El octubre que fue noviembre

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Mientras en México la revolución estaba en su segunda y más sangrienta etapa -la lucha entre los convencionistas y los carrancistas, en Europa estallaba una guerra de grandes proporciones, la gran guerra la llamaron algunos, la cual a los ojos de los trabajadores socialistas fue un conflicto entre imperialistas, entre los grandes monopolios, para repartirse el mundo.

LA MAYORÍA de las organizaciones y publicaciones que se reclaman socialistas o comunistas estarán conmemorando una fecha que para muchas personas no significa mucho, pero que para nosotros es de suma importancia: La revolución socialista de octubre, aquella revolución por la que los trabajadores rusos tomaron el poder político, después de cientos de años de vivir bajo un imperio.

Mientras en México la revolución estaba en su segunda y más sangrienta etapa -la lucha entre los convencionistas y los carrancistas, en Europa estallaba una guerra de grandes proporciones, la gran guerra la llamaron algunos, la cual a los ojos de los trabajadores socialistas fue un conflicto entre imperialistas, entre los grandes monopolios, para repartirse el mundo. Aunque en los países en conflicto (Francia, Italia, Alemania, Rusia e incluso Estados Unidos) se organizaron movilizaciones contra la guerra, fue en Rusia en donde estas protestas alcanzaron otro nivel: cansados del hambre, la miseria y la guerra, los trabajadores rusos derrocaron al zar Nocolai Romanov II, en febrero (marzo en el calendario occidental) de 1917.

En ese mismo año se nombró un gobierno de coalición, en donde participaban diferentes fuerzas: socialistas moderados, burgueses “demócratas” y nobleza “progresista”, quienes se comprometieron a convocar a una asamblea constituyente y a terminar la participación de Rusia en la guerra, una sangrienta guerra que llevaba ya 3 años. Sin embargo, una vez en el poder siguieron perpetuando la explotación y la opresión al pueblo y nada hicieron por terminar la participación rusa en el conflicto bélico.

En abril de 1917, el principal dirigente del partido bolchevique Vladimir Ilich Ulianov, mejor conocido como Lenin, llegó a Rusia después de un exilio de muchos años, ávido de participar en la lucha que se estaba dando en ese momento, en el que los obreros y los campesinos estaban hartos de la guerra, de la opresión política y de la explotación, hartos de trabajar hasta la muerte y no tener nada, mientras que los que todo lo tenían no movían un dedo y seguían sangrando al pueblo. Los socialistas más consecuentes, los bolcheviques, lograron organizar a los trabajadores revolucionarios y dirigirlos: En las fábricas, en las ciudades y en el frente los soldados se pasaban al bando revolucionario y se organizaban para luchar contra la burguesía y el gobierno.

Fue así como los revolucionarios rusos organizaron grandes asambleas de trabajadores, llamadas soviets de diputados obreros y soldados en las que, de manera directa, se tomaban las decisiones que el movimiento debía seguir y en las que los bolcheviques fueron convirtiéndose poco a poco en la fuerza dirigente.

En la madrugada del 7 de noviembre (27 de octubre según el viejo calendario ruso), los obreros armados y los soldados revolucionarios tomaron por asalto el palacio de invierno, la residencia del gobierno provisional encabezado por Alexander Kerensky, al grito de “Paz, Tierra y Pan”. Pero éste fue sólo el comienzo, después de poner el poder político en manos de los soviets de obreros y soldados, los obreros rusos dirigidos por Lenin y el partido bolchevique tenían la certeza de que la burguesía y sus aliados no aceptarían dejar el poder por las buenas, sabían que los explotadores defenderían el régimen de muerte que les permitía seguir dándose la gran vida, por lo que decidieron reorganizar la forma de gobierno, creando el Consejo de Comisarios del Pueblo encabezado por militantes bolcheviques.

Después de haber tomado el poder, el Consejo de Comisarios emitió distintos decretos, los tres primeros fueron: una paz inmediata sin anexiones y sin indemnizaciones, es decir, que Rusia debía salir del conflicto bélico sin entrar al juego del reparto del mundo; abolición de la propiedad privada de la tierra, por lo que las grandes extensiones de tierra en manos de los campesinos ricos (kulaks) y la iglesia, pasaron a ser propiedad de los soviets de campesinos pobres; formación de milicias obreras, las cuales fueron integradas por los trabajadores armados y organizados, formando un nuevo ejército que defendiera los triunfos de la revolución. En los días siguientes se emitieron distintos decretos en los que se abolieron los estamentos (no hubo más nobleza), se estableció la obligatoriedad y gratuidad de la educación pública, se creó el seguro social y se nacionalizaron los bancos. De esta manera, desde el primer día la revolución de los soviets estableció las bases de la transformación socialista.

No obstante, los revolucionarios rusos tuvieron que enfrentar la resistencia y los ataques de todos los reaccionarios, de los burgueses que se encontraban desposeídos de su propiedad privada, de los exministros del gobierno provisional burgués y de las potencias extranjeras que buscaban derrotar a la revolución y repartirse Rusia como botín. En esa situación, los revolucionarios encabezados por hombres como Lenin y Stalin defendieron las conquistas del pueblo trabajador de las agresiones internas y externas que arruinaron al país. No obstante, la revolución salió avante una y otra vez.

La revolución de octubre abrió la posibilidad del cambio. Antes de ella se pensaba que el socialismo sólo sería posible en países con un capitalismo más desarrollado, como Inglaterra, Alemania o Estados Unidos. El octubre que fue noviembre le abrió paso al triunfo de otras revoluciones como la china en 1949, la coreana en 1956, la cubana en 1959 y la vietnamita en 1976. Durante muchas décadas, la revolución de octubre simbolizó la posibilidad de que un pueblo poco organizado y menos politizado fuera capaz de revertir sus propias debilidades, mediante la dirigencia de una vanguardia, en ese entonces el partido bolchevique. Fueron los obreros y los campesinos pobres quienes se atrevieron a tomar las riendas de sus propios destinos.

Es por esto que los militantes de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP) conmemoramos este triunfo de la clase obrera, la primera revolución socialista del mundo y no cejaremos hasta que la clase obrera mexicana tenga su propio octubre, lleno de victoria y dignidad.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección RECUPERANDO LA HISTORIA del No. 21 de FRAGUA , órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Noviembre-Diciembre 2016.

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