El testamento de Stephen Hawking

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Por Iñaki Urdanibia

El físico, podríamos decir el sabio, de la singular figura es considerado, desde Einstein, en cerebro más potente en el campo del estudio del tiempo, de la teoría unificada de la gravedad ( micro y macro), de los agujeros negros, de las ondas gravitatorias, etc. Hay que decir que por lo general las cuestiones abordadas por este señor, a pesar de que a veces hayan sido realizadas en libros de pretendida divulgación, son complicadas y complejas, como lo es el universo.

Ahora, se publica un libro en el que con palabras sencillas se abordan las grandes cuestiones que han preocupado y preocupan a la humanidad, y a las que Stephen Hawking(1942-2018) da respuesta, o en algunos casos plantea hipótesis.

Recibía el reconocido físico teórico cantidad de cartas en las que se le preguntaba acerca de lo humano y divino; el las guardaba e iba preparando las respuestas, hasta que la muerte se lo llevó este mismo año, el 14 de marzo, fecha en la que se cumple el aniversario del nacimiento de Einstein, de manera que su empresa quedó inconclusa. Su familia( su hija Lucy en especial) y algunos colegas dieron forma definitiva al libro tomando como base los apuntes por él dejados. Vaya por delante que hay unas cuestiones cuyas respuestas son realmente consistentes, mientras que otras-todo hay que decirlo- parecen moverse por los pagos de la ciencia-ficción: así, sus afirmaciones sobre la vida en otros planetas, la labor civilizadora de los humanos en ellos, o su seguridad en que la inteligencia artificial superará a la de los humanos, etc.

« Breves respuestas a las grandes preguntas» ( Crítica, 2018) es el volumen en el que se deriva por las siguientes preguntas claves: ¿ Hay un Dios?, ¿ Podemos predecir el futuro?, ¿Qué hay dentro de un agujero negro?, Nos superará la inteligencia artificial?, Hay más vida inteligente en el universo?, ¿Deberíamos colonizar el espacio?, ¿ Cómo damos forma al futuro?, ¿ Es posible viajar en el tiempo?, ¿ Sobreviviremos en la Tierra?, ¿ Cómo empezó todo?

Como se ve, el menú es francamente atractivo, y Hawking se lanza al ruedo con arrojo…« durante siglos, se creyó que las personas discapacitadas como yo vivían bajo una maldición divina. Bueno, supongo que tal vez haya molestado a alguien de un más allá, pero prefiero pensar que todo se puede explicar de otra manera, mediante las leyes de la naturaleza», y es desde esta óptica, centrada en el más acá, por donde se encaminan las ideas que el autor expone en la obra en la que se entreveran cuestiones de índole general con las de orden personal, biográfico. Este hombre condenado, se le declaró la enfermedad de Charcot ( ELA) a los veinte años, desde joven a una vida breve, según los galenos, en un avance galopante hacia la parálisis, no se rindió, ni hizo caso a los médicos sino que continuó su trabajo, afirmando que si hubiese caso a los diagnósticos no hubiese culminado su trabajo.

Precisamente son sus reflexiones y afirmaciones acerca de Dios de las más taxativas del libro; su postura queda claramente expuesta al negar la necesidad de un origen divino del mundo, lo que supone una radicalización de sus anteriores posturas más cercanas al agnosticismo. Aquí la cosa queda clara no hay ningún rector del universo, ni ninguna energía misteriosa que guíe el surgimiento y la existencia del mundo en que vivimos.

Como ya he señalado líneas más arriba, Hawking sorprende en algunas de sus respuestas que parecen dejarse llevar por su afición por los textos de la ciencia-ficción, y predice en encuentro que acabará dándose entre los humanos y los extra-terrestres de manera similar a cómo se produjo el encuentro ( encontronazo, que algunos califican de descubrimiento) entre los conquistadores y los indios del Nuevo Mundo. Igualmente se aventura a dar por moneda corriente que llegará un momento en que la inteligencia artificial superará la inteligencia de los seres humanos. Estas afirmaciones hipotéticas, no obstante, no conducen a Hawking ha diseñar un futuro apocalíptico, ni ningún horizonte distópico, sino que él mantiene con firmeza una clara esperanza que la ciencia acabará hallando firme respuesta a las preguntas que se planteen.

Con él no nos perdemos por los agujeros negros, ni saldemos despedidos por el Big-Bang como comienzo de esa cosa llamada tiempo, que según afirma no exige ninguna creencia en su carácter eterno, del mismo modo que señala el riesgo potencial del fin de nuestro mundo debido al choque de algún asteroide.

El libro es, amén de ciertas derivas por los temas planteados, una invitación decidida a atreverse a pensar, a ser curioso y a no arredrase ante ningún tipo de pregunta, ya que la tenacidad en la búsqueda es el camino para lograr éxitos en el campo del conocimiento.

Quien fuese autoridad en la cátedra de Cambridge, era conocido por el gran público, además de por su figura postrada en su silla de ruedas, por su libro sobre la historia del tiempo, convertido en un verdadero best-seller, y como consecuencia alzando al astrofísico a las cimas de la celebridad, cosa nada habitual en ese tipo de personajes.

El libro es apropiado para la rumia y el lento paladeo ya que las sendas de reflexión que abre son numerosas; su lectura no reviste dificultades mayores si bien afloran algunas repeticiones y algunos trozos sin sustancia mayor, cuestión que no es extraña si en cuenta se tiene que es una reelaboración post mortem; resultan las casi trescientas páginas una invitación al viaje de la mano de un guía de excepción, que no se achanta ante las innumerables dificultades y misterios que acumula el camino, y que los afronta con paso decidido y con medidas dosis de humor ( alguien ha emparentado su ironía con la célebre imagen de Albert Einstein sacando la lengua o tocando el violín). El libro se completa con un prólogo de Eddie Redmayne en el que relata su experiencia junto al personaje a raíz de la película sobre él, La teoría del todo; la introducción que recoge unas lecciones del panorama actual de las investigaciones en física teórica a cargo del profesor Kip S. Thorne, y un epílogo de la hija del sabio en el que nos es presentado en zapatillas.

Libro de indudable interés debido a las preguntas que plantea y las respuestas de uno de los cerebros más potentes del siglo….siempre, como es natural, con algunas irresolubles preguntas rondando ya que en cierta medida puede afirmarse que el universo como la rosa de Angelus Silesius es sin porqué, y que los intentos explicativos por sucedáneos de la armonía leibniziana resultan baldíos, inclinándose la balanza hacia el péndulo entre el azar y la necesidad de la que hablase Demócrito y retomase, siglos más tarde, Jaqcues Monod, o…el Deus sive Natura de Baruch de Spinoza que nos sitúa en el plano de la auto-generación.

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