Publicado en: 30 mayo, 2015

El Salvador. El primer año del gobierno Sánchez: intensiones ideológicas y realidades políticas

Por Roberto Pineda

Cumplir un año de gobierno es una gran victoria popular y de la izquierda salvadoreña, ya que significa que la derecha oligárquica fracasó en su esfuerzo de volverlo inviable y paralizarlo. Se sobrevivió y se avanza y esto es lo fundamental. La derecha no logró su objetivo de someterá este segundo gobierno y sumirlo en […]

Cumplir un año de gobierno es una gran victoria popular y de la izquierda salvadoreña, ya que significa que la derecha oligárquica fracasó en su esfuerzo de volverlo inviable y paralizarlo. Se sobrevivió y se avanza y esto es lo fundamental. La derecha no logró su objetivo de someterá este segundo gobierno y sumirlo en una crisis incontrolable.

No obstante esto, el primer año de gobierno popular del presidente Sánchez exhibe ante los ojos del mundo el conflicto abierto entre las intensiones ideológicas y las realidades políticas, entre los límites impuestos por las estructuras históricas de dominación y el empuje de las fuerzas sociales y sus ansias transformadoras; la lucha no resuelta aún entre dos proyectos de sociedad que se encuentran en transición y en pugna, y más en pugna que en transición.

Este conflicto se manifiesta en varias direcciones de la gestión gubernamental, en particular lo social, económico, ambiental, seguridad, exterior, tributario, áreas que avanzan a ritmos diferentes, pero que se influyen las unas con las otras. Cada uno de estos esfuerzos acumula o desacumula a la legitimidad global del proyecto y el papel de sus conductores es clave, en particular la presidencia y sus ministros y ministras.

Este primer año transcurrió en el marco de una situación caracterizada por el enfrentamiento permanente a las campañas de la derecha orientadas a evitar la consolidación política de este segundo gobierno de la izquierda, en particular evitar su despegue económico, hundirlo en una crisis permanente, criticar sus programas sociales y resaltar el problema delincuencial. Esta crítica muchas veces fue facilitada por errores cometidos en la gestión gubernamental, como en el caso del SITRAMSS.

Asimismo, el estilo de gobierno del presidente Sánchez se caracterizó por disminuir el nivel de enfrentamiento entre gobierno y empresa privada, como eficaz medida táctica orientada a lograr niveles de gobernabilidad aceptables. Además fue positivo el manejo institucional de las múltiples crisis, derivadas de gobernar un país con un nivel muy bajo de crecimiento económico y un nivel muy alto de conflictividad social, que implica el manejo de políticas muy complejas como la vinculada al combate a la delincuencia.

En términos generales, como trascender la lógica del modelo neoliberal es el dilema inmediato a resolver por este gobierno. No del capitalismo, sino del modelo neoliberal del capitalismo actual. En este camino lo ideal sería avanzar tanto en la emancipación social (cambios estructurales) en la emancipación nacional (soberanía) y en la emancipación cultural (identidad descolonial) aunque los ritmos y hasta los sujetos son diferentes.

Estamos hablando en El Salvador de una transición pacífica, legal, constitucional, de medición permanente de fuerzas en el área electoral, y por lo tanto bajo la amenaza permanente de reversión de lo acumulado, en la medida que esté basado exclusivamente en el poder popular “desde arriba” y con un débil poder popular “desde abajo.”

El poder como forma de relación social se basa en la obediencia y el reconocimiento, es internalizado tanto por opresores como por oprimidos y se convierte en una conducta automática. Es la consagración de la relación siervo-amo de la dialéctica de Hegel. El poder formal esta en el gobierno, mientras que el poder real está en las fuerzas armadas, en el capital transnacional y oligárquico, en la jerarquía eclesiástica, en el poder mediático, y en el debilitado poder popular, sectores que no concurren a elecciones periódicas para validar su poder. Es un poder permanente, no transitorio, como el del sistema de partidos políticos. Hay que agregar que tanto ARENA como el FMLN representan los instrumentos políticos de dos proyectos históricos, el oligárquico y el popular, y son también fuerzas con poder real.

En esta disputa, todavía existe muy poca construcción de nueva institucionalidad y el abrumador peso del antiguo-actual aparato, pero esto está vinculado a la correlación de fuerzas políticas, y la necesaria alianza con la derecha no oligárquica (GANA) bloquea este proceso e influye a veces incluso en la conducta y el estilo de la principal fuerza revolucionaria y conductora del proceso, el FMLN.

En instituciones del estado de naturaleza estratégica como CEL, CEPA, ISSS, no hay coincidencia por lo general entre el poder popular “desde arriba” y el poder popular “desde abajo.”Y muchas veces lo que existe es conflicto. Los funcionarios del aparato de estado siguen siendo los mismos de la etapa de ARENA y son factor de bloqueo de las iniciativas de transformación social. En este marco la seguridad, lo social y lo económico son los principales terrenos en los que se desarrolla la lucha de clases, en los que se disputa la hegemonía política y cultural de la nación. Veamos estos tres aspectos.

La seguridad: solución popular o militar

El problema de la legitimidad del proyecto revolucionario iniciado por la vía electoral en 2009 está vinculado a su capacidad para responder a las exigencias populares de una vida más segura y próspera. Y avanzar en ambos terrenos es complejo y difícil, pero puede hacerse. La solución del problema de la violencia y la delincuencia está vinculada a la búsqueda de un consenso nacional así como la reorganización urgente del movimiento popular y social y no puede ni debe tener una salida militar. Debe tener una salida democrática y popular. En este marco es muy valiosa y un gran logro estratégico la creación de un Consejo Nacional de Seguridad, integrado hasta por ANEP. Se tuvieron que subir al barco aunque desean que este se hunda.

Pero por otra parte es preocupante la creación de los batallones especiales y la opción por la salida militar. Hay que evaluar la medida. Moverse en la solución militar significa consolidar el planteamiento del militarismo oligárquico como solución a la crisis política. Es adoptar las ideas del General Martínez y sus nuevos seguidores como modelo. Y hay que destacar que desde 1992 el poder mediático oligárquico ha colocado en el imaginario social a las fuerzas armadas como las principales cumplidoras de los Acuerdos de paz.

Lo social: clientelismo político o poder popular

La relación con los sectores populares es un terreno en disputa permanente. La derecha cuenta con su propia base social y desea ampliarla. La izquierda y su gobierno a la vez cuentan con un movimiento popular y social organizado aunque débil. El gobierno desarrolla programas sociales que le concitan apoyo popular. Pero si estos programas desaparecen, desaparece el apoyo, no se basan en la conciencia política sino en la situación de precariedad existente.

Como convertir esos programas sociales en conquistas que deben defenderse y ampliarse es el desafío que tenemos como movimiento popular y social. En el desarrollo de esta tarea estaremos construyendo poder popular consciente, horizontal, democrático. Y esta tarea está vinculada a la emancipación histórica. Defender los programas de este gobierno popular es una tarea fundamental y debe hacerse a la par de impulsar la organización popular, que hoy tiene una expresión única, la CUSS.

Para la emancipación social es clave el desarrollo de la propiedad social, combinar la atención y el subsidio social (uniformes, zapatos, vaso de leche, transporte, salud)) con recuperar la propiedad social sobre los medios de producción estratégicos como la energía, telecomunicaciones, puertos, aeropuertos, etc. Pasar de la propiedad estatal a la propiedad pública, democratizar la economía, en particular la tierra.

Lo económico: continuidad o ruptura del modelo neoliberal

Parece ser que el núcleo duro de la propuesta económica del gobierno Sánchez se reduce a buscar el crecimiento y se deja para un segundo momento la transformación. Unámonos para crecer se proclama. Crecer para luego poder distribuir ¿No lo habíamos escuchado antes? Pero es que esta es una batalla en la que la derecha utilizara su poder económico para hundir este gobierno, para arrinconarlo y obligarle a que suspenda los programas sociales y se aísle. Por lo que cada decisión debe ser cuidadosamente calculada. Un paso en falso en este terreno y este gobierno se empantana.

Pero hay que registrar que no existe un discurso -para no mencionar una práctica- orientado a recuperar los recursos estratégicos del Estado ni mucho menos enfilado a modificar las relaciones sociales de producción. Probablemente haya temor que esto escandalizaría a la derecha y afectaría la gobernabilidad, pero por otra parte, esta ausencia de transformaciones estructurales disminuye la credibilidad del proyecto en amplios sectores populares y sociales, que lo ven reducido a administrar el modelo neoliberal. Y esto ya pasó factura electoral y la seguirá pasando. Hay mucha moderación y temor a ser y parecer “radical.”Parece ser este el modelo de la prudente tortuga que espera vencer a la astuta liebre.

De la misma forma, plantear la inversión extranjera como la solución al problema de la calidad de vida significa obviar que este modelo ya fracasó y fracasara de nuevo creando mayores niveles de desigualdad social y exclusión, esta vez en la zona costera del país. La solución inmediata para golpear para romper el neoliberalismo radica en una economía plural, en la que el Estado promueva entre otras modalidades, la del cooperativismo.

Es preocupante que no se observa ningún esfuerzo por recuperar el control de áreas estratégicas de la economía y si se presencia un afán de profundizar los niveles de presencia de las corporaciones transnacionales, como es el caos de la aprobación de la ley de asocio público-privado y el enfoque basado en Fomilenio II. Pero modificar la relación con el capital transnacional es una tarea pendiente para recuperar nuestra soberanía.

Finalmente debemos preguntarnos -para seguir caminando el séptimo año- en qué medida se ha modificado la articulación, acumulación de las fuerzas que disputan la hegemonía social y política y cultural de la nación, ¿hemos avanzado en la construcción del sujeto de las transformaciones emancipadoras? En el centro de este debate aparece de nuevo el problema del poder, y principalmente del poder popular, punto que trataremos en un próximo artículo.

 Roberto Pineda 27 de mayo de 2015

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