El Parque Lineal de después del Madrid2016

Este pasado domingo, 4 de octubre, pasará a la historia del Parque Lineal como el día en el que la derrota se trasformaba en victoria. Derrota por la victoria de Río de Janeiro y victoria por la derrota de quienes no veían más futuro para el Parque Lineal que el Madrid2016. Allí estuvimos para demostrarlo.

Desde el mismísimo origen del Tramo 2 hasta sus límites dentro de este conocido parque madrileño, la Asociación Cultural del Grupo de Investigadores del Parque Lineal (GIPL) convocamos a unas cien personas en una marcha por el antiguo Real Canal del Manzanares, una de las muchas joyas arqueológicas y naturales que el Parque Lineal guarda celosamente entre velos de desconocimiento.

Madrugón en domingo, calor de justicia y pocas, muy pocas sombras en un recorrido a pie de más de doce kilómetros. Sin embargo la ruta prometía, los miembros del GIPL iban a contar, en una divertida excursión guiada, la verdadera historia del Parque Lineal del Manzanares y su Canal de Navegación, aquel que iniciara Carlos III y que terminara a duras penas Fernando VII, aquel que ambicionaba para la Villa y Corte de Madrid un puerto de mar y que tozuda y constantemente fracasaba por los más elementales errores en el cálculo de eficacia, eficiencia y sostenibilidad. Madrid2016 sólo era la última parada en este vía crucis que pretendía ahora hacerlo navegable por enésima vez.

A pesar de todo, lleno hasta la bandera. Resultaba complicado mover a cien personas por los polvorientos caminos del parque, pero todos llegamos, todos lo logramos, todos entendimos que el Parque Lineal no precisa de grandes proyectos olímpicos para relucir como esa joya que es.

Sólo un pero: el calor. El no demasiado intenso calor de aquel día, castigaba nuestras cabezas en un Parque Lineal con muy pocas sombras. Sin apenas árboles y con los antiguos caminos de sirga del Canal destrozados, los otrora frondosos viveros y malecones se echaban mucho de menos. Sólo el "Abuelo" nos permitió con sus amplias ramas centenarias saciar nuestro sofoco, sólo los gruesos muros de la casa que visitara Fernando VII nos sirvieron de divertida parada y fonda, tal y como sirvieron ya al Borbón en otra época.

No precisa el Parque Lineal de costosos proyectos olímpicos. Tal vez lo necesario es la recuperación e integración histórica de sus vergeles de moreras y olmos, aquellas que adornaran el Canal del Manzanares y que hoy resisten en formas singulares. Parece bastante más imprescindible la reactivación de sus especies de ribera, la restauración en suma de su descomunal patrimonio histórico y medioambiental. Aquel en perfecto equilibrio con su entorno desde el mismísimo origen del hombre, allá por cuando el Parque Lineal era habitado por aquel simio que comenzaba a erguirse con nombre de Neardental.

Si esta insignificante Asociación congregó a cien personas en un entorno ciertamente difícil, sin apoyos institucionales y con presupuesto cero ¿qué no hubiera pasado en un parque potenciado por los poderes municipales, promocionado con la ínfima parte de lo utilizado en el Madrid2016 que se buscaba para el Parque Lineal? Seguramente ahora estaríamos hablando de miles de personas que con total seguridad hubieran disfrutado de uno de los mejores espacios histórico y naturales de Madrid.

Así rezaba la contraportada del libro que ofrecimos a quienes acudieron a la ruta: "Una excursión para aprender nuestro pasado, una ruta para entender nuestro futuro", porque la clave de nuestro futuro se encuentra encerrada en nuestro propio pasado.

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