El socialismo como capitalismo de Estado. Contra la idea del socialismo como fase de transición al comunismo

La idea del socialismo como “fase de transición” al comunismo ha resultado ser, cuando menos, un arma de doble filo. En primer lugar, el reformismo socialdemócrata lanzó la idea (hace tiempo abandonada) del lento pero inexorable transitar socialista, de reforma en reforma, del capitalismo al comunismo, cuando hacia lo único a lo que transitó fue hacia el imperialismo capitalista. Después, durante más de 70 años la burocracia soviética afirmó estar en transición hacia el comunismo. China lleva, de momento, 60 años de “transición” y, como todo el mundo sabe, cada día está más cerca del comunismo… El socialismo ha surgido, más bien, según las circunstancias, como una fase del desarrollo capitalista, una fase de transición al capitalismo, una forma reaccionaria de restauración capitalista, una forma de nacionalismo imperialista o antiimperialista y, en todo caso, como una forma de capitalismo que puede denominarse, con precisión, capitalismo de Estado.

No se trata de una cuestión meramente nominal. La idea de un “período de transición al comunismo” está ya en Marx (las expresiones citadas en este párrafo pertenecen a la “Crítica del programa de Gotha”). Pero, en primer lugar, Marx no habla del “socialismo” para referirse a ese periodo. En segundo lugar, Marx se refiere con ello a la forma de Estado y habla tan sólo de un “período político de transición”. En tercer lugar, cuando se refiere propiamente a la forma de sociedad, Marx distingue entre una “primera fase de la sociedad comunista” y una “fase superior de la sociedad comunista”, y no habla de una fase de transición “socialista” entre el capitalismo y el comunismo. Marx habla, por tanto, de una fase de transición política entre el capitalismo y el comunismo (a la que no denomina “socialismo”, sino “dictadura revolucionaria del proletariado”), pero no de una fase de transición social entre la sociedad capitalista y comunista, sino de fases del comunismo. Lo que ante todo hay que distinguir es el comunismo del capitalismo. La transición del capitalismo al comunismo no puede ser, a su vez, algo entre ambos pero distinto de ambos y que conduciría del primero al segundo (una especie de puente).

El capitalismo es una relación social, la relación entre los propietarios de los medios de producción y los trabajadores asalariados, propietarios únicamente de su propio cuerpo. Esta relación consiste en la apropiación por parte del capitalista de la totalidad del producto producido por el trabajador, que obtiene a cambio un salario equivalente únicamente al valor de una parte del producto, con lo que el capitalista obtiene un beneficio. Lo específico de la explotación capitalista consiste, por tanto, en que el trabajador entrega la totalidad de su producto al capitalista a cambio de un salario que equivale sólo a una parte del valor de producto.

Esta relación se constituye, por tanto, por la separación total de los productores de los medios de producción o, en general, de sus productos (pues los medios de producción son también productos del trabajo). Pero, a su vez, esta separación se basa en la separación de los productores, que constituye la relación social de intercambio (el mercado), puesto que la relación social capitalista consiste, en parte, en un intercambio (un intercambio, en realidad, entre los propios productores por medio de los capitalistas).

El comunismo implica la abolición de la propiedad privada de los medios de producción (y de los productos en general) y su socialización. Pero la socialización de los medios de producción implica la asociación de los productores para el control de la producción. Para que el control de la producción sea efectivo, la asociación de los productores debe ser democrática. Es en referencia a la democracia obrera cuando Marx habla de una “fase de transición del capitalismo al comunismo” (sobre la “democracia obrera” he hablado ya en otros artículos: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64447 y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76548). Así, los productores dejan de estar separados de sus productos, pero también dejan de estar separados entre sí. Con ello desaparece la relación social capitalista, pero también la relación de intercambio (el mercado), sobre la que se basa aquella.

En la sociedad comunista los productores asociados deciden democráticamente lo que quieren producir (en base a las necesidades que quieren satisfacer) y la duración de la jornada laboral igual para todos. Puesto que el valor de un bien o un servicio es el tiempo de trabajo necesario para su producción, conociéndolo se puede calcular la jornada laboral necesaria para determinada producción y, a la inversa, lo que es posible producir dada una jornada laboral y el número de trabajadores. Una vez determinada la producción y la jornada laboral, el tiempo restante será tiempo libre. La gente irá a los establecimientos públicos y entregará un cupón diario de su cartilla nominal a cambio de una barra de pan, un cupón semanal por una cesta de alimentos, otro por una sesión de cine, un cupón mensual por un corte de pelo o uno semestral por unos pantalones.

El control democrático de la producción puede ser sencillo si se conoce el tiempo de trabajo necesario para la producción de cada bien y servicio. Basta con que cada trabajador demande una cantidad de bienes y servicios anuales. Conociendo el número de trabajadores y el número de horas necesarias para la producción de cada bien o servicio (que incluyen las horas necesarias para la producción de los medios de producción requeridos), se calcula la jornada laboral igual necesaria para la producción de los mismos (así como el número de trabajadores requeridos en cada sector). Por supuesto, la jornada laboral variarà en proporción a la cantidad de bienes y servicios, y los trabajadores deberán elegir en consecuencia. El resultado final será la media de las demandas de los trabajadores.

Otra cosa ocurre en el socialismo. Éste consiste, fundamentalmente, en la creación de un sector económico estatal, más o menos amplio, que garantice, en mayor o menor medida, el acceso de la población a ciertos bienes y servicios como la sanidad, la educación y otros, en su caso, lo que tiene como efecto un reparto más o menos igualitario de una parte del producto social. Estas políticas pueden ser tan tímidas como las que, por ejemplo, propone ahora IU contra la crisis, o más audaces, como las que se vienen llevando a cabo en Venezuela, por ejemplo. En último término, estas políticas pueden constituir un régimen socialista, cuando son establecidas constitucionalmente y el sector estatal así constituido abarca la totalidad o una parte importante de la economía.

Pero el socialismo no es comunismo ni una fase de transición al comunismo, sino una forma de capitalismo, puesto que los productores no están asociados democráticamente para el control de la producción ycontinúan estando, por tanto, separados entre sí y de sus productos (quizás no esté de más señalar que la elección de representantes no tiene nada que ver con la democracia). La diferencia fundamental entre el capitalismo competitivo y el capitalismo de Estado (puro) consiste en que en éste el capital tiene un único propietario: el Estado. El socialismo no consiste en la socialización de la producción, sino en su estatización. En el socialismo los capitalistas no se apropian individualmente del producto de los trabajadores sino que lo hacen directamente de forma colectiva, a través del Estado. Pero los miembros de la burguesía continúan apropiándose sin compensación de una parte del producto, con la diferencia de que se reparten el plusproducto no en proporción a sus diversos capitales individuales, sino en proporción al puesto que ocupen en la jerarquía estatal. Prueba de ello es que en el socialismo continúa existiendo el trabajo asalariado y, por tanto, el intercambio. Que una parte del producto sea distribuida gratuitamente entre la población por la burguesía estatal es sólo una concesión de la burguesía (y esto es lo que se ha entendido como la característica principal del socialismo). Pero la clase asalariada también hace algunas concesiones especiales a cambio, como renunciar al derecho de huelga, por ejemplo.

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