El trabajador, en el sistema

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&nbsp Y&nbsp por tanto una ingenuidad impropia de inteligentes. Todo son términos contradictorios entre sí. Libertad, seguridad, democracia, cultura, paz&nbsp y dormir tranquilos sin pensar qué será de nosotros mañana a cuenta no de la salud sino del simple puesto de trabajo se contraponen. ¿Que esto es derrotismo? Sí. Es preferible saber a qué atenernos y en su caso equivocarnos, a que nos equivoquen otros o&nbsp nos&nbsp engañen la sociedad y sus reales propietarios que no son el pueblo precisamente…

&nbsp Libertad y seguridad económica son atributos que sólo pueden disfrutar, de entre toda la población inmersa en el sistema le guste o no, un porcentaje muy pequeño de ciudadanos, que es como se lla­man los patricios, en relación a los ilotas o siervos en los demás ca­sos aunque tengan derecho a voto a diferencia de los que barrían las calles en la antigua Atenas.

&nbsp No se engañen los Sindicatos ni los gremios de trabajadores cre­yendo que haciendo ruido, con protestas y manifestaciones podrán lograr apenas limosnas. No les sigan el juego. No se engañen, a menos que quieran auto­sugestionarse para creéselo: la empresa, el empresario y todo lo que tiene que ver con el dinero y el poder no retrocederán aunque se hundan. Cuando algo se hunde en el capi­talismo, es algo abs­tracto y figurado: unas siglas, un logotipo o una cabecera, no perso­nas de carne y hueso. Y aún éstas, antes de ce­der más allá de un mísero punto o porcentaje, son capaces de hun­dirse en la ciénaga con su riqueza antes que renunciar a su status y poder.

&nbsp Déjense los Sindicatos, los trabajadores inteligentes y el grueso de la población trabajadora de soñar y de quejarse. La única solución al trance es la toma de la Bastilla y el Palacio de Invierno al mismo tiempo.

&nbsp Por otro lado, la protesta que genera el desempleo y la destrucción de puestos de trabajo es asimismo tan inútil como cómplice. ¿Quién puede, con la mano en el pecho, creer que porque millones salgan a la calle a quejarse vaya a crearse más empleo como si la cuestión dependiese de la voluntad de la patronal o del gobierno, o fueran taumaturgos capaces de crear algo de la nada?

&nbsp El sistema no resiste ya el peso de la mentira, el fraude y el abuso. Lo que hay que tener es la suficiente valentía para dejar empanta­nadas a todas las empresas, y arrestos para renunciar a todo y em­pezar a comer yerba. Ya se verá cómo los forzudos del sistema pi­den a gritos el cambio. De momento han recurrido a los Estados para salir ellos del túnel. Ahora sólo quedan que se hagan todos so­cialistas de verdad. El sistema ciertamente racional, lo que equivale a algo mucho más equitativo, se avecina. La sociedad opulenta no tiene más salidas.

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