El nuevo plan de guerra del imperialismo americano contra el pueblo palestino

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El 28 de enero, en Washington, en presencia del primer ministro israelí Netanyahu, el presidente estadounidense dio a conocer «el acuerdo del siglo», su «plan de paz» para «dos estados» en Palestina que será la continuación de los de Reagan (1982) y Bush Sr. (1991). Lo había preparado su asesor (y yerno) Jared Kushner y el embajador de los Estados Unidos en Israel, David Friedman. Cuando el presidente rindió homenaje a éste último, tuvo un desliz y dijo: «vuestro embajador». Netanyahu, al lado de Trump, puso cara de satisfacción.

La Nakba y el nacimiento del último estado colonial

La resistencia de la población árabe de Palestina, una antigua provincia del Imperio Otomano que quedó bajo el control de Gran Bretaña en 1917, comenzó en esa fecha, cuando los sionistas (un movimiento nacionalista que desde finales del siglo XIX defendía la partida de los judíos europeos a un lugar que supuestamente les habría dado Dios) empezaron a comprar tierras.

Tras la victoria de Hitler en 1933, los líderes sionistas buscaron colaborar con el régimen nazi. Por su parte, los estados democráticos burgueses (Suiza, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, etc.) se negaron a abrir sus fronteras a los judíos perseguidos, lo que llevó a cientos de miles de ellos a Palestina. El exterminio de los judíos de Europa dio un impulso inesperado al sionismo. Al mismo tiempo, la ONU fue formada por los antiguos aliados, es decir, las potencias imperialistas occidentales y la burocracia estalinista de la URSS. En noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU aprobó la división de Palestina entre un estado judío y un estado árabe por iniciativa de los Estados Unidos y con el apoyo de la URSS (resolución 181).

Inmediatamente, las organizaciones terroristas sionistas (Haganah, Lehi-Stern, Irgoun) lanzaron en marzo de 1948 el plan Dalet para expulsar a la mayor cantidad posible de árabes. El Estado de Israel fue proclamado en mayo de 1948. Los ejércitos de los estados burgueses vecinos (Egipto, Jordania, Siria, Líbano, Iraq) le declararon la guerra. El mediador sueco de la ONU fue asesinado por la organización terrorista sionista Leni-Stern. Finalmente, los Estados árabes cerraron cuerdos de paz con Israel. A pesar del «socialismo» que la mayoría de esos estados postureaba, se dedicaron a perseguir a los judíos de sus propios países, reforzando la ideología sionista y proporcionando una importante inmigración a Israel.

El resultado de la limpieza étnica de 1947-1949 (Nakba) es que, de 1.5 millones de palestinos, solo quedan 160,000 en Israel, 1 millón se encuentra en Gaza (bajo el control de Egipto) o en Cisjordania ( nexado por Jordania), y más de 300,000 en otros estados, la mayoría en campamentos de refugiados. Israel fue reconocido por las Naciones Unidas en mayo de 1949 (resolución 273) con el voto de los países imperialistas y la URSS.

Aunque construido por los dirigentes ateos del Mapai (Partido Laborista), fundador de la Haganah, Israel es todo menos laico: los matrimonios son religiosos, los fundamentalistas religiosos están exentos del servicio militar, los rabinos definen quién es judía o judío … Su movimiento obrero es predominantemente colonialista; por lo tanto, está impregnado de colaboración de clases e infectado de racismo: el Mapai y la central sindical Histadrut rechazan a los trabajadores árabes. Solo el Maki (Partido Comunista Israelí) y su escisión en 1962, el Matzpen influenciada por el trotskismo, organizan a judíos y árabes. Israel, después de su proclamación, ha continuado la destrucción de los pueblos árabes dentro de sus fronteras. Con desprecio de los tratados internacionales, se ha hecho con armas nucleares ayudada por Francia, colaboró ​​con el régimen del apartheid en Sudáfrica y nunca ha dejado de estar en guerra.

La capitulación histórica de los dirigentes palestinos

El nacionalismo burgués palestino (Fatah) tenía como objetivo fundar su propio Estado, el más grande posible, movilizando a los refugiados contra Israel, hasta tomar las armas en los años 1960-1970. Contaba con la presión de la URSS, así como de los estados árabes existentes para llevar a cabo la guerra de guerrillas en las fronteras de Israel. Pero la burocracia de la URSS había reconocido a Israel cuando se fundó, y los ejércitos de los estados árabes vecinos demostraron ser incapaces de resistir al ejército israelí. Además, algunas fracciones de la burguesía árabe masacraron a los combatientes y refugiados palestinos (Jordania, Líbano, Siria).

Con la crisis económica en la URSS de la década de 1980 y el declive del nacionalismo panárabe en provecho del islamismo, la OLP dirigida por Arafat (Fatah) negoció con Israel desde 1978, aceptó la partición en dos estados en 1988, negoció con los Estados Unidos e Israel en 1991, firmó los acuerdos de Oslo I en 1993 y Oslo II en 1995, revisó oficialmente Carta constitutiva de la OLP en 1996. El FDPLP también reconoció a Israel, el PFLP se opuso, pero permaneció en la OLP. A cambio, en 1996 la OLP se encargó de la gestión de la Franja de Gaza y Cisjordania bajo el nombre de «Autoridad Palestina». Arafat murió en 2004 en extrañas condiciones. La policía en los «territorios palestinos» fue forjado por los Estados Unidos y ha trabajado con Israel desde entonces.

Esta traición de Fatah, que ha arrastrado al ala izquierda de la OLP (FDPLP, FPLP) al descrédito, permitió a Hamás, la rama clerical de la burguesía palestina, ganar las elecciones en 2006. Fatah, con el apoyo del imperialismo mantuvo el poder en Cisjordania, pero lo perdió en la Franja de Gaza. Israel ha destruido Gaza tres veces en once años y lo somete a un bloqueo terrestre, aéreo y marítimo desde 2007. La Franja de Gaza sigue ayudada por la Unión Europea; Además, Hamás cuenta con el apoyo financiero y militar de dos regímenes islamistas (Qatar e Irán). Bajo la presión de Israel y Egipto, sin reconocer formalmente a Israel, a su vez aceptó la coexistencia de dos estados. En 2017, modificó su Carta constitutiva que acepta ya la partición de Palestina a lo largo de las fronteras de 1967, es decir, la posición de la ONU.

Los «dos Estados», legitimación de la colonización

Trump afirma que su posición es «equilibrada», ya que incluye el derecho de los palestinos a tener su propio estado. Nada nuevo, ya que esa fue la solución de la Comisión Peel en 1937, la ONU en 1947, los acuerdos de Oslo en 1994, el acuerdo del río Wye en 1998, la «hoja de ruta» de 2003 … Sin embargo, un ex negociador israelí de los acuerdos de Oslo lamenta que el nuevo proyecto estadounidense no sea suficientemente considerado con los representantes políticos de la burguesía palestina.

Hay una diferencia entre una capitulación y un plan de paz. Pero incluso las condiciones de una rendición tienen más probabilidades de ser sostenibles si se construyen de manera que mantengan una apariencia de dignidad para la parte derrotada. (Daniel Levy, The American Prospect, 30 de enero)

De hecho, nunca se ha hablado de dos estados iguales, lo cual es incompatible con el proyecto sionista, con la colonización. Para Israel y las potencias imperialistas, se trataba de otorgar menos que un estado, un simulacro de estado.

En marzo de 1991, cuando Estados Unidos comenzó a presionar a la OLP para obtener los Acuerdos de Oslo, el Ministro de Asuntos Exteriores de Estados Unidos (James Baker) recibió secretamente en Washington al enviado del Rey de Jordania (Adnan Abu Odeh).

Mire, Sr. Odeh, le diré una cosa como secretario de Estado. No habrá estado palestino. Habrá una entidad, menos que un estado, más que autonomía. Este es el mejor resultado que podemos obtener con los israelíes. (Citado por David Hearst, 4 de febrero de 2019, sitio web de la Unión Judía Francesa para la Paz)

Poco antes de ser asesinado por un fanático sionista que no estaba de acuerdo con sus negociaciones con los palestinos, el Primer Ministro israelí (entonces del Partido Laborista) lo había dejado claro.

Las fronteras del Estado de Israel estarán más allá de las líneas que existían antes de la Guerra de los Seis Días. No volveremos a las líneas del 4 de junio de 1967. La frontera de seguridad del Estado de Israel se ubicará en el Valle del Jordán en el sentido más amplio del término … Al lado, una entidad palestina … Nos gustaría que fuera un una entidad que es menos que un estado, y que administrará de forma independiente la vida de los palestinos bajo su autoridad. (Yitzhak Rabin, Discurso ante la Knéset sobre los Acuerdos de Oslo II, 5 de octubre de 1995)

Cada vez más exigencias a los palestinos

Como dijo un antiguo dirigente en el exilio de la organización revolucionaria y antisionista Matzpen, los sucesivos «planes de paz» siguen una lógica.

En cada ocasión, los palestinos y los israelíes reciben un plan. Los palestinos lo aceptan o lo rechazan. Si lo rechazan, se les sanciona. Si lo aceptan, los israelíes plantean nuevas condiciones previas. (Moshe Machover, Weekly Worker, 20 de febrero)

Entre las nuevas exigencias, el Estado palestino tendrá que «educar» a su pueblo para poner fin al «discurso de odio»: «el Estado de Israel, el Estado de Palestina y los países árabes trabajarán juntos para contrarrestar a Hezbolá, el EI (Daesh), Hamás … y todos los demás grupos y organizaciones terroristas, así como los otros grupos extremistas «.

No se exige nada similar de Israel, a pesar de que los medios de comunicación de masas, el Likud y sus socios políticos sostienen un discurso de odio hacia los árabes, de que los soldados maltratan a los palestinos a diario, de que los colonos racistas armados y protegidos por el ejército israelí atacan regularmente los bienes y personas en los territorios de la Autoridad Palestina.

El nuevo plan elimina la noción de refugiados, confirmando el fin, en 2018, de la financiación por parte de los Estados Unidos (seguidos por Suiza y los Países Bajos) de la Agencia de socorro y trabajos de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos en el Próximo Oriente. El plan Trump-Netanyahu prohíbe explícitamente que los descendientes de los deportados regresen a sus hogares. El «problema de los refugiados» tendrá que ser resuelto por los estados árabes que «tienen la responsabilidad moral de integrarlos en su país como los judíos se integraron en el estado de Israel«. Solo podrán establecerse en el estado palestino con el acuerdo de Israel.

Finalmente, los representantes de los palestinos deberán reconocer a Israel como «el estado-nación del pueblo judío», que legitima el mito sionista que hace de Israel el estado no de sus ciudadanos sino de todos los judíos del mundo, de acuerdo con la modificación de Netanyahu de la «ley fundamental» (constitución de Israel) en 2018.

Esto debilita aún más la posición de los árabes (20% de la población de Israel) que políticamente son ciudadanos de segunda clase y económicamente son la parte más explotada de la clase trabajadora israelí. De hecho, Trump planea trasladar a la población árabe del «triángulo», donde viven más de 260,000 árabes israelíes, fuera de las fronteras de Israel y relegarlos al futuro «estado palestino».

«El Estado palestino» según Trump y Netanyahu

Nada en los Acuerdos de Oslo prohibía nuevos asentamientos en los territorios de la Autoridad Palestina.

Casi todos los que conocía en ese momento, y yo a la cabeza, nos dejamos engañar por la propaganda mediática de que la ocupación estaba a punto de terminar. Pero en realidad, Oslo tenía como objetivo reorganizar la ocupación, no terminarla. (Michel Warschawski, antiguo dirigente de Matzpen y miembro de la «Cuarta Internacional» de Pablo, citado por Jonathan Cook, 17 de septiembre de 2018, sitio web de la Unión Judía Francesa para la Paz)

Hoy, Washington le otorga a Israel el derecho de reanexionar grandes porciones de los territorios palestinos: todos los enclaves judíos implantados en Jerusalén y Cisjordania más el Valle del Jordán (700,000 colonos). Jerusalén es vista como la capital «indivisible» de Israel, como ya lo declaró el gobierno de los Estados Unidos a fines de 2017.

El queso gruyer restante no sería un estado real. Tendría menos poder que los bantustanes creados por el apartheid de Sudáfrica en la década de 1970. La Franja de Gaza seguirá siendo el campo de pruebas para los armamentos de los grupos capitalistas israelíes exportados a todo el mundo.

La mayoría de los palestinos bajo control de Israel, en Gaza y Cisjordania, juegan un papel pequeño en la economía israelí. Se utilizan principalmente para probar equipos de seguridad y armamentos. Son los conejillos de indias en los que se utilizan estos productos, lo que les permite envanecerse por haberlos probado en el campo y no en una simple simulación. (Moshe Machover, Weekly Worker, 20 de febrero)

La única referencia a la violencia sufrida por la población de este gueto de 2 millones de personas es que «ha sufrido durante demasiado tiempo bajo el régimen represivo de Hamás».

Israel tendrá «la responsabilidad principal de la seguridad sobre el Estado de Palestina» y será responsable de «la seguridad en todos los pasos internacionales hacia el Estado de Palestina», lo que significa que el nuevo estado no tendrá control sobre ninguna de sus fronteras. Israel «también continuará controlando el espacio aéreo» y las telecomunicaciones.

«El Estado palestino» no será autorizado para tener capacidades militares. “No tendrá derecho a celebrar acuerdos militares, de inteligencia o de seguridad con un estado u organización que afecte negativamente la seguridad del estado de Israel, tal y como sea definida por el estado de Israel «.

Israel no solo se apoderará de las tierras fértiles que aún no tiene, sino que tendrá un dominio absoluto sobre el agua.

Según el «acuerdo del siglo», Israel mantendrá el control global del agua. Israel ya tiene la mayor parte. A los palestinos no se les autoriza a cavar nuevos pozos, por ejemplo. Si vas a los asentamientos de Cisjordania, verás piscinas y jardines verdes. Por el contrario, los campesinos palestinos solo tienen derecho a una pequeña porción de agua. (Moshe Machover, Weekly Worker, 20 de febrero)

En todo el llamado «Estado palestino» y especialmente en Gaza, la falta de agua potable empujará a emigrar.

Adnan Ghosheh, jefe de especialistas en agua y saneamiento, recuerda una época, no tan lejana, en el que todos en Gaza podían beber agua de su grifo. Era a finales de la década de 1990. Desde entonces, la capa freática ha sido tan explotada que el agua de mar se ha infiltrado en ella, haciendo que el agua del grifo sea insegura para el consumo porque es demasiado salada. Este factor, entre otros, explica que solo el 10% de los habitantes de Gaza tiene acceso al agua potable … El resto depende de camiones cisternas. Unos 150 operadores proporcionan un agua más o menos desalada que, una vez filtrada, puede beberse o usarse para cocinar alimentos. Cuesta más cara y, de acuerdo con nuestros criterios que definen el agua que es lo suficientemente segura como para ser consumida, no es realmente potable. (Banco Mundial, 22 de noviembre de 2016)

La impotencia de la burguesía palestina

De vuelta a Israel, Netanyahu dijo que «sin duda los palestinos tardarán mucho en llegar al comienzo de este camino». De hecho, incluso Abbas y Fatah no pueden aceptar el plan Trump-Netanyahu sin cometer suicidio político.

Mahmoud Abbas, de 84 años, simplemente dijo que no, «mil veces no», con un énfasis en el que el agotamiento lidiaba con la exasperación. Reiteró que «Jerusalén no está a la venta. Nuestros derechos no están a la venta «, rodeado de representantes de las facciones palestinas, incluida la Jihad Islámica, un grupo armado radical de Gaza. (Le Monde, 29 de enero)

La prohibición del Movimiento Islámico en Israel (Hermanos Musulmanes) en 2015, la transferencia de la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén en 2018, los repetidos asesinatos de manifestantes en las fronteras de Gaza en 2018, la toma al asalto de la mezquita Al-Aqsa por los colonos el día de Eid al-Adha [fiesta grande musulmana] en 2019 no generaron mucha resistencia por parte de los líderes palestinos y de los estados árabes. Abbas tiene pocos medios para responder al plan Trump-Netanyahu, puesto que la Autoridad Palestina tiene sus puños y pies atados por Israel y Estados Unidos.

Su entorno había agitado en los últimos días la amenaza de una reducción en la cooperación de seguridad con Israel, o incluso una disolución de la Autoridad Palestina, lo que dejaría a Israel responsable de asumir el control exclusivo de seguridad en Cisjordania, como antes de los acuerdos de Oslo, firmados en 1993. Esta amenaza no es nueva pero no se ha especificado nada. (Le Monde, 29 de enero)

Abbas se ve reducido a apostar por el fracaso presidencial de Trump en 2020, lo que no cambiaría nada en cuanto al control de Israel sobre Cisjordania y Jerusalén. Los estados burgueses árabes, que antes ganaban popularidad al apoyar de palabra la causa de los palestinos, están dislocados (Siria, Irak) o pasan cada vez más del asunto. La mayoría de ellos dependen militarmente de los Estados Unidos (monarquías del Golfo, Egipto, etc.). La principal preocupación de muchos de ellos es bloquear a Irán, lo que los acerca a Estados Unidos e Israel.

En cuanto a Hamás, que tiene la costumbre de presionar (o dejar que presione su rival en fanatismo y antisemitismo, la Yihad Islámica) sobre el Estado sionista mediante ataques con cohetes y ataques suicidas, ha tomado prudentemente medidas sus distancias con la Jihad, a quien el ejército israelí atacó en febrero, en Gaza y Siria. Hamás continúa respetando la tregua firmada con el estado sionista en mayo de 2019.

La capitulación ante el capitalismo conduce al reconocimiento de Israel

La mayoría de las burocracias sindicales y los partidos socialimperialistas siguen a su amo, la burguesía de su propio estado. Por lo tanto, apoyan a la ONU y su solución de «dos estados» y reconocen a Israel. Cuando critican la política de Trump en el Próximo Oriente, es en nombre de los intereses de «su» burguesía y del orden imperialista mundial.

La socialdemocracia está mayoritariamente a favor de la burguesía israelí. Así, ya a la cabeza del Partido Laborista británico, el ex diputado pro-palestino Corbyn capituló ante su burguesía, reconoció a Israel e incluso permitió una caza de brujas contra los antisionistas del partido, asimilados a los antisemitas. Los herederos del estalinismo oscilan entre las dos facciones de la burguesía árabe, los sobrevivientes del nacionalismo panárabe pseudo-socialista y el islamismo.

En esta cuestión, como en las demás, sus satélites centristas se alinean con las burocracias del movimiento obrero y renuncian al programa comunista que distingue entre el nacionalismo de los oprimidos y los opresores, que defiende la independencia del movimiento obrero de la burguesía de los países dominados, que quiere dotar a los explotados de un partido obrero revolucionario.

La LO hardyste y sus franquicias de la UCI «para la reconstrucción de la IV Internacional» siempre han reconocido a Israel.

No consideramos que la desaparición del Estado de Israel sea necesaria o deseable. Incluso pensamos que su existencia podría beneficiar a toda la población árabe y judía del Próximo Oriente. (Lutte de classe, juillet 1967)

La CIO grantista tiene la misma posición.

En primer lugar, es necesario reconocer la legitimidad de la demanda, palestina e israelí, de sus propios estados. (CIT, Antisemitismo, Israel / Palestina y la izquierda, 15 de mayo de 2018)

Cuando la OLP estaba llevando a cabo una guerra de guerrillas, la «Cuarta Internacional» pablista se pronunció por la destrucción de Israel, pero porque se alineó con el nacionalismo burgués panárabe y su rama palestina. Con los Acuerdos de Oslo, reconoció la legitimidad de un estado sionista. El SWP cliffista y su OSI han seguido la misma evolución que los pablistas-mandelistas. En nombre del frente único antiimperialista, el SWP es aún más oportunista respectoa al islamismo que la CI pablista.

Las escisiones morenistas de la «Cuarta Internacional» pablista también se han adaptado al islamismo (algunos han llegado a afirmar que en Siria los yihadistas lideraron una «revolución permanente») y las «cuartas internacionales» healistas (la del WRP y el de la SEP) permanecen leales a Baath y al torturador de masas del pueblo sirio Assad. En este terreno como en los demás, la bandera de la 4 Internacional está mancillada y desacreditada.

El señuelo de la campaña por el boicot a Israel

Bajo el nombre de «boicot, desinversión y sanciones» (BDS), el movimiento nacional palestino ha estado intentando desde 2005 relanzar el boicot a Israel ya decidido en 1945 por la Liga Árabe (un acuerdo de los estados burgueses de la región). La ONU acaba de darle un impulso al enumerar compañías que se benefician de las actividades ilegales de colonización de Israel en Cisjordania (febrero de 2020).

La leyenda de los pacifistas pequeñoburgueses, las mismas personas que olvidan que el ANC sudafricano participó en la lucha armada, es que la campaña por el boicot de los consumidores occidentales de naranjas de Sudáfrica hizo caer el apartheid, cuando en realidad fueron las luchas colectivas, las huelgas obreras y el levantamiento de los barrios negros los que lo tumbaron.

Los comunistas internacionalistas no se oponen al boicot por los consumidores de productos israelíes, que es apoyado por muchos partidos reformistas y la mayoría de las organizaciones centristas. Pero son escépticos sobre su eficacia e incluso hostiles a su extensión al deporte, la cultura y la investigación.

Las armas exportadas por Israel se prueban en los palestinos, las armas importadas por Israel se utilizan para aterrorizar y masacrar a los palestinos. ¿Por qué los sindicatos de transporte de todos los países no se niegan a transportar armamentos a Israel (el 16º presupuesto militar en el mundo para la 98ª población del mundo) o desde Israel (el 8º exportador de armas del mundo)? Porque quienes los dirigen son, de hecho, social-patriotas que no quieren dañar a su propia burguesía, «sus» exportadores de armas o «sus» fuerzas militares.

Sembramos aún menos ilusiones en los llamados a los capitalistas para desinvertir y en las peticiones a los estados imperialistas para que lleven a cabo sanciones diplomáticas. Mientras que los iniciadores de esta campaña están todos en el campo del respeto a las fronteras de 1967, para los comunistas internacionalistas, esta campaña por el boicot no debe en ningún caso servir como sustituto a la reivindicación y al objetivo que deben seguir siendo centrales para cualquiera que quiera expresar su verdadera solidaridad con el pueblo palestino: la destrucción del Estado colono y racista de Israel.

Por qué hay que desmantelar Israel

El sionismo justifica la opresión del pueblo palestino. Los trabajadores no pueden ser neutrales frente a la opresión nacional, el apartheid, la colonización, la limpieza étnica. El apartheid fue suprimido en el sur de los Estados Unidos gracias a la lucha de los descendientes de los esclavos que representaban una parte importante del proletariado y de la pequeña burguesía; pudo ser abolido en Sudáfrica porque los descendientes de los pueblos originarios y los inmigrados lucharon por la igualdad, mientras representaban a la mayoría de la clase obrera. Pero el objetivo de la burguesía israelí no es explotar a los obreros árabes, sino expulsarlos.

Una gran parte de los judíos han optado por vivir fuera de Israel. Es uno de los países más desiguales de la OCDE en términos de renta y patrimonio. Es un estado clerical. Está militarizado y armado, ocupa toda Jerusalén, se permite intervenir militarmente en Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria cuando lo desee, sus servicios secretos asesinan incluso en Irán.

El reconocimiento de la opresión nacional que sufren los palestinos conduce necesariamente al cuestionamiento del estado sionista como un obstáculo para cualquier solución democrática. La destrucción del muro, la igualdad entre judíos y árabes, el derecho al retorno de millones de refugiados no se puede obtener manteniendo un estado colonial impulsado desde su nacimiento por la «comunidad internacional», es decir, por el imperialismo mundial.

El final de la opresión de los palestinos pasa por el desmantelamiento del Estado sionista, clerical y racista, belicista e instrumento del imperialismo occidental en el Próximo Oriente. Contra todas las burguesías (estadounidense, israelí, árabes, turca iraní, etc.), la movilización de trabajadores en Jerusalén, Cisjordania, Gaza, Israel, Jordania, etc. permitirá establecer una Palestina socialista en la que podrán vivir juntos árabes y Judios, musulmanes, judios, cristianos y ateos …

Solo la clase obrera puede liberar a los árabes palestinos. Para jugar este papel, los trabajadores deben unirse a nivel internacional independientemente de su nacionalidad, su etnia, su sexo o su religión. La clase obrera, reuniendo consigo a campesinos y estudiantes, es la única fuerza social capaz de contrarrestar los fanatismos religiosos y establecer la laicidad, liquidar la colonización sionista en Palestina y la opresión secular de los kurdos, poner fin a la dominación imperialista y la reacción islamista, emancipar a los jóvenes y las mujeres, dar tierras a los campesinos, formación a los jóvenes, empleo a todos y garantizar el desarrollo económico y social para todos.

El gobierno obrero y campesino de la Palestina unificada solo puede nacer de los escombros del estado colonial, racista, belicista y colonialista, instrumento del imperialismo en el Próximo Oriente. En tanto que expresión del poder de los consejos obreros, el gobierno obrero y campesino abolirá las fronteras heredadas de la colonización, abrirá la perspectiva de la federación socialista del Próximo Oriente.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

14 de marzo de 2020

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