Publicado en: 11 diciembre, 2018

El postfascimo enfocado por Enzo Traverso

Por Iñaki Urdanibia

Certero acercamiento al nuevo derechismo emergente.

Por Iñaki Urdanibia

Siempre es un placer leer al historiador italiano, que ha desarrollado su magisterio fundamentalmente en Francia, y lo es por la lúcida sagacidad con que suele buscar la genealogía y desarrollo de los males que nos aquejan; ese gusto que señalo lo he dejado ver con anterioridad, en varias ocasiones, en esta misma red: https://kaosenlared.net/la-memoria-de-los-vencidos/ .

En la presente ocasión, si su lectura habitualmente no reviste dificultad, su discurso resulta si cabe más asequible ya que lo que se presenta son sus conversaciones con el antropólogo Régis Meyran; originalmente se publicó en Textuel el año pasado « Les nouveaux visages du fascisme» ( Textuel, 2017; ahora o ha sido traducido y presentado, con oportuna rapidez, por Siglo XXI bajo el título de Las nuevas caras de la derecha ); por cierto, ya anteriormente, Traverso, había presentado un libro de entrevistas con el mismo Meyran, acerca de la desaparición de los intelectuales .

Podría recurrirse a la metáfora marxiana para decir que un fantasma recorre Europa, no sólo( precisamente en el libro algunas de las entrevistas fueron realizadas tras la victoria de Trump con el fin de abordar las relaciones entre populismo y fascismo), y se llama postfascismo, entendiendo por esto último una diversidad de casos ejemplares en los que un denominador común les hace acreedores de tal etiqueta: la presentación de posturas de derecha extrema mas sin airear una explícita reivindicación de los antecedentes netamente fascistas y mostrando el disfraz de un rostro más humano, más democrático, lo que hace que no haya problema alguno, a lo más algunos crujidos, para que se les incluya en el club de los partidos y demócratas; sus prácticas, din rizar rizo alguno, dejan ver a las claras el carácter xenófobo, islamófobo, homófobo y exclusivista de sus programas y sus comportamientos. Ahí están los casos de Italia, Turquía, Hungría, Grecia, Ucrania, Polonia, Holanda, Austria, Francia…y España, cuyo caso exigiría una análisis diferente, y no por aquello de que España es diferente, que también, sino por algunos descarados lazos con el pasado franquista, lo que haría que el disimulo no funcionase con la misma eficacia que en otros lugares de los nombrados. Lo fundamental de su mirada, la de Traverso, se centra en el caso del fulgurante ascenso del Front National, de la mano de Marie Le Pen; cuando ésta se hizo con las riendas del partido , fundado por su padre, trató de pulir, o al menos ocultar, las aristas más brutales que no se recataba en airear su progenitor, en lo que hacía a la reivindicación de las actuaciones coloniales de la patrie, y de una supuesta idiosincracia que caracterizaba a los franceses en lo moral , físico, etc. Así si anteriormente las proclamas que rozaban lo anti-democrático eran frecuentes, del mismo modo que el negacionismo con respecto a la Shoá, o la justificación de la tortura en Argelia, de la que por cierto Jean-Marie Le Pen, se enorgullecía por su participación…su hija, sacó de uso tales posturas para llenarse la boca de los valores republicanos como cebo para ampliar la clientela de votantes y seguidores, sin que ello suponga la desaparición de su ideario de cuestiones como la exclusión de ciertos sectores que en cierta medida pueden ser reflejo del desplazamiento de la cuestión colonial al suelo hexagonal; guetización y marginalización promovidas por la reivindicación torticera de los respetados conceptos de ciudadanía ( todo iguales en la medida que se plieguen a ciertas condiciones) o de laicismo ( usado como arma arrojadiza contra ciertas creencias religiosas, que no contra otras, que son consideradas como propias, etc.).

En su momento, eran los tiempos en los que el marido de Carla Bruni ocupaba el Elíseo, ciertas disposiciones trataban de imponer un concepto de identidad gala que suponía una serie de requisitos que iban desde lo religioso al necesario pedigrí que enraizase a los actuales ciudadanos franceses con los antecedentes galos ( y lo mantenía un hijo de emigrantes húngaros, igual que hoy lo hace Trump que, por lo visto, no se fija en los orígenes de su esposa, ni en los suyos propios: germano-escoceses), de pure souche, y negando la pluralidad de la sociedad francesa; estas tendencias identitarias son compartidas por los representantes de esta familia político-ideológica en otros países y entre otras coincidencias Traverso señala la islamofobia rampante que en cierta medida recuerda el antisemitismo de otros tiempos, y que no hace sino reflejar en la metrópolis la continuación del colonialismo, lo que no impide al historiador señalar el carácter fascista del auto-proclamado Estado Islámico; el que arrogándose la representación de todos los musulmanes y dando muestras de un fanatismo desbordado, que hace que a un nacionalismo radical unan la interpretación integrista de la creencia religiosa nombrada. Su influencia es favorecida por la implantación en países en los que no ha habido tradición, ni práctica, democrática, lo que hace que sus postulados resulten atractivo a jóvenes de la zona y se conviertan en iman para no pocos jóvenes de otros lugares, incluida la propia Europa. El Daesh vende por otra parte unos lazos comunitarios y de ayuda que salen favorecidos con respecto al egoísmo desaforado que campa en los países en los que dominan las relaciones neoliberales.

Así como en el siglo XX los judíos eran considerados como un parásito adherido al cuerpo social de los , puros, países europeos, en la actualidad el centro de gravedad se ha desplazado a los seguidores del Islam; esta religión es mantenida, mayoritariamente, por los ciudadanos de procedencia árabe y africana, lo que hace – como queda señalado- que lo ataques a dicha creencia no es más que un aggiornamiento del dominio colonial; oleada fóbica que va en alza desde finales del siglo pasado . Tal estigma sobre una franja de las personas inmigrantes es compartido igualmente por los ciudadanos que profesan el judaísmo, lo cual provoca una respuesta por las poblaciones señaladas que muestran un antisemitismo destacado que viene aumento por el comportamiento violento del colonialismo sionista, embellecido este último por no pocos intelectuales franceses que procediendo de la izquierda han devenido en acérrimos defensores del mejor de los mundos posibles.

Con el fin de aclarar las cosas recurre Traverso a poner en paralelo, distinguiendo obviamente los contextos, a los fascismos del siglo pasado con loss nuevos rostros que adopta a principios de este siglo. El repliegue identitario es una de las características más destacadas que aprovechándose de las distintas limitaciones y recortes que dificultan la vida de amplios sectores de la sociedad y utilizando tales problemas con sobrada demagogia y populismo, clama para defender el barco que se hunde…y si éste se hunde nos hundimos todo, mantienen en su grosera simplificación. Estos posicionamientos que las fuerzas de las que se habla tratan de situarlas dentro del sistema parlamentario hace que el resto de las fuerzas se vean arrastradas para intentar cubrir o tapar los agujeros señalados por dichas organizaciones emergentes. Tal eclosión coincide y es alimentada por la crisis palpable de los partido clásicos y es favorecida por las distintas formas de comunicación, más puntual, como las redes sociales.

La imagen de Donald Trump es el fiel reflejo del post-fascismo sin fascismo, con descarados tintes autoritarios que no se priva de rozar los bordes del antisemitismo fascista, y la reivindicación de la tierra y de quienes se sienten unidos a ella frente a los peligros de las urbes, lugares de perdición, de enclaves del desarraigo, de la intelectualidad y de la huella judía ( ahí están sus objetos de ataque: la prensa, fundamentalmente de Nueva York, las finanzas de Wall Street, y la corrupción de los políticos con sede en Washington). Obviamente carece de un movimiento estructurado que le sostenga como lo tenían los fascismos clásicos.

La coyuntura de desbrujule de la izquierda en lo referente a planteamientos, utópicos, de futuro, que han sido diabolizados como el camino directo al totalitarismo, y el abandono del anti-colonialismo debido de dichas fuerzas, son los factores que abren la brecha por la que se cuelan las organizaciones post-fascistas que con sus promesas cubren el hueco nombrado, convirtiéndose en potenciales promesas de futuro.

En esta edición hay una introducción en la que se centra la mirada en la situación latinoamericana y en la que se ahonda en el tan manido, y desvirtuado por los medios de comunicación, populismo, etc.

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