El seudónimo desconocido de Clara Campoamor

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La faceta periodística de Clara Campoamor ha quedado olvidada durante mucho tiempo, arrinconada en la sombra por su descomunal faceta de abogada y parlamentaria republicana defensora de los derechos de la mujer en 1931. Hace pocos meses Isabel Lizárraga y Juan Aguilera1 hicieron justicia con la edición y estudio de su obra periodística de los años 1920 y 1921, pero ha pasado desapercibida la utilización de un seudónimo por parte de Clara Campoamor en estos primeros años de su vida pública como periodista. Descubrirlo y compartirlo es el motivo de esta pequeña contribución historiográfica.

En la entrevista realizada por Blanca Silveiro-Armesto en el diario madrileño La Libertad en 19322, Clara Campoamor afirmaba que ella «trabajó intensamente» en la faceta periodística y que supo que la mujer también ahí «era el punto más débil». Esa etapa fue, según ella, la del fracaso de El Liberal y del Heraldo de Madrid y la creación de dos nuevos diarios, La Libertad y el Nuevo Heraldo, cabecera ésta que terminó siendo Hoy. Como Clara Campoamor recordaba en la entrevista, en esta época ya había dejado de trabajar como oficial de Telégrafos, seguía siendo profesora especial de Taquigrafía y Mecanografía en la Escuela de Adultas, ejerciendo en el grupo escolar de la calle Bailén de Madrid, y comenzó a estudiar el Bachillerato como condición previa para su mediática carrera de Derecho.

La circunstancia por la que comenzó su producción periodística precisamente en estos dos diarios no fue casual. El año anterior, el 26 de octubre, se constituyó en Madrid el Sindicato de Periodistas que se incorporó a la Federación de Artes Gráficas, afiliada a la UGT. En una reunión con más de 200 periodistas se aprobó el reglamento y los estatutos, así como sus distintos comités, siendo elegido presidente Ezequiel Endériz, redactor en ese momento de El Liberal de Madrid.

Desde el principio se encontraron frente a frente con la primera asociación patronal de periódicos de España, la Sociedad Editorial de España (SEE), llamada también el «Trust» y que era propietaria, entre otros diarios de provincias, de El Imparcial, El Liberal y el Heraldo de Madrid.

Después de varios intentos infructuosos de negociar una tabla reivindicativa para el gremio, el 5 de diciembre de 1919 se declaró una huelga de periodistas y tipógrafos de la Federación de Artes Gráficas. En el transcurso de la misma, los diarios del Trust obligaron a sus redactores a decidir entre abandonar el Sindicato o dejar la plantilla, ocasionando la salida masiva de los principales redactores de El Liberal y del Heraldo de Madrid y la constitución de dos nuevos diarios madrileños, como ya hemos visto: Hoy (titulado los primeros días Nuevo Heraldo), con los antiguos redactores de Heraldo de Madrid, y La Libertad con los antiguos redactores de El Liberal. Ambos diarios se opusieron frontalmente al Trust y durante algunos meses tuvieron una aureola de diarios rebeldes y progresistas que coqueteaban con socialistas y republicanos.

Es en este contexto donde van a aparecer las firmas de Clara Campoamor en ambas cabeceras y mi impresión es que Clara Campoamor comenzó su andadura periodística «intensa» afiliándose al Sindicato de Periodistas, quizá participando en la huelga, y como colaboradora de ambos diarios «díscolos» de Madrid.

Es verdad que, algo más tarde, también escribió para El Socialista, desde diciembre de 1920 y hasta julio de 1921 (incluido un paréntesis de tres meses), pero con solo siete trabajos. Quizá por eso mismo Clara Campoamor no considerará nunca que estos escritos constituyeran una verdadera colaboración con dicho diario.

Como Lizárraga y Aguilera recogen en su obra, es muy cierto que Clara Campoamor escribió con frecuencia en Hoy a partir de enero de 1920, con un total de 233 artículos en diez meses de dicho año, pero por el contrario solo han encontrado dos artículos aparecidos en La Libertad en los meses de febrero y marzo de 1921. Si eso fuera cierto, no se comprende que ella lo recordara como un diario donde «trabajó intensamente». Pero es que ahí, en La Libertad, es donde precisamente colaboró con un seudónimo que nadie ha reparado al leer la prensa de esa época.

Además, conviene saber que hasta el 4 de junio de 1920 no firmará sus artículos en Hoy con su nombre completo, «Clara Campoamor», pues en los anteriores lo hacía, sin especificar el género, como «C. Campoamor».

Un detalle más, que abunda en el hecho de que Clara Campoamor colaboró con La Libertad más allá de en dos ocasiones puntuales, es la crónica que este diario reprodujo el 14 de diciembre de 1920 del banquete organizado por el Sindicato de Periodistas en el café restaurante San Isidro de la calle Toledo de Madrid para celebrar el aniversario del triunfo alcanzado en la primera huelga de la prensa madrileña. A ese acto multitudinario, con casi un centenar de comensales, asistieron solo tres mujeres periodistas: Clara Campoamor, Encarnación Mateos4 y María Prytz5. Pero solo Clara, «la inteligentísima periodista», según la crónica, intervino al final del acto. Por cierto, solo La Libertad, El País y La Correspondencia de España mencionan su nombre en ese acto y su intervención posterior; para los dos últimos, Clara «pronunció elocuentes palabras en nombre del elemento femenino que trabaja en la Prensa». El resto de diarios no la mencionan, como La Voz, ni tampoco, curiosamente6, el diario Hoy donde había estado colaborando hasta el mes de octubre. Estas palabras pronunciadas en el banquete de periodistas quizá sean las primeras de una larguísima lista de discursos que la conducirían al Parlamento casi 10 años después.

El 2 de junio de 1920, se inauguró en La Libertad una sección nueva llamada Ondas hertzianas. No llevaba firma y los títulos de los temas que trataba eran: «Un premio al peor libro del año. El Japón rechaza el juicio por jurados. Vivitos y coleando. La Rusia bolchevique se aficiona al cine burgués». Era una sección llamada a perpetuarse porque al mes siguiente, el 1 de julio, volvían las Ondas Hertzianas con los temas «El rey egipcio decapitado en muerto. Una colonia ácrata en proyecto. Pobladores de los subterráneos marítimos. Francia envidia nuestros baños populares. 16.000 kilómetros de línea férrea». Pero, ¡sorpresa!, esta segunda entrega estaba firmada y aparecía con el seudónimo de CLA_AMOR. No hace falta ser muy perspicaz para adivinar en esta palabra una especie de anagrama de Clara Campoamor, ¿no?, además del peculiar sobrio y entretenido estilo de los textos que firmaba.

Estas Ondas hertzianas eran del tipo de curiosidades, muchas veces de tipo científico o tecnológico, muy del gusto de otras escritoras que publicaban secciones en los periódicos, y solo en contadas ocasiones trataba Clara Campoamor temas feministas, como la del día 26 de octubre de ese año sobre «El Día de la Mujer». Como otras escritoras feministas de la época, Colombine o María Marín, sin ir más lejos, Clara también escribió «para comer», abordando temas aparentemente alejados de la temática feminista, pero que yo sepa jamás escribió sobre moda o perfumes como otras, y eso hay que reconocérselo.

En los meses de agosto y septiembre de 1920 escribió casi a diario, siendo especialmente prolífica el mes de agosto con 15 artículos, decayendo su actividad a partir de octubre pero sin dejar de hacerlo. Esta actividad desenfrenada del verano de 1920 es más llamativa si se sabe que al mismo tiempo estaba escribiendo para Hoy y firmando con su nombre una media de dos o tres reportajes mensuales.

Clara Campoamor siguió colaborando con La Libertad al frente de esta sección hasta el 21 de noviembre de 1921, escribiendo ese día sobre los temas «Pisos de papel» y «Los buques fantasmas». Aunque bien es verdad que sus colaboraciones ya fueron muy escasas en ese año de 1921, destacando el 20 de febrero sus «Ondas hertzianas» sobre los hijos ilegítimos, una reivindicación feminista de aquellos años.

Otra prueba de que Clara Campoamor colaboraba con La Libertad antes de sus dos artículos firmados con su verdadero nombre en febrero y marzo de 1921, es la noticia de la despedida de las hijas e hijos de huelguistas de Minas de Riotinto (Huelva) que habían recogido medio centenar de familias a iniciativa del propio diario. Fue en enero de 1921, y en el andén de la estación de Atocha se encontraban despidiendo a los «pequeñuelos», junto a todo el personal del diario (máquinas, imprenta, cierre, administración y redacción), nuestras compañeras Encarnación Mateos y Clara Campoamor. Por cierto, Encarnación Mateos también firmaba con otro seudónimo muchas de sus columnas en La Libertad, «Amy Dorrit».

Y una última consideración. El 14 de junio de 1921 La Libertad publicaba que Clara Campoamor había hecho su entrada triunfal en el Ateneo de Madrid, siendo elegida vocal para la Comisión de Pedagogía. ¿Y quién era el presidente de dicha Comisión? Luis de Zulueta, que era profesor del claustro de Sección de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, pero también, y es el dato importante, fue uno de los más importantes redactores de La Libertad desde el principio de su andadura, y bien conocida de Clara Campoamor.

Como bien dicen Lizárraga y Aguilera, es más que probable que se sigan encontrando artículos de Clara Campoamor en el futuro, pues las colecciones de diarios están incompletas en las Hemerotecas. Y también nuevos diarios de provincias donde sin duda colaboraría Clara Campoamor en esos primeros años de su vida pública y política. Por ejemplo, en El Progreso de Lugo escribió un artículo7 en junio de 1921 que debió aparecer primero en alguna publicación de Madrid pero no se ha encontrado aún. En cualquier caso, las informaciones vertidas comentando que también fue colaboradora o redactora de los periódicos madrileños La Tribuna y El Sol, quizá haya que confirmarlas buscando posibles seudónimos de Clara Campoamor, como el que aquí apuntamos además del uso de la inicial «C.» al principio de su colaboración en Hoy.

La faceta periodística de Clara Campoamor, tan desconocida hasta la publicación de la obra de Lizárraga y Aguilera, y ahora ampliada con este artículo, fue la piedra angular de su posterior evolución intelectual, constituyendo una excelente escuela de estilo literario y trabajo disciplinado que pronto la señalaron como lo que sería, una brillante polemista llena de profundos ideales feministas y republicanos.


1 Lazárraga Vizcarra, Isabel, y Aguilera Sastre, Juan. «Clara Campoamor. La forja de una feminista. Artículos periodísticos, 1920-1921». Ed. Renacimiento, Sevilla, 2019.

2 «Clara Campoamor o el feminismo», en La Libertad de 28 de agosto de 1932, pág. 3.

 

3 Un artículo sin firmar, «El Congreso Internacional femenino. Por España y por la mujer española» del 3 de marzo, es, sin lugar a dudas, de su autoría.

4 Encarnación Mateos Abizanda, maestra nacional, era ya colaboradora de La Libertad, firmando como «Amy Dorrit», y entró a formar parte de la redacción del diario a partir de enero de 1921. En ese año ya era profesora auxiliar especial de Mecanografía en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, en Madrid y Oficial administrativo de 3ª clase de la Secretaría del Consejo de Instrucción Pública. Su perfil, como vemos, era muy parecido al de Clara Campoamor, y quizá eran más que compañeras de redacción.

5 De origen alicantino, María de los Ángeles Prytz Dabán debió utilizar algún seudónimo en la prensa, porque no consta este apellido entre las colaboradoras de los diarios madrileños. Lo que sí se sabe es que desde 1921 y hasta 1925 tendrá el cargo de profesora ayudante de lengua francesa en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, en Madrid. Durante la II República, a finales de 1931, siendo Victoria Kent la Directora general de Prisiones, solicitó una plaza en el Cuerpo de auxiliar femenino de Prisiones; dos años más tarde optaba a una plaza de Auxiliar Administrativa de 1ª Clase en el Ministerio de Instrucción Pública, y finalmente a una plaza de taquimecanógrafa en el Ministerio de la Guerra en Madrid. Parece evidente también la relación que podría tener con Clara Campoamor y con Encarnación Mateos, más allá de su actividad periodística.

6 Bueno, no tan curiosamente, pero eso sería materia para otro artículo.

 

7 «Consejos… La mejor edad. Venganza Sabrosa». El Progreso (Lugo), 12 de junio de 1921, págs. 3 y 4.

 

 

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