El Tío Ho: defensor de niñas y mujeres

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A los socialistas y comunistas el siglo XX no se les puede negar su combate a muerte contra la explotación del trabajo asalariado.

Su identificación con las luchas de los pobres (aunque difícilmente se hablaba de “las pobres”).

Su esfuerzo por crear conciencia emancipadora en la clase obrera.

Su apego a la lucha de clase del proletariado contra la burguesía.

Todos, sin embargo, hablaban mucho del hombre, de los hombres, de la explotación del hombre por el hombre; y casi nada, o nada, de la mujer discriminada y sobre-explotada dentro de la explotación general.

Todos hablan mucho de los adultos y poco de los jóvenes y de los niños; menos aun de las jóvenes y las niñas sometidas a formas adicionales de discriminación por su sexo.

Por muchas décadas el tema de género era algo marginal en el movimiento revolucionario. Igual lo relativo al adulto-centrismo, esto es, al dominio de los adultos sobre los(as) demás.

La izquierda del siglo XX fue –y eso se proyecta con fuerza todavía- una izquierda clasista, pero a la vez –y lamentablemente- machista y adulto-céntrica.

Esto está cambiando y habrá de cambiar mucho más.

Sin embargo, como hubo precursores(as) del socialismo del Siglo XXI (del nuevo socialismo hoy en debate) en el Siglo XX, tambien hubo revolucionarios (varones) que se conmovieron de manera especial y destacaron en sus escritos las expresiones de violencia y vejaciones ejecutadas por los colonizadores y explotadores contra las mujeres y las niñas de los países oprimidos.

Tenía que haber sido Ho Chi Minh, el inmenso Tío Ho, quien denunciara de esta manera la tragedia de su pueblo, cruelmente embestido por la civilización occidental-capitalista, patriarcal y adulto-céntrica:

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“La colonización es en sí misma un acto de violencia del más fuerte contra el más débil. Esta violencia es todavía más odiosa cuando se ejerce contra las mujeres y los niños.”

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“Resulta amargamente irónico ver que la civilización –simbolizada en sus diversas formas, como libertad, justicia, etc., por la gentil figura de una mujer y dirigida por una categoría de hombres conocidos como lo campeones de la galantería- inflige a su emblema vivo el trato más innoble y la lastime vergonzosamente en sus maneras, en su pudor y hasta en su vida.”

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“El sadismo colonial es increíblemente amplio y cruel, pero nos limitaremos aquí a recordar algunos casos vistos y descritos por testigos insospechables de parcialidad. Estos hechos permitirán a nuestras hermanas occidentales darse cuenta de la “misión civilizadora” del capitalismo, así como de los sufrimientos de sus hermanas en las colonias.”

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“A la llegada de los soldados –relata un colonial- la población huyó; solo quedaron dos ancianos y dos mujeres: una señorita y una madre arrullaba su bebe y llevaba de la mano a una niña de 8 años. Los soldados pidieron dinero, alcohol y opio. Como no podían hacerse entender, se pusieron furiosos y tumbaron de un culatazo a uno de los ancianos. Mas tarde, dos de ellos se divirtieron durante varias horas quemando al otro anciano sobre una fogata.”

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“Mientras tanto, los demás violaron a las dos mujeres y a la niña de 8 años y luego, hastiados, mataron a la niña. La madre, entonces no pudo escapar con el bebe y escondida en un matorral unas cien yardas vio torturar a su compañera.”

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“No supo porque se llevó a cabo el asesinato, pero vio a la muchacha acostada de espaldas, atada y amordazada, y uno de lo hombre que hundía lentamente, varias veces, la bayoneta en u vientre y después la sacaba con lentitud. Luego cortó un dedo de la muchacha muerta para sacarle un anillo y su cabeza para robarle un collar”.”(Ho Chi Minh.-“La Mujer Anamita y la Dominación Francesa.- Introducción al Pensamiento Socialista, Néstor Kohan Págs. 179 y 180, Editora Ocean Sur)

En el presente, la recolonización neoliberal repite a su manera este tipo de crueldades contra infantes y mujeres, y no faltan los excelentísimos y reverendísimos prelados católicos capaces de entender la “defensa de la vida” como la obligación de la adolescente violada a parir la criatura producto de ese tipo de monstruosidad.

En verdad es más que aberrante asumir de esa forma la defensa de la vida en esta isla conquistada, colonizada y recolonizada por los máximos representantes de la cultura de la muerte, muchas veces defendidos y bendecidos por la alta jerarquía de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

¿Qué le diría el Tío Ho al Cardenal dominicano en estas circunstancias?

3 de noviembre 2007, Santo Domingo, RD.

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