El socialismo como movimiento real y no abstracto

La transición, la relación entre teoría y práctica política, entre estrategia y táctica, y la planificación como una forma concreta del proceso de transición.

Gramsci (1975:311) sostenía que “la crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer”. Al analizar los conflictos interimperialistas y su evolución histórica encontramos la necesidad de mirar hacia la historia de las relaciones de fuerza, de objetividad y de sujetos revolucionarios y algunas veces de gigantes de la historia, como los Comandantes eternos Fidel y Chavez.

La crisis ha acentuado el surgimiento y el choque de diferentes polos imperialistas, sacando a la luz los distintos intereses y contradicciones hasta ahora ocultos entre Estados Unidos y la Unión Europea (UE).

Las posiciones que coinciden con el antiimperialismo y el antiamericanismo ahora están ampliamente superadas por más de treinta años de evolución histórica de los bienes capitalistas; sin embargo,  los eventos recientes parecen negar la visión teórica de un enfrentamiento que involucre solo los polos de Europa y EE. UU. En última instancia, es necesario analizar las complejas fracturas creadas por la pérdida de hegemonía estadounidense, en áreas poco consideradas por un marxismo que a menudo ha pecado de eurocentrismo.

Reapropiarse del significado de la historia es una necesidad que enfrenta no solo el intelectual individual, sino también el intelectual colectivo o, verdaderamente, la organización que tenga como objetivo la transformación radical de las relaciones sociales existentes.

Sin el sentido de la historia, de hecho, es fácil ceder a las vulgarizaciones ideológicas de la tendencia dominante, por lo que la historiaseria terminada con el colapso de la Unión Soviética y el triunfo del único mundo posible, el capitalismo; y no sería posible leer y comprender adecuadamente las experiencias concretas de la salida del modo de producción capitalista y la experimentación del socialismo del siglo XXI que se han desarrollado y continúan su camino lleno de dificultades, en primer lugar en América Latina.

Por ejemplo, el ataque contra la Revolución Bolivariana comenzó con la toma del poder por parte de Chávez; se realizó, en parte, con el golpe de 2002, y vio las mil formas implementadas con mayor intensidad después de la muerte del Comandante y la llegada de Nicolás Maduro a la presidencia.

Es obvio que el primer compromiso, hoy, de las fuerzas sociales populares, de la política democrática popular y revolucionaria acompañada de intelectuales y medios democráticos de comunicación, no será desarrollar una batalla de poder simplemente sustitutiva y en intereses similares, sino de proceder sobre un terreno de poder alternativo.

Quienes razonan por modelos abstractos, incluso en la llamada izquierda radical, se han visto desplazados en los últimos años por los procesos en curso en Venezuela, además del juicio sobre la evolución del proceso revolucionario cubano no pocas veces interpretado como una desviación del modelo socialista original y ahora “irremediablemente contaminado con formas capitalistas”.

El socialismo no es un modelo abstracto que se aplica a la realidad concreta; por el contrario, representa una fase histórica completa de superación del modo de producción capitalista (MPC), que tiene lugar no en una línea recta de progreso imparable sino a través de momentos de avance y retirada.

Actualmente, la subjetividad política que quiere situarse en la prospectiva estratégica para superar el MPC, donde sea que opere, en Cuba, Venezuela o en el corazón del polo imperialista europeo, no puede de ninguna manera evadir estos temas: la transición, la relación entre teoría y práctica política, entre estrategia y táctica, y la planificación como una forma concreta del proceso de transición.

 

 

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