El Salvador: De crímenes y amnistías

SAN SALVADOR- Consideramos que en El Salvador nunca se hizo un esfuerzo consciente para reconciliar a la sociedad. Era una necesidad después del conflicto si queríamos refundar la nación y no únicamente silenciar los fusiles.

Reconciliarnos implicaba reconocer los crímenes cometidos durante todo el conflicto armado, hacer justicia, reparar y devolverle la dignidad a las víctimas y al final perdonar, en el concepto de “nunca más”.

Desafortunadamente las cosas no se hicieron como de debieron. Se dictó una Ley de Amnistía que dejó todos los crímenes impunes. Pero aún más, deliberadamente las partes contendientes dejaron muchas atrocidades fuera de las investigaciones de la Comisión de la Verdad.

Las atrocidades cometidas tanto por el ejército como por la guerrilla en la década de 1970, les valió un pepino, como si las vidas perdidas y los múltiples sufrimientos de la sociedad de entonces no tenían algún valor. El asesinato de Rutilio Grande o de Roque Dalton o de Roberto Poma o de Mauricio Borgonovo Pohl o de Mario Zamora, por ejemplo, ¡¡¿Acaso no fueron hechos atroces y generadores de lo que después fue la guerra fraticida?!!

Es bien fácil decir: ¡Punto Final! o ¡Perdón y Olvido!, cuando algunos de los salvadoreños no sabemos ni dónde estar enterrados nuestros seres queridos ni qué fin tuvieron o en el mejor de los casos, no sabemos si nuestro vecino o compañero de trabajo fue nuestro torturador o nuestro injusto delator.

Al calor de la campaña electoral han aflorado al menos dos hechos que son simbólicos: el juicio que se pudiera abrir en España contra el ex presidente Alfredo Cristiani y varios de sus militares subalternos por la masacre de los padres jesuitas, así como la espeluznante masacre de centenares de combatientes del FMLN en la región paracentral, que se cometió bajo el mando de “Mayo Sibrián” durante la guerra.

De la “Masacre Jesuita” se sabe bastante: lo que se desencadene en Madrid la convertirán en un hecho de justicia global. No así sobre la masacre de “Mayo Sibrián”, la cual no se ha investigado ni mucho menos ha habido reparación, devolución de la dignidad a las víctimas ni perdón. Los jefes de la ex guerrilla tienen que responder con seriedad sobre este tema que no admite medias tintas ni evasiones. ¡Es su responsabilidad histórica!

Si este hecho ha sido sacado con interés político electoral, ello no evade la responsabilidad del FMLN y es culpa de su dirección política el haberlos retrasado u ocultado, en el peor de los casos.

Gane o no las elecciones de 2009, el FMLN tiene que hacer un acto de contrición y contribuir a que se haga justicia. Sólo así su lucha por la dignidad humana, la justicia y el respeto a los derechos humanos tendrá una sólida catadura moral y una enseñanza permanente para las nuevas generaciones, de lo contrario, en un futuro quizás no tan lejano nos habremos de dar cuenta que el cambio fue sólo de apariencias y una gran ilusión.

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