El Salvador 2008: Testimonio y signo de cambios populares

Dos mil ocho será difícil describir con detalles en un resumen, sobre todo porque este año en El Salvador ha resultado ser el inédito preámbulo agitado y lleno de acontecimientos previos a las decisivas elecciones de alcaldes, diputados y presidente de la República de enero y marzo próximo.

Se enmarca con el gobierno arenero de Antonio Saca, enfrentado con un pueblo que ya dejó de callar y soportar, por fin señalado mayoritariamente de haber engañado y claramente visto como servil al gran capital y sumiso a las políticas de Washington.

En medio de la agudización de los peores índices de pobreza, desempleo, violencia delincuencial, cualquiera que conoce a los salvadoreños se sorprenderá de sus demandas públicas al aire en alguna emisora progresista, no importa si se trata de un campesino del oriente del país, un maestro jubilado, un profesional o una niña de catorce años, y dirá seguramente que este pueblo ya despertó y no parará hasta lograr su liberación.

Es esa la sensación que se percibe en este Pulgarcito de América en el fragor de las luchas políticas que enarbolan las banderas rojas del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, y la figura de su indiscutible líder, el periodista Mauricio Funes, a quien la población ya le llama presidente.

Nunca antes, desde que quien escribe tiene uso de razón, hay un convencimiento y entusiasmo tan fuertes por hacer a un lado a la derecha que desde la Independencia de Centroamérica en mil ochocientos veintiuno, ha gobernado a este estoico y paciente pueblo.

Este escenario ha provocado por supuesto reacciones del sector gobernante que ha intentado reconquistar seguidores con medidas populistas, como incrementos miserables al salario mínimo, promesas de elevación a las pensiones, reducción de cobros en sectores que ellos mismos castigaron como en la educación y la salud pública, y otras medidas en ese sentido; pero que pronto contrastan con la realidad, la verdadera acción a favor de la gran empresa y sus intereses, y la omisión de medidas para proteger al consumidor abatido por la angustia del día siguiente.

El fracaso repetido ante la delincuencia a pesar de sonadas estrategias que aún lindando con el abuso no han hecho más que atizar la violencia, son como una maldición de un régimen integrado por propietarios de empresas privadas de seguridad y venta de armas, que quebrarían en un país seguro y respetuoso de las leyes y las reglas claras para todos.

El más reciente anuncio del señor Saca de que a partir del treinta y uno de diciembre el Batallón Atlacatl regresa al país luego de haber cumplido su misión, que él califica como noble, y posterior al acuerdo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en otro ejemplo de un tiro por la culata. Después de años de ser demandado para que retirara las tropas de Irak, y no haber escuchado a más del ochenta por ciento de los salvadoreños, que igual reprocharon a Francisco Flores Pérez por haberlas enviado como gesto de genuflexión ante George Bush, la noticia no ha producido algarabía en el pueblo que interpreta que lo que ha sucedido, más bien, es lo que a un parroquiano cuando le apagan las luces del bar. En fin, una decisión posiblemente autorizada por el mismo Bush antes de la llegada de Obama.

Pero el hecho del año por su significado político y popular es la apertura que Radio Habana Cuba ha tenido en la sociedad salvadoreña a través del hermanamiento con la emisora de AM Radio Cadena Mi Gente, que ha llevado por primera vez en la historia de este país programas elaborados en Cuba, y otros dedicados a la Revolución Cubana y a la misma emisora de o­ndas cortas y realizados localmente.

Algo impensable en tiempos de la dictadura militar, y aún hasta hace unos meses de la llamada democratización resultado de la firma de los Acuerdos de Paz. Muchos que la debieron escuchar en la clandestinidad hoy se sorprenden, ante este fiel testimonio y signo de los cambios que el pueblo está construyendo.

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