El mundo mutilado es movido por enfermerxs y médicxs

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El SARS-Co-2 o COVID-19 se mueve rápidamente por el planeta, sin dejar ninguna región sin tocar. Es un virus poderoso, con un tiempo de incubación lo suficientemente largo como para ocultar los síntomas y de ese modo alcanzar a más y más personas con sus brazos mortíferos.

Lentamente, el mundo se está paralizando, el miedo nos invade. Pero el miedo no es una opción. El virus es letal, pero no es solo el virus el que engendra miedo. Gran parte del mundo está asustado porque la gente se da cuenta que vivimos en desiertos institucionales, que nuestrxs líderes electxs son en su mayoría incompetentes, y que el afán de lucro ha orientado mucho potencial humano hacia el dinero en vez de hacia la humanidad. La profunda soledad que ha caído como un manto sobre el mundo proviene de esa constatación tanto como del aislamiento social impuesto. La mayoría de lxs jefes de gobierno del mundo recurren al miedo para desconcertar a la población, se alimentan del pánico de un tipo u otro. Simplemente no tienen la fibra moral para guiarnos mientras la pandemia se extiende por nuestras vidas.

 

Haris Nukem, Counting Blessings, 2019.

Haris Nukem, Counting Blessings, 2019.

 

En un lugar improbable, el Financial Times, el editor de África, David Pilling, escribe sobre la catástrofe ocasionada por el giro de la salud pública a la salud privada. Escribe: “Hay una tentación por ver la salud a través de un lente personal”, ya que las enfermedades no contagiosas como el cáncer, la hipertensión y la diabetes eclipsan otras afecciones; el antídoto para estas enfermedades se ha visto como algo personal (un régimen de ejercicio) y privado (seguros médicos caros). A medida que las escuelas privadas de medicina, los hospitales privados y las compañías farmacéuticas privadas se han disparado, el sistema público se ha marchitado. Estos acontecimientos, señala Pilling, “ignoran dos hechos. Uno es que las intervenciones sanitarias más efectivas, desde el agua limpia a los antibióticos y las vacunas, han sido todas colectivas. El segundo es que las enfermedades infecciosas no han sido vencidas. En el mejor de los casos, se han mantenido a raya”. A medida que se desarrolla esta catástrofe, no hay más alternativa que transferir las prioridades desde la privatización hacia la creación de un sector público robusto, por lo menos para la salud.

Incluso en los sistemas sanitarios más debilitados y canibalizados por la austeridad, son lxs enfermerxs y doctorxs, lxs paramédicxs de las ambulancias y lxs porterxs quienes han sido heroicxs en su trabajo; se ha llamado a doctorxs y enfermerxs jubiladxs a regresar al trabajo, para ahora hacer largas horas sin tiempo para descansar. Están trabajando más allá del cansancio para contener la marea del virus. En este mundo mutilado, quienes nos mantienen unidxs por lazos de amor y fraternidad son nuestrxs héroes y heroínas, personas maravillosas que están dispuestas a ponerse en riesgo para proteger a la humanidad. Lxs cuidadorxs —ya sea en familias o instituciones— nunca tienen suficiente reconocimiento por la enorme carga que llevan sobre sus hombros mientras los políticos han desmantelado el Estado y la sociedad. Preferiría un planeta de enfermerxs que un planeta de banquerxs.

Thami Mnyele, Things Fall Apart, 1976.

Thami Mnyele, Things Fall Apart, 1976.

Las noticias de Italia son alarmantes, pero es un preludio de lo que puede suceder si el virus entra por completo en las favelas y los bastis del mundo. Es poco conocido que la gripe española de 1918-1919 tuvo su peor impacto en la India occidental: de los millones que murieron en esa pandemia, el 60% eran de esa parte de India, y quienes murieron ya estaban debilitados por la malnutrición impuesta por la política colonial británica. Actualmente, lxs hambrientxs viven en esos cinturones de barrios marginales que hasta el momento no han sido severamente afectados por el virus. Si la muerte comienza a acechar esas zonas, donde la asistencia sanitaria es muy escasa, el número de lxs que morirán será impactante, la condena de la estructura de clases será evidente en la morgue.

La poeta Margaret Randall, cuya memoria I Never Left Home (Nunca me fui de casa, traducción libre) se acaba de publicar, nos envió un poema que marca el ánimo de este periodo:

COVID-19

Cuando se espera que el número de muertes
sea en millones
las probabilidades son
que alguien que amas vaya a morir.

Las antiguas plagas nos vuelven a visitar
y luchamos
por estar a salvo, estar
cuerdxs y presentes para otrxs,
ayudar a lxs vecinxs, comprar solo
lo que necesitamos,
de los estantes que se vacían
al ritmo del miedo.

Compartamos mascarillas
como lxs chinxs
y lavemos nuestras manos
en silenciosa oración.

Cantemos desde balcones
imaginarios y reales
como lxs italianxs
en cuarentena nacional.

Seamos amables entre nosotrxs
y organicemos los recursos
y las soluciones
que los líderes irresponsables ponen en riesgo.

Si este es el Big One,
salgamos
con dignidad, si es un ensayo
propongamos por fin vivir en paz.

Chinese doctors in the Altai mountains.

Médicxs chinxs en las montañas Altai.

Por siglos la humanidad ha enfrentado con gran dolor los cataclismos de muerte que poco comprende, siendo las plagas y la cólera los más notables. Cuando las catástrofes golpean, usualmente son las mujeres —como enfermeras, madres y hermanas— quienes han mantenido a la sociedad unida. Ha habido innumerables explicaciones misteriosas y místicas. La ciencia nos a ayudado a romper el profundo fatalismo que ha debilitado a los pueblos; ahora buscamos explicaciones en las secuenciación de genes y en la creación de vacunas. Es la creencia en la razón, en la ciencia y en la solidaridad lo que hizo que médicxs y enfermerxs chinxs fueran hasta los confines de su país, como a las montañas Altai, para sanar a personas y contener este peligroso virus que nos ha envuelto en ansiedad y muerte; es eso lo que hizo que fueran, junto con médicxs cubanxs, a Irán, Irak e Italia para ayudar a esos países en peligro. Su llegada nos recuerda la historia de más de un siglo de médicxs y enfermerxs socialistas que se han lanzado a la solidaridad internacional por el bien de la humanidad. Se trata de personas que comparten una perspectiva ética con los médicxs comunistas indixs y sus policínicos populares, sobre los que escribimos en el dossier nº 25 (febrero de 2020). Esta es la tradición socialista.

 

Sanctions are a crime, Caracas, Venezuela, 2020.

Las sanciones son un crimen, Caracas, Venezuela, 2020.

 

Y también hay una tradición imperialista. A medida que el COVID-19 se expande, y que golpea muy duro a Irán, una respuesta humanitaria de parte de Estados Unidos hubiera sido terminar con las sanciones asesinas y dejar que Irán importe equipamiento y suministros médicos. Lo mismo aplica para Venezuela, donde el COVID-19 ha comenzado su avance. Paola Estrada, de la Asamblea Internacional de los Pueblos, y yo conversamos con el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza, quien nos dijo que su país está enfrentando “dificultades para la adquisición oportuna de medicinas”. Pero Venezuela, como Irán, ha sido asistido por China, Cuba y la Organización Mundial de la Salud. Están decididos a romper el embargo del imperialismo y romper la cadena de transmisión viral. “Las sanciones son un crimen”, dicen en Venezuela. En medio de esta pandemia, las sanciones unilaterales de EE.UU. toman un especial significado criminal.

 

Igualmente criminal es que continúe el asedio a Gaza (Palestina), que tiene a dos millones de personas atrapadas por el bloqueo israelí en un área sumamente saturada. Lxs enfermerxs, médixs y personal de apoyo sanitario palestinxs, así como lxs profesorxs y trabajadorxs sociales que han mantenido unida por décadas a la frágil sociedad, no reciben suficiente reconocimiento por mantener a la sociedad palestina viva y resiliente. Una de esas personas fue Razan al-Najjar, una doctora de veintiún años que atendía a manifestantes desarmadxs en la Gran Marcha del Retorno, quienes estaban recibiendo disparos de los francotiradores israelís. Uno de los francotiradores apunto su rifle y la asesinó deliberadamente el primero de junio de 2018. Hay miles de enfermerxs, médicxs y trabajadorxs de la salud como Razan al-Najjar, que están trabajando duro para sostener a la sociedad en colapso en Yemen, donde —debido a la guerra entre Arabia Saudí y los Emiratos— más de la mitad de la población carece de la asistencia sanitaria y de la nutrición más básica. Imaginen lo que el flagelo del COVID-19 podría hacer en Gaza y en Yemen. Ese bloqueo y esa guerra deben terminar.

 

Malak Mattar, Gaza lockdown before the coronavirus, 2020.

Malak Mattar. Gaza lockdown before the coronavirus, 2020.

 

La Organización Mundial de la Salud ha estado trabajando duro, a pesar del financiamiento insuficiente, para evitar la propagación del virus. Si estás en condiciones de donar dinero, por favor hazlo en el Fondo de Respuesta al COVID-19 de la OMS. Levantémonos para defender este mundo mutilado ayudando a lxs cuidadorxs cuyo trabajo es el ungüento que nos permitirá atravesar al otro lado de esta ruina.

Tricontinental

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