EL MUNDO BUSCA NUEVA AURORA

 

Son muchas las voces que hablan del fin del capitalismo, del fin del mundo o del fin de nuestra civilización. En cualquier caso evidencian que existe en nuestros días una mezcla de incertidumbre, pesimismo y miedo, cuando no desesperanza en el futuro. ¿Son fundados estos sentimientos?  Ante todo, este Sistema ha dejado de ser creativo y productivo  como lo fue en sus orígenes de hace cuatro siglos y  ahora se dedica a explotar como nunca, jugar al Monopoly y  recoger beneficios. La codicia y la sed de poder  lo han corrompido, lo cual le lleva a su final irremediable. Y este es el camino en el que anda a pasos de gigante y en el que arrastra a las naciones del mundo.

Si el dinero – que es el motor de estas sociedades- no fluye a la economía real en condiciones aceptables, no se produce riqueza; sin producción hay paro, la gente no tiene dinero y baja el nivel de consumo; y sin consumo el sistema se colapsa. Y lo hace en la exacta medida   en que aumenta el número de parados y la pobreza.

 Llegado a cierto límite en el desempleo  se pasa de una economía productiva creadora de la riqueza suficiente para el  bienestar general a una economía de subsistencia y  dependencia; a una economía subsidiada, lo cual añade  un nuevo lastre para el despegue económico.

 Por  si fuera poco, este  Sistema de la Desigualdad Institucionalizada  en que vivimos no puede dejar de producir guerras, hambre, migraciones y muchas más calamidades. No se aprendió la lección de la historia de Roma y otros imperios  y esta se repite: la corrupción política y la inmoralidad pública y privada  acompaña a todo el proceso. Esta es la carga de profundidad que ha estallado en nuestros días: una crisis de falta de valores esenciales sobre los que edificar un mundo habitable, pacífico, justo y seguro.

Para los cristianos originarios y otras corrientes espirituales nos hallamos en una fase de transición  a la que será una Era de igualdad, fraternidad, libertad, unidad y justicia que sucederá a la presente, tras el inevitable cambio de conciencia que habrá de producirse al aumentar la sensibilidad colectiva ante las desgracias que se suceden, la pobreza creciente, y la necesidad de compartir y  de ayudarnos, porque se descubrió que el individualismo del mío, mí y para mí nos está dañando sin remedio.

Poco a poco se descubrirá  que es preciso que prevalezca la conciencia del nosotros sobre de la del mío, mí, para mí; que es necesaria  la conciencia del bien común y de la cooperación; que es preciso que el ser venza al tener. Y esto es cada vez más urgente en las conciencias individuales.

En el nuevo mundo que surgirá de las cenizas del presente como el ave Fénix de las suyas, ya no podrá tener cabida el modo de pensar, sentir y actuar  de quien ha contribuido a sostener este enorme desastre a gran escala que conduce al  fin de  esta civilización. Avanzamos ya entre las ruinas de un sueño fracasado hacia un nuevo horizonte como el que apunta Gabriele Wittek y que se basa en una educación espiritualmente correcta, y en sentimientos nobles, desinteresados y pacíficos acordes con el Sermón de la Montaña para hacer realidad el Estado de Cristo, en el que tendrán validez los principios espirituales.

“Por eso ya ahora, debe producirse una educación en el espíritu, la educación correcta para la unidad, el amor y la paz que desearán todos los que sean de corazón abierto y de buena voluntad… los que lleven la paz dentro de sí. Mientras el hombre no lleve la paz dentro de sí, mientras no se vuelva desinteresado, tampoco habrá paz en la Tierra (*). Lo contrario solo asegura una cosa: más de lo mismo y avanzando hacia nuevas formas de explotación, dominio, control y esclavitud que ya se están ensayando por los encumbrados representantes del mundo y que es opuesto a las leyes divinas que defienden el derecho a la individualidad, pero sin caer en el individualismo, y menos aún en el individualismo gregario y en todas las formas de división, auténticas  semillas enfermas de las sociedades capitalistas y eterna fuente de conflicto entre nosotros.

Los poderosos  han  dado forma a este mundo con nuestra mayor o menor ayuda y los mismos principios que hicieron amar a tantos de nosotros,  por eso son representativos de las mayorías y se les vota. Pero al contrario de la afirmación de Nietzsche, los poderosos no son los fuertes, sino que es precisamente su debilidad moral y falta de carácter espiritual lo que intentan compensar con sus actitudes violentas, su amor a la apariencia y a la riqueza y su modo de pensar y sentir primitivo, por más disfrazado de buenas intenciones y buenas maneras que manifiesten.

Y mientras llega el momento del vuelco de la tortilla, el insaciable lobo llamado Sistema  se viste con piel de cordero para comerse al rebaño, y encima pretende convencerle con cuentos de que es el modo de salvarle de las masacres de su propia manada con medidas tan crueles e irracionales  como despidos, recortes o eliminación de ayudas sociales, pérdidas de derechos, eliminación de servicios públicos, desahucios, rescates a los bancos y todas las barbaridades que vemos a diario. ¿Alguien puede creer que esto conduce a un futuro de bienestar, paz, justicia o fraternidad? Sí: los sonámbulos; los sonámbulo espirituales, mentales y sociales; esos a los que el lobo y su manada llaman “ciudadanos políticamente correctos “. ¿Hay mayor cinismo para definir sonámbulos?

 Por suerte, cada día amanece con nuevas conciencias despiertas. Estas son las levaduras de la nueva humanidad, el germen de los nuevos tiempos que llegarán mal que les pese a estos degenerados  mentales y espirituales que pretenden controlar nuestras vidas.

(*)Los hombres de los nuevos tiempos”, por Gabriele Wittek

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