El no Parlamento cubano vuelve a reunirse

Dentro de unos días, se reunirá en La Habana, Cuba, la Asamblea Nacional del Poder Popular, para celebrar su reunión ordinaria del segundo periodo de sesiones, que habitualmente se lleva a cabo en estos días.Se convoca más, para darle cumplimiento a un reglamento, que para tratar y resolver los problemas cruciales que afectan, a días de hoy, a todo el pueblo de Cuba.

Estaremos en presencia, una vez más, de la puesta en escena de una pieza teatral, en la que la orquesta, cómodamente sentada en sus estrados, toca la partitura que les corresponde, al ritmo de la batuta que les marca el paso y los acordes, hábilmente manejada por el director de turno.Mientras en esto se entretienen, los artistas seguirán estando fuera del local, en la calle, aplicando todo su arte en el duro bregar por la subsistencia.Agobiados por la insuficiencia de sus recursos y posibilidades.Desesperanzados en medio de un laberinto del que, al paso que andan, no saldrán jamás. Ningún cubano de a pie,prestará ninguna atención a ese evento, del que nunca han salido soluciones y que solo cumple el objetivo de mostrar una cara institucional que necesita aparentar un gobierno que toma las decisiones por el método de ordeno y mando, de espaldas a las necesidades y requerimientos o sentimientos del pueblo, a quien pretenden representar.

Será una jornada más de levantamiento de credenciales en señal de aprobación y de la toma de acuerdos por unanimidad.Ni un solo diputado tomará la palabra para simplemente preguntar al Presidente del Consejo de Estado el porqué del atraso en la aplicación de las medidas propuestas y acordadas en el último Congreso del PCC y aprobadas luego por la Asamblea Nacional.Nadie se atreverá decirle que dichas medidas, aunque se hubiesen aplicado, no hubiesen aportado nada al final de la crisis, o exigirle nombre a quienes, desde los cargos de dirección que ostentan, integran la burocracia quintacolumnista que frena, con sus acciones, la aplicación de las medidas que supuestamente, y siempre según el criterio de su impulsor, sacarían a Cuba del barranco donde ha caído en los últimos años.Sin dudas, será un acto más de insuficiencia democrática, que a pesar de la unanimidad que muestren, será una negación de la razón parlamentaria.Será una ocasión más en que comprobemos que en Cuba, no hay parlamento y tampoco hay parlamentarios.

Y mientras esto ocurre, a puertas cerradas, en la calle sin puertas seguirá incrementándose la incertidumbre, la escasez, la desesperación, la impotencia y el descontento.La falta de confianza en el gobierno y la ausencia de opciones para el futuro.

En medio de este drama, verdadero, inocultable y cruel, volveremos, como pasivos observadores, a escuchar las loas cantadas a la sinrazón y los aplausos concedidos a resultados triunfalistas que no se ven por ninguna parte.

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