Publicado en: 14 enero, 2019

El testamento del neurólogo Oliver Sacks

Por Iñaki Urdanibia

Diez ensayos recopilados… fue lo último que dejó listo para su publicación uno de los genios de la ciencia y de su divulgación.

Por Iñaki Urdanibia

Recuerdo las primeras publicaciones de los libros del neurólogo británico ( 1993-2015) allá a finales de los ochenta del siglo pasado, presentados por Muchnik Editores: El hombre que confundió a su mujer on un sombrero ( 1987), Despertares ( 1988) o Con una sola pierna ( 1989)…luego vendrían muchos más y las reediciones de la mano de la barcelonesa Anagrama; el estudio sobre la Migraña, y sus diferentes interpretaciones históricas, su viaje , travestido en antropólogo, a las remotas islas del Pacífico en su La isla de los ciegos al color, en donde analiza la herencia de algunos grupos humanos afectados, y condicionados, por algunas deficiencias, o viaja al mundo de los sordos en su Veo una voz, sin ignorar sus incursiones en su niñez, El tío Tugsteno. Recuerdos de un químico precoz, y…¡no sigo! . Lo atractivo de sus obras resulta entre otras cuestiones en convertir lo difícil en fácil, abriendo el conocimiento de los recovecos de la mente humana al común de los mortales; los casos presentados parecen pura invención fantástica, acercamiento favorecido en su enfoque narratológico en vez de, lo que suele ser habitual en los textos de los galenos de diferente orden, en mera defectología; desde Hipócrates domina en nuestra idea de enfermedad el modelo de subrayar los estados de crisis, y frente a tal aseveración, él se preocupa de la vida de sus pacientes, de sus experiencias y de cómo se toma sus desajustes. Oliver Sacks no se encerraba con su bata blanca en los límites del laboratorio y la consulta sino que salía a la calle ( él mismo pretendía convertirse, como así lo logró, en un neurólogo en la calle : «¿a este respecto hay algo mejor que una calle de Nueva York, una calle anónima de la gran ciudad, en donde las personas sujetas a sus extravagancias y desarreglos de sus impulsos pueden gozar de la libertad o de la monstruosa esclavitud que es propia a su condición y exhibirla sin coacciones?» ) y observaba a los transeúntes y sus comportamientos. Como queda señalado, o al menos amagado, su pretensión no era centrarse en las diferentes patologías ( amnesia, encefalitis letárgica, autismo, anogsanosis, síndrome de Tourette – las personas aquejadas de diversos tics-, etc.) sino que trataba de conocer al paciente en su totalidad, en su vida y no solamente en sus males, como queda dicho. Los curiosos casos que en sus obras expone, fruto de su práctica clínica, pueden resultar francamente increíbles por su rareza ( desde casos de cegueras repentinas y la reubicación en el mundo, a casos de amnesia, de pérdida del yo, toda una cohorte de héroes nerviosos, delirantes fabuladores, mosqueados, exaltados, gesticulantes, memoriosos incapaces de sumar pero hábiles en resolver los logaritmos más complejos, una señora anciana que a sus noventa y dos años comienza a proferir grosería relacionadas con el sexo, o un sorprendente pianista que jamás ha tocado tal instrumento y que a edad madura, y de la noche a la mañana, se convierte en un celebrado virtuoso…), exposición que destacada con mayor relevancia debido a su esmerada forma de narrar lo que le valió el elogio de diferentes escritores como W.H.Auden, Doris Lessing, Harold Pinter, Susa Sontag, etc. Sus libros son un verdadero mundo de los lados oscuros y misteriosos de la mente, por los laberintos de la fragilidad de ésta, sin obviar su propio retrato, convertido en avezado explorador de los demás y de sí mismo.

Además de su práctica clínica ejerció como profesor de neurología y psiquiatría en diferentes universidades británicas y norteamericanas, lo que le supuso, en su dilatada carrera, una amplia gama de conocimientos tanto teóricos como prácticos que no se los guardó para sí sino que los ofreció al público, especializado y profano; actividad que supuso que sus obras alcanzasen una amplia difusión , la consecución de diversos premios y hasta ser llevados a la pantalla y a los escenarios algunos de sus casos .

Si titulo este comentario como su testamento es debido a que lo que ahora se publica: « El río de la conciencia» ( Anagrama, 2019)compuesto de diez ensayos, lo dejó listo para su publicación dos meses antes de su fallecimiento, a causa de un cáncer, el 30 de agosto de 2015; meses antes, en febrero en un artículo del New York Times había anunciado que estaba afectado por una metástasis hepática secundaria provocado por un melanoma ocular tratado diez años antes. En los trabajos reunidos mantiene el propósito que guió todo su quehacer: la interrogación acerca de lo que nos convierte en humanos, y pueden ser interpretados como el pago de una deuda contraída con algunos maestros que le antecedieron e influyeron en su trabajo ( Darwin, Freud y William James, en especial). Sólo con nombrar a los incluidos en el paréntesis se puede ver cómo el acercamiento a los pesos pesados del pensamiento le hacen derivar por la evolución, la botánica, la química, la medicina, la neurología y las artes …por muchos de los campos del saber de cara a elucidar los misterios de los seres humanos, , siempre huyendo de cualquier forma de estigmatización de los afectados por diferentes patologías, hasta podría decirse que en cierta medida alaba ciertos procesos de aceleración física y mental que son causa de tendencias creativas. Inventivas, etc. No queda ahí la cosa sino que profundiza igualmente por algunos pagos de la historia de la ciencia ( por los bordes de la sociología)destacando cómo algunos descubrimientos científicos son aparcados inexplicablemente para volver a la superficie al cabo de algún tiempo, lo que le lleva a preguntarse si la historia de la ciencia habría tomado otra dirección si las cosas no hubiesen seguido dicho curso, interrogación que va unida a los cuestionamientos acerca del posible parentesco entre evolución de las ideas y la evolución de los seres vivos. Entrelaza ciertos lazos que se establecen entre descubrimientos de unos campos de la ciencia y el cambio de paradigma- en el sentido kuhniano – que provocan en otras ramas de la ciencia ( física cuántica, biología molecular, y…las neurociencias como cruce de conocimientos acerca del funcionamiento del cerebro como órgano de la conciencia y la inteligencia).

A pesar del nivel en que se mueven los ensayos recopilados es de subrayar la claridad expositiva , marca de la casa; y así nos conduce por asuntos insólitos, como trabajos no muy conocidos de Darwin ( en su faceta de botánico) o Freud( presentado como neurólogo destacado), o sobre la capacidad de la conciencia para emerger en el seno del reino animal, adoptando como eje central sobre el que pivota el resto de temas, el tiempo, las velocidades desiguales en que se producen los pensamientos, y en ese movimiento , a veces, regresivo proyecta sus reflexiones como si fuesen sometidas a una certera moviola ( los ejemplos acerca de las aceleraciones que provocan ciertas drogas alucinógenos o los momentos previos a la muerte, son suministrados), y los casos contrarios , en los que algunas disfunciones ( Parkinson o la ingesta de opiáceos) frenan la velocidad del pensamiento; casos que moviéndose por los límites ayudan al conocimiento de la mente humana y su funcionamiento, y sus variables conceptuales acerca del paso del tiempo, los huecos de la memoria, o las tendencias a generalizar en base a ciertas experiencias personales intensamente vividas. Si el otro decía que el origen de la filosofía ( podría decirse, sin traicionar el espíritu del dicho) reside en la estupefacción, a lo largo de la lectura del libro el contagio de la capacidad de maravillarse del autor brota de inmediato ( ejemplificado por los interrogantes acerca de la capacidad de las plantas para aprender, de los procesos de flujo continuo como compuesto de sucesión de instantáneas, la exactitud de los recuerdos o su reconstrucción; el papel esencial que juega el azar en los avances científicos, etc.).

La estrategia seguida por Oliver Sacks va de lo particular, los casos concretos de desfases neurológicos, para desplegarse hacia perspectivas más globales que tratan de explicar el funcionamiento del cerebro, manteniéndose, no obstante, la duda como flecha que señala la vía, abierta, del saber y el conocimiento, y … el placer de la lectura y el conocimiento están servidos, de la mano de este sabio que enseñaba deleitando, promoviendo la curiosidad y el gusto de la exploración.

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