El Salvador: Militares asesinos amnistiados

Al principio de los años treinta, el ejército salvadoreño aplastó a sangre y fuego un levantamiento de 15.000 campesinos. Al mismo tiempo, los militares pasaron por las armas a los militantes del pequeño Partido Comunista, dirigido por el Farabundo Martí, solidarios con los campesinos insurrectos. Decían que querían poner término a toda protesta social por al menos treinta años. Treinta años más tarde, el ejército salvadoreño no había cambiado de métodos. Cuando los trabajadores se ponían en huelga, invadía la fábrica y fusilaba a los huelguistas.

En los años setenta, una guerrilla tomó en nombre del dirigente comunista asesinado. Los militares en aquellos años multiplicaron los abusos y atropellos contra los pueblos de campesinos etiquetados de “terroristas marxistas”. En 1981, en el pueblo de El Mozote, los soldados del batallón Atlacatl masacraron fríamente a 447 adultos, incluidas mujeres embarazadas, y 539 niños, la mayoría menores de 12 años; estas cifras son oficiales solamente desde 2017. Tras la matanza, los soldados escribieron sobre un muro del pueblo: “Un niño muerto es un guerrillero menos”.

Los oficiales de este batallón fueron formados en una escuela militar de Estados Unidos, que se había beneficiado de la experiencia de los oficiales paracaidistas franceses, torturadores durante la guerra de Argelia. Para la administración norteamericana de los años 1980, estos crímenes militares que se habían multiplicado eran “un éxito fabuloso” (sic).

Aunque el proyecto de ley declara imprescriptibles los crímenes de guerra o contra la humanidad, prevé atenuantes que suscitan la ira de las familias de las víctimas. Las penas de prisión de menos de diez años serán transformadas en trabajos de interés general y las reparaciones pecuniarias solo serán pagadas si los militares afectados, o el Estado, son solventes. De todos modos, las investigaciones que puedan desembocar en sanciones serán muy limitadas. En la práctica, sería una amnistía de hecho, una situación que conviene tanto a la derecha como a la izquierda que han compartido el gobierno desde hace treinta años. El proyecto está además presentado por diputados de los dos partidos en nombre de la reconciliación nacional, y del perdón de los pecados de los militares.

Un nuevo presidente ha asumido su cargo el 1º de junio a la cabeza del Estado. Se presenta en ruptura con los dos partidos en cuestión y, este mismo día, hizo retirar de un cuartel la placa que honraba como héroe al oficial responsable de la matanza de El Mozote. Las familias de las víctimas esperan por tanto que el presidente ponga fin al proyecto de amnistía.

“El ejército, es la escuela del crimen”, decía Anatole France. Es de temer que El Salvador como el resto de América latina, continúe sufriendo esta siniestra forma de escolaridad.

Jacques FONTENOY

Lutte Ouvriére

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