El Salvador. La derecha política, de la fanfarria al pánico

Wilfredo Rubio Reyes *
Economista

En El Salvador, a partir de 1989, se inicia un proceso de cambio radical en el modelo de producción y distribución en la economía, bajo los lineamientos del FMI y el Banco Mundial se pone en marcha el ya conocido Modelo Neoliberal, donde se dan las medidas de privatización, desregulación de la economía, la liberación del comercio, privilegiando la asignación de los recursos por medio de los mecanismos del mercado y negando toda la participación del estado en la economía.

Pequeños resultados tales como un crecimiento del 3% anual en promedio, mejoras en infraestructura de apoyo al modelo como carreteras, algunos avances en salud y educación, han sido celebrados con fanfarria exagerada, con discursos y planteamientos eclécticos, con la tradicional pero insistente arenga de que el modelo esta dando resultados, que la economía va por buen camino, que el mercado se regula solo y es el que mejor asigna los recursos. Cualquier intervención y regulación es letal y atentatoria contra la eficiencia del mismo.

Se sostiene que solamente se hace necesario realizar pequeños&nbsp ajustes y mejorar el gasto social, estas ideas son inclusive apoyadas por «expertos internacionales» y socialistas de derecha,&nbsp aun en contra de la evidencias que muestran, como las condiciones de vida de la población se han ido deteriorando.

Es decir, hemos estado viviendo veinte años de puro jolgorio ideológico donde se le da al que más tiene quitándole al que menos posee.

Uno de los secretos de ese dominio prolongado ha sido la flexibilidad asombrosa en el debate económico. Las políticas nunca cambian, pero los argumentos para esas&nbsp políticas lo hacen con asombrosa rapidez.

En este momento se desarrolla una crisis sistémica&nbsp del&nbsp Capitalismo Real, que lo hace oscilar entre ciclos expansivos y recesivos cada vez con mayor frecuencia e intensidad, producto de la&nbsp contradicción entre&nbsp la tendencia al incremento de la producción y la capacidad de consumo restringida del mercado. El crédito precisamente es el que hace que dicha contradicción estalle: «El crédito golpea desde dos flancos.

Después de provocar (como factor del proceso de producción) la sobreproducción, durante la crisis destruye (en tanto que factor de intercambio) las fuerzas productivas que el mismo engendró. Al primer síntoma de la crisis desaparece, abandona el intercambio allí donde este sería indispensable y apareciendo inútil e ineficaz allí donde sigue existiendo algún intercambio, reduciendo la capacidad del consumo del mercado»1.

Ante los efectos de la crisis cada vez más sentidos por la población se nos quiso vender la idea de que El Salvador por estar dolarizado, poseer una&nbsp macroeconomía estable, un sistema financiero solvente, tener un índice de liquidez muy por encima del exigido, con suficiente reservas, deuda externa manejable, era un país de los mejores preparados para enfrentar la crisis y que los impactos serían pocos.

Sin embargo, las noticias más recientes evidencian que esta crisis es totalmente diferente a las argumentaciones y discursos de los ideólogos neo liberales tanto en cuanto a su origen como a sus efectos. Entre las informaciones que más preocupan se tienen:

– Las proyecciones de crecimiento de la economía para el año 2009, habría que redefinirlas ante la crisis.

– El Banco&nbsp Central anuncia que inyectará liquidez por 500 millones mediante la compra de cartera crediticia (Hoy si es buena la intervención del Estado en la economía).

– 315 millones de dólares necesitan los constructores para sostener la industria y&nbsp se han perdido 30,000 empleos dice CASALCO. Además,&nbsp que se les ha restringido el crédito y muchos de sus proyectos se encuentran paralizados, con las repercusiones de cierre de las empresas con menor disponibilidad de recursos.

– Las remesas están perdiendo dinamismo y tienen tendencia a su disminución.

– Los bancos han restringido el crédito a las empresas,&nbsp a nuevos proyectos de inversión y al consumo, lo cual es confirmado por ABANSA. Asimismo, se anuncia subida en las tasa de interés.

– Se están reduciendo las ventas manifiesta el Sr. Callejas dueño de los Súper Selectos, la mayor cadena de supermercados.

– El sector turismo se desacelera, manifiesta la Cámara de Turismo.

– 3,000 empleos se pierden en maquila.

– Según FUSADES se requieren 1,400 millones como créditos de contingencia para afrontar la iliquidez de la economía (Ahora es negocio endeudarse).

– Iglesia preocupada&nbsp por el desempleo en el país.

Estas informaciones han hecho que se rompan los diques de las falsas argumentaciones y los efectos de la crisis son ya insostenibles mediáticamente, puesto que son cada vez más claras las señales de que se entrará en un período de desaceleración económica y muy probablemente a una recesión prolongada. Las propuestas de solución no están orientadas a aminorar su impacto en la población menos favorecida y si para sostener los negocios de los que siempre han sido beneficiados.

Esta claro entonces que el año 2009, será un año con problemas para la economía y específicamente para la clase trabajadora del país. Las elecciones de enero y marzo se llevarán a cabo en este contexto, lo que beberían ser buenas noticias para los candidatos que contienden y que tienen su base en una plataforma de cambio. Sin embargo los opositores al cambio real, han entrado en pánico y quieren dejar intacto el legado de las políticas neoliberales, de hecho ya es conocida su manera de actuar de pasar de la exageración de sus pequeños logros a introducir temor a la población al cambio, y sabemos que son muy pero muy buenos en aquellos del crearle miedo a la población.

Esta facción de la derecha política del país comprenden muy bien que cualquier cambio real, creará tanto perdedores como ganadores (no hay política económica neutra). Cualquier reforma progresista tendría que ir encaminada a mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, a mejorar sus ingresos reales, mejorar las atenciones en educación, en salud y en una mayor profundidad en la mejora de la seguridad social, en resumen a aminorar las desigualdades e inequidades en&nbsp general.

Este cambio necesariamente tendría que pasar por una reforma fiscal de carácter progresiva&nbsp y los miembros de esa facción política harán lo que este a su alcance para asustar a la población a fin de que crean que el cambio será un desastre para la economía.

A estas alturas de la campaña y según muestran los resultados de las encuestas pareciera que la estrategia del miedo no tendrá éxito.

&nbsp 1&nbsp Luxemburgo, Rosa. Reforma o Revolución. Pags. 43,44.

*Miembro del Movimiento de profesionales, técnicos e intelectuales de El Salvador.&nbsp MPTIES.

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