que los más cultos situaban en Grecia y Roma, y los más religiosos en diversos pasajes bíblicos), reanimada sin duda por la «fiebre bolchevique», un ejemplo tan lejano (geográficamente) como cercano (mentalmente), que influye más en las agitaciones que los graves factores socioeconómicos, que si bien se dan (detrás de todo existe el aumento de los precios de los productos más necesarios como el pan), pero no más que en otras ocasiones. En 1917 tiene lugar una recesión, y la crisis se prolongó. Todo se encuadra en el sentimiento de indignación generalizada, y en la espera de que, finalmente, llegue el “gran momento”: la revolución.

Hacía tiempo que Andalucía permanecía a la cabeza las agitaciones agrarias, muy encima de otras nacionalidades y regiones, pero en esta coyuntura la situación tuvo rasgos nuevos. Fue –por supuesto- mucho más larga en el tiempo, estuvo muchísimo más organizada. Los analistas sobre la época coinciden que las luchas tienen como punto de partida los salarios pero el fondo de la cuestión es la tenencia de la tierra. Era esta soñada reforma, y su inminencia, lo que les hacia desechar la emigración (tan extendida por entonces en Galicia o incluso Cataluña). Las referencias a la revolución rusa y a Lenin iban en este sentido. El periodo señala la culminación de la influencia anarquista pero también la creciente aparición de la UGT que tuvo su papel en los acontecimientos…Geográficamente, se sabe que el movimiento era más fuerte en región de Córdoba, en los pueblos más grandes que permitían una mayor organización, así como al sur del Guadalquivir, en territorios donde la propiedad parcelaria está cercada y esterilizada por el latifundio, más que en los grandes núcleos donde dominan los braceros sin trabajo.

A pesar de las dificultades de todo tipo, las acciones, aunque no consiguen toda la coordinadas buscada ni evitar determinadas conflictos propios (en algunos pueblos los aceituneros finalizan la lucha porque la aceituna no puede esperar y los señores ofrecen compensaciones), sí que llegan a crear una situación casi revolucionaria, sobre todo en la campiña cordobesa. En ciudades con industrias, los obreros se suman a la huelga. El ambiente es tal que algunos actores y observadores creyeron que la revolución estaba a la vuelta de la esquina.

El papel organizativo central lo ocupan los anarquistas, los grupos organizados en pueblos y ciudades, con los “jóvenes conscientes” en primer plano que viajan y explican el porqué hay que hacer todo aquello. Hay una profunda adaptación de los medios, se pagan viajes, se informa, se establecen los puentes, y se vive un debate en el que la pasión revolucionaria no suele ir acompañada por una reflexión estratégica en consecuencia. Se atiende la referencia rusa y se desconocen sus aspectos específicos: la “Gran Guerra”, el desastre militar, la creación de los soviets, el papel de los partidos y grupos revolucionarios…en el medio anarquista se dan tensiones intergeneracionales, también un rechazo de acuerdos con los socialistas, así cuando la UGT bajo el mando de Largo Caballero celebró una asamblea en Córdoba, en abril de 1919, y en la que reunió a mineros y campesinos, tuvo que enfrentarse a la resistencia anarquista Y sindicalista que lo acusaba más o menos de intrusismo. El “nosaltres sols” catalán también tiene una traducción andaluza. El hecho es que la UGT avanzó en menos de un año (octubre, 1918-julio, 1919), aumentó en 44.755 afiliados con lo cual su afiliación llegaba a los 134.356, 31.500 son campesinos, y 28.900, están en Andalucía. Por la misma época (junio de 1920), tiene lugar otra huelga muy combativa en las minas de Río Tinto. Se prolonga durante medio año para lograr parte de un aumento salarial, pero la solidaridad es extraordinaria, centenares de familias obreras acogen a los hijos de los huelguistas.

En cuanto a la CNT, aunque sus cifras no resultan tan precisas, conoció un aumento mayor si cabe en todas partes, pero sobre todo en Andalucía y Cataluña donde por la misma coyuntura Se puede hablar rotundamente de un encuentro entre el movimiento obrero y el movimiento campesino, entre Cataluña y Andalucía, que se sitúan en una primera línea en tanto que en el resto del Estado, las tensiones sociales y el nivel de afiliación van por detrás o incluso muy por detrás. El movimiento español sufrirá desde sus inicios un desarrollo muy desigual, en parte por las condiciones socioeconómicas, pero en parte también porque mientras que en el anarquismo bulle la impaciencia revolucionaria, en el socialismo “pablista” se trata de una lenta acumulación de fuerzas y de una apuesta posibilista por miedo a que la represión desbarate lo conseguido.

Cabe recordar en esta época Blas Infante se declara “comunista”, una palabra que ha sido muy maltratada por la historia. Pero, acercándose cada vez más al anarcosindicalismo andaluz, en 1921 rechaza la dictadura proletaria porque «reprime el comunismo libertario y fraternal». Propone en su lugar la Dictadura Pedagógica, «prolekultur», antiburocrática. Se trata de un trabajo de especial relevancia para la comunidad científica. Editado en 1929, fue calificado por Tuñón de Lara como “modelo de historia social de nuestra patria”.

Esta es una obra maestra  que está muy lejos de ser debidamente conocida, por lo que es preceptivo leer, aparte del Díaz del Moral, pero también trabajos como el de Jacques Maurice, El anarquismo andaluz (Crítica, Barcelona, 1989).

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