El presidente del BBVA, al cadalso figurado o no

&nbsp Es inaudito que el presidente del BBVA, que va a percibir 80 millones de euros de pensión de jubilación y que el pasado año percibió 5,3 millones de sueldo, desafíe al personal con discursos como éste. Pero ¿quién se habrá creído que es este tipejo? ¿Pero cuál pensará que es el fundamento de su rega­lía? Dijo ayer así:

&nbsp “Todos tenemos que estar orgullosos de lo que estamos ganando, cada uno en su nivel” (…) “La plantilla también debería sentirse or­gu­llosa de poder llegar a fin de mes y de trabajar en un banco que les ase­gura el pago de la nómina todos los meses”.

&nbsp …Es decir, que deberían estar agradecidos por poder comer y te­ner un techo. ¿Cada uno en su nivel? ¿Acaso un humano, a menos que esté loco o sea un auténtico atracador social, aprecia diferen­cias que van desde sus 80 millones hasta los 12 mil de su conserje?

&nbsp ¿Extrañan la guillotina y las masacres de aristócratas y realistas en la Francia y la Rusia del escarnecimiento histórico?

&nbsp Estas actitudes y discursos se suceden a lo largo de la historia en todas partes. Pero ya a nadie en el resto de Europa se le ocurriría semejantes bravatas, semejantes desplantes, seme­jantes provoca­ciones, semejantes insultos a los trabajadores y al pueblo. Y es que se nota que en este país no hubo revoluciones como las cita­das que sirvieron de escarmiento a ricos, engreídos y soberbios.

&nbsp Porque a España no ha llegado la o­nda de las ideas y sensibili­da­des igualitaristas. Y por eso en España no ha habido cambios sus­tanciales de fondo desde que nos abandonó el caudillismo para in­trodu­cirse el borbonismo. Y no los ha habido, ni en la política ni a duras penas en la so­ciedad. Los cambios que puedan señalarse, aparte los juegos de azar antes prohibidos, han ve­nido de la mano de las tecnolo­gías, y principalmente la de los me­dios audivisuales. En lo demás, ahí tenemos a un Borbón que iconiza la figura del Franco de los últimos tiempos. Ahí tenemos a unos jueces y a unos tribunales que siempre aplican la justicia a favor de los patricios y arremeten contra el insumiso; insumiso a ellos, no a la Ley. Ahí te­nemos el caso de Garzón. Ahí tenemos a unos políticos y a unos medios que es­coran, todos, a la ultraderecha, alejados del pueblo y de las sensibilida­des verdaderamente populares. El panem et cir­censes de la mo­dernidad hispana lo resuelven hoy día con nau­sea­bundos programas tele­visivos de escrotos y vaginas.

&nbsp La prueba rotunda de que este país es un nido de fascistas y de ri­cachones al lado de millones que sólo pueden mal dormir, son tipos como este tal Francisco González que, como una du Barry cual­quiera, es decir, una favorita del rey, se cree merecedor a to­das sus ga­belas, a todos sus caprichos, a todos sus fueros. Ahí tenemos a la Iglesia de siempre, intentando gobernar teocráti­camente. Tenemos tortu­ras, persecu­ciones, cárceles y mazmorras. Y tenemos, en fin, crisis que no proceden de cosechas catastróficas o de pestes bubó­nicas, sino de la desfachatez, de la lujuria, del despilfarro y del ava­sallamiento inferido por personajes dignos del cadalso a los tra­baja­dores y al final a todos los ciudadanos de a pie, a quienes ven y consideran como siervos suyos que han de estarles agradecidos por comer. Como es el caso de este Francisco González…

&nbsp Es grande la paciencia de los trabajadores y de los pueblos espa­ño­les. Pero creo que es aún mayor la somnolencia en que están sumi­dos. De ellas abusa esta canalla.

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