El Planificador Familiar: A propósito del salario mínimo

EL PLANIFICADOR FAMILIAR

Una vez un padre en medio de la crisis económica y el aumento de los precios de la canasta básica y, con ello, la reducción de los ingresos, reúne a la familia para tomar algunas medidas que vio en un suplemento de un diario sobre la planificación de la economía familiar.

Planificar es la consigna central del suplemento.

__La situación está dura, tenemos que tomar algunas medidas para poder sobrevivir, dice el padre.

La esposa y los cuatro hijos, escuchaban en silencio. Los dos más grandes estaban en la escuela, en segundo, María; y en cuarto grado, Josesito.

__Tenemos que suprimir una comida, así que trataremos de desayunar y haremos un almuerzo-cena a eso de las cuatro de la tarde.

El padre se llamaba José. Trabajaba en una fábrica de calzados desde hace 18 años. Su salario era de B/.430.00. Está estancado porque no tienen sindicato y no tienen convención colectiva –dice-. Tres intentos, cuenta que se han hecho para constituir el sindicato, pero alguien en el Ministerio de Trabajo «le daba el dato a la empresa y pa’fuera todos los que firmaron». «La última vez, -añade-me salvé de a’vaina pues le rogué al supervisor para que me dejara y como soy un buen trabajador, sigo trabajando pero congelao, no me suben ni un centavo desde hace cinco años». «Dos aumentos de salarios mínimos y na’a pa mí ni pa’otros como yo que tenemos más de 15 años. La esperanza que tenemos –agrega- es que el aumento del salario mínimo que viene nos pase y nos igualen a to’os, pues ya todos quedaremos con salario mínimo, sino hacemos el sindicato», cuenta José.

__Ustedes saben –le dice José a su familia- que después que me descuentan el seguro ni llego a B/.400.00, luego me descuentan la casa (B/120.00), pago una tarjeta (B/.50.00 mensuales) que maldigo el día que esa muchacha bonita que me mandaron me convenció de coger esa vaina; la mueblería, el indú que me persigue todas las quincenas por el préstamo y las sábanas que me vendió; y el préstamo en la financiera que cogí para arreglar el techo porque llovía más adentro que afuera; de a’vaina me quedan 40 balboas quincenales. Ya no pago ni agua, ni luz, hasta que vengan a cortarla y no sé que haré. Y ustedes saben que tengo que ir a trabajar, porque esa es mi primera responsabilidad. Los camarones que hago para rellenar están huyendo. Pero hago el esfuerzo y sobrevivimos.

__El gobierno –dice José- ha tomado algunas medidas para ayudarnos que pondremos en práctica.

__Ustedes saben –agrega- que subieron el 5% al 7%, pero dice el gobierno que nosotros los pobres nos salvamos porque no lo pagamos. Eso sólo lo pagan los ricos que compran productos que no son necesarios, así que desde ahora no los usaremos.

__Pero eso es mentira, dice la esposa.

__No, recuerda que yo voté por este gobierno, así que aquí todos tenemos que hacerle caso.

La esposa sigue refunfuñando y los niños en silencio.

Así que –dice el padre- estas serán las medidas:

__De ahora en adelante no compraremos desodorante, ni jabón para lavar la ropa ni para bañarse, ni pasta ni cepillos de diente, ni papel higiénico…

__¡Queeeeeeeeeee!, expresa Josesito.

__Pero si la maestra nos dice que tenemos que bañarnos con jabón y cepillarnos los dientes todos los días por nuestra salud, añade María.

__No quiero saber de nada, yo le hago caso a mi gobierno.

__Desde mañana traigo los periódicos que compran los compañeros de trabajo y los ponemos en el baño, señala el padre.

__¡Ah!, se me olvidaba decirle que tienen que cuidar la ropa porque no podemos comprarla porque eso también paga 7% y como pobres, no podemos afectarnos comprando ropa. Veré si hay ropa de segunda que no se cobra el 7%, agrega el padre.

La esposa no sabía que decir, ya que no quería crear una mala situación delante de las niñas y niños, así que aguantó callada.

___Pero esto no será por mucho tiempo, las cosas mejorarán pronto, dice el Sr. José.

___¿Te van aumentar o te ganarás el gordito?, pregunta la esposa.

__ Ojalá, responde el esposo. Pero no es de eso lo que les quería hablar. Es que mi «papa», cumple 70 años dentro de dos meses y mi «mama» el otro año y entrarán a los «cien para los setenta» y le voy a pedir ayuda.

¡Uf!, exclama la esposa, si la otra vez tu hermano y tu hermana estaban hablando esperanza’os de lo mismo y para acabar de joder yo ya no tengo mis viejos.

__Bueno, veremos quien tiene más derecho en ese momento, responde el padre.

__Si veremos si tú o la farmacia, porque los pobrecitos están enfermos, señala la esposa.

__Pero quiero que escuchen bien María y Josesito. Porque esta medida es con ustedes dos y su mamá debe respetarla, además de evitar que nuestros otros dos hijos violen lo que voy a decirle, dice el padre.

Y agrega:

__Mi gobierno también aprobó ustedes saben una beca universal. La ministra ha dicho que ahora no tienen excusas para no estudiar. Ellos darán 20 balboas mensuales por los nueve meses que están en la escuela. Eso le debe alcanzar para to’o. Así que de ahora en adelante, eso le debe alcanzar para to’o, no quiero que me pidan, plumas, ni lápiz, ni lápices de colores, ni cartulinas, hojas para ejercicios, ni hojas y fólder para los álbumes, ni figuritas, ni tempera ni juego de geometría, ni libros, ni que tienen que ir a Internet, ni plata para la excursión, ni colecta para nada, ni para reinados ni para pintar el salón, ni para la limpieza de la escuela, ni para el salón de informática, ni para el conjunto típico, ni para la banda, ni cuota de padre de familia, ni tiquetes de rifas ni de ninguna actividad, ni para la jubilación de la maestra o el maestro,… le debe alcanzar para to’o, reiteró.

Y empezó José a dictar las medidas:

__Primero que todo debes María cuidar la falda y las dos camisas; igual José el pantalón y las dos camisas, sobretodo ahora, que no tendremos jabón para lavarlas, apenas que llegan remojarlas antes que se le pegue el sudor. Y ver si ahorran de los veinte balboas, por si acaso hay de segunda que no se paga el 7%.

___Segundo, de ahora en adelante con los 20 balboas deben asegurar su desayuno, yo me encargo del almuerzo-cena y de los más chicos. Como un queso, un huevo o una salchicha valen 20 centavos en la tienda y la michita 10 centavos, pueden guardar treinta (0.30) para el desayuno todos los días y toman del café que su «mama» hace para todos. Calculando, treinta (30) días, significa que deben guardar nueve (9.00) balboas, esto es muy importante para el estudio.

___Tercero, los once (B/.11.00) balboas restantes debe servirle para todo lo demás. Como son 22 días de clases aproximadamente cada mes, como merienda pueden comprarse una galleta de quince centavos o llevan una michita de pan con margarina y la bajan con agua o lo ahorran y se aguantan con lo que le dan en la escuela en el comedor. Si se compran una galleta al día, (22 días de clases) por ejemplo, a O.15 centavos, gastarían B/.3.30, con lo que todavía le quedan B/.7.70, para todas las otras necesidades o cosas que le pidan, porque recuerden que deben ser responsables, mi gobierno ha insistido que eso deben gastarlo para garantizar su educación y no tienen excusas, debe alcanzar.

No pueden pensar en comprarse un jugo porque el más barato cuesta 0.35 centavos y si compran uno al día multipliquen por 22 días de clases y se gastarían los B/.7.70 que quedan, además esos jugos son pura agua, azúcar y colorantes. Tampoco pueden pensar que deben divertirse o comprarse un helado o chocolate, no, no, no, deben ser responsables desde chicos, eso es para educación. Recuerden que las hojas las vende el chinito a dos por un real y los fólder a 20 centavos igual que la cartulina, que si tienen que ir a Internet, el más cerca de la casa cobra 0.75 centavos por hora y debe alcanzarle para todo lo que le pidan en la escuela. Así que ser responsables, reiteró el padre.

___Cuarto, se dirige a la esposa y le dice: tú tienes que ayudar a ser responsables a nuestros hijos, si María y Josesito compran salchicha o queso, es para ellos, no le permitas a los otros dos hijos tomarlo ni pueden compartirlo, mi gobierno dijo que eso es para la educación y los otros no están en la escuela.

Termina la reunión y se retiran los niños y niñas. José estaba satisfecho, pensando que el suplemento del periódico le había servido para planificar los reales que ganaba. La esposa aprovecha la ocasión y le pregunta con una voz de esperanza.

__¿José, crees que esto funcionará? Y agrega: quisiera ser maga para multiplicar esos treinta balboas que das para la comida de la quincena. Ya no podemos tomar sopa, el ñame por las nubes, otoe, no lo veo hace años ya, la yuca en estos días estaba a más de peso. El pecho ni se diga, ya ni tuna con codito que comíamos los domingos podemos hacer. Arroz con torta de huevo y a veces una tajada será el menú. Y los pelaos con hambre, pidiendo y ya la crema no la puedo aguar más y hace tiempo no le pongo leche. Mira que la vecina me debe dos balboas de la costura que le hice y ya ni me habla de la pena porque no me puede pagar. Lo mismo fue con Concha y a tu amigo Flavio le hice la basta de pantalón y solo te dio las gracias.

___A ver Reina –dice José- planifiquemos los treinta balboas. El arroz, una librita para los seis, 0.50 centavos, seis huevos (a 0.20 cada uno) B/.1.20 y un plátano a 0.25 centavos para una tajadita cada uno. Total: B/.1.75. Si multiplicamos por 30 días: B/. 52.50. Nos quedan B/.7.50 balboas para los desayunos. Tenemos que ser responsables. No podemos salirnos del presupuesto. Porque el gobierno y el suplemento del periódico dicen que no debe haber déficit. Si cae algún camarón, entonces podemos pensar en una chicha de naranja o pecho para una sopa.

__José, pero si ya nuestros hijos ni se quieren levantar de la cama,» están desnutríos», dice Reina.

__Yo sé Reina, pero no se me ocurre más nada. Pero voy a ver con los otros compañeros de trabajo a ver que hacen y si algo podemos hacer juntos, ¡que nos boten de una vez por todas, pero debemos hacer el sindicato!. La otra vez vi una factura de B/. 30,000 y otra de B/12,000 que vende –y es todos los días- la empresa y el dueño llega en 4 x 4; y la esposa también y dicen que un hijo está en Washington estudiando y otra en Londres. Todo a costilla nuestro.

__Pero ese gobierno –le dice la esposa, Reina- por el que tú votaste, tira solo para los millonarios. Hay plata para to’o los proyectos de ellos, millones y millones, y para nosotros migaja de 20 balboitas. También debemos pensar en eso.

__Es cierto también debe estar en nuestra agenda pensar en esto, ripostó José.

Marido y mujer, se toman de la mano y se dirigen hacia la cocina a preparar algo de comer –el almuerzo-cena- del domingo, con el sentimiento de que las cosas que se hablaron no van a resultar y que se debe hacer algo superior, no solo entre ellos y sus hijos, sino entre quienes como ellos, tienen que «planificar la miseria».

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