El sindicato de Enseñanza e Intervención Social de Madrid ante el Plan Bolonia

EL SINDICATO DE ENSEÑANZA E INTERVENCIÓN SOCIAL DE CNT AIT MADRID ANTE EL ESPACIO EUROPEO DE EDUCACIÓN SUPERIOR

También conocido como “Plan de Bolonia”, comienza a gestarse en 1998 con la Declaración de la Sorbona y especialmente en 1999, con la Declaración de Bolonia firmada por los ministros de educación, n la que la Unión Europea presenta sus líneas directrices al objeto de implantar el llamado “Espacio Europeo de Educación Superior” en el horizonte del año 2010.

La definición de intenciones de la Unión Europea al respecto se fundamenta en una Comunicación de la Comisión de las Comunidades Europeas, denominada El papel de las universidades en la Europa delconocimiento. El análisis de dicho documento señala los objetivos, retos, sistema de financiación, criterios de excelencia, estructuración, redes universitarias, recursos humanos y proyección social de las universidades. Este documento y otros tantos que a modo de cascada se han ido produciendo con posterioridad, muestran una definición de intenciones basada en reuniones de los ministros de educación habidos en Berlín (2003), Bergen (2005) y el próximo de Londres (2007), de tal modo que, la comprensión ultima del proceso – dada la magnitud y complejidad del mismo – cada vez más queda tan sólo al alcance de personas o grupos altamente especializados en la dinámica de procesos educativos, restando posibilidades de acceso al mismo para una buena parte del colectivo universitario que se verá afectado directamente, así como para el resto de la sociedad, no habituada ni mucho menos a la lectura prolija, farragosa e hiperespecializada de este tipo de documentos, razón por la cual la valoración del proceso a
veces queda restringida a debates entre meros especialistas, hecho que limita su difusión y discusión.

Sobre el papel de las universidades en Europa la Comisión propugna el objetivo de alcanzar un “entorno universitario saneado y floreciente”, basado en la excelencia de la universidad para alcanzar una “sociedad del conocimiento” y para convertir a Europa en “la economía más competitiva y dinámica del mundo basada en el conocimiento”, buscando ser referencia de calidad mundial en 2010. La forma de llegar a dicho destino se orientaría a través de la contribución de las universidades a las necesidades y estrategias locales/regionales y de una estrecha colaboración entre universidades y empresas para alcanzar una difusión y explotación de los nuevos conocimientos en la economía y la sociedad, basando dichas prácticas a su vez en principios de competitividad. Tal orientación afectará, una vez implantada, a 4.000 centros universitarios europeos que cuentan con casi 13 millones de alumnos.

Una primera lectura del bloque documental en el que se sustenta la propuesta, da la impresión de
querer vertebrar un espacio a partir de principios de internacionalización, concurrencia competitiva,
incentivo a la investigación, facilitar la cooperación entre universidades e industria y reorganización de las estructuras educativas precedentes. La realidad, tras un fino análisis, es muy otra. Con las líneas de aplicación de dichas directrices se observan los siguientes hechos:

– Se propugna un entorno marco común para todo el contexto universitario europeo, afectado por un conjunto de múltiples y variadas características de heteogeneidad, con casos extremos de disfunciones en sus sistemas educativos, capacidades docentes e investigadoras dispares tanto como sus capacidades económicas nacionales, además de no valorar sus diversas tradiciones culturales. La impresión obtenida es la de que se quiere imponer un modelo único referencial, basado en los intereses de las grandes potencias europeas, en especial Inglaterra, Francia y Alemania, al fin y al cabo los principales contribuyentes netos de la Unión Europea. La propuesta para la educación superior recuerda en mucho las orientaciones de la Política Agraria Común, las Redes Prioritarias de Transporte o el reparto de los fondos de cohesión y estructurales para los espacios europeos menos desarrollados, es decir, una nueva tutela por parte de los países más avanzados, que en este caso cuentan con el apoyo de otros países de análogas características como Luxemburgo, Holanda o Bélgica, en fuerte contraste con otros de menor perfil económico como Italia o España, que se suman al fervor europeista comunitario sobre el papel pero conscientes de su muy difícil aplicación, e incluso habría que señalar la casi imposibilidad material de aplicación en países del furgón económico de cola en Europa como Portugal, Grecia y los de nueva integración, que en algunos casos no llegan ni a alcanzar el 50 % del nivel de renta medio comunitario contabilizado en 1999.

– Se propicia una fuerte dependencia de la orientaciones de la universidad europea para satisfacer las necesidades de los grandes agentes económicos, es decir, capital-corporaciones industrialescorporaciones tecnológicas, orientando planes de estudio, sistema de créditos, organización de los ciclos educativos y formativos, en función de la demanda del mercado que, obviamente, dictan dichos agentes y corporaciones económicas, sobre todo en el contexto internacional de la globalización. De tal modo que la función de generación de conocimiento de las universidades, en un fuerte marco competitivo, se dirigirá principalmente a funciones productivistas asociadas al sistema económico, a eso se le puede denominar "ultraliberalismo”, como orientar las titulaciones a los deseos del empresariado, desplazando a un oscuro segundo lugar la función formativa en otros apartados no eminentemente vinculados al mercado de empleo, y relegando en términos absolutos los estudios más humanistas o culturales, aquellos no directamente enfocados a bolsas de empleo.

– La estructuración misma de los ciclos formativos señala sin lugar a dudas dicho interés. Un ciclo corto de 3 años para el grado universitario, seguido de otro año más para un master de especialización, quedando el doctorado como el nivel máximo para la formación universitaria, al que podría acceder un número muy limitado de estudiantes. La asistencia estará reglada con carácter obligatorio, y el estudiante tendrá un calendario de trabajo mucho más personalizado que ahora, lo que producirá que muchos trabajadores no puedan acceder a la universidad por incompatibilidad horaria. O sea, una nueva limitación para los ciudadanos que tengan bajo nivel de renta.

– La supuesta compatibilidad de todas las universidades dentro del sistema propuesto beneficia claramente a las más asentadas o que cuentan con mejores y mayores recursos económicos y tecnológicos, en tanto que las que no alcanzan en la actualidad los mejores estándares quedarán poco a poco relegadas a posiciones poco competitivas, con el peligro de su desaparición. Del mismo modo, las orientaciones para el precio de las matrículas, restringirán por cuestiones meramente económicas el acceso a muchas carreras a buena parte de los aspirantes que quieran cursar estudios superiores. Los propios estados europeos vienen desde hace años queriendo propiciar un proceso de neoprivatización de la universidad, limitando su financiación, obligando a externalizar servicios, a subir las matrículas, reducir le número de becas y a mendigar aportaciones empresariales o institucionales para proyectos de investigación y de mejora de instalaciones.

– La norma de reducir los tipos de enseñanzas a tan sólo cinco grandes ramas, restringe igualmente el futuro de las disciplinas menos demandadas laboralmente (En el mejor de los casos se pasará de casi 150 a menos de ochenta titulaciones), en tanto que las más solicitadas llegarán incluso a tener que transformar los actuales programas de estudio en aras de la satisfacción de las necesidades empresariales, por las cuales se abocará al estudiantado a desarrollar prácticas en empresas, sin remuneración o en condiciones precarias, para luego poder acceder a un mercado de trabajo cada vez más limitado y selectivo. Las carreras serán más cortas, más caras y muy posiblemente el grado de remuneración se resentirá del mismo modo.

Éste es uno de los problemas que ya está cobrando una gran magnitud entre las generaciones de
egresados universitarios europeos, es decir, tras arduos esfuerzos formativos y económicos familiares-personales para poder seguir sus estudios, se encuentran con un mercado de trabajo cada vez más limitado y precarizado, con peores condiciones sociales y gran inestabilidad laboral. Al mismo tiempo se generalizarán las “bécas-prestamo”, en realidad préstamos encubiertos, que encarecerán el proceso normativo de los estudiantes, especialmente en los niveles de especialización del master, que podrá multiplicarse varias veces por encima de su coste actual, o lo que es lo mismo, el estado transfiere y repercute al ciudadano la mayor parte de la inversión a realizar en educación superior, ahondando de nuevo las actuales diferencias sociales.

– En cuanto a la investigación en los centros universitarios, ésta quedará marcada por un nuevo proceso neoliberal por el cual quedarán obligadas las universidades a considerar como líneas prioritarias las que marquen las corporaciones económicas y tecnológicas, incluidas las militares, que luego podrán delegar parte de sus trabajos a las universidades, ya que así su coste empresarial será más bajo. La pregunta es: ¿Cuánto tiempo pasará para que dichos procesos se encarguen a otras universidades de menor rango o del tercer mundo, en condiciones más restrictivas incluso, que puedan dar presupuestos más bajos ?.

Podría darse un proceso similar al de la “maquila” en el tercer mundo, que recoge las partes menos
productivas y más contaminantes de los grandes circuitos económicos.

– En la práctica, los principios de cooperación interuniversitaria estarán supeditados a la prevalencia de los valores de una cultura dominante, la del capital, que preconiza de nuevo la competencia a ultranza, a todas luces insolidaria y que además está propiciada por las principales potencias europeas. Difícilmente será exportable éste modelo universitario – en realidad el que propone y promueve la Unión Europea – a otros países comunitarios que no cuentan con las bases suficientes para su implantación, generando de es modo una nueva línea de apertura de diferencias sociales y económicas, que afectarán especialmente a las capas de población con menor capacidad de renta, disminuyendo las oportunidades de los ciudadanos y de los territorios menos favorecidos, incidiendo negativamente en sus expectativas futuras.
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Ante la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior, la CNT dice NO a una universidad
concebida como fábrica de precarios, NO a una universidad concebida como escuela de elites, NO a la universidad concebida como fábrica de mano de obra barata cualificada, NO a la universidad como factor de diferenciación social y NO a una universidad controlada por los intereses del capital y de los grandes agentes económicos o mediáticos.

La educación es nuestro futuro, no dejemos nuestro futuro en manos de los demás.

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