El mundo exige castigo para los autores del genocidio cometido en Irak

Resulta paradójico, que en la tierra donde hace más de 4.000 años surgió la civilización, hoy reine la barbarie, imponiendo la cultura de la muerte con una de las guerras más sangrientas de la historia, desatada hará mañana 6 años por los amos de un imperio y sus vasallos, que cegados por el odio y una sed insaciable de conquista, han asesinado a más de un millón de hombres, niños y mujeres, genocidas para quienes, un mundo horrorizado e indignado exige castigo.

Y es que Irak, donde la pintura, la escultura y la música florecieron junto a la literatura que nos envuelve con el mágico hechizo de sus poemas y cuentos como Las Mil y una noches, y su arquitectura que asombra con los destellos de las cúpulas doradas de sus mezquitas brillando bajo el sol, hoy es un país en ruinas donde no caben más muertos en los cementerios, ni más dolor ni lágrimas en las madres y esposas que perdieron a sus hijos y maridos destrozados por las bombas, misiles y balas de los invasores.

Mas, no son sólo las madres iraquíes las sufren. Hay otros miles de madres estadounidenses y de otros países que también han perdido a sus hijos en esa guerra, que no murieron por una causa justa, sino que cayeron sin honor ni gloria, enviados a la muerte por mandato de quienes se lucran de ella obscenamente mediante una perversa operación de compra-venta, pues el costo de las armas que construyen y ponen en las manos de sus soldados, se los cobra al pueblo de EEUU que las paga con sus impuestos.

Los nombres de esos traficantes de la muerte los conoce el mundo, testigo impotente de los crímenes de lesa humanidad cometidos por esos asesinos contra el pueblo iraquí, pese a las masivas marchas realizadas en ciudades y pueblos del planeta tratando de evitarlo, rechazo sintetizado en las palabras de Juan Pablo II, quien advirtió en una premonición que habrá de cumplirse mas temprano que tarde, diciendo que, “ Quien lance esa guerra, deberá responder ante Dios y ante la historia.”

La lista de esos asesinos la encabeza George Walker Bush, bautizado como “El Nerón del siglo XXI”, por James Hatfield, autor de la obra que lleva ese nombre y “suicidado” en extrañas circunstancias. Le siguen el británico Tony Blair y el español José María Aznar, a quienes la prensa colocó el título de “perros falderos de Bush”, al apoyar como incondicionales y serviles lacayos del mandatario yanqui, las falsas pruebas que acusaban a Bagdad de poseer armas de destrucción masiva y su decisión de lanzar la guerra.

Le siguen otros criminales de guerra, como los ex secretarios de Defensa Donald Rumsfeld y Colin Powell, y algunos comandantes estrategas de la guerra que devastó pueblos y ciudades como Faluya, donde la soldadesca yanqui cometió los crímenes más execrables, pulverizando con bombas y misiles, escuelas, hospitales y hogares habitados por gente a la que se le impidió abandonarlos, cometiendo una masacre solo comparable en saña y mortandad a las perpetradas por el fascismo en Hiroshima, Nagasaki, Guernica y May Lai.

En la lista figura también el nombre de Condoleeza Rice, a la que Robert Mugabe, calificó, en respuesta a las ofensivas declaraciones que ella había emitido horas antes contra él, como “la muchacha negra que sólo escucha la voz de su amo blanco”, en clara alusión al logotipo de una famosa empresa estadounidense fabricante de equipos de sonido, que publicita la marca de un fonógrafo, cuya música parece oir con atención un hermoso can.

Pero hay otros autores intelectuales del genocidio que deberían figurar en la lista. Aquellos que desde la o­nU, supuestamente creada para mantener la paz y evitar las guerras, lo avalaron con su silencio cómplice e inacción, callando mientras se escuchaban voces de justa indignación, como la del presidente venezolano Hugo Chávez Frías, quien mostrando la fotografía de una madre con su hijo muerto en sus brazos, condenaba el crimen exigiendo su inmediato fin.

No obstante, el reclamó más dramático, exigiendo que los asesinos sean llevados ante la justicia, proviene de las voces de las madres y viudas iraquíes, abandonadas a su suerte en medio de la miseria, y de centenares de ex combatientes yanquis, que sobrevivieron de ese infierno de la guerra de Irak y que hoy denuncian ante el mundo sus horrores como testigos de excepción del genocidio, contando historias que compiten en dolor y sufrimiento a las narradas por Dante Alighieri en la Divina Comedia.

Se estima en 740.000 el número de viudas, “víctimas olvidadas de la guerra de Irak”, como las llama Jeremy Hobbs director ejecutivo de Oxam International, organización humanitaria que junto con su similar iraquí realizó una encuesta entre 1.700 de esas mujeres residentes de las ciudades de Bagdad, Basora, Tameen, Najaf y Nineveh, cuyos esposos, -destaca el informe- fueron asesinados, desaparecidos, secuestrados o sufren daños mentales y físicos derivados de los abusos a que fueron sometidos”.

Una cuarta parte de las entrevistadas manifestó no tener acceso diario al servicio eléctrico, agua para beber y su aseo personal y de sus hijos; un tercio dijo que no pueden enviar a los menores a la escuela; mas de la mitad confesaron que han sido víctimas de la violencia y, para agravar su situación, la casi totalidad no recibe ningún tipo de ayuda económica o pensión por parte del gobierno colaboracionista de Washington, cuyos jerarcas, traidores de su pueblo, se enriquecen en medio de la corrupción que reina en el sector oficial.

Por su parte, decenas veteranos yanquis de la guerra de Irak, en declaraciones ofrecidas por el colectivo Soldado de Invierno -“ Winter soldier”- y a periodistas de la revista The Nation, relataron algunas de sus experiencias bélicas en las que ofrecieron testimonios sobre las atrocidades presenciadas o perpetradas por ellos mismos como combatientes que fueron en el conflicto.

“Entre los crímenes cometidos,-de acuerdo con los denunciantes- la mayoría incitados por las órdenes o las políticas ordenadas por los oficiales superiores, figuran el de disparar sobre civiles desarmados e inocentes, detenidos y luego asesinados, destrucción de la propiedad, profanación y violación de cadáveres, abusos severos de los detenidos, a veces torturados hasta la muerte y uso de los cadáveres para prácticas médicas.

El escándalo de la prisión de Abu Ghraib, – manifestaron los veteranos de “Winter Soldier- y la masacre de una familia entera de iraquiíes en la ciudad de Haditha, no fueron episodios aislados perpetrados por “algunas malas manzanas” como lo han afirmado tantos políticos como líderes militares. Son parte de un patrón, de una ocupación cada vez más sanguinaria”, revelando al mismo tiempo, las semejanzas existentes con la guerra que el Imperio libra en Afganistán, donde –dijeron- los efectivos reciben las misma órdenes.

Como resultado de esas revelaciones, “algunos expertos en Derecho Internacional, – siempre en el marco de la información periodística- muestran la necesidad de investigar violaciones potenciales del Derecho Internacional por parte de altos funcionarios de la administración de Bush y del Pentágono y, aunque , la BBC predijo que las revelaciones hechas por “Soldado de Invierno” dominaría los titulares alrededor el mundo esa semana, hubo un silenciamiento total de este acontecimiento histórico en las noticias de los medios corporativos de EEUU.”

Pero, a un año de haberse registrado ese evento, -marzo de 2008- “el mundo ha cambiado” tras la salida de la Casa Blanca, del responsable principal del genocidio, George W. Bush, El Nerón del siglo XXI, y hoy, al cumplirse seis años de haberse desatado esa guerra, una de las más sangrientas de la historia, por la brutalidad mostrada por esos hombres, que mas que humanos son bestias, se escucha un clamor ensordecedor de voces exigiendo justicia.

Y el eco de ese clamor se multiplica hasta alcanzar y hacerse oír en todos los rincones del planeta, reclamando que esos monstruos sean condenados para que el genocidio que se comete en Irak no quede impune como sucedió con los que perpetraron y siguen perpetrando en Afganistán y otras partes del planeta, y que la civilización que nació en Babilonia, vuelva a reinar en esa misma tierra donde hoy vive un pueblo sometido por la barbarie que allí entronizaron Bush, Blair, Aznar, Rumsfeld, Powell y Rice.

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