¿El periodista Alberto Arce, patrocinado y premiado por lobbies sionistas?

 
 
Por Fernando Casares y la colaboración de Maritzu Naiz

 
 
Alberto Arce en una ambulancia bajo las bombas 
de Israel en Gaza (2008-2009)
 
 
El periodista Alberto Arce cogió protagonismo y notoriedad en la profesión y como reportero de guerra a raíz del filme «To Shoot an Elephant», una pieza documental que mostraba crudamente y desde la misma Franja de Gaza la masacre perpetrada contra la población civil palestina por parte de Ejército de Israel a finales de 2008 y principios de 2009. 
 
Una masacre que durante 21 días dejó un saldo de más de 1400 palestinos asesinados (una tercera parte niños), más de 5000 heridos y miles de casas destruidas, contraviniendo toda legislación internacional en materia de Derechos Humanos. Un auténtico Crimen contra la Humanidad.
 
En aquella ocasión lo pudimos ver junto a Vittorio Arrigoni, activista internacionalista pro palestino y miembro del ISM(International Solidarity Movement) asesinado de manera trágica 2 años después por un supuesto comando al qaedista que operaba en la Franja y a pocos días de diferencia de otra tragedia, esta vez sobre Juliano Mer Khamisen Jenin (Cisjordania), asesinado también y aparentemente por otra célula islamista radical.
 
 
 
Hasta aquí, Alberto Arce parecía todo una promesa dentro del periodismo comprometido y el lector no entendería a qué viene el título del artículo. Pero sigamos leyendo.
 
 
Premio de la Fundación Anna Lindh

La Fundación Anna Lindh nació en 2007 como tributo a la ministra sueca de Asuntos Exteriores, asesinada en 2003 tras ser apuñalada en unos grandes almacenes de Estocolmo mientras hacía campaña por el sí en el referéndum para la introducción del euro en Suecia. Hoy, la fundación está presente en 43 países, y forma una potente red de diálogo euro-mediterráneo con su sede en Alejandría, Egipto.

La Fundación adopta el símbolo berebér-amazigh del Norte de África. En anteriores ocasiones hemos comentado los estrechos vínculos de «un sector» del movimiento amazigh con Israel y con la derecha y una  parte de la izquierda independentista catalana (CiU y ERC respectivamente). En la Kabilia argelina, algunos movimientos políticos como el de Said Saadi (íntimo amigo de Bernard Henri-Levy) llegaron a afirmar que tras la independencia de la Kabilia ondearían banderas de Israel.

 

Obsérvese el símbolo bereber-amazigh.

En Roma en Septiembre de 2009, un jurado presidido por Amin Maalouf (escritor libanés exiliado en Francia y defensor de la llamada «primavera árabe») otorgó los II Premios de Periodismo Mediterráneo Anna Lindh.

Los premios de ese año han estado marcados, en gran medida, por la cuestión palestina-israelí y por la masacre israelí sobre Gaza. El periodista español, Alberto Arce, fue galardonado en la categoría de reportaje en conflicto.

El presidente de la Fundación Anna Lindh desde 2008, André Azoulay, judío marroquí residente en París desde 1966, consejero del rey Hassan II y ahora de su hijo Mohamed VI, explicó que «el futuro de Europa pasa por potenciar la Unión del Mediterráneo».  

Desde 2008 al frente de la Fundación, Azoulay ha reunido a cientos de ONG, universidades, asociaciones, instituciones públicas, fundaciones sin ánimo de lucro y empresas, todas coordinadas por 43 delegados nacionales.

 

¿Quién es André Azoulay?

De izq. a der.: Omar Azziman, Embajador de Marruecos en España; 
Shlomo Ben Ami, ex Ministro de Asuntos Exteriores israelí
André Azoulay, Consejero del Rey Mohammed VI y 
Presidente de la Fundación Anna Lindh

Rosa Cañadas, Presidenta de la Fundación Tanja; 
Jordi Pujol, ex Presidente de la Generalitat y 
Josep Piqué, Presidente de Vueling.


André Azoulay
, nacido el 17 de abril 1941 en Essaouira, es un político marroquí de origen judío sefardí.
 

Recibió formación como periodista en Francia, Diplomándose por el Centro de Formación de Periodistas de París y fue el fundador y director económico del periódico «Maroc-Informations». 

Entre 1967 y 1991, ocupó diversos cargos dentro del Grupo Bancario Paribas. Desde 1991 es Consejero para asuntos económicos y financieros del Rey de Marruecos, desde donde ha contribuido a la aplicación del programa de reformas económicas y financieras aplicadas en Marruecos desde 1993. 

André Azoulay es el presidente de la Fundación Euro-mediterránea Anna Lindh para el Dialogo entre las Culturas con sede en Alejandría, Egipto desde 2008. También ha sido miembro del Comité de Sabios para la Alianza de Civilizaciones de la ONUvicepresidente de la Fundación Tres Culturas con sede en SevillaConsejero del Centro Shimon Peres para la Paz así como miembro fundador del C-100, comité del Foro de Davos dedicado al Diálogo de las Civilizaciones y las Religiones


¿Quién fue Anna Lindh? 
 
En 1999 Suecia apoyó los bombardeos de la OTAN en Kosovo, a pesar de no haber un mandato de la ONU. Entonces Anna Lindh, la desaparecida ministra de Exteriores, lo justificó aduciendo que ello era sólo una excepción que no implicaba escapar al control de la ONU. 
 
En junio de 1999 la ministro fundamentó ante el Parlamento, que el principio fundamental que rige una intervención, es que debe contar siempre con el mandato expreso de la ONU y lo relativizó cuando aseveró que podrían existir circunstancias que dado la urgencia se hicieran sin ese mandato. 

«Pero ese tipo de excepciones son sólo hipotéticas y yo creo que es innecesario discutirlas», dijo la desaparecida Ministra.

En 2002 Suecia vuelve a apoyar otra acción militar, el bombardeo de Afganistán por parte de Estados Unidos, y otra vez sin mandato de la ONU. El gobierno de Persson y su ministro Anna Lindh argumentaron en esa ocasión que Estados Unidos, luego del ataque del 11 de septiembre, tenía derecho a la autodefensa según la Carta de la ONU. 
 
Pero esta actitud que socavaba el principio de soberanía en la política exterior sueca no sólo se manifestó hacia afuera, sino que se mostró también dentro de fronteras. Como cuando con conocimiento y autorización de Anna Lindh (según lo demostró una minuciosa investigación periodística), un avión fletado por la CIA en una acción «antiterrorista» aterrizó en Estocolmo. Y efectivos de seguridad norteamericanos enmascarados se llevaron a dos ciudadanos egipcios que luego fueron torturados, a quienes Suecia les había concedido antes asilo político. 
 
Fue la primera denuncia de lo que ahora se conoce como los vuelos secretos de la CIA trasladando prisioneros o secuestrados a cárceles secretas por toda Europa. También aceptando sin reclamar fuentes, Suecia congeló cuentas de ciudadanos somalíes, residentes legalmente en el país, porque Estados Unidos los incluyó en una lista de sospechosos de contactos con Al Qaeda. La defensa de estos ciudadanos ha protestado reiteradamente por la inconsistencia de la acusación y la escasa colaboración del gobierno sueco en resolver el tema.

Alberto Arce: de Gaza a Libia

Con todo lo descrito anteriormente uno podría decirse que el periodista Alberto Arce no tiene ninguna relación con toda esta gente sino a través de un galardón como reportero de guerra en Gaza. Labor que realmente ha merecido el elogio y la valentía. Sin embargo las cosas no suceden por generación espontánea y simple casualidad.

El siguiente reporte de Arce lo hace en pleno bombardeo de la OTAN en Libia y del lado rebelde en Misrata (del libro«Misrata Calling» y el documental «Misrata, vencer o morir»), al tiempo que su actual colaboración en el periódico digital guatemalteco Plaza Pública, podrían despejar todo tipo de dudas acerca de su posicionamiento político ideológico en contraposición con su anterior reporte en Gaza, como él mismo recordaría hace pocos días en una entrevista del programa radial español Carne Cruda, del que hablaremos luego. Veamos su participación en Libia.

Todos dudamos en un inicio. Los levantamientos en Benghazi que reportaban los medios de comunicación occidentales y la propia cadena qatarí Al Jazeera lo retrataban como una revuelta popular contra un régimen opresor liderado por un demonizado Muamar Gadafi y en el marco de la llamada «primavera árabe». Sin embargo, fue la rápida intervención militar de la OTAN autorizada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su Resolución 1973 (avalada y aplaudida prácticamente por toda la clase política occidental, incluyendo a progresistas y un sector de la izquierda europea) la que empezó a mostrar signos muy controvertidos, diversas manipulaciones mediáticas, medias verdades y absolutas mentiras sin contrastar, como por ejemplo aquellos 10.000 civiles libios supuestamente masacrados por las bombas de Gadafi, algo de lo que no se halló ni una sola fotografía… simplemente porque no existió.

Pero la mentira ya estaba reproducida en todos los medios y legitimó ante la opinión pública mundial una intervención militar en Libia supuestamente para proteger a la población, algo que luego vimos que no solo no fue así, sino que mataron a por lo menos 50.000 libios y destruyeron todo el país y sus infraestructuras en lo que ya se considera un genocidio, que el propio TPI del fiscal Moreno Ocampo no está dispuesto a investigar, como suele pasar también con los crímenes del Estado de Israel sobre el pueblo palestino.

Sin embargo en este caso, Alberto Arce decidió situarse (en plena intervención de la OTAN) del lado de los «rebeldes» libios. Unos rebeldes libios que aunque él nos diga una y otra vez que eran padres de familia, simples maestros o estudiantes, quedó suficientemente claro el contubernio más que evidente entre éstos, las potencias occidentales, Qatar, Turquía y la OTAN, además del vínculo de varios sectores rebeldes con movimientos al-qaedistas, salafistas radicales y ex funcionarios de Gadafi de tendencia neoliberal. A este respecto viene bien recordar una serie de imágenes para el recuerdo en uno de nuestros artículos «Rebeldes libios en imágenes»

Pero para conocer mejor la propia visión de Alberto Arce en su «Misrata Calling» o «Misrata, vencer o morir», nada mejor que su propia pluma:

“Al contrario. Si no fuera por ellos yo no podría realizar esta travesía. No me arriesgaría. Hace tres semanas un barco de guerra libio estaba listo para perseguirnos. Fue la OTAN quien les ordenó regresar a puerto. Sin ellos cerca, nos hubieran abordado y prefiero no imaginarme el resultado”.  

“Durante dos días os dije que no podíamos navegar debido al estado del mar. Que era peligroso. No era cierto. La auténtica razón era que estaban bombardeando el puerto. Yo no puedo arriesgarme a perder el barco. Ninguna aseguradora cubre estos viajes. Cuando la OTAN bombardeó la artillería de Gadafi que golpeaba el puerto decidí que podíamos navegar de nuevo. Es a ellos a quienes le debemos este viaje”. 

«A las 14.50 una nueva llamada de radio rompe la espera. “Este es el puerto de Misrata. Nos dirigimos al barco de la OTAN”. Con un marcado acento francés alguien responde “éste es el barco de la OTAN”. La guerra retransmitida en directo y en abierto. “Estamos luchando en Gaaran, al sur de la ciudad. Hay dos garajes de techo azul metálico. Los utilizan para almacenar sus municiones. Calculamos unos 200 hombres alrededor. Hemos vaciado la zona de civiles. Podéis bombardear. Necesitamos confirmación. Si no lo hacéis vosotros, nosotros atacaremos”. El barco francés confirma las coordenadas en dos ocasiones. “Manténganse a la espera”. «Los médicos libios a bordo se muestran gratamente sorprendidos por la fluidez de la comunicación. Ali explica que “antes las fuerzas de Misrata debían transmitir las coordenadas de ataque a Bengazi, y de ahí llegaban a la OTAN. Era demasiado lento. Ahora podemos ver como Misrata se comunica directamente con los barcos extranjeros. Se trata de un gran avance”. 

«Cuatro horas después, una nueva llamada suena mucho más desesperada. “Hay muchas bajas en Gaaran y Al Mahjoub. Nos están atacando con fuerza. Necesitamos vuestra ayuda. ¿Podríais llamar a los aviones, por favor?”. De nuevo, el barco francés repite “transmitimos la información”. “Por favor, enviad aviones. La situación está empeorando”. “Te copio, transmitimos la información”. 

«Fue a las 18.00 que llegó el tan ansiado anuncio “No actuéis en la zona. Nosotros nos hacemos cargo de la situación”. «Pero 24 horas más tarde, los barcos de la OTAN aún no han conseguido limpiar el puerto de minas y la ciudad permanece incomunicada por tierra y mar. Dos barcos esperan para salir, cuatro para entrar». 

Este pasaje demuestra a las claras la verdadera coordinación entre las fuerzas de la OTAN y los rebeldes libios. Pero es el propio Alberto Arce quien justificaría el bombardeo de la OTAN, como hace años lo haría la propia Ministra sueca Anna Lindh, nombre de la Fundación que le entrega 2 años antes el premio al periodista español por su labor en Gaza. 

La justificación del periodista llega a través de una entrevista que le realizaran hace pocos días en el programa radial español Carne Cruda. Veamos lo que dice en el minuto 20:06 de dicha entrevista:

Periodista: ¿Alberto, tú eras partidario en su momento de la intervención de la OTAN? 

Alberto Arce: «Esa respuesta no tiene ni SI ni NO… ‎Si la OTAN no hubiera intervenido, en Misrata hubieran muerto 40.000 civiles»

Aquí el periodista Arce nos deja meridianamente claro que podría ser un fiel partidario de la doctrina del «ataque preventivo» puesta en práctica en Irak y Afganistán bajo la administración Bush-Cheney. Además de dejarnos claro también su adhesión a la teoría del futurismo histórico tan bien retratado en el cine a partir de la película de hace varios años, y que generó cierto debate, Minority Report. Esta teoría se basa en lo que «podría pasar si» como hipótesis que termina justificando todo y cualquier cosa. Un verdadero peligro que hoy están padeciendo diversos pueblos alrededor del mundo y cuya mentalidad parece estar instalada en el imaginario social global de Occidente. Por cierto, la vieja argumentación sionista que utiliza el Estado de Israel para atacar y matar palestino. Algo que él ya debería tener claro, verdad?

Sin embargo Arce, en otra entrevista a un medio vasco logra indignarse por unas bombas de racimo en manos de las fuerzas  leales a Gadafi, sin decir absolutamente nada de las bombas de la OTAN:

Periodista: ¿Había bombas españolas en Libia? 

Alberto Arce: «Sí, vi las carcasas de bombas de racimo fabricadas en España que Gadafi utilizó para bombardear Misrata. En ese momento, Pedro Morenés, actual ministro de Defensa, era consejero de la empresa que las fabricaba. Ahí a mí se me queda la boca pequeña para decir que es una vergüenza que los responsables de esa venta estén en el Gobierno».

En estas dos entrevistas logra asomar cierta crítica, reconociendo luego que algunos de esos rebeldes con los que estuvo, actualmente están cometiendo violaciones a los derechos humanos, aunque esta crítica sea bastante leve, débil y poco concreta en comparación con su defensa del accionar rebelde y su clara posición respecto a la OTAN. En la entrevista radial llega a hacer una insólita y controvertida autocrítica que la hace pasar como crítica al periodismo en general (minuto 42:30):

«El periodismo es moralmente indefendible»

Y más tarde, en el minuto 43:20, agrega en relación a este tipo de cobertura y periodismo de guerra:

«Queremos hacerlo asumiendo que somos unos gilipollas y unos enfermos» 

Sin embargo, más allá de esta crítica y autocrítica que generaliza de manera absoluta y no contempla a un periodismo que no cae en estos posicionamientos y/o que también se adentra en primera fila de los conflictos, no escatima en burdas y vulgares descripciones a quienes miramos con ojos criticos este tipo de actuaciones, como dijo en la siguiente entrevista:

«Luego abres internet y te encuentras con los ‘anti-imperialistas’ que saben más que tú. A partir de la guerra libia se ha conformado una artillería virtual de sillón orejero que mete miedo y da pena, alternativamente y según la estupidez que suelten. Hay gente cuya mayor cercanía a la realidad es un blog o una cuenta de facebook y desde ese lugar se dedica a contarnos a los periodistas que estamos sobre el terreno lo que tenemos que ver y la manera de analizarlo. ¿Porqué no te pasas al otro lado del frente? me decían. Y te dan ganas de reponder, ¿Porqué no vienes tú aquí a que te peguen un tiro, gilipollas?. 

Recuerdo a una que por twitter y por facebook no paraba de decirme que Misrata había sido reconquistada por el Ejército Libio. Una y otra vez. Y yo estaba en Misrata y no lo veía. Y esa gente luego se llena la boca hablando de información alternativa, mentiras de los medios y agentes de la CIA encubiertos que se visten de periodistas. Alguien me dijo también que yo había enviado un vídeo a Euronews grabado en el desierto de Qatar y no en Misrata». 

«Luego cuando me hablan de periodistas-activistas y de información alternativa, y dan credenciales y nos llaman vendidos, pues claro, se me cuela un nosequé muy jodido por la espina dorsal. Algo así como miedo de esa gente, como que quiero tenerlos lejos, y dejarles que se sientan revolucionarios y nos llamen periodistas acomodaticios, mercenarios de la OTAN y esas cosas. De todos modos ya lo había vivido antes. Cuando conté algunas cosas sobre Gaza que se salían del manual del buen antisionista, desenfundaron los cuchillos y ahora ya los tenían listos para la puñalada. 

En el mundo hay bandos. Siempre hay dos bandos. El del oprimido y el del opresor. Nunca lo negaré. Pero cuanto más caminas el mundo, descubres que todo tiene tantos matices que a veces se confunden los bandos, la realidad te sorprende y la estupidez humana los cruza siempre transversalmente. Yo me hice periodista para currar, para viajar y para ver las cosas por mí mismo, no para asistir asambleas de gente que está en contra de todo como actitud vital ni para que me aplaudan grupitos de gente que no tiene nada mejor que hacer que elegir una causa y dedicarle sus tristes tardes de martes a lanzar propaganda barata sobre ella».

Sin duda algo de cierto hay en la crítica. ¿Pero es necesario ser tan maniqueo, tan absolutista en la crítica y supuesta autocrítica? Si realmente cree en los matices, podría ponerlo en práctica en este tipo de críticas a la crítica. Sin embargo, cuando estamos ante un bombardeo de la OTAN a un pueblo, como también lo fue a menor escala el bombardeo del Ejército de Israel sobre el pueblo de Gaza… ¿Cuáles son los matices a los que hace referencia el periodista Arce? ¿Existen matices en esos momentos? Probablemente existe un atisbo de humanidad en aquel que deshumaniza al otro y es capaz de apoyar un bombardeo sobre un pueblo o su propio pueblo. ¿Pero sirve retratar esa humanidad para parar las bombas y el asesinato en masa de una población indefensa o más bien lo legitima y humaniza? Ante el asesinato definitivo puesto en marcha por la maquinaria bélica más poderosa del mundo… ¿Tiene sentido retratar la humanidad de aquellos que están a favor de ese holocausto?

Trabajando en el periódico que financia George Soros

 

Y como si todo esto fuera poco, el periodista Alberto Arce actualmente está colaborando y trabajando en el periódico digital guatemalteco Plaza Pública, que en su sección Quienes Somos nos dejan claro que son un medio financiado por varias Fundaciones, entre las que se encuentra la Open Society, del conocido magnate, especulador financiero y financista de ONG’s de supuestos derechos humanos como AVAAZ (quienes pidieron zona de exclusión aérea en Libia y su Directora llegó a justificar las bombas de la OTAN) entre otras, y uno de los think thank anglosajones más pro activos sobre las nuevas técnicas de llevar la Democracia Occidental a países que no gozan de este privilegio.

Lo pudimos ver a través de movimientos como OTPOR en los países del Este y sus actuales vínculos con movimientos «pro democráticos» de algunos países de la llamada «primavera árabe», como en Egipto por ejemplo.

Está claro que con todo esto, es lícito cuestionar el posicionamiento y actitud del periodista Alberto Arce, que por activa o por pasiva, consciente o inconscientemente, está inmerso en una red de vínculos que está llevando al mundo camino de la perdición.

 

EL JULEPE

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