Publicado en: 20 septiembre, 2018

El Sionismo: orígenes, expansionismo y presencia en Chile

Por Arturo Alejandro Muñoz

Los sionistas neoliberales no son exclusivamente judíos; también los hay de origen sajón, español, japonés e incluso árabe, llegando incluso a asociarse políticamente con movimientos nacionalistas locales cercanos al neonazismo

El sionismo se ha convertido en una de las principales herramientas de expoliación por parte de países en desarrollo, generando brechas económicas insalvables y  fracturando al mundo en sectores económicos y sociales irreconciliables. Todo ello (por dinero y poder), orquestado y dirigido por financistas de diversos orígenes y razas, pero unidos por la misma característica esencial: ser sionista, lo que en absoluto significa ser exclusivamente judío.

El sionismo tomó su nombre de una de las colinas de Jerusalén llamada Zion, y adquirió alcance político gracias a Teodor Herzl, un periodista austríaco que a finales del siglo diecinueve pensaba que los judíos debían formar una nación propia en un solo territorio, específicamente en Palestina, el cual ellos consideraban ‘tierra prometida’.

En 1897, Herzl organizó el primer congreso sionista en Basilea, Suiza, cuyo programa decía: “el sionismo quiere crear un hogar para los judíos en Palestina, al amparo de la ley pública”. El centro de este movimiento se estableció en Viena, donde Herzl publicó su semanario oficial Die Welt (El mundo). Los congresos sionistas se reunían anualmente hasta 1901 y después cada dos años. Cuando el gobierno otomano rechazó la propuesta de Herzl de otorgar la autonomía a Palestina, los sionistas buscaron el apoyo de Gran Bretaña.

En 1903 el gobierno británico ofreció a los judíos 6 mil millas cuadradas deshabitadas en Uganda (en aquel entonces, colonia británica) para que se establecieran en ese lugar de África, pero los sionistas rechazaron esta oferta e insistieron en Palestina.

Con el estallido de la primera Guerra Mundial (1914-1918), el sionismo se extendió, y los judíos rusos que vivían en Inglaterra promovieron la Declaración de Balfour, mediante la cual los británicos prometían apoyar a los judíos en la creación de un estado nacional judío en Palestina. Esta declaración fue incluida en el mandato británico de la Liga de las Naciones sobre Palestina el año 1922. Tres años más tarde, la población judía en Palestina se estimaba oficialmente en 108 mil personas; ocho años después ascendía a 238 mil. La inmigración judía fue moderada, pero se incrementó violentamente cuando se produjo el ascenso del nazismo en Alemania.

El Sionismo desafía al Imperio Británico

Bajo el mandato británico, muchos campesinos árabes fueron desarraigados de sus aldeas y despojados de sus tierras. La población árabe temía que, eventualmente, Palestina se convirtiera en un estado judío y hacía todo lo posible para resistir a los sionistas y a la política británica que los apoyaba. Hubo varias revueltas árabes, especialmente en 1929 y 1936-39, que provocaron que los ingleses limitaran el apoyo a los sionistas, lo que causó una ola de atentados terroristas sionistas contra árabes e ingleses.

Uno de ellos -quizás el principal en la época- fue la voladura del Hotel Rey David, cuartel general de los británicos, quienes perdieron en ese atentado a más de 90 de sus hombres. El Irgún, organización terrorista judía, se adjudicó el atentado, aduciendo que era la respuesta sionista a la acción que los soldados ingleses habían desarrollado semanas antes en la Operación Agatha (fue la invasión de tropas inglesas a la Agencia Judía, arrestando a más de dos mil judíos por porte ilegal de armas y asociación ilícita para atentar contra la presencia inglesa en Palestina).

Posteriormente, en Alemania, a partir de 1938, con La Noche de los Cristales Rotos o Kristallnacht y la escalada del nazismo, la exterminación de judíos en Europa y el acoso que sufrieron en buena parte del mundo, provocó que un gran número de judíos buscara refugio en Palestina y muchos otros, especialmente de los Estados Unidos, se unieran al sionismo. Como la tensión árabe-sionista crecía, los británicos decidieron dejar el asunto en manos de la ONU. Ésta propuso, en noviembre de 1947, la división del territorio en dos naciones separadas, la árabe y la judía, así como la internacionalización de Jerusalén.

En 1948, una vez creado el estado de Israel, las organizaciones sionistas de todo el mundo se dedicaron a reunir fondos para apoyar a los israelíes y a los inmigrantes judíos que se establecían en Palestina.

Los Kapos toman las riendas del Sionismo

En los campos de concentración construidos y dirigidos por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, se creó una especie de sólida pirámide social, una estructura que tenía en su cabeza a los kapos o capos, especies de policías que los nazis de las SS sacaban de las mismas filas de judíos prisioneros, generalmente los más fuertes, los que tenían antecedentes criminales y delictuales, los poseedores de alguna tara o, simplemente, aquellos que amaban la violencia y la sangre, para que se ‘ocuparan’ de la población interna, de los condenados al hambre, la tortura y la muerte.

Estos kapos ejecutaban una parte de las labores de represión a cambio de librarse, al menos inicialmente, del destino prefabricado para sus compañeros. En la tarea de ser el perro de su amo, los kapos variaban su ejecución en función de su talante personal: los sanguinarios, los sádicos, los depravados y pervertidos tenían la ocupación ideal para encauzar sus pulsiones, sin tener que rendir cuentas a nadie y con la total satisfacción de sus superiores. Ése era uno de los objetivos del nazismo: que parte de su trabajo perverso fuera ejecutado por los mismos que estaban doblegados. Los primeros insultos, los primeros golpes no venían de las SS, sino de los otros prisioneros, de compañeros, de aquellos misteriosos personajes que, sin embargo, se vestían con la misma túnica a rayas que el resto de los condenados.

Cuando las tropas soviéticas en el Este de Europa derrotaron a los ejércitos nazis y arribaron a los campos de concentración, junto a los miles de cadavéricos prisioneros y millones de kilos de huesos humanos depositados en hondos barrancos, encontraron la presencia de prisioneros ‘especiales, mejor alimentados y dueños de una tozuda veleidad: eran los kapos, judíos guardianes de judíos, mastines’ amaestrados por los nazis.

No cabe duda que los kapos aprendieron de forma directa y brutal todas y cada una de las técnicas usadas por los nazis para violentar, amedrentar y asesinar al adversario. Es difícil negar que el ‘síndrome de Estocolmo’ hizo carne en ellos, pues una vez liberados y puestos en camino hacia territorios del Medio Oriente, los antiguos fieles ‘mastines’ de Heydrich, Bormann y Himmler, ofrecieron su experticia al movimiento sionista, a tal punto que llegaron incluso a comandarlo.

La potencialidad del sionismo –dirigido ahora por antiguos kapos de campos concentración nazis- se confirmó en una de las más sangrientas y atroces masacres efectuadas por judíos en Palestina pocos años después de finalizada la segunda Guerra Mundial: Deir Yassin, una pequeña aldea palestina ubicada a 3 kilómetros al oeste de Jerusalén, que para el año 1948 no llegaba aún a los 800 habitantes. El 9 de abril de ese año, bajo instrucciones expresas de la Jewish Agency, guerrilleros sionistas del IRGUN y la Banda Stern ingresaron a la entonces tranquila y pacífica aldea de Deir Yassin para desatar una carnicería en la que asesinaron a más de la mitad de la población. El objetivo era instalar el miedo entre los palestinos para forzar a Inglaterra y a la ONU la entrega de territorios y crear el estado de Israel.

En total masacraron a más de 400 personas, y la prensa internacional de la época intentó ocultar las cifras. El diario The New York Times, al hacer referencia al tema, primero lo minimizó y dijo que “habrían muerto” 254 personas. Apenas 40 aldeanos pudieron escapar. El resto tuvo que esconderse entre las ruinas, pues los fanáticos los buscaban para no dejar más testigos.

Al respecto, Jack de Reine, observador de la Cruz Roja Internacional, elaboró un contundente informe que, sin embargo, no produjo reacciones en el mundo industrializado (a esas alturas, ya dominado por capitales sionistas). Reine escribió: <<Los judíos rechazaron ayudarme y protegerme, vestían uniformes verde olivo y usaban cascos, todos sus miembros eran jóvenes y adolescentes, varones y hembras, estaban armados con metralletas, rifles, granadas; tanto sus armas como sus uniformes estaban llenos de sangre, éste era el grupo encargado de asesinar a los sobrevivientes>>

La Haganah, milicia judía dirigida en ese entonces por el sector mayoritario y socialdemócrata del sionismo, MAPAI, hoy Laborista, debía enterrar los cuerpos de las víctimas. Su jefe, Yenshorin Sheif, recordaba el sangriento acontecimiento: “<<aquel día primaveral era maravilloso, los árboles de almendra estaban llenos de flores, pero por todos los lados venía el olor desagradable de los cadáveres que enterrábamos en la fosa común, y se veía el destrozo del pueblo>>

Deir Yassin fue para el sionismo una “victoria. Se ufanaba de haber masacrado a un pueblo indefenso, se vanagloriaba de haber matado a niños y mujeres, de haber dejado en ruinas a una laboriosa aldea agrícola cuyo único “delito” era ser Palestina. Esta barbarie fue el génesis de Israel, y el mismo Menahem Beguin, señaló años más tarde: “<<lo que ocurrió en Deir Yassin y su divulgación ayudó a triunfar en batallas decisivas y allanó el camino al futuro>>

Y fue así. Antes del 15 de mayo, mientras aún Palestina estaba bajo dominio inglés, los guerrilleros sionistas ocuparon varias ciudades y terminaron produciendo el éxodo de 3 millones de palestinos. Luego, con la ayuda anglosajona, el sionismo logró -ese mismo año 1948- que la ONU diera el visto bueno a la constitución del Estado de Israel.

El Sionismo en el Mundo, Hoy

Digamos, sin temor al error, que fue Menahem Begin quien rearticuló –políticamente- el movimiento sionista a través de la creación del Partido Herut (Libertad) que en 1973 con otras formaciones de la derecha nacionalista y neoliberal daría origen al Likud. (las violentas Banda Stern e Irgún fueron las raíces del Herut), el cual toma el gobierno de Israel el año 1977.

Este partido ultraderechista ha sido responsable de la mayoría de los actos sangrientos y genocidas cometidos por Israel en las últimas décadas. Uno de ellos, bastante conocido y definitivamente horroroso, fue la masacre en los campamentos de refugiados palestinos en Sabra y Chatila, en territorio libanés, orquestada y planificada por sionistas fundamentalistas, pero cometida por ‘cristianos’ libaneses, yanaconas del Likud y de Tel-Aviv.

Begin fue, además, quien decidió cambiar la capital del Estado de Israel a la sagrada Jerusalén, luego de invadir territorios que no pertenecían a los hijos de Sion. Y a este hombre, por haber firmado un acuerdo de débil paz con el mandatario egipcio Anwar el Sadat (después de años de ataques, muertes e invasiones propiciadas por su política de expansionismo), la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de la Paz, galardón que como bien sabemos –a través del ejemplo otorgado por los inefables Henry Kissisnger y Barack Obama- hoy día vale menos que cien gramos de maní confitado. Ya durante la campaña presidencial de 2008 había habido advertencias sobre la enorme influencia del lobby sionista sobre el “progresista” OBAMA. Se señaló que su principal asesor en materia estratégica era el sionista israelí Rahm Emanuel.

Más rápido que lento, los sionistas redescubrieron la importancia del rol especulador que había caracterizado a algunos judíos en el pasado histórico. La fuerza económica, la enorme e innegable capacidad financiera que distingue a los judíos de origen europeo, sean azkenazies o de la diáspora sefaradí, desde que los cristianos les reservaron esas funciones en la Edad Media, así como la máxima sociológica que han desarrollado a lo largo de la Historia de la humanidad (aquella de no comprometerse con ninguna nacionalidad, ni siquiera con aquella que les brinda refugio), les permitieron a los sionistas –es decir, a aquellos judíos que siguen creyendo ser los dueños del mundo por autorización de Yahvé- apropiarse de las riendas políticas, económicas, comunicacionales y sociales de los principales países industrializados del orbe, especialmente Estados Unidos de Norteamérica y su red de dominio (en este caso, gran parte de Latinoamérica y vastos territorios en Asia, África y Oceanía).

En Chile, el Sionismo tiene socios Duopólicos

No cabe duda que el sionismo, aliado ahora al sistema neoliberal que, por lo demás él mismo creó (recordar que Milton Friedman tenía raíces judías y era esencialmente un sionista), ha logrado aherrojar las economías de muchos países latinoamericanos, siendo Chile su principal éxito en este subcontinente.

Aquí, la codicia y ampliación -o al menos mantención- de las tasas escandalosas de ganancias de las transnacionales y grupos privados conformados por sociedades anónimas donde los sionistas poseen la mayoría accionaria, alcanzan cifras que en cualquier país civilizado originarían procesos judiciales y sanciones severas.

Los economistas y políticos chilenos del duopolio Alianza-Concertación/Nueva Mayoría han sido presa fácil (y barata) para los colmillos del neoliberalismo extranjero, dominado en gran medida por intereses planetarios que, como ya hemos señalado en otras oportunidades, proceden de capitales pertenecientes -o asociados- al sionismo norteamericano y europeo.

En este delicado asunto, los sionistas neoliberales no son exclusivamente judíos; también los hay de origen sajón, español, japonés e incluso árabe, pues en Chile –además de los Hiznpeter, Poniachik, Melnick, Schaulsohn y otros, hay apellidos como Bitar y Pérez Yoma que destacan por su yanaconismo neoliberal, habiéndose constituido –al igual que el inefable Fernando Flores (socio del mexicano Carlos Slim y del español Felipe González)- en referentes absolutos de la decadencia moral y falta de identidad que caracteriza a Chile en el concierto latinoamericano, lo cual es miel sobre hojuelas para los intereses globales del sionismo.

Es así, entonces, que de los campos de concentración en Auschwitz y Treblinka, pasando por las sangrientas experiencias sufridas por los palestinos en Deir Yassin, Sabra y Chatila, o ahora en Gaza, los sionistas y neoliberales asociados a ellos decidieron agregar a su poder bélico -sito en el país que dominan sin contrapeso (EEUU)- los perfiles financieros y mega empresariales predadores que, en Chile, han alcanzado su cénit expoliador merced a cofradías políticas caracterizadas por el entreguismo, la corrupción y la desidia.

Y para aclarar definitivamente lo que es el sionismo veamos lo que en diciembre de 1938 dijo en una carta David Ben Gurion (quien años más tarde fue Primer Ministro de Israel) a la oficina o mesa ejecutiva sionista:

Salvar vidas humanas de judíos de las manos de Hitler aquí está considerado como una amenaza potencial para el Sionismo, a menos que éstos sean traídos a Palestina. Si el Sionismo tiene que elegir entre los judíos y el Estado Judío, preferirá siempre,  y sin dudarlo, lo último.

Queda claro entonces que el sionismo no es otra cosa que una forma particular de fascismo

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