El Tribunal Supremo: entre Llarena y Marchena (cast/cat)

Por Gemma Garcia / David Fernández

La declaración de la exdiputada de la CUP Mireia Boya abre una nueva tanda de citaciones judiciales. A pesar de que Llarena es el juez que instruye las causas por rebelión y sedición, al frente de la sala de lo penal está Manuel Marchena, nombrado a propuesta del PP.

Pablo Llarena es el magistrado de la Sala Segunda del TS desde el 28 de enero del 2016. Cómo todo el resto, fue nombrado por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que a la vez es elegido por el Congreso de los Diputados y el Senado español y, por lo tanto, refleja su composición política.

La declaración de la exdiputada de la CUP Mireia Boya abre una nueva tanda de citaciones judiciales. A pesar de que Llarena es el juez que instruye las causas por rebelión y sedición, al frente de la sala de lo penal está Manuel Marchena, nombrado a propuesta del PP.

Preventiva tras preventiva, el Tribunal Supremo (TS) ha decidido mantener en prisión a Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Jordi Cuixart y Jordi Sànchez. Desde noviembre, el Supremo se hace cargo de las causas que la Audiencia Nacional española tenía abiertas contra los miembros del gobierno catalán y los presidentes de Òmnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana (ANC).

El último auto para mantener a Forn encarcelado, dictado el pasado 2 de febrero, era toda una declaración de principios políticos: “el convencimiento que mantiene posibilita una reiteración del delito que resultaría absurda en quien profese la ideología contraria“. Hoy es la exdiputada de la CUP, Mireia Boya, quien declara ante el juez Pablo Llarena, autor del auto, investigada también por rebelión y sedición. Con Boya se abre una nueva tanda de declaraciones: la exdiputada Anna Gabriel, el expresidente Artur Mas, la secretaria general de ERC Marta Rovira, la coordinadora del PdeCat Marta Pascal y la presidenta de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) Neus Lloveras.

Pablo Llarena es el magistrado de la Sala Segunda del TS desde el 28 de enero del 2016. Cómo todo el resto, fue nombrado por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que a la vez es elegido por el Congreso de los Diputados y el Senado español y, por lo tanto, refleja su composición política. Instalado en Barcelona desde hace años, Llarena está afiliado a la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura (APM), de la que fue portavoz y presidente entre 2013 y 2015.

Pero quien preside la Sala de lo penal que ahora concentra las causas por rebelión y sedición es Manuel Marchena, nombrado juez del Supremo a propuesta de quién era Ministro de Justicia el 2012, Alberto Ruiz Gallardón. Bajo el aznarato, Marchena fue la mano derecha de Jesús Cardenal, el Fiscal General del Estado designado por Aznar, y ya en el Supremo fue protagonista de la condena del expresidente del Parlamento vasco Juan María Atutxa. Ponente de la llamada ‘doctrina Atutxa’, el 2008 lo inhabilitó por no haber disuelto el grupo Sozialista Abertzaleak, después de la ilegalización de Batasuna. También instruyó una de las causas contra Baltasar Garzón, condenado por prevaricación, siendo el primer condenado del caso Gürtel.

Marchena también está detrás el nombramiento del desaparecido José Manuel Maza como fiscal general. Los dos provienen de la misma instancia –sala segunda– y, a la vez, salieron salpicados del caso de la Schola Iuris, una empresa propiedad de los socios del comisario Villarejo, cerebro de la Operación Cataluña, donde habían impartido docencia.

Paradójicamente, Marchena es conocido en Cataluña por ser el ponente de la sentencia que anuló la absolución –decretada por la AN–contra los jóvenes indignados que protestaban el junio de 2011 en la acción Aturem el Parlament. En aquel procedimiento, quién había recurrido al tribunal especial de la Audiencia Nacional empleando el tipo penal de sedición fue la Generalitat y el Parlamento de Cataluña, que ejercían la acusación, mientras CiU hablaba públicamente de intento de “golpe de estado”. También ejerció de acusación la ultraderechista Manos Limpias. Hoy, los ocho condenados a tres años de prisión por un delito contra las instituciones del Estado todavía están a la espera de una resolución definitiva.

Más recientemente, y directamente vinculadas al proceso soberanista, son dos otras decisiones del magistrado. Fue el ponente de la sentencia que condenó a Francesc Homs a trece meses de inhabilitación por los preparativos del 9-N. Y también es de Marchena la rúbrica que firmaba la interlocutoria que archivaba la querella por violación de secretos, prevaricación y malversación –”al no existir indicios de que hubieran cometido talas delitos”– contra el exministro español del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el exdirector de la Oficina Antifraude, Daniel de Alfonso, a raíz de las conversaciones grabadas en 2015 en el despacho del ministro, donde se conspiraba contra los líderes de los principales partidos soberanistas.

El actual presidente del TS y a la vez del CGPJ es Carlos Lesmes, que interrumpió su carrera judicial para ejercer varios cargos en el Ministerio de Justicia con el Gobierno de Aznar, en servicios especiales en el mismo ministerio como director general de Relaciones con la Administración de Justicia del PP, y ha sido un habitual –como ponente o como coordinador– de algunos de los cursos de la Fundación FAES, dirigida por José María Aznar. Además, firmó la sentencia que prohibía la legalización política de Sortu, anulada finalmente por el Tribunal Constitucional.

Siguiendo con los nombramientos afines al PP, en el mes de enero, el pleno del CGPJ escogió un nuevo magistrado de la Sala de lo penal. Vicente Magro Servet fue senador del PP por Alicante entre 1996 y 1997 y, como Llarena, fue presidente de la Asociación Profesional de Magistratura.

Lejos quedan las palabras de Llarena del 2012: “la cuestión de la identidad catalana y la integridad del Estado español no tienen solución judicial si no política“.

 


 

El Tribunal Suprem: entre Llarena i Marchena

La declaració de l’exdiputada de la CUP Mireia Boya obre una nova tanda de citacions judicials. Tot i que Llarena és el jutge que instrueix les causes per rebel·lió i sedició, al capdavant de la sala penal hi ha Manuel Marchena, nomenat a proposta del PP.

Preventiva rere preventiva, el Tribunal Suprem (TS) ha decidit mantenir a presó Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Jordi Cuixart i Jordi Sànchez. Des del novembre, el Suprem es fa càrrec de les causes que l’Audiència Nacional espanyola tenia obertes contra els membres del govern català i els presidents d’Òmnium Cultural i l’Assemblea Nacional Catalana (ANC).

El darrer auto per mantenir Forn empresonat, dictat el passat 2 de febrer, era tota una declaració de principis polítics: “el convencimiento que mantiene posibilita una reiteración del delito que resultaría absurda en quien profese la ideología contraria”. Avui és l’exdiputada de la CUP, Mireia Boya, qui declara davant el jutge Pablo Llarena, autor de l’auto, investigada també per rebel·lió i sedició. Amb Boya s’obre una nova tanda de declaracions: l’exdiputada Anna Gabriel, l’expresident Artur Mas, la secretària general d’ERC Marta Rovira, la coordinadora del PdeCat Marta Pascal i la presidenta de l’Associació de Municipis per la Independència (AMI) Neus Lloveras.

Instal·lat a Barcelona des de fa anys, Llarena està afiliat a la conservadora Associació Professional de la Magistratura (APM), de la que va ser portaveu i president entre 2013 i 2015

Pablo Llarena és el magistrat de la Sala Segona del TS des del 28 de gener del 2016. Com tota la resta, va ser nomenat pel Consell General del Poder Judicial (CGPJ), que alhora és escollit pel Congrés dels Diputats i el Senat espanyol i, per tant, reflexa la seva composició política. Instal·lat a Barcelona des de fa anys, Llarena està afiliat a la conservadora Associació Professional de la Magistratura (APM), de la que va ser portaveu i president entre 2013 i 2015.

Però qui presideix la Sala penal que ara concentra les causes per rebel·lió i sedició és Manuel Marchena, nomenat jutge del Suprem a proposta de qui era Ministre de Justícia el 2012, Alberto Ruiz Gallardón. Sota l’aznaritat, Marchena va ser la mà dreta de Jesús Cardenal, el Fiscal General de l’Estat designat per Aznar, i ja al Suprem va ser protagonista de la condemna de l’expresident del Parlament basc Juan María Atutxa. Ponent de l’anomenada ‘doctrina Atutxa’, el 2008 va inhabilitar-lo per no haver dissolt el grup Sozialista Abertzaleak, després de la il·legalització de Batasuna. També va instruir una de les causes contra Baltasar Garzón, condemnat per prevaricació, esdevenint el primer condemnat del cas Gürtel.

Marchena també està rere el nomenament del desaparegut José Manuel Maza com a fiscal general. Tots dos provenen de la mateixa instància –sala segona– i, alhora, van sortir esquitxats del cas de la Schola Iuris, una empresa propietat dels socis del comissari Villarejo, cervell de l’Operació Catalunya, on havien impartit docència.

L’exdiputada de la CUP, Mireia Boya, arribant al TS per declarar com a investigada també per rebel·lió i sedició

 

Paradoxalment, Marchena és conegut a Catalunya per ser el ponent de la sentència que va anul·lar l’absolució –decretada per l’AN– contra els joves indignats que protestaven el juny de 2011 en l’acció Aturem el Parlament. En aquell procediment, qui havia recorregut al tribunal especial de l’AN emprant el tipus penal de sedició fou la Generalitat i el Parlament de Catalunya, que n’exercien l’acusació, mentre CiU parlava públicament d’intent de “cop d’Estat”. També va exercir d’acusació la ultradretana Manos Limpias. Avui, els vuit condemnats a tres anys de presó per un delicte contra les institucions de l’Estat encara estan a l’espera d’una resolució definitiva.

Més recentment, i directament vinculades al procés sobiranista, són dues altres decisions del magistrat. Fou el ponent de la sentència que va condemnar Francesc Homs a tretze mesos d’inhabilitació pels preparatius del 9-N. I també és de Marchena la rúbrica que signava la interlocutòria que arxivava la querella per violació de secrets, prevaricació i malversació –”al no existir indicios de que hubieran cometido tales delitos“– contra l’exministre espanyol de l’Interior, Jorge Fernández Díaz, i l’exdirector de l’Oficina Antifrau, Daniel de Alfonso, arran de les converses enregistrades l’any 2015 al despatx del ministre, on es conspirava contra els líders dels principals partits sobiranistes.

L’actual president del TS i alhora del CGPJ és Carlos Lesmes, que va interrompre la seva carrera judicial per exercir diversos càrrecs al Ministeri de Justícia amb el Govern d’Aznar

L’actual president del TS i alhora del CGPJ és Carlos Lesmes, que va interrompre la seva carrera judicial per exercir diversos càrrecs al Ministeri de Justícia amb el Govern d’Aznar, en serveis especials al mateix ministeri com a director general de Relacions amb l’Administració de Justícia del PP, i ha estat un habitual –com a ponent o com a coordinador– d’alguns dels cursos de la Fundació FAES, dirigida per José María Aznar. A més a més, va signar la sentència que prohibia la legalització política de Sortu, tombada finalment pel Tribunal Constitucional.

Seguint amb els nomenaments afins al PP, el mes de gener, el ple del CGPJ va escollir un nou magistrat de la Sala Penal. Vicente Magro Servet va ser senador del PP per Alacant entre 1996 i 1997 i, com Llarena, va ser president de l’Associació Professional de Magistratura.

Lluny queden les paraules de Llarena del 2012: “la cuestión de la identidad catalana i la integridad del Estado español no tienen solución judicial si no política“.

 

Directa

 

 

 

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