El paradigma que nos ciega

Varios siglos atrás la población terráquea compartía la creencia de que el sol giraba alrededor de la tierra. Esto se debía más que nada a una simple superstición religiosa. No era que alguien se hubiera tomado el tiempo de analizar la situación y bajar un dogma.

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Vinieron Copérnico y Galileo y luego de un poco de observación y un mínimo de cálculos rápidamente despacharon esa mentira con la novedad de que era la tierra la que giraba alrededor del sol. Eso casi les cuesta una cita con la hoguera. Pero bueno, de ese tema hablaremos en otra oportunidad.

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Más o menos por la misma época también se compartía la increíble convicción de que la tierra era chata y que si uno se aventuraba muy lejos por el mar se caería del mundo. Y he aquí que aparece un tal Cristóbal y les muestra lo equivocados que estaban.

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Supuestamente esto era algo que los Vikingos sabían hace siglos. ¿Pero quién le iba a hacer caso a hombres grandes que usaban cuernos masivos en sus sombreros? ¡Por favor!

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En los tiempos de Lord Byron cuando alguien se enfermaba los médicos compartían la opinión que una buena sangría curaba cualquier malestar. Nadie se curaba pero por lo menos se debilitaban tanto que dejaban de lamentarse y ya no causaban tanta molestia a los que vivían con ellos.

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Fue esto último, más que nada lo que ocasionó que una práctica tan cavernícola y poco científica durara tanto tiempo. Aunque seguramente la soberbia de los médicos también tuvo algo que ver.

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Hoy ya son más sofisticados y en vez de sangrarnos con sanguijuelas nos sangran con fármacos. Los médicos del siglo XXII verán a los de hoy con el mismo desprecio que ahora vemos a los de la época de Byron. Los que ejercen la medicina se han convertido en meros títeres de los grandes productores de drogas legales. Un negocio redondo si los hay.

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Ah sí, en algo no han cambiado, la soberbia de los médicos ha sobrevivido intacta a través de los siglos. No importa cuántas cagadas se manden siguen pensando que son dueños exclusivos de la verdad. Pero vayamos a un ejemplo más reciente y mucho más práctico.

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Corrían los gloriosos años ’60. Mientras los Hippies amenazaban con una leve sacudida al status quo imperante los suizos gozaban del control de más del 90% del mercado mundial de relojes.

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Un suizo, que obviamente no tenía nada mejor que hacer, inventa el reloj de movimiento de cuarzo. Lo primero que hace es llevarlo a una reunión de relojeros donde muestra con orgullo su nuevo chiche.

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Los relojeros poco más que lo sacan a escupitajos. “No tiene palanquitas” decía uno, “No tiene resortes ni engranajes” agregaba otro, “¡No tiene rubíes!” terminaba el más escandalizado. “Eso es una vergüenza y una afrenta al sentir nacional suizo, ¿cómo se le ocurre algo así?”. Fue lo último que escuchó el desdichado mientras huía de ahí con el rabo entre las patas.

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Ni se les cruzó por la cabeza a los relojeros considerar que el nuevo invento era mucho más preciso que sus precursores y que a la larga resultaría mucho más económico de producir. Gracias a la ceguera del viejo paradigma eso fue algo que no tuvieron en cuenta para nada.

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Al mes hubo una exposición de relojes en Ginebra. El tipo montó un pequeño stand para humildemente mostrar su creación al resto del mundo ya que venía gente de todas las naciones. Tan humillado había quedado el pobre que ni siquiera se molestó en patentar su invento.

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Por su stand pasaron muchos, pero los representantes de Seiko y Texas Instruments en particular miraron con mucho interés y tomaron extensivas notas. El resto, como bien sabemos, es historia.

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Hoy Suiza maneja apenas un 5% del mercado. Ahora se dedican exclusivamente a relojes de lujo como Rolex, Omega y ese tipo de marcas que se cotizan gracias al ego.

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Pero se ve que Dios debe ser suizo porque apenas perdieron el monopolio de los relojes se puso de moda la cuenta bancaria numerada y nadie mejor que ellos para aprovechar la situación.

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Gracias a los billones que en esas cuentas hoy depositan políticos corruptos, mafiosos de toda laya, vendedores de drogas al por mayor, forjadores de religiones exitosas, traficantes de armas, y ese tipo de gente ejemplar, ya ni se acuerdan para qué demonios sirve un reloj, y mucho menos les interesa.

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Eso amigos, es una breve sinopsis de lo que llaman la ceguera del paradigma.

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Ahora bien ¿qué me dirían si les informo que en este momento todos creen en algo que no es verdad, y que anda por el mundo un nuevo Colón buscando una reina Isabel que financie su delirante visión de tirar abajo esa mentira?

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Pero no se preocupen, nadie le hace el más mínimo caso y seguimos en uno de los tantos paradigmas de la mentira creyendo que es verdad.

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Imaginen como nos verán los pobladores de este planeta en unos 200 años. Les costará creer que fuimos tan bestias.

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Se me ocurre uno, pero debe haber varios otros.

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¿Verá nuestra generación un nuevo Galileo, un nuevo Colón?

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No se pierda el próximo capítulo.

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* Iktami Devaux es escritor y dirige y presenta el programa “Estamos todos locos” en Radio FM Alas, de El Bolsón, Río Negro, Argentina. http://www.fmalas.org/

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