El socialista, el cristiano y el ecologista, empiezan por casa

«la amistad es una categoría política» Roque Dalton

El Socialista a Futuro
Existen muchas personas que esperan desplegar todas sus buenas intenciones, una vez que la situación política de su país cambie. Hasta tanto no se produzca ese ansiado momento que otros producirán, una Revolución, una Legislación, la venida de Jesucristo, o lo que sea, guardan sus buenas acciones reservadas para ese difuso y futuro momento, en que todos serán felices.
Muchos que se dicen «socialistas» esperan el ascenso de un gobierno de centro-izquierda o una revolución que establezca la dictadura del proletariado, para comenzar a ser solidarios con el prójimo (o sea el próximo, el que está cerca, a la mano).

El auténtico socialista no espera la revolución, la practica ahora, desde el ámbito en que le toque actuar, su propia familia, su lugar de trabajo, su barrio. No espera que otros produzcan el hecho, lo produce él. Está creando socialismo hacia la sociedad, a través de su socialismo personal, ayudar a otros, compartir con el que necesita, escuchar al que está triste, no dejar solo al amigo o al compañero, no desentenderse de sus hijos y de sus animales, participar en su vecinal. El verdadero socialista irradia su ideología a través de la acción cotidiana, contagiando con el ejemplo y creando la «Conciencia del Pueblo». No espera la Revolución, porque él es la Revolución embrionaria.

El falso socialista deja caer sus lágrimas por el bloqueo a Cuba, pero pasa indiferente ante la necesidad de un vecino. El auténtico socialista apoya a Cuba, pero también a su vecino, aunque éste no piense como él. Predica con el ejemplo. Cuando llegue la Revolución General ésta se alimentará y habrá crecido a partir de todas esas pequeñas y aparentemente insignificantes manifestaciones de amor al prójimo. Y aunque estas pequeñas acciones no figuren en ningún libro de historia, serán las células formativas de lo que luego vendrá en grande. Sí, el socialismo empieza por Casa.

Cristianos con lo lejano
También están aquellos que diciéndose «cristianos», se dedican a practicar todas las formalidades de su iglesia, dejando lo más importante para la venida de Cristo, cuando el mundo sea un paraíso, y no haya hambre, ni dolor, ni muerte, ni envidia, etc, por obra de Jesús. Pasa al lado de un semáforo, donde un niño pide una moneda, y le dedica este pensamiento «pobre», con lo cual lo único que hizo fue afirmar en su mente la condición de ese niño y hacerlo más pobre.

El auténtico cristiano, no necesariamente le dará una moneda a ese niño, pero le regalará en su pensamiento el deseo amoroso de una vida mejor, o una palabra de aliento, si no puede hacer otra cosa, por el momento. NO mezquinará el amor para ese prójimo. El verdadero cristiano actúa hoy, con la realidad en que le toca vivir. No elige con que pobre u oprimido solidarizarse. Le indigna el hambre en Etiopía, pero también el de su vecino sin trabajo. Y hace algo, mucho o poco, pero algo. El amor al prójimo, al próximo, el que está a mano. ¿Puede una persona decirse cristiano y desentenderse de sus hijos? No.

Un verdadero cristiano cree «hoy es el día aceptado por el Señor, hoy es el día de la Salvación». No espera la venida «del Reino», lo construye ahora con sus manos, con su corazón y con sus pensamientos. «El Reino de los Cielos está dentro y fuera de ustedes», dijo Jesús, que se cagó en el sábado si ese día había que rescatar una mula empantanada.

Total, la Amazonia está lejos
Y allí están también los falsos ecologistas, que lloran por la destrucción de los bosques de la Amazonía, pero serruchan el naranjo de su patio, porque tienen que hacer una canchita O llenan adhesiones para salvar el pingüino verde; pero pasan indiferentes delante de tres gatitos abandonados, diciendo «pobres». No.

El verdadero ecologista, el auténtico amante de la naturaleza, no piensa que ésta empieza en un bosque lejano. Se siente parte de la naturaleza, no extranjero. Cuida los árboles y las plantas de su patio, los riega, los ama. Si encuentra un pájaro caído, se lo lleva, trata de salvarlo. Se queja de los plaguicidas que arrojan sobre los campos de soja y envenenan a los niños y animales rurales, pero tampoco usa gamexán para las hormigas, porque su casa y su pequeño patio también son parte de la Tierra.

Hace de su propio hogar una «reserva» de Biósfera, con su familia y sus mascotas. Crea el paraíso en la Tierra, haciendo de su domicilio, la capital del Mundo Nuevo. No espera que Greenpeace haga el trabajo duro, porque él es un militante de la Vida. Cree que hay que salvar el Amazonas, el manzano de la vereda, el pingüino verde y curarle la sarna a su perro.

Así, que compañeros y amigos, miremos alrededor, que hay mucho trabajo por hacer ahora, mientras llega el «Gran Día». Podríamos descubrir que el gran día llegará, empujado por los pequeños minutos de solidaridad de Hoy. El Mundo está ahí, para mejorarlo ahora. «Busquen el reino y su justicia, lo demás vendrá por añadidura».
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