El servilismo incoherente de los gobiernos europeos a la política exterior de EE.UU

El comportamiento de los gobiernos de Francia, Italia, Portugal y España en su puesta de dificultades al tránsito del avión presidencial de Bolivia por asumir que el ciudadano estadounidense Snowden estaba en ese avión, refleja hasta qué punto las élites gobernantes en la Unión Europea, tanto conservadoras (Portugal y España) como socialdemócratas (Francia e Italia), están dispuestas a seguir las instrucciones del gobierno federal de EEUU. Muestra también el error del sueño de muchas fuerzas progresistas que veían (o querían ver) Europa como una alternativa al “modelo americano”, presentándolo como el modelo económico y social, sensible a los derechos humanos. Y este hecho también relativiza la opinión extendida de que el mundo es multipolar, construido sobre la pérdida de poder de EEUU. El affaire actual, con el viaje del Presidente Evo Morales de Bolivia, presenta precisamente lo contrario. Estamos a años luz desde el tiempo en el que el gobierno conservador del Presidente Valéry Giscard d’Estaing en los años setenta dio asilo a dirigentes del movimiento Black Panthers (Panteras Negras) que huían de la represión del gobierno federal de EEUU. Hoy el gobierno socialdemócrata francés, presidido por el Presidente Hollande, no da el mismo permiso a un ex empleado de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU, el Sr. Snowden, que precisamente ha mostrado la masiva interferencia del gobierno federal de EEUU en la violación de los más elementales derechos de privacidad de los ciudadanos franceses, entre otros. Es difícil mostrar un servilismo como el demostrado por el gobierno francés.

En realidad, lo que el Sr. Snowden ha hecho ha sido mostrar lo que las agencias de espionaje estaban haciendo, que no se distingue, sino que es una copia de las prácticas –también denunciables- de los regímenes totalitarios, en su espionaje de sus propios ciudadanos y de los ciudadanos de otros países, sin límites en cuanto a cómo, cuándo, dónde y quién es controlado. Es lo que el escritor Harold Pinter, en su discurso al recibir el premio Nobel de Literatura en el año 2005, denunció como doble moral del establishment occidental y de sus medios de información; los mismos medios que denunciaban –con razón- las atrocidades de la Unión Soviética permanecían callados frente a las atrocidades realizadas por el gobierno federal de EEUU y sus aliados. Como dijo Harold Pinter, “estas atrocidades nunca aparecen en los medios, y cuando aparecen es para relativizarlas y excusarlas”. Tal como está ahora ocurriendo. La agresiva campaña de la Administración Obama denunciando al gobierno chino por su campaña de espionaje ocupó miles y miles de artículos en la prensa occidental a los dos lados del Atlántico Norte. Resulta que, como ha mostrado Snowden, las compañías de espionaje de la Administración Obama son mucho más agresivas, espiando incluso a sus aliados. Y, aunque es noticia por unos días, desaparecerá pronto bajo el argumento de que “todos lo hacen”. Cuando una violación de derechos humanos es generalizada, se diluye su responsabilidad. Y mientras, los dóciles sirvientes del gobierno federal (referidos como sus aliados, ellos mismos espiados por ese gobierno), colaboran en dicho espionaje, intentando detener a aquel que denunció todo el sistema, creyendo (erróneamente) que estaba en el avión del presidente de Bolivia, Evo Morales.

Por qué el gobierno federal de EEUU espía a sus aliados
La Administración Obama (y las anteriores) han justificado la masiva incursión en la privacidad de sus ciudadanos y en la de los ciudadanos del mundo con el argumento de que la campaña en contra del terrorismo exigía tales medidas de espiar todas las redes de información, desde el teléfono a internet. Y así lo han justificado las mayores empresas de comunicación –tales como Microsoft- que colaboraron con las agencias federales de espionaje. En un interesante artículo publicado en Political Affairs en EEUU, William Blum narra como agentes de estas agencias trabajan en el diseño y producción de Microsoft, siendo el Pentágono el mayor financiador de esta empresa mediante contrato. Este argumento de defender a EEUU frente al terrorismo ha sido muy eficaz en la aceptación por parte de la ciudadanía estadounidense de esta masiva invasión en su privacidad. Algo semejante ocurrió durante la Guerra Fría, cuando el mayor objetivo era anular y marginar a las personas críticas con el gobierno federal, presentándolas como agentes de una potencia enemiga, la URSS.

La creciente evidencia muestra, sin embargo, que el objetivo más importante de tal espionaje no tiene casi nada que ver con la seguridad interna del país, sino con la viabilidad y actuación de las grandes corporaciones que controlan, en la práctica, el gobierno federal. Encontramos múltiples muestras de ello. Y existen libros bien documentados sobre ello que se están convirtiendo en best sellers en EEUU. El caso más conocido, pero no único, era el de espionaje de la empresa alemana Enercon, especializada en la transformación de la energía eólica. En 1998, esta empresa introdujo un nuevo sistema de transformación del viento en energía eléctrica, mucho más barato que la de los sistemas existentes. Sin embargo, cuando la compañía intentó mercantilizar ese sistema en EEUU, la empresa americana Kenetech lo impidió, indicando que ella tenia la patente. Fue más tarde cuando un agente de la agencia de espionaje estadounidense, NSA, declaró (bajo condiciones de anonimato) que él había robado los secretos de Enercon a través del espionaje, entrando en el sistema de información de dicha empresa, pasándolos más tarde a Kenetech. Este caso fue presentado en la televisión alemana, con entrevista al agente de la NSA. El control del gobierno federal por parte de la clase que la ciudadanía estadounidense define correctamente como la Corporate America, configura también los sistemas de espionaje de ese gobierno, confundiendo los intereses del país con los de las mayores empresas que dominan el poder político, incluyendo su política exterior. Así de claro.

Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas Universidad Pompeu Fabra

 

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