El Régimen pide otro «Pacto de la Moncloa» y busca un nuevo Carrillo

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Durante estos cuarenta años de mal llamada transición (en realidad tardo-franquismo con Corona) las terminales mediáticas, a través de sus ideólogos remunerados con generosidad, han extendido la idea de las bondades de los Pactos de la Moncloa. Acuerdo y consenso entre clases, buen tono, golpes en el hombro y risas con Fraga y Suárez para la reconciliación nacional, decían. El más elogiado, sin duda, Santiago Carrillo. Al ex líder del PCE le agradecían infinito las concesiones, esto es, la aceptación de la monarquía, la renuncia a considerar a la República como el régimen legítimo que fue violentado por el fascismo, la bandera bicolor con un mero maquillaje de escudo, el capitalismo como sistema económico refrendado en la Constitución, la paz social en las calles y en los centros de trabajo, la negación a cualquier tipo de ruptura, una amnistía engañosa que equipara a los esbirros del fascismo (que jamás entrarían en prisión) con luchadores antifranquistas (con decenas de años de cárcel a sus hombros), un manto de silencio sobre la represión y las cunetas, y así un sin fin de aceptaciones que un Carrillo con cigarro en mano fue aceptando a modo de traición. Sus días finales, al abrigo del PSOE y su aparato mediático, confirmaron el agradecimiento eterno y el viaje a la socialdemocracia que el personaje había iniciado con aquel epitafio llamado «eurocomunismo».

 

¿Y ahora qué?

El gobierno, a través del propio Sánchez, dirigentes de la otra derecha, medios de desinformación masiva, aparato empresarial… reclaman una segunda parte de aquel entreguismo, pretenden un nuevo Pacto de la Moncloa. La excusa es el Corona, pero detrás está la necesidad que tiene la clase dominante de pertrecharse ante una situación económica que se prevé grave, y un escenario de luchas sociales que traerá la nueva crisis. Quieren abordar juntos la represión y el control social. Para el nuevo envite necesitan, eso sí, un nuevo Carrillo. Las miradas se posan en Iglesias. Su paso histórico de gritar en las calles «PSOE, PP, la misma mierda es», de hablar de cal viva para referirse al GAL y Felipe González, y de criticar ciertos aspectos de la transición a co-gobernar con ese mismo PSOE elogiando al ejército en las calles y el papel del nuevo Borbón. Ello lo convierte en candidato casi único a sustituir a Carrillo. Iglesias no traicionará a los suyos. Eso sí, muchos de sus votantes confirmarán que los suyos son los otros.

El Régimen pide otro «Pacto de la Moncloa» y busca un nuevo Carrillo

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