El POSI ante las elecciones Europeas del 7 de Junio

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Ante las elecciones europeas

El POSI ha decidido presentar candidatura a las elecciones europeas. Es necesario, por tanto, dejar clara cuál es nuestra posición ante las instituciones europeas en general y el llamado “parlamento” en particular.

Especialmente cuando las encuestas, incluso las elaboradas por la propia UE, auguran una monumental abstención en las elecciones europeas (se habla de que podrían registrar una abstención récord del 66%), expresión del inmenso rechazo de los pueblos de Europa hacia la propia UE.

Lo diremos de entrada: estas elecciones y ese “parlamento” no son puntos de apoyo para la causa de los trabajadores, sino obstáculos. No le dan ninguna salida. Utilizamos la campaña para agrupar trabajadores y jóvenes en la campaña para que Zapatero prohíba los despidos, contra la Unión Europea.

El papel del Parlamento Europeo

Las instituciones de la Unión Europea son: el Parlamento Europeo, el Consejo Europeo, el Consejo de Ministros, la Comisión Europea, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Tribunal de Cuentas.

De todas ellas, el Parlamento es la única institución de la Unión Europea que es elegida por los ciudadanos. Todas las demás son nombradas por los gobiernos y ninguna de ellas responde ni ante los electores ni ante los propios gobiernos que las nombran.

La existencia del europarlamento es necesaria para dar una apariencia democrática al entramado institucional de la Unión Europea: pero es una mera apariencia: ese “parlamento” no tiene ni los poderes ni las atribuciones de un verdadero parlamento.

El supuesto “parlamento” según los Tratados de la Unión

La Carta Semanal de la semana anterior exponía los poderes y contenidos del Banco Central Europea. Comparémoslos con los que el Tratado de Maastricht asigna al Europarlamento.

Según el artículo 14.1 del Tratado de Maastricht, “el Parlamento Europeo ejercerá conjuntamente con el Consejo la función legislativa y la función presupuestaria. Ejercerá funciones de control político y consultivas, en las condiciones establecidas en los Tratados. Elegirá al Presidente de la Comisión”. Curioso “poder legislativo” que ejerce las funciones legislativas, “conjuntamente” con el Consejo. Pero Parlamento y Consejo dependen de la Comisión Europea (a la que no eligen los ciudadanos). Pero ¿cómo se “comparte” esa potestad legislativa?: según el Artículo 17.2 del mismo tratado, “los actos legislativos de la Unión sólo podrán adoptarse a propuesta de la Comisión, excepto cuando los Tratados dispongan otra cosa. Los demás actos se adoptarán a propuesta de la Comisión cuando así lo establezcan los Tratados”. Es decir, que el “parlamento” no tiene iniciativa legislativa. Sólo la Comisión la tiene. El “parlamento” se “asocia a ella” mediante varios procedimientos (procedimiento de codecisión, procedimiento de cooperación, dictamen favorable, dictamen consultivo…). Pero incluso si rechaza una propuesta de la Comisión, no puede modificarla. Sólo puede devolverla a la Comisión para que ésta le proponga una nueva redacción.

En cuanto a las funciones de “control político”, recordemos que el europarlamento no tiene ningún control sobre los actos de la Comisión Europea, ya que, según el propio tratado de la U.E., “la Comisión ejercerá sus responsabilidades con plena independencia (…) los miembros de la Comisión no solicitarán ni aceptarán instrucciones de ningún gobierno, institución, órgano u organismo” Es decir, tampoco del Parlamento Europeo.

Éste tampoco tiene ningún poder sobre instituciones como el Tribunal de Justicia de la U.E., el Banco Central Europeo y el Tribunal de Cuentas.

Sólo le queda, por tanto, una función, la de tratar de engañar a los ciudadanos de la U.E. sobre el carácter democrático de la misma, hacerles creer que existe un parlamento elegido por los ciudadanos.

Un inmenso rechazo

El eurobarómetro (una encuesta realizada por la propia UE) del mes de abril de este año augura que dos de cada tres ciudadanos no votarán en las elecciones europeas de junio. Según esa misma encuesta, la mayoría de los que no votarán (64%) lo hace porque “no conoce suficientemente el papel del Parlamento Europeo” (buen cuidado han tenido de que no se sepa lo poco que pinta, pero la gente se lo huele) o porque creen que estas elecciones no cambiarán “nada”, mientras que un 20% dice que se abstendrá porque está en contra de la construcción comunitaria.

El entramado antidemocrático del U.E. no combina bien con el voto popular. Recordemos la victoria del NO en los referendos de Francia y Holanda sobre la mal llamada “constitución europea”, la sustitución de ésta (con el fin declarado de evitar nuevos referendos) por el “tratado de Lisboa”, rechazado igualmente por los electores en el referendo de Irlanda, único país donde se preveía un referéndum sobre estas cuestión.

Según el mismo eurobarómetro, la confianza en el Parlamento Europeo ha caído del 51 al 45%, en la Comisión Europea del 47 al 42% y en el Banco Central Europeo del 48 al 39%. Y eso que la encuesta la hacen ellos ¿Qué resultados daría una encuesta neutral?

Pero entonces ¿por qué nos presentamos?

Para un partido de tradición bolchevique, la decisión de presentarse o no a unas elecciones es siempre una mera cuestión táctica. Los propios Bolcheviques rusos se presentaron a elecciones a la Duma zarista (seudoparlamento) en condiciones de absoluta falta de democracia.

El primer congreso de la Internacional Comunista, recordando que “la actitud de los partidos socialistas con respecto al parlamentarismo consistía en un comienzo, en la época de la I Internacional, en utilizar los parlamentos burgueses para fines agitativos”, decidió que “reconociendo de este modo, por regla general, la necesidad de participar en las elecciones parlamentarias y municipales y de trabajar en los parlamentos y en las municipalidades, el Partido Comunista debe resolver el problema según el caso concreto, inspirándose en las particularidades específicas de la situación. El boicot de las elecciones o del parlamento, así como el alejamiento del parlamento, son sobre todo admisibles en presencia de condiciones que permitan el paso inmediato a la lucha armada para conquistar el poder»

Por tanto, los militantes del POSI levantamos una candidatura para hacer campaña, en primer lugar para reforzar, extender y ampliar la campaña para que Zapatero prohíba los despidos. Campaña semejante a las que se desarrollan en otros países europeos, y que chocan con la política impuesta a todos los gobiernos por los tratados y directivas de la Unión Europea.

La prohibición de los despidos es aquí y ahora la llave de la defensa de todas las conquistas y derechos de los trabajadores, de la libertad sindical y todas las libertades. Y cada paso en ese camino es un paso en ruptura con la Unión Europea.

Por eso nuestra campaña quiere ayudar a que las organizaciones de los trabajadores rompan la subordinación a los tratados e instituciones europeos, recuperen su independencia. Por su propia naturaleza de instrumento del capital y las multinacionales, la Unión Europea no es reformable ni permite una política “más de izquierdas”. Nuestra exigencia es la ruptura con la UE, la derogación de los tratados de la Unión, para que pueda hacerse una política a favor de los trabajadores.

En estas elecciones, el problema no es el voto, ningún voto al europarlamento puede dar salida a los problemas de los trabajadores y los pueblos de Europa. La campaña electoral debe servir como complemento de la campaña por el frente único por la prohibición de los despidos.

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