El Perfume de Obama

Es el mal estado del imperio, el que expide tal hediondez y para intentar taparla, recurren a una fragancia de esencia africana.
Para este caso del imperio norteamericano, también se cumplió la cortísima duración del efecto de los perfumes, además de lograr un pésimo resultado, pues fue peor el mal olor que obtuvieron, al agregar perfume a un cuerpo no aseado debidamente.
Brisa fresca
Un año después de la Cumbre presidencial de Trinidad y Tobago, la administración del imperio envió a la Secretaria de Estado Hillary Clinton a una gira por Latinoamérica, para hacer contrapeso a la brisa fresca, que genera la naciente Comunidad de Estados de Latinoamérica y del Caribe (CELAC).
Pero hoy, el desvanecido aroma desodorante de Obama ya no logra encubrir el mal olor del imperio, al ser más fuerte el tufo de dictadura, mafia y presidentes archimillonarios, que emanan los aliados de Washington, como Lobo, Martinelli, Piñera y Uribe.
Desde Bogotá corrió un mejor aire, al hundirse la segunda reelección de Uribe, pero sólo temporalmente, pues quien lo suceda, muy difícilmente se va a apartar de las directivas estadounidenses.
Está por verse, si ante el desgaste del régimen de la extrema derecha colombiana, la izquierda pueda llegar a configurar una alternativa de cambio, que lo reemplace y gane una mayor sintonía con la marea progresista, que cubre a la mayoría de América.
Dos procesos letales
De la complicación de males que sufre el imperio norteamericano, dos son los más letales.
El proceso degenerativo más grave es la crisis del sistema capitalista; el pésimo estado de sus signos vitales, así lo siguen demostrando:
* El agotamiento de combustibles, como el petróleo, que mueven a la economía global, coincide con la amenaza que mantiene la depredación capitalista a la supervivencia del planeta.
* La ambición de ganancia estrelló al sistema financiero internacional, pero este, antes había destrozado a la economía productiva.
* El dólar se sigue despidiendo como moneda de referencia mundial.
El otro proceso de declinación, que no logran frenar, es el de la hegemonía imperialista.
En su intento por frenarla, los Estados Unidos fortalecen su alianza con los 26 países de la OTAN, en una operación de refuerzo de la rapacidad colonialista, a costa de debilitar aún más a la ONU y a la legislación internacional que ella personifica.
Eisenhower, destacado general y presidente de EEUU (1.953-1.961), advirtió que su país siempre perdería las guerras en tierra que librara en Asia, por ello con las agresiones que hoy ejecuta contra Irak, Afganistán, Pakistán y Yemen pretenden ganar tiempo, para retrasar su derrota y su salida de allí.
Competir en cuatro tableros
Los planificadores estratégicos imperialistas, voceros de sus Agencias de Inteligencia, en su Evaluación Anual de Amenazas, presentada este febrero, llegan a esta conclusión:
“La influencia regional de Chávez podría haber llegado a su límite… Él y sus aliados probablemente seguirán oponiéndose a casi todas las iniciativas de EEUU en la región”.
Para la reconquista de este continente, el imperialismo norteamericano compite simultáneamente en cuatro espacios: Cono Sur, Suramérica, Latinoamérica y El Caribe, y en toda América. Con la determinación de afectar el primero, para con esto, frenar los vientos de cambio continentales.
Su estrategia consiste en separar a Brasil de Argentina y así entrabar al Mercosur.
Buscan dividir la Unasur, para aislar a los países líderes en transformaciones democráticas de origen popular.
A cualquier precio se proponen impedir el surgimiento de la CELAC y revertir el debilitamiento de la OEA.
Además, tratan de evitar la articulación de los movimientos de protesta popular dentro de EEUU, con el resto de luchas continentales.
Viene la tempestad y luego la calma
Dice el Presidente Obama que hará guerras con un estilo diferente al de Bush, porque si deja de hacerlas, dejarían de existir como imperio.
Para entender la guerra perpetua imperialista, hay que reafirmar, que ha habido únicamente una guerra eterna: la de los ricos contra los pobres.
Resistir a la rapacidad y la guerra imperialista-colonialista es el camino de los pueblos. Unirnos para resistirlas es el único medio para neutralizarlas y lanzarlas al basurero de la historia.
Por convicción íntima el imperialismo se dedica a dividir para reinar, en contraposición la respuesta desde los pueblos, los pobres y los trabajadores ha de ser la unión.

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