El papel social del miedo

  1. EL PAPEL SOCIAL DEL MIEDO

El miedo es como un árbol de muchas ramas todas peligrosas si te acercas a ellas, y tiene muchas raíces. Una de esas raíces es el patriarcado, y una de esas ramas, el patriarcado, con su máxima manifestación en forma de  Iglesias y  Estados.

Los gobiernos  son una materialización   a gran escala del patriarcado dominante a nivel mundial. Otra es la Iglesia,  sea católica, ortodoxa, o luterana, las religiones orientales o  el islamismo. Y no tiene significación alguna que las mujeres ocupen puestos de poder dentro de cualquiera de esos brazos del sistema dominante, ya sean -en el mejor de los casos -directoras de empresas, jefas de culto, generalas de algún ejército o primeras ministras. El patriarcado es un  paradigma de dominación que practica la violencia en cualquiera de sus formas, la prepotencia, la humillación, el ninguneo,  y, en resumen,  el desprecio a la autoestima o a la vida de quien domina.

Lo mismo que en las familias patriarcales “de libro”, donde el tirano es temido y  a la vez teme en su interior a su prole o a su mujer, el miedo juega un papel de primer orden en la política. Unos gobiernos temen a otros más fuertes y se ven forzados a tomar medidas para contentarlos. Y el temor lleva a la carrera de armamento que nunca cesa, pues todos quieren mostrarse más fuertes que sus vecinos para evitar caer bajo su control. Por su parte, cada  uno de ellos teme a sus propios ciudadanos, al igual que estos temen  las leyes represivas e injustas de sus gobernantes. Es por esto por lo que cada Estado y sus administradores de todos los niveles muestran siempre gran empeño  en controlar la dosis de miedo conveniente en sus súbditos  para conseguir tenerlos en un puño, de apariencia dorada  o de hierro fundido, según el miedo que les tengan.

Ahora se usa el terrorismo como excusa para el control global, pues se camina hacia estados policiales en todo el mundo y  el miedo a los atentados  se ha globalizado para que llegue a cada ciudadano del planeta. Y ciudadano asustado, ciudadano dominado.  Pero si  alguno se sale del guión, enseguida se enfrenta a  leyes y métodos  de  descalificación, aislamiento y represión. En esto colaboran con verdadero ahínco  los medios de comunicación.

Como portavoces de intereses de ricos y poderosos,  los medios convierten en sospechoso a un  disidente,  fácilmente calificado de extremista, de antisistema o de formar parte de alguna clase de secta, condiciones estas, por cierto,  que los gobiernos cumplen con abundancia.

Por su papel custodio de los  intereses de las altas esferas, medios digitales conservadores en internet, radios, televisiones, y prensas “homologadas” inciden una y otra vez en noticias que provocan desconfianza y división entre la gente,  miedo al cambio y otras muchas cosas que obstaculizan a la población el unirse y  superar sus miedos. Y con la ayuda del que infunden los uniformados que a su vez temen a  los disidentes más activos,  y la inestimable acción de aparatos judiciales que  también  temen oponerse a las decisiones injustas de sus gobiernos,  las minorías disidentes más activas son fácilmente llevadas a los tribunales, convertidas en invisibles, desaparecidas o asesinadas según los casos y países,  mientras las  mayorías –ajenas a todos ellos- se convierten en dóciles acríticos. Son las mayorías silenciosas.

“El miedo guarda la viña” (del patrón, claro está).  Pero hacen un triste papel, pues  son como piedras de molino encadenadas  a los pies de la humanidad, que camina a cámara lenta en su proceso evolutivo.

El  encubridor.

El miedo, convertido en sistema de dominación es utilizado para proteger grandes negocios de  poderosos ególatras sin fronteras, ideológicas, económicas, religiosas o políticas, todos ellos carentes de sensibilidad, empatía y humanidad, cuyo común denominador es el ansia de poder, de prestigio o de posesión de las energías físicas o espirituales de los que están a su alcance.

Debemos estar despiertos para no dejarnos asustar por los propagadores de miedos sean estos poderes religiosos o laicos, pues la pirámide social del miedo, tiene muchos escalones y muchos servidores de distinto rango y actividad. No todos son visibles en este mundo, pero en cuanto desplegamos nuestra antena al cosmos emitiendo pensamientos o sentimientos contrarios a las leyes de la justicia, la  paz, el amor o la armonía, nos convertimos en receptores de las  fuerzas oscuras del miedo  y nos colocamos a tiro de sus servidores y propagadores. Por eso nos conviene estar despiertos y orientados hacia el lado positivo de nuestras existencias, que es donde reside “la Fuerza”, nuestra verdadera “Fuerza”: la de la conciencia libre.

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